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OPINIÓN - ARGENTINA

Acerca de la nueva central sindical internacional y la desaparición de la CLAT

Por Dante Oberlin (*)

Artículos de Dante Oberlin editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 20/03/08.- En los primeros días de noviembre del 2006,se disolvieron la Confederación de Organizaciones Sindicales Libres -CIOSL- y la Confederación Mundial del Trabajo -CMT- y de la fusión entre ambas nació la Central Sindical Internacional -CSI-.

El 6 de febrero de este año, en vísperas de la reunión de Ministros de Finanzas y Bancos Centrales del G7 en Tokio; la flamante Central Sindical Internacional, en conjunto con la Confederación Europea de Sindicatos y la Comisión Consultiva ante la OCDE, le reclamaron a los gobiernos que respalden el llamamiento del director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss -Kahn, para que dé una respuesta fiscal coordinada a la actual crisis económica. Estas Organizaciones sindicales, también instaron al Banco Central Europeo a seguir los pasos de Reserva Federal de los EEUU en cuanto a tomar las medidas políticas necesarias para recortar las tasas de interés.

Una posición clara

Esta manifestación - a poco de ser estrenada la nueva conducción unificada - es quizás la más valiente y contundente definición de la verdadera orientación que anima su propuesta. Sin dudas representan de manera unívoca los intereses del mundo desarrollado. Es una decisión que expresa de una manera osada y categórica el rol que van a cumplir en su nuevo envase unitario.

La nueva Central, pasó sin ponerse colorada a defender en forma clara y terminante los intereses para los que ha sido creada.

Pero la lectura de la nueva Central atrasa en la historia real del mundo. Ha sido creada para acompañar la unipolaridad. No alcanzan a percibir que estamos saliendo del mundo "unipolar" y pasando aceleradamente a un mundo "multipolar". Un mundo que sin lugar a dudas demandará a todos los actores sociales y políticos iniciativas renovadas, originalidad propositiva y representaciones genuinas.

Ya no alcanzarán las calificaciones y descalificaciones provenientes de los países dominantes y desarrollados hacia América Latina y el mundo.

Pareciera que para ellos -los constructores de la "nueva realidad sindical"- los millones de trabajadores chinos organizados no son democráticos, los árabes no son confiables y seguramente estarán en contra de Chávez en Venezuela, o de otros líderes latinoamericanos reclamando que el mundo "libre" acompañe las viejas formas de representación política más vinculados a la formalidad de una democracia de protocolo y pobreza, que a la solución de los problemas de la marginalidad , la exclusión social, la miseria y el analfabetismo.

En su agenda de doble discurso seguramente estarán algunos de los temas prioritarios para el mundo sindical, pero en una versión discursiva y de nula aplicación real.

Entre estos temas se podrán observar los siguientes:

  • Apoyo a la lucha por los derechos de los inmigrantes (mientras construyen en los países que representan nuevos muros) para impedir que lleguen a "robarles el trabajo a sus compatriotas"
  • Contra del Tratado de Libre Comercio. Pero por razones diferentes a las nuestras. Nosotros hemos aprendido en la CLAT que el TLC es un obstáculo para la verdadera integración de América Latina y como dijera nuestro compañero Emilio Máspero "el TLC de Bush intenta transformar a América Latina en una suerte de magma amorfa en el que todo se compra y todo se vende, en un gran supermercado". Máspero concluía con una frase de un dirigente de la CMT "Creo que los supermercados nunca hicieron historia". Ellos -en cambio- creen que cuando el TLC se aplique les quitará trabajo a los americanos. Por eso piden cláusulas de difícil aplicación real reclamando derechos y obligaciones a los diferentes Estados -cláusulas que se incumplen en sus propios países-.
  • Reclaman por los Derechos Humanos, mientras fronteras adentro usan técnicas de tortura para sacar información a los sospechosos.
  • Apoyan a los procesos democráticos de la Región, pero hay que recordar que la ORIT apoyó a las peores dictaduras latinoamericanas y las invasiones armadas por parte de los EEUU en América Latina. Esta democracia no incluye a los que ellos califican de "enemigos" aún cuando resultaron altamente legitimados en elecciones libres, abiertas y democráticas.
  • En un tema central de cualquier agenda sindical -como lo es el comercio internacional-, la CSI no define nada sino que apenas balbucea declaraciones "universales" que no son más que un saludo a la bandera. Las fronteras comerciales de los países desarrollados y los subsidios a sus productores impiden el acceso de nuestras producciones a sus países, en tanto reclaman que abramos las nuestras en nombre del Libre Comercio. Cada vez son más las trabas fitozoosanitarias, sociales y económicas para que podamos colocar nuestros productos en sus países.

