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OPINIÓN - PANAMÁ

¿El extraño caso del Sr. Fernando Lugo?

Por Olmedo Beluche (*)

Artículos de Olmedo Beluche editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Ciudad de Panamá, 20/04/09.- El Sr. Fernando Lugo, ex obispo católico y actual presidente del Paraguay por mandato popular, ha recibido en las últimas semanas dos demandas de paternidad de mujeres distintas que alegan haber tenido una relación sentimental de la cual quedaron sendos vástagos. Lugo, con la honestidad que le caracteriza, ya ha reconocido uno, y no ha negado la paternidad del otro.

Lejos de entristecernos, a quienes hemos simpatizado con la propuesta política encabezada por Lugo, la noticia debe alegrarnos. ¡Felicitaciones Sr. Presidente! ¡Ahora sí usted es “padre” en el pleno sentido de la palabra! ¡Padre responsable!

En la historia de Panamá hubo un caso muy conocido, el de Monseñor Jované, cura chiricano del siglo XIX, cuya vida fuera tema de una comentada novela de Juan David Morgan.

La pregunta que la grey católica en Paraguay, y en todo el mundo, debe estar haciéndose es si la situación del ex obispo Fernando Lugo es un caso extraño o será más común de lo que se supone. Creo que a todos, católicos o no, nos gustaría que otros curas en situación similar asuman la verdad de sus vidas y su responsabilidad paterna ante la sociedad. El hecho vuelve a colocar en la palestra pública la tan cuestionada doctrina católica del celibato.

A raíz de una esas campañas de los grupos “provida” (deberían llamarse “anti vida”) contra la sexualidad, los anticonceptivos, la educación sexual y el aborto, un buen amigo me envió una frase que me gustó, aunque no se a quién corresponde la paternidad: “la peor perversión es la castidad”.

La “castidad” tan pregonada por la jerarquía católica, cuya variante para los curas se llama “celibato”, es una perversión porque es antinatural. Lo natural en todo ser vivo es la sexualidad. La sexualidad, siempre que sea mutuamente consentida y entre personas con conciencia de lo que hacen, no sólo es un placer sino la forma más bella que tienen de compartir, amar y sentir dos personas. Es la expresión máxima de intimidad entre dos seres, dos “almas”, siempre y cuando no esté mediada por el dinero, la supeditación, el abuso, o cualquier otra forma de envilecimiento.

Dicho en términos deístas: “si Dios nos hizo con sexo, será para que lo usemos y no para que lo carguemos de adorno”. Parece haber aquí una contradicción lógica en el propio dogma. Inconsecuencia doctrinal al igual que en el empecinamiento de la Iglesia sostener con medios artificiales la vida de personas que ya habrían muerto de no existir ciertas técnicas modernas. Puesto que si lo natural es la “voluntad de Dios”, sostener la vida artificialmente, es sólo la voluntad del “hombre” (con perdón de las feministas). Recordemos un reciente caso en Italia.

Que bueno que ocurran casos como el del Sr. Lugo que, lejos de “extraños”, deben ser bastante comunes, porque desgarran el velo de mentiras con que la Jerarquía Católica quiere ocultar la vida. La Católica es la única gran Iglesia que aún persiste en la mentira del celibato. Costumbre impuesta para preservar la propiedad de la institución durante la Edad Media y que nunca estuvo realmente reñida con una vida sexual más o menos abierta de la Curia. Obispos y Papas más famosos que Lugo aportaron al mundo su simiente dejando una gran prole.

Acaso ¿no es mejor que los curas vivan abiertamente su vida sexual, hetero u homo (que hay muchos), a que hipócritamente hagan ver lo que no son? ¿No es preferible una sexualidad sana y libremente ejercida a desviaciones perversas como el abuso infantil cuyos escándalos han conmovido a la Iglesia en todos lados?

Por extensión los católicos, y espero que ahora con Lugo a la cabeza, deben cuestionar todos los dogmas sobre la sexualidad que imponen desde el Vaticano. Incluyendo la masturbación como pecado, el uso del condón, los métodos anticonceptivos, el divorcio, las relaciones extramaritales, etc. Seguro que si hacemos una encuesta en todos estos aspectos una cosa dice el dogma y otra es la práctica de los católicos en su vida cotidiana. ¿Para qué mantener la hipocresía?

Es hora que los católicos progresistas le den un alto a los sectores más reaccionarios, encabezados por el Opus Dei, que se han enquistado en el Vaticano para destruir los avances sociales y dogmáticos iniciados por Juan XIII y Pablo VI. ¡Hasta cuando con el anacrónico Sr. Ratzinger-Benedicto!

(*) Sociólogo, profesor de la Universidad de Panamá y Secretario General del Partido Alternativa Popular (PAP).