| Bufete de Informaciones Especiales y Noticias |
| OPINIÓN - ARGENTINA | ||
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El miedo que vino para quedarse |
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| Por Sergio Julio Nerguizian, Abogado | ||
Rebanadas de Realidad - Lanús, 07/04/09.- Una falsa opción se ha instalado en estos días a la hora de discutir las causas de la inseguridad y los medios idóneos para llevarla a los parámetros "normales". Los que ponen el acento en reforzar la represión de las conductas delictivas reciben de inmediato calificativos del tipo: facho, pensamiento de derecha, nostálgicos de la dictadura militar, reaccionarios, filonazi y otras lindezas por el estilo. A su vez, quienes explican el fenómeno señalando como causas eficaces a la pésima distribución de la riqueza, la brecha creciente entre clases, la indiferencia del Estado para rescatar a los sectores más vulnerables de su postración y el incentivo obsesivo de un capitalismo que equipara la realización personal con el acopio de objetos e íconos de status, merecen las etiquetas de montonero, zurdo, comuna, marxista, pro-guerrilla o bolche aplicadas con fervoroso entusiasmo. La primera posición confía en que una aplicación severa de la legislación penal y una oportuna reforma que endurezca las penas, harán desistir a muchos del camino del delito. Esta propuesta no se complica en desentrañar las razones profundas de la crisis de seguridad: se conforma con defender un remedio que cree idóneo porque supone que en el delincuente el temor a morir o a vivir encarcelado por años tienen poder disuasorio. Ahora bien, esta tesis ¿tiene fundamento científico? Se responde que la cuestión es secundaria: en todo ser humano opera el terror a perder dos bienes valiosos, la vida y la libertad. La actual ola seguirá creciendo mientras "la población delictiva" no perciba como amenazas ciertas las prescripciones de la legislación penal ,reforma incluida en su caso, terminan afirmando. Mientras tanto promueven la construcción de nuevas cárceles, el fin del garantismo de base ideológica, la reducción de la edad de imputabilidad y un sustancial aumento del presupuesto que permita incorporar más hombres y equipamiento policial. Por su parte, el llamado ambiguamente "progresismo" pone el acento en la etiología del mal, en la red de causas y concausas que confluyen para producir el presente estado de terror público. La idea básica es que "todo preso es preso político", es decir, que la conducta desviada es responsabilidad colectiva y en consecuencia, si bien existen los ladrones,"ladrones somos todos". Así, aumentar la represión sin mejorar la igualdad de oportunidades de los sectores desclasados concreta la injusticia esencial de condenar a algunos por el crimen de todos: el 80% de los delitos que se cometen son atentados al derecho de propiedad y el 80 % de los que los cometen son pobres. ¿Estamos frente a un falso dilema? Acaso las dos posiciones son compatibles entre sí, ya que mientras una subraya la necesidad de aumentar el control de la actividad delictiva, la otra desentraña las causas ocultas de la misma y postula un Estado activo en políticas sociales. |
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