En la nueva Central obviamente también mostrarán acompañantes que "representan" a nuestros países. Siempre lo hicieron. En su mayoría son los mismos que EEUU financiaba durante la guerra fría para luchar contra el comunismo. Otros son apenas algunos compañeros que más allá de sus buenas intenciones ya no tienen nada para ofrecer y están vencidos por la resignación.

En nuestro país el sindicalismo norteamericano (léase ORIT, AFL-CIO e instrumentos ad hoc como el IADSL-Instituto Americano para el Desarrollo del Sindicalismo Libre- acompañó abierta y groseramente la intervención a la Confederación General del Trabajo de Argentina en el año 1955 junto a los militares que derrocaron a Perón. Ahí también mostraron algunos dirigentes sindicales que "defendían a la democracia". Los trabajadores y sus verdaderos representantes estaban en la resistencia, en la lucha y la clandestinidad.

Pueden tener sellos y seguramente tendrán prensa, pero son una caja vacía que resuena con los ecos de los países que los financian.

Una extraña sensación de "dèja vu". Un poco de historia

En realidad esta práctica no es nueva. Ya en 1945, cuando los "aliados" derrotaron al "eje" en la segunda guerra mundial y se firmaron los tratados de Yalta y Postdam, se creaba un mundo bipolar pero de extrañas concesiones geopolíticas entre los EEUU y Rusia. Era una suerte de "luna de miel" que dividía áreas de control e influencias geopolíticas acordadas. En ese momento se pensó que debía existir una Central Internacional unitaria que expresara este mundo "nuevo" y se creó la Federación Sindical Mundial (FSM) que congregaba diferentes expresiones ideológicas que habían estado divorciadas entre ellas por décadas. Desde el 6 al 11 de febrero de 1945, se celebró en Londres la Conferencia Sindical Mundial en la que participaron las organizaciones sindicales más grandes. Había representantes de EEUU, Alemania, URSS, Francia y otros países. Ahí se constituyó la Federación Sindical Mundial. No formaron parte de esta Central la AFL de los EEUU y la Confederación Internacional de Sindicalistas Cristianos (CISC, luego llamada CMT)

Cuatro años después, las divisiones ocultas en ese instrumento "unitario" se expresaron en forma orgánica y así nació la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres.

Fue así que la FSM pasó a defender a la Unión Soviética y sus políticas, estrategias y posiciones desde el mundo sindical.

En tanto la CIOSL lo hizo con las políticas, posiciones y estrategias de los EEUU.

Nuevamente se trata de una "unidad" que no nace de intereses comunes ni de grados mínimos de unidad de concepción entre organizaciones de distinto origen y antecedentes, sino de la construcción de un espacio superestructural manipulado para servir a los intereses de los países desarrollados. Se trata más bien de "uniformidad" que de unidad.

Hay que saber, sin embargo, que existe un setenta por ciento de trabajadores organizados que no forman parte de esta estructura.

No es casual y no alcanzan los argumentos que esgrimen para explicarlos, que no estén presentes en este nuevo ensayo los sindicatos Chinos, ni los Sindicatos Árabes, así como los de diversos países de América Latina.

Esta expresión de la globalización en el mundo sindical, intenta de manera sistemática y ordenada reemplazar los espacios organizativos de unidad sindical o de pluralismo orgánico por los de un sindicalismo único y dependiente de los intereses del mundo globalizado en un nuevo ensayo neocolonial que incluso llegará en pocos días a América Latina.

Crónica de una muerte anunciada

La Central Latinoamericana de Trabajadores desparecerá el dia 26 de marzo del 2008 a las 15.00 horas para dar lugar al nacimiento de un gigante con pies de barro, de un sepulcro blanqueado llamado "Central Sindical de las Américas". Será un triunfo pírrico del panamericanismo frente a una historia de dignidad, de lucha y de esperanzas de un pueblo que no se rendirá nunca.

Efectivamente, el día 24 de marzo comenzará en Panamá un evento conjunto entre la CLAT y la ORIT que tendrá algunas conferencias sobre temas hartamente debatidos (Juventud Trabajadora, Integración, Erradicación del Trabajo Infantil y Mujer Trabajadora). El programa preve que a las 15.00 del día 26 de marzo se presentará en el Congreso de la CLAT una moción de disolución.

