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1810 Significado del Bicentenario (XI)

¿Y la independencia en la primera mitad del siglo veinte?

Por José Fernando Ocampo T. (*)

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Rebanadas de Realidad - MOIR-PDA, Bogotá, 26/08/10.- El robo de Panamá por Estados Unidos dividió en dos la historia moderna de Colombia, como lo había hecho un siglo antes la independencia de España. Todos los detalles de este acontecimiento trascendental para la historia contemporánea así lo prueban. De ahí en adelante el problema de la soberanía se convierte en la piedra de toque del devenir histórico nacional. Cada acontecimiento fundamental del último siglo queda referido a la preservación o no de la independencia, conquistada en 1819 y sostenida hasta 1903. La construcción de la economía, la estructura política, las reformas constitucionales, los conflictos internacionales, el desarrollo social, las ideologías, apuntan a una relación fundamental, la de la entidad de Colombia como Nación independiente. Primero fue la conclusión del conflicto sobre el canal. Segundo fue la modernización de la economía. Tercero fue la explotación de los recursos nacionales. Cuarto fue el conflicto mundial contra el fascismo. Quinto fue la contradicción antagónica entre el Partido Liberal y Conservador a punto de guerra civil. Pero lo que determina y define la independencia y la soberanía desde entonces, es la relación de Colombia con Estados Unidos. Y así es para toda América Latina.

Teodoro Roosevelt fue quien definió el carácter de Estados Unidos en el siglo XX. Al incluirle un corolario a la Doctrina Monroe, el Corolario Roosevelt, según el cual se destinaba a proteger los ciudadanos y los negocios de los estadounidenses en el hemisferio, ya no constituía una defensa de los americanos contra la reconquista europea, sino la constitución de una América para los norteamericanos. Hubo otro Roosevelt, Franklin Delano, quien con la política del buen vecino, intervino lo mismo que los presidentes anteriores, Taft, Wilson y Hoover. Se tomaron a Cuba, instalaron allí a Batista—al que Roosevelt llamaría “esa figura extraordinariamente brillante y hábil”—en República Dominicana a Trujillo, en Nicaragua a Somoza, invadieron a México en 1914 y 1920, tramaron el asesinato de Sandino, apoyaron las dictaduras de Venezuela, Argentina, Chile y Brasil y convirtieron a Haití en un protectorado. Fueron más de veinte intervenciones directas antes de la Segunda Guerra Mundial. Esgrimieron todos los motivos imaginables. Pasaron del argumento de la seguridad nacional al de la defensa contra el fascismo de Mussolini y Hitler. Combinaron las intervenciones directas con la adecuación de las economías latinoamericanos a las necesidades de la importación de capital. Para ello utilizaron la misión Kemmerer por varios países de América Latina—dos veces en Colombia—para estructurar las economía a las necesidades del capital financiero estadounidense. El mismo Franklin D. Roosevelt lo confesaba: "Los bancos de New York, ayudados por los viajes del Profe­sor Kemmerer a varias repúblicas, obligaron a la mayoría de éstas a aceptar empréstitos innecesarios a tipos exorbitantes de interés y pagando fuertes comisiones." Colombia tendría que declarar una moratoria de la deuda por menos de doscientos millones de dólares que puso al país en peligro de una invasión por presiones de los Tenedores de Bonos Extranjeros de Estados Unidos. A eso se le llamó la “danza de los millones”, en lo que terminó la fórmula de Kemmerer. En estas condiciones, sólo nos libraría de una invasión la crisis económica del país del Norte.

Colombia se sometió a la estrategia expansionista de Estados Unidos de 1903 a 1942. Entregada Panamá sin pena ni gloria por veinticinco millones de dólares, cada uno de los gobiernos siguientes se orientó a buscar la mejor adecuación del país al ingreso del capital estadounidense en todas las formas. Estados Unidos buscaba comercio de mercancías, exportación de capitales, materias primas y petróleo. El presidente Suárez definió la política exterior con su famoso “Respice Polum”—miremos hacia ese país del Norte que nos llenará de beneficios. Pedro Nel Ospina iniciaría la famosa “danza de los millones” con la bolsa de Nueva York dirigida a una modernización adecuada a las necesidades de inversión norteamericana. Abadía Méndez defendería a la bananera United Fruit Company contra los trabajadores pagados con sueldos miserables. Olaya negociaría desde su embajada de ocho años en Washington la entrega del petróleo. López Pumarejo mejoraría aún más las condiciones de las petroleras y firmaría el primer tratado de Comercio con Estados Unidos en 1935 que atentaba contra la incipiente industria nacional, a cambio de unos centavos en el precio del café. López se ajustó a la medida de los tratados de comercio definidos por la Ley de Convenios Comerciales aprobada por el Congreso de Estados Unidos en 1934, a la que de inmediato se ajustarían también Cuba, Brasil y Argentina. Colombia le dio el tratamiento de “nación más favorecida”, redujo al mínimo las tarifas aduaneras a los productos estadounidenses y liberó los impuestos proteccionistas de los productos exportados. No sería sino el ingreso de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial en 1942 lo que impediría el funcionamiento pleno del Tratado. Pero en 1949 el ministro de hacienda de Ospina Pérez, Hernán Jaramillo Ocampo, declararía nulo este tratado por considerarlo depredador de la economía nacional.

