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OPINIÓN - COLOMBIA

La confianza inversionista en regiones de Colombia

Caso del departamento del Chocó.

Por Aurelio Suárez Montoya

Rebanadas de Realidad - MOIR-PDA, Bogotá, 16/02/09 .- En los últimos años se ha definido como soportes del crecimiento económico de Colombia a la "confianza inversionista" y a la Seguridad Democrática. El primer concepto se asimila a la supresión de todo tipo de requisito de desempeño y a la creación de una gama de incentivos con el fin de atraer la inversión extranjera. Con este fin se modificó el régimen al capital extranjero en casi diez veces, siempre otorgando beneficios, como suprimir el impuesto que las empresas extranjeras pagaban cuando giraban sus utilidades a las respectivas casas matrices, volver al sistema de las concesiones para la explotación de los recursos naturales y mineros, y, la más agresiva modalidad, crear zonas francas empresariales, que rebajan impuestos y acomodan la legislación colombiana a la medida del inversionista.

Con orgullo se muestran los resultados de esta política elevada a norma constitucional a través de algunos tratados de comercio y cuyo punto culminante será el TLC con Estados Unidos y con la Unión Europea. Al cúmulo de concesiones otorgadas se le atribuye el que las inversiones extranjeras en Colombia hayan pasado de algo más de veinte mil millones de dólares en el 2002 a sesenta mil a finales de 2008. Es decir, que el ’stock’ de capital foráneo que llegó al país en siete años es igual al doble del existente a comienzos del siglo XXI; no obstante, como se difundió la semana pasada, por cada diez dólares invertidos el retorno hacia afuera es de 6,5. Se cumple así el paradigma de los flujos de capital, "el dinero va a donde puede salir".

Cualquiera entiende que lo que se ha establecido es un sistema de inversión colonialista. En retrospectiva, el marco general de la "confianza inversionista" a lo que más se asemeja en la historia económica colombiana es al vigente en los primeros años del siglo XX que rigieron para concesiones como las de petróleo, otorgadas a la Standard Oil Company o la de Chocó Pacífico para la explotación de oro.

La concesión aurífera chocoana se inició en 1916 y concluyó a mediados de la década de los setenta. Luego pasó a ser parte de International Mining Corporation y algunos cálculos estiman que entre 1948 y 1972 extrajo metales, porque también explotaba platino, por cerca de 200 millones de dólares, que sólo en 1964 remitió 90.000 onzas de ese metal y que con el producido de su operación se edificó el Yankee Stadium. Las regalías que quedaron aquí fueron menos del 2 por ciento del total extraído. Terminó, luego de varias vueltas, en manos de unos mineros artesanales empobrecidos, algunos antiguos operarios en pago de sus prestaciones, sin vetas ni aluviones.

Cinco décadas después se ven los resultados sociales de la "confianza inversionista" en el saqueo del oro chocoano por décadas. Las muertes infantiles por desnutrición; la falta de saneamiento básico e infraestructura; tragedias naturales y absurdos accidentes, como el ocurrido en la carretera Medellín-Quibdó hace pocos días; y ser el portador de los peores indicadores de desarrollo humano del país, con el 79 por ciento de los hogares con Necesidades Básica Insatisfechas, ingreso por habitante del 40 por ciento de la media colombiana y un analfabetismo que dobla al promedio nacional.

El frenesí del reciente ’boom’ de inversión extranjera no puede impedir la evaluación de los resultados a largo plazo. Reflexionar sobre lo que significó para la tierra chocoana la pérdida de sus mayores riquezas, de entregarlo todo a cambio de nada, o de muy poco, o de temporales indicadores económicos, debe llevar a concluir que los efectos de la inversión extranjera han de verse en el transcurso del tiempo, lo cual es un buen tema para los foros que se hacen al respecto. Definir si se trata, de verdad, de una inversión o de un despojo; no sea que dentro de cincuenta años el Chocó sea la regla y no la excepción.

El presente material se publica en Rebanadas por gentileza del PDA-MOIR