Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
CLÍO, UN LUGAR PARA LA HISTORIA - COLOMBIA

Significado del Bicentenario (VIII)

1810: Santander, constructor de la República.

Por José Fernando Ocampo T. (*)

Artículos de José Fernando Ocampo T. editados en Rebanadas:

Artículos relacionados:

Significado del Bicentenario (I)
Conmemoración del Bicentenario (II)
Conmemoración del Bicentenario (III)
Significado del Bicentenario (IV)
Significado del Bicentenario (V)
Significado del Bicentenario (VI)
Significado del Bicentenario (VII)
Significado del Bicentenario (IX)
Significado del Bicentenario (X)

Además:

Mutis y la revolución de independencia
La pérdida de Panamá: cien años Nota I y siguientes

Rebanadas de Realidad - MOIR-PDA, Bogotá, 01/07/10.- En la lucha de independencia Bolívar y Santander lucharon unidos por un solo ideal, la liberación de América. Ninguno de los dos cedió un ápice en su propósito fundamental de derrotar el colonialismo. En ningún momento hubo una duda sobre el objetivo, una vacilación en su propósito, una conciliación con el enemigo, un intento de negociación a medias, una propuesta de diálogo constructivo con los colonialistas. Ambos batallaron a muerte. Que Santander hubiera preparado las fuerzas en Casanare y hubiera puesto en peligro su vida para mantener vivo el ideal de independencia, constituyó un elemento determinante para que Bolívar dirigiera el paso de la cordillera y cayera sobre los realistas en el Pantano de Vargas y en la batalla de Boyacá. Triunfante la revolución, Bolívar y Santander gobernaron un país que existía todavía en la mente de los triunfadores, pero que no respondía a la realidad de nación unificada. Mientras Bolívar continuaba su misión hacia el sur, Santander se dedicaba a levantar la estructura nacional. Ni en la mente de la población ni en la de los dirigentes existía “nación”. Santander fue quien le dio entidad histórica.

Santander erigió su obra en dos períodos, una como vicepresidente de Bolívar y otra como presidente en ejercicio. Llevó a cabo toda una revolución de las ideas y de las estructuras. Había que derrotar los rezagos de España. Lo logró. Había que estructurar gobiernos regionales que acataran la unidad nacional. Se lo propuso. Había que construir una economía totalmente inexistente. Lo llevó a cabo. Había que educar a un pueblo analfabeta esparcido por todo el territorio de Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela. Se dedicó a lograrlo. Así como no existía nación, por eso no existía conciencia de nación. Había que formar la conciencia de pertenecer a una nación, con unos límites, un gobierno, una economía y una cultura. Eso fue lo que se propuso Santander. Pero, a pesar de avatares e intentonas separatistas por dos siglos, la obra que fraguó Santander, permanece para su honor y gloria. Fue el constructor de Colombia, por dentro y hacia fuera.

Pero Santander fue un demócrata, en el momento en que la democracia se levantaba contra la monarquía y la nobleza. Esa se constituyó en una contradicción insalvable con Bolívar. Ni dictadores, ni reyes, ni príncipes, fue para Santander un propósito vital. Su modelo de gobierno no era la monarquía inglesa, por más avanzada que pareciera, como lo fue para Bolívar, sino la democracia estadounidense, que había estudiado, que había visitado y que consideraba el modelo de gobierno moderno. Un modelo que tenía que ser acondicionado a una nueva realidad. No se trataba de si era extranjera o nacional. Era el tipo de gobierno y de organización que respondía a la revolución democrático burguesa y que representaba la vanguardia mundial. Bolívar se equivocó en imponer la dictadura, en coquetear con la monarquía, y en idear para los pueblos americanos un modelo de gobierno señorial y vitalicio. Mientras el Libertador dudaba de la categoría de los pueblos recién liberados, Santander lo que hacía era estructurar la nación y poner a marchar las estructuras políticas y económicas del futuro. Eso fue lo que fue, un constructor estratégico de futuro. Gloria a Francisco de Paula Santander.

