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ESTADOS UNIDOS

El triunfo de Obama

Por Dante Oberlin (*)

Artículos de Dante Oberlin editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 06/11/08.- El contundente triunfo de Barack Obama es una victoria que honra a la política. ¿Por qué honra la política? Porque devuelve las esperanzas y los valores a un ámbito sospechado por los ciudadanos de todo el mundo como el espacio natural y superior de la corrupción, la impunidad y el pragmatismo salvaje.

Cuando Barack Obama habla de la esperanza en un país y un mundo diferentes, de la fe necesaria para alcanzar los objetivos de mediano y largo plazo, de la solidaridad con los que más la necesitan, y de la unidad nacional para lograr los objetivos, significa que está redimensionando la calidad política en su propio país proponiendo una suerte de "doctrina", o sea el abordaje de la realidad partir de valores comunes. Lo que algún filósofo criollo llamaba "el alma colectiva".

El neoliberalismo había logrado en las últimas décadas desvalorizar la política frente a la economía utilizando un elemento central vinculado a las conductas personales , sociales y políticas: La desmoralización; en el doble sentido de repetir hasta el cansancio que no se puede cambiar nada, que la realidad es así y seguirá así hasta el fin de la historia (Fukuyama) y por otra parte la desmoralización en la dimensión ética (todo vale para hacer política y hay que "hacer caja" a como de lugar, o el remanido "no es para mi ; es para la política" borrando los límites éticos entre la construcción política y la corrupción personal). Este fenómeno mundial cambió el mapa de la política también en Argentina. Recordemos algún filósofo nativo diciendo "muchachos, dejemos de robar por un año y todo se arregla".

El arribo de Barack Obama marca -sin dudas- el comienzo de una nueva era de la política. Por un lado significa el fin de la política espectáculo. En sus actos se hablaba de trabajo y de tareas para realizar por los que adherían a su candidatura. En ninguno de ellos había porristas, ni pirotecnia, ni tampoco los mega show que garantizaran concurrencia a un espacio vacío de ideas y de mística.

Con un estilo propio y una dinámica atractiva e inteligente Obama rescató -a través de redes formales e informales- la política como el instrumento supremo de la construcción social colectiva. Si la línea de las ideas de campaña de Obama se mantiene, y se atreve a poner en marcha lo que parece inspirarlo hasta el presente, estaremos en presencia de una nueva era y de una renovada épica política.

La complejidad del nuevo gran desorden internacional que apenas asoma su cabeza en estos días no necesita más liderazgos como los que conocimos, sino políticos que comprendan lo que está pasando y pongan sus esfuerzos en la búsqueda de consensos estratégicos que garanticen el progreso de todos los pueblos del mundo, respetando identidades y asegurando niveles de cooperación que serán muy diferentes a los que conocimos. Ante la vieja idea de algunos hombres de la política que piensan "desconfía y acertarás" Obama parece llegar con la mano tendida a todos sus compatriotas para construir con todos y entre todos un país distinto. Si pasa lo mismo a nivel internacional, pueden aparecer nuevos horizontes de verdadera cooperación entre las naciones.

Los riesgos del nuevo presidente

Hay quienes desconfían y sostienen que hacía falta una persona con las características personales (carismático y creíble) de Obama para hacer los terribles ajustes que hacen falta en la economía de los EEUU y que sea él quien pague los costos, y luego el establishment retomará la conducción de la economía en los términos anteriores.

La verdad es que puede ser así, sin embargo, el riesgo para este sector es que si Obama acierta en sus políticas y estrategias en el aspecto económico, su legitimidad podría crecer a niveles nunca vistos en los EEUU.

El otro riesgo es que en EEUU nunca hubo golpes militares. EEUU los propició y los ejecutó fronteras afuera con sus fuerzas armadas, sus marines y su sofisticado arsenal militar. Pero el ejército de los EEUU nunca consumó un golpe de Estado en su territorio. La figura que se usó en casos de los líderes "inconvenientes para el establishment" fue el magnicidio. John Kennedy, Robert Kennedy, y los también negros como Obama Malcom X y Martin Luther King.

Una lección para Argentina

En Argentina somos expertos en copiar las formas y apariencias de los procesos complejos. Pero esta nueva situación no es formal, es profunda y requiere grados de comprensión que superan ampliamente lo meramente contingente, siendo parte insustituible de la sustancia y esencia de lo trascendente. No dudo que en nuestro país ya debe haber quienes se preparan para hacer "escuela" a partir de los aspectos formales de lo que se está viviendo en EEUU. Le llamarán "nueva política" y copiarán de forma burda y patética la formalidad. Van a dictar cátedras sobre la forma de vestir, de hablar, de razonar, de moverse en el escenario, del candidato triunfante. Será una suerte de gatopardismo marketinero, o sea "cambiar algo para que todo quede igual". Pero aún en este caso, hay que saber que la esencia no se copia. La identidad no es un hecho material, sino cultural, que -al igual que la grandeza- no se compra en ningún supermercado. Es como si a un artista le plagian un cuadro valioso. Los imitadores pueden copiar y reproducir, pero como no tienen el alma, la naturaleza, ni la creatividad del artista, será una copia y nada más. Habrá que estar atentos a este fenómeno que se extenderá por todo el mundo, y como una inevitable moda pasajera, aterrizará en el centro del cholulaje político argentino, escenario en el que se reproducirán los "jóvenes brillantes" con cara de humildes y una indisimulable formación pragmática y neoliberal.

(*) Fue dirigente de los trabajadores gráficos en Argentina, Secretario Nacional de Acción Sindical Argentina (hoy CCAS) y Secretario Ejecutivo de la CLAT para el Cono Sur y para Centroamérica. En la actualidad es Presidente de la Asociación Civil PENSAR- Pensamiento Argentino.