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OPINIÓN - COLOMBIA

Joseph Stiglitz y una nueva política económica

Por Aurelio Suárez Montoya

Rebanadas de Realidad - MOIR-PDA, Bogotá, 02/12/09.- El mensaje de Joseph Stiglitz en su reciente visita a Colombia se ha mantenido más o menos oculto. Y, peor todavía, sus contradictores inveterados, en inescrupuloso malabarismo, se han tornado también en sus “exégetas” con el objeto de transmitir apenas lo que les conviene, tergiversándolo. Invitado por la Fundación Carlos Lleras Restrepo, desnudó –por enésima vez y ante un público numeroso y calificado- los perjuicios causados por la política económica neoliberal, que es la misma que ahora está camuflada bajo el alias de “Confianza Inversionista”.

Destacó cómo el desempleo, en casi todas las latitudes, es la expresión más concentrada de la crisis económica y además cómo poco o nada se hizo entre nosotros para prevenirlo cuando la ola ascendente de la economía global soplaba a favor. Acotó que, en tanto el crecimiento económico subió casi un 40% en siete años, el empleo apenas lo hizo en el 5%. No sólo eso, relacionó esa desocupación, que no atribuye a un incremento en los costos de la nómina, como factor de violencia e inseguridad.

Advirtió sobre los riesgos perentorios de la “enfermedad holandesa”, destructora de empleo y de exportaciones con valor agregado, causada por la revaluación recurrente de la moneda debido al ingreso masivo de dólares por y para la explotación de recursos naturales y peor aún si éstos no se reinvierten en actividades productivas, tecnología, infraestructura necesaria y educación. Cuestionó de paso la fidelidad en la medición del PIB de los países que se especializan en minería e hidrocarburos, que se “reprimarizan”. Así mismo, llamó a descreer de la solidez en el falso progreso basado exclusivamente en la inversión y el ahorro extranjeros que ocasiona permanentes déficit, tanto fiscal como de las cuentas externas. Descartó el TLC con Estados Unidos, explicando que, de verdad, no hubo “negociaciones” sino un contrato de obligaciones que afectarán al país tanto por el comercio ilegítimo de bienes agrícolas subsidiados, como por capítulos como los de propiedad intelectual e inversiones, entre otros, que imputarán a Colombia más costos que beneficios.

Bastante afín con estas tesis ha aparecido recientemente un texto publicado con el apoyo de la Fundación FESCOL sobre “Política Económica para la productividad, el empleo y la distribución del ingreso”, de un grupo de economistas que desde ópticas distintas a las oficiales coinciden en buena porción con las propuestas de Stiglitz en este periodo post-crisis. Se propone el pleno empleo como objetivo central y a él se subordina la política monetaria, se concibe el comercio exterior como complemento al mercado interno y con visión geoestratégica enfatizando en el entrelazamiento regional, precisamente el que hoy se está desechando con graves secuelas e irrecuperables pérdidas. Proponen, como Stiglitz, políticas industriales activas en sectores donde podrían tener un multiplicador de mayor impacto, acompañadas de sistemas de gestión tecnológica que incorporen la educación y la investigación innovadora. Se plantea que no es posible desarrollar al sector agrario si no hay una distribución equitativa de la tierra y demás factores productivos, un aserto con el cual Stiglitz refutó a quienes atribuyen el atraso del campo a la falta de “apertura comercial”, desconociendo que los verdaderos impedimentos tienen orígenes estructurales. Y, desde luego, que es imprescindible una adecuada protección al mercado interno que se construya con base en el nuevo arreglo institucional.

Esta propuesta, elaborada por los economistas Álvaro Moreno, Germán Umaña, Carlos Martínez, Álvaro Zerda, Ricardo Bonilla e Iván Cardona, va acompañada de un modelo de seguridad social, diseñado por Mario Hernández, César Giraldo y Darío Restrepo, con base en los criterios universales de solidaridad entre trabajadores y entre generaciones que puede hacer realidad, mediante el empleo digno y el control social, los derechos fundamentales de los ciudadanos.

El problema económico de Colombia, que es su mayor tribulación, no se resuelve con paliativos ni con paños de agua tibia. Se está viviendo un derrumbe silencioso de sectores completos de la producción nacional, empezando por su primer renglón agrícola, el café. Se incrementan la desigualdad, la pobreza y la indigencia y, ante esto, reorientar la política económica es inaplazable. Quiera la vida que los esfuerzos de quienes propenden por ello desde el foro académico y político no sean vanos y que tampoco se descarten las acertadas observaciones de Stiglitz, echadas reiteradamente en saco roto por “los genios” gestores de la actual tragedia nacional.

El presente material se publica en Rebanadas por gentileza del PDA-MOIR