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CLÍO, UN LUGAR PARA LA HISTORIA

Elizabeth ¿La edad de oro o del plomo?

Por Olmedo Beluche (*)

Artículos de Olmedo Beluche editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Ciudad de Panamá, 07/08/08.- A una película biográfica, al igual que a una novela histórica, no se le puede pedir la rigurosidad de un libro de historia. El abordamiento desde una perspectiva artística, ya sea de un personaje histórico o de un acontecimiento, permite a su autor la libertad de realizar algunas pinceladas que destacan algunos aspectos claves que definen los dilemas sicológicos (el drama) del momento, obviando otros.

Como un pintor, el escritor o director enfoca sobre un rasgo específico que a su juicio es el determinante en los hechos, o construye un arquetipo sicológico, no importa si el personaje de histórico sólo tiene el nombre y todo lo demás es ficción. A la manera en que Shakespeare como ningún otro supo hacer. Pero lo mínimo que uno como espectador puede pedir a la obra de arte, a parte de belleza, es que sea convincente en sí misma. Es decir, que los personajes sean coherentes consigo mismos.

Armado con este elemental bagaje cultural, y con la buena impresión que me causó la primera versión de “Elizabeth” (1998), del mismo director (Shekhar Kapur) y el mismo libretista (Michael Hirst), acudí a ver la nueva versión titulada “Elizabeth, la edad de oro” (2007). Salí del cine no sólo decepcionado, sino enojado.

No salí enojado por la actuación de la fabulosa Cate Blanchett que, sin yo ser experto, creo que estuvo tan brillante como la primera vez. Ni tampoco por la ambientación de la película, sus escenarios y, en especial, sus vestuarios, que fueron magníficos. Salí enojado con el director y el libretista que parece que han querido desdecirse de la primera versión, más realista y brillante, de la vida de la gran reina Isabel I de Inglaterra, para entregarnos ahora una caricatura.

Una caricatura burdamente construida en la que se suplanta el drama y los dilemas genuinamente humanos de la primera versión de Elizabeth, para intentar construir ahora un mito lleno de falacias históricas y sicológicas. Como que alguien les dijo que en la primera versión dejaban mal plantada a la nobleza y ahora trataran de hacer una apología de la decadente monarquía inglesa para quedar bien con los poderes constituidos.

El director trucó a la Elizabeth humana de su primera versión por una semidiosa, o tal vez sea mejor decir “superheroína”. Por ende, el drama real, que conmueve, se perdió. Porque los dioses están más allá del bien y del mal, sólo los humanos sufren por sus decisiones. Pero las apologías, como ésta, borran los aspectos oscuros de la personalidad o de los hechos para quedarse sólo con lo brillante o grandioso, así sea falsificado. Es decir, se convierte en caricatura.

Por ejemplo, los amores carnales de la reina y su renuncia a ellos y al matrimonio, por razones de estado o conveniencia política, mostrados en todo su dramatismo personal en la primera versión, han sido suplantados por el mito de la “Reina Virgen” que la única mácula que luce es la de un inocente y mal dado beso de Sir Walter Raleigh. Y para poner la guinda en la apología, en la escena culminante, la muestra sobre un blanco corcel arengando a las tropas en una mala copia de Juana de Arco.

Por no referir que en alguna frase no tan sutil esta Elizabeth alega reprimir a los católicos para garantizar la “libertad religiosa”. Sin ser yo católico, ni mucho menos defensor del papado, debo decir que, desde la primera escena, se pinta al imperio español como el “imperio del mal” al cual sólo se enfrentaba la “libre” (pérfida) albión. Lo cual no es cierto históricamente hablando. Hasta en esto la primera versión fue superior, pues mostró la gama de intereses personales enmascarados tras el conflicto religioso.

Pero la peor caricatura de la película, hecha además con toda la alevosía, es la que pinta al propio Felipe II, a su corte, a sus embajadores como unos fanáticos, medio payasos, cuasi enanos y deformes que más bien parecen bufones, y que además hablan un pésimo castellano. En la escena de la batalla naval ya no sabía si estaba viendo “Piratas del Caribe”, que es más divertida por lo menos.

El tema daba para mucho: las propias intrigas de la corte inglesa y sus luchas por el trono; el uso de la guerra, la conspiración y los matrimonios para controlar el poder político; el tablero de ajedrez que era Europa en que las potencias disputaban sus áreas de influencia y el uso de la religión como máscara de esa lucha. Incluso la pretensión de Felipe II al trono tenía ribetes más interesantes que los superficiales abordamientos de la película, porque como viudo de María I Tudor, tenía derecho al trono, que le fue usurpado cuando impusieron a Elizabeth, y luego tras la ejecución de la otra María (Estuardo) porque ella le legó trono también. Hirst y Kapur no pudieron captar nada de esto.

No se trata de defender a la monarquía española contra la inglesa, ni a Felipe II, ni negar el papel reaccionario de la política internacional del Imperio de aquel tiempo, ni su responsabilidad en la posterior decadencia de España, ni mucho menos defender a la Santa Inquisición , etc. Se trata de mostrar los hechos de manera más real y coherente. En inteligencia, me parece que Felipe II fue superior a George W. Bush, pero sería estúpido reducir la política exterior de Estados Unidos al cretinismo.

Hablando de Estados Unidos, esta caricatura de Elizabeth, pretende resaltar poco sutilmente la “superioridad” anglosajona a ambos lados del Atlántico, mediante algunas alusiones a las “colonias” que le narra Sir. Walter Raleigh a la reina, frente a los bárbaros hispanos. Tal y como acostumbran ahora los bodrios de Hollywood contra los musulmanes y árabes. Con lo cual se transforma en propaganda de la peor especie racista, útil para que los ciudadanos blancos apoyen la política imperialista de sus países. Así el genocidio y el saqueo queda justificado, cual “destino manifiesto”, en imponer por la fuerza la “civilización” y la “democracia” a los bárbaros.

La verdad, cuando ví el título de este “remake”, pensé: si ya el director pintó bien a Elizabeth en la primera entrega, y ahora le agrega la “Edad de Oro”, debe ser que va abordar el interesante tema del ambiente social y cultural de la Inglaterra isabelina, que produjo tanto a Shakespeare como a la industria que llegaría a dominar el mundo. O tal vez aparezca alguna alusión a la superioridad inglesa en cuanto a la técnica naval que le permitió derrotar a la Armada Invencible.

Inclusive, pensé ingenuamente, tal vez analice ese momento de inflexión histórico, en que surge un nuevo imperio y empieza la decadencia de otro. Pero nada de esto se ve en la película. El oro se convirtió en plomo. Debía aceptar el sabio consejo de Alejandro, mi hijo de 15 años, y ver “Batman”, al menos allí parece que hay un excelente Guasón.

(*) Sociólogo, profesor de la Universidad de Panamá y Secretario General del Partido Alternativa Popular (PAP).