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OPINIÓN - COLOMBIA

Política económica y generación de empleo

Por Aurelio Suárez Montoya

Rebanadas de Realidad - MOIR-PDA, Bogotá, 19/03/09 .- Como se preveía, las cuestiones sociales y económicas van ganando prioridad en la agenda política. Hasta los partidos de la coalición de gobierno están reclamando acciones más "agresivas" para afrontar las crisis. Atrás está quedando la preocupación por temas como la seguridad. El desempleo, que es la más cruda de las secuelas de las recesiones, apremia al llegar a más del 14 por ciento. Colombia no solo está sintiendo los efectos del "infarto de Wall Street" sino que -desde los inicios del 2008- el impacto de la revaluación del peso frente al dólar, causado por la avalancha de divisas, viene haciendo estragos en el aparato productivo nacional, que ahora sufre de una grave contracción industrial.

Las acciones gubernamentales, como el subsidio a la tasa de interés para la compra de algunos automóviles, tienen alcances limitados, en particular porque se trata de una industria de ensamble, prácticamente de maquila, que no tiene fuertes articulaciones con las demás ramas de la producción, de plásticos, la electrónica, la química y la siderúrgica, a diferencia de lo que muestran economías de otros países, donde se hace un alto porcentaje de las partes y accesorios de dicha cadena industrial.

Propuestas como insistir en los agrocombustibles, cuyas fuentes de materia prima -la caña de azúcar y la palma aceitera- crean menos de 0,22 empleos rurales directos por hectárea; aumentar el tiempo de estudio de los jóvenes para disminuir el volumen de la población económicamente activa, o poner énfasis en el crédito para la microempresa son más del mismo modelo que llevó el desempleo del 7,8 por ciento en 1993 hasta el 19,7 en el 2000, que nunca pudo reducirse a menos de dos dígitos y que de nuevo está trepando aceleradamente. Esas ideas son de la misma estirpe de las que recomendaron elaborar uchuva en vez de trigo.

El fantasma del libre mercado, del libre flujo de capitales, del control de la inflación como objetivo central y de déficit fiscal igual a cero acecha la mente de quienes no ven más que soluciones parciales o "programas" de empleo. El debate que suscita la recesión debe ir al cuestionamiento de la raíz última de la misma: la política económica vigente implantada desde el Consenso de Washington. Resulta increíble que mientras en Estados Unidos, y en el resto del mundo, las viejas soluciones no tienen cabida, aquí cunda el pánico cuando se propone una ruptura con el modelo "generador" de desempleo y se califique como radicales a quienes se atreven a tal cuestionamiento. ¿Se ignora acaso que la Reserva Federal en Estados Unidos jamás ha tenido la inflación como meta principal?

Los quebrantos que se avecinan harán desechar los paliativos. Es el momento de aquellas propuestas que tracen nuevos enfoques, que pongan la creación de empleo como centro de la política, incluyendo hasta la emisión monetaria para ello, y, desde luego, proyectos estatales al estilo New Deal. No es el tiempo de soluciones vagas y, menos aún, cuando cálculos serios estiman que la emisión de un 3 o un 4 por ciento del PIB, para esos indispensables fines, no aumentaría la inflación y podría impulsar el país hacia la ruta del pleno empleo.

Hay que complementar las nuevas definiciones con políticas sectoriales hacia industrias con mayor valor tecnológico y la incorporación de los sistemas educativos y los recursos que sean menester; con un reordenamiento del campo, empezando por el acceso progresivo democrático a los recursos productivos, como tierra, capital, técnicos y agua; con la debida protección de la producción de alimentos y con un cambio en la política comercial, buscando la complementariedad y no la competencia, para que no se termine importando todo lo que se va a fabricar.

Finalmente, hay que tener presente, en primer término, que, mediante el empleo digno, se reivindican de mejor manera los derechos económicos y sociales, como la seguridad social; se dinamiza el mercado interno y se aumenta el ingreso, lo que ocasiona una mejora en la inicua distribución que hoy campea. Que se sepa de una vez: no será con pañitos de agua tibia como va a solucionarse la catástrofe que ya se vino.

El presente material se publica en Rebanadas por gentileza del PDA-MOIR