También fue un americanista. A pesar de haber recorrido las cortes europeas en el exilio al que lo había condenado Bolívar, después de acusarlo del atentado contra su vida, de condenarlo a muerte y de conmutarle la pena capital por el destierro, se convenció más a fondo del gobierno democrático una vez se puso en contacto con los grandes revolucionarios de Estados Unidos. Por eso su reacción enérgica a favor de la doctrina Monroe y, por eso, también, su agria contradicción con un Congreso Anfictiónico de Panamá que Bolívar había convertido en una idea americana sin la mitad de América, a favor de los ingleses que se habían ya unido a la Santa Alianza y a la Cuádruple Alianza. Por eso Santander no dudó un solo momento en ponerse a tono con la idea de Adams y Monroe de una “América para los americanos”, como una muralla contra cualquier intento de reconquista. Si repudiaba la monarquía, también repudiaba la reconquista europea.

Pero ninguna obra más estratégica de Santander que la revolución educativa que llevó a cabo. En un país medio poblado, Santander había construido para 1827 cincuenta escuelas lancasterianas—las más avanzadas de la pedagogía mundial—y más de cuatrocientas tradicionales, en un país de analfabetas, en donde las únicas instituciones educativas eran las de la Iglesia. Tengo que citar a Germán Arciniegas, como en notas anteriores, porque ha profundizado en la obra educativa revolucionaria de Santander: “La obra de educación que realizó Santander entonces es más vasta y radical que la que, años más tarde convierte a Sarmiento en el gran educador del Sur. Entusiasmado por el sistema de Lancaster, que contemplaba la multiplicación de los maestros haciendo que los escolares se vieran pronto en condición de convertirse en maestros, trajo a Colombia al fraile Mora, liberal español que en Londres había aprendido el sistema de los labios mismos de Lancaster, y lo puso al frente de las tres escuelas pilotos—las de Bogotá, Caracas y Quito—que debería extender el sistema a toda la Gran Colombia. Trajo de Francia al naturalista Boussinglault, al médico Francisco Desiderio Ruouillin, para que enseñaran en la universidad, y puso a Pedro Cornettant al frente de la escuela normal. Creó el Museo y la Biblioteca nacionales. Fundó las universidades de Popayán, Medellín y Cartagena, y colegios en Panamá, Cali, Tunja, Ibagué, Pasto, Valencia, Tocuyo, Angostura, Cumaná, San Gil, etc.” (Arciniegas, Bolívar y Santander, vidas paralelas, Planeta, pag. 156). Había traído al país las obras del filósofo inglés Jeremias Bentham, lo más avanzado de la época, para enseñarlas en las escuelas y universidades y reemplazar la escolástica medieval. Constituyó otra revolución, la ideológica.

Santander fue un revolucionario de visión estratégica, en la política, en la economía, en la cultura y en la educación. Bolívar fue el dirigente de la revolución contra la colonia. Santander fue un constructor de la nueva nación.

(*) Miembro de la dirección nacional del Polo Democrático Alternativo. Obtuvo su doctorado en Ciencia Política en Claremont Graduate School de California. Ha sido profesor de tiempo completo de las Universidades de Antioquia, Caldas, Nacional y Distrital de Bogotá. Fue miembro de la dirección de FECODE desde 1975 hasta 2000. Hizo parte de la elaboración y negociación de la Ley General de Educación. Participa en el Centro de Estudios e Investigaciones Docentes de FECODE. Colabora en las revistas /Deslinde/ y /Educación y Cultura /. Es miembro de la organización Unidad Panelera Nacional. Sus principales obras son: /Colombia siglo XX: estudio histórico y antología política, 1886-1934; Ensayos sobre historia de Colombia; Reforma universitaria, 1960-1980; Dominio de clase en la ciudad colombiana; La educación colombiana: historia, realidades y retos./ Es editor del libro /Historia de las ideas políticas en Colombia.

El presente material se publica en Rebanadas por gentileza del Movimiento Obrero Independiente Revolucionario (MOIR).