Colombia no sufrió exclusivamente el embate de Estados Unidos por actos de intervención directa y de dominación económica. El sector del Partido Conservador dirigido por Laureano Gómez se convirtió en un defensor de las ideas fascistas de moda en Europa desde el ascenso al poder de Mussolini en Italia después de la Primera Guerra Mundial. A Gómez le tocó el ascenso de Hitler siendo embajador en Alemania y quedó fascinado con las ideas del nacional socialismo. Rápidamente el fascismo se expandió por Europa: Austria, Hungría, Polonia, Rumania, Bulgaria, Grecia y llegaría al Japón. Y en América Latina tomaría fuerza en Brasil, Argentina, Paraguay y Chile. El periódico El Siglo asumió el papel de promotor del fascismo europeo. El Partido Conservador quedó dividido entre los fascistas y los pronoteamericanos. Ese fue el enfrentamiento entre Gómez y Mariano Ospina Pérez. Y de allí surgieron las amenazas del laureanismo contra los gobiernos de López Pumarejo, de intentos de guerra civil, que terminarían en la renuncia de López en 1945. Allí se pueden encontrar las raíces del enfrentamiento del Partido Liberal contra el gobierno de Laureano Gómez en 1950, de carácter corporativista, militarismo, poder absoluto, arbitrariedad, antiparlamento y personalista.

En estas condiciones estalló la Segunda Guerra Mundial en 1939. Pero Estados Unidos no entró sino después del ataque de Japón a Pearl Harbor en 1942. América Latina se dividió entre los países que apoyaban a los aliados en la guerra y los que defendían la neutralidad exigida por Alemania. Contra la férrea oposición del fascismo criollo, el presidente Eduardo Santos alineó el país con los aliados, ya al finalizar su período. Siempre había estado en su carrera política, desde su apoyo al gobierno republicano de Carlos E. Restrepo, con Estados Unidos. Y había apoyado toda la política de modernización imperialista de los gobiernos conservadores. Durante su gobierno continuó la entrega del petróleo a las multinacionales estadounidenses. Su paso del liberalismo al republicanismo y de este de nuevo al liberalismo, contribuyeron a las divisiones del Partido Liberal en este período, principalmente enfrentado con el lopismo. De todas maneras, Estados Unidos quedaría absorbido por su lucha en Europa y el Pacífico.

La primera mitad del siglo XX es el período de una modernización que adecua el país a las condiciones del dominio de Estados Unidos sobre Colombia y determinan la pérdida progresiva de la independencia que comenzó en 1810.

Nota:

Ver en www.moir.org.co, blogs, José Fernando Ocampo, La pérdida de Panamá: cien años

(*) Miembro de la dirección nacional del Polo Democrático Alternativo. Obtuvo su doctorado en Ciencia Política en Claremont Graduate School de California. Ha sido profesor de tiempo completo de las Universidades de Antioquia, Caldas, Nacional y Distrital de Bogotá. Fue miembro de la dirección de FECODE desde 1975 hasta 2000. Hizo parte de la elaboración y negociación de la Ley General de Educación. Participa en el Centro de Estudios e Investigaciones Docentes de FECODE. Colabora en las revistas /Deslinde/ y /Educación y Cultura /. Es miembro de la organización Unidad Panelera Nacional. Sus principales obras son: /Colombia siglo XX: estudio histórico y antología política, 1886-1934; Ensayos sobre historia de Colombia; Reforma universitaria, 1960-1980; Dominio de clase en la ciudad colombiana; La educación colombiana: historia, realidades y retos./ Es editor del libro /Historia de las ideas políticas en Colombia.

El presente material se publica en Rebanadas por gentileza del Movimiento Obrero Independiente Revolucionario (MOIR).