Al día siguiente se creará la "nueva Central Sindical de las Américas".

Con la desaparición de la CLAT, quedarán pulverizados en su expresión orgánica 56 años de historia. Resulta incomprensible cómo algunos ex dirigentes de la CLAT pueden acompañar este nuevo ensayo imperialista, sometiéndose a su agenda, acompañando sus posiciones y sus intereses y renunciando a sus posiciones originales. ¿Qué pensarán los compañeros trabajadores sobre la CLAT cuando sus ex dirigentes tengan que ocultar sus convicciones, resignar su identidad latinoamericana, aceptar que una ex asesora de Ronald Reagan (la norteamericana de la AFL-CIO Linda Chávez) sea su nueva conducción en la Central Sindical de las Américas?

La autonomía de sindical, de pensamiento y acción que para la CLAT siempre fue un reto quedará a partir de este congreso entrampada en la estrategia de la AFLCIO y su agenda.

Sin embargo, la historia de la CLAT, con la represión, los muertos, los desaparecidos, los exiliados y los presos por las luchas de los trabajadores latinoamericanos no tendrá por ahora una forma orgánica de representación, pero para los trabajadores de América Latina y el Caribe la CLAT seguirá siendo el lugar natural para los proyectos vinculados a la vida, a la esperanza y a la utopía como le gustaba expresar a Emilio Máspero.

América Latina no se merece una afrenta de esta naturaleza

Cuando la Confederación Latinoamericana de Sindicalistas Cristianos (CLASC) irrumpió en la escena internacional en el año 1954, el sindicalismo latinoamericano estaba dividido entre los que apoyaban al mundo "libre" y los comunistas.

En el sindicalismo llamado libre y orientado por la AFLCIO de los EEUU en América Latina se congregaban dirigentes sin base que hacían una ardorosa defensa del los intereses de los Estados Unidos y eran soldados bien pagos de la guerra fría a favor de ese espacio geopolítico. Muchos dirigentes pasaban a cobrar sus servicios en las propias embajadas norteamericanas.

Por su parte, los trabajadores orientados por el mundo comunista, en lugar de mirar la realidad de los trabajadores de cada país en el que vivían, observaban una férrea disciplina con los intereses geopolíticos y estratégicos de la Unión Soviética.

Un puñado de dirigentes que no aceptaban el mundo marcado por la bipolaridad, y resistían la práctica de un sindicalismo de la guerra fría, decidieron entonces crear un instrumento genuino, que representara su forma de pensar y concebir la realidad. Fue así como nació la CLAT.

La CLAT fue el espacio natural para pensar en la unidad de América Latina, para revalorizar nuestra identidad y nuestras raíces, para luchar y militar a favor de los derechos y los intereses de los trabajadores, para formar cuadros y dirigentes sociales, políticos del movimiento de los trabajadores.

El sindicalismo latinoamericano está a punto de perder un formidable instrumento.

La CLAT -con su irremplazable historia, su fecunda presencia en los temas centrales de la política latinoamericana y sus posiciones claras y definidas a favor de los trabajadores y los pueblos de la región, pasará a ser una suerte de sucursal nostálgica arrinconada en algún pequeño sector de la superestructura de este nuevo ensayo pronorteamericano.

La política, la estrategia, la agenda y las verdaderas decisiones serán sin dudas las que siempre animaron a la ORIT.

Hago un llamado personal a mis compañeros y amigos que pertenecen a la CLAT en tantos países Latinoamericanos y que siguen compartiendo los mismos ideales y un fuerte compromiso con los trabajadores , a los amigos que la CLAT ha sabido mantener a través de sus largos años de vida por la valentía de sus posiciones y por el respeto ganado a través de tantos años de compartir ideales y proyectos, a los dirigentes sindicales, y a los hombres políticos de buena voluntad de América Latina para pensar juntos y seriamente un proyecto alternativo de la unipolaridad (como lo es la CSI y lo será su nueva sucursal "de las Américas") ya que solo con el protagonismo genuino de los actores reales podremos encontrar los caminos de nuestra verdadera liberación.

(*) Fue dirigente de los trabajadores gráficos en Argentina, Secretario Nacional de Acción Sindical Argentina (hoy CCAS) y Secretario Ejecutivo de la CLAT para el Cono Sur y para Centroamérica. En la actualidad es Presidente de la Asociación Civil PENSAR- Pensamiento Argentino.