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Rebanadas
de Realidad
- Ciudad de Panamá, 04/05/09.-
El resultado de los comicios del 3 de mayo es contundente, ganó el empresario
Ricardo Martinelli con el 60% de los votos. Ganó porque, como decía
su slogan de campaña, el pueblo panameño quiere un “verdadero cambio”.
Por una vía tal vez insospechada, este triunfo confirmó lo que decíamos
algunos sectores del campo popular: desde la gran huelga en defensa
de la Caja de Seguro Social, en 2005, el pueblo panameño rompió con
los dos partidos centrales del régimen nacido de la invasión de 1989:
el PRD y el Panameñismo.
El fiasco que representó
el gobierno de Mireya Moscoso, con todos sus escándalos de corrupción,
y la rápida decepción producida por Martín Torrijos en sus primeras
medidas económicas, hizo que las ilusiones y esperanzas que enormes
sectores del pueblo panameño tenían en ambos partidos, y el régimen
“partidocrático”, se esfumaran. Hasta aquí Panamá seguía las mismas
tendencias que vemos en otros países del continente. Muchos decían:
“necesitamos un Chávez”.
Pero la dirigencia
sindical, el movimiento social y la izquierda política no presentaron
la propuesta que el momento exigía. Las diferencias sectarias, el divisionismo,
el escepticismo, el abstencionismo político, la contraposición falsa
entre lucha callejera y lucha parlamentaria, impidieron que cuajara
la propuesta política que la necesidad histórica reclamaba. Tan sólo
una fracción de los sectores populares y progresistas comprendimos los
hechos e iniciamos la formación del Partido Alternativa Popular, a mediados
de 2007, en medio de muchos de debates y limitaciones.
Pero hubo alguien
que sí vio la ocasión y la aprovechó: Ricardo Martinelli. Este empresario
conservador, con una hábil campaña publicitaria se fue apropiando del
discurso que no levantó la inexistente propuesta de las izquierdas panameñas:
calificó de “huesos viejos” a los “políticos de siempre”, que “entran
pobres y salen millonarios”, y que han tenido “40 años sin resolver
los problemas del pueblo panameño”. Así se fue consolidando el “populista
de derecha” que acaba de ganar las elecciones, claro, ayudado por una
falsa “izquierda” (calificativo inmerecido de la candidata del PRD)
de “corazón” que reniega de su pasado y no podía proponer nada porque
era “más de lo mismo”.
Pero hay una esperanza
a futuro: el Prof. Juan Jované. Jované, encabezando una alianza de sectores
populares, recién en octubre de 2008, inició la lucha por una candidatura
presidencial independiente, contra los partidos tradicionales y su régimen
antidemocrático. En pocos meses la campaña “Jované Presidente” demostró
que desde la izquierda, el movimiento social y popular puede tener una
propuesta de gobierno seria.
Aunque inconstitucionalmente
el Tribunal Electoral impidió inscribir su candidatura, a pocos días
de las elecciones, Jované y su equipo nos anotamos una victoria moral
y política cuando la Corte Suprema nos dio la razón, rompiendo el monopolio
de los partidos tradicionales en la postulación presidencial. Una victoria
democrática.
Esta victoria democrática,
el respeto adquirido, las manifestaciones populares de simpatía recogidas
a lo largo del país hacia el proyecto político encabezado por Jované,
es ya una realidad incontrovertible que no puede ser ignorada. Corresponde
a los dirigentes populares administrar, consolidar y construir este
proyecto para que, cuando el péndulo vuelva hacia el otro lado, a más
tardar en 2014, digamos presentes.
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