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OPINIÓN - PANAMÁ

Ricaurte Soler y la cuestión nacional latinoamericana

Por Olmedo Beluche (*)

Artículos de Olmedo Beluche editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Ciudad de Panamá, 19/02/10.- Tres hechos me han llevado a revisar estas líneas, que no son nuevas sino que pertenecen al libro Estado, nación y clases sociales en Panamá (1999): en primer lugar, la conmemoración del Bicentenario de la Independencia hispanoamericana, que obliga a repensar en esa tarea inconclusa; en segundo lugar, la celebración de los 50 años de la Revista Tareas , fundada por Ricaurte Soler, que ha sido tribuna y cerebro de la lucha por la liberación nacional en Panamá; en tercer lugar, un par de largas y fructíferas conversaciones con el maestro Guillermo Almeyra que, además, tuvo la gentileza de obsequiarme el libro de Juan José Hernández Arregui, La formación de la conciencia nacional.

En Panamá, ha sido el Ricaurte Soler quien ha estudiado profundamente este tema [1]. Sin bien nuestra investigación realizará un sondeo sobre el conjunto de títulos citados, es en Idea y cuestión nacional latinoamericanas [2] el libro en que, de manera magistral, Soler sintetiza sus años de estudio sobre el tema. Es a partir de este trabajo que deseamos empezar nuestra reflexión crítica, en la que encontramos acuerdos y desacuerdos con la interpretación de Ricaurte Soler.

Abordar críticamente el trabajo de un autor de la talla de Ricaurte Soler no implica para nada un demérito, ni una "ofensa". Nada más alejado de la ciencia, no olvidemos que la historia pretende serlo, ni del propio carácter de Ricaurte Soler, el cual fundamentaba sus profundas investigaciones en polémicas políticas estrechamente relacionadas con los más trascendentes problemas de la coyuntura nacional o latinoamericana del momento. Sus ensayos están llenos de picantes comentarios satíricos de autores con los que polemizaba.

Pretendemos imitar al maestro Soler, en el método absolutamente científico, de tomar partido en las polémicas teóricas, y señalar errores donde nos parece que los hay.

Analizar nuestra historia panameña, para intentar explicar el surgimiento de nuestra nación, y de nuestro sentido de "lo nacional", no puede realizarse en el marco de una teorización abstracta o meramente conceptual. Es preciso confrontar los intentos de interpretación histórica con los hechos pasados, pues la realidad misma es la que puede arrojar luz sobre el debate.

Por esa razón, nos parece que ese análisis no puede hacerse al margen de la obra de nuestro más fecundo historiador del período colonial istmeño, el Dr. Alfredo Castillero Calvo; de la obra de Celestino Araúz, o Figueroa Navarro, respecto al Panamá decimonónico; y tantos otros historiadores y sociólogos que han analizado los del estado nacional panameño a lo largo del siglo XX.

Formas sociales de la colonizacion y su papel en la formacion nacional en Ricaurte Soler.

A. Nación y desarrollo capitalista:

Ricaurte Soler parte del acuerdo metodológico antes señalado: hay una relación estrecha entre el Estado nacional y el capitalismo. Pero, para él, existe un orden de presentación histórico entre ambos: el Estado nacional precede, y es condición indispensable, para el desarrollo del capitalismo. Es decir, la existencia del Estado nacional no presupone inmediatamente sistema social y económico capitalista, aunque sí marca el camino de su nacimiento.

Al inicio de su obra se pregunta Soler: "... ¿los estados nacionales se formaron en conjunción con los orígenes del capitalismo, constituyéndose en mediación esencial de su desarrollo o, por el contrario, son la expresión y resultado de su consolidación en el marco de la hegemonía del capital y la burguesía industriales?... Optamos por afirma la corrección y legitimidad del primer término de la alternativa" [3].

Para Soler esto es así, ya que la creación de las modernas naciones recae en dos clases no capitalistas: las monarquías absolutas y la burguesía comercial. Aquí aparece una especie de paradoja, puesto que la burguesía comercial es a todas luces una clase capitalista, pero Soler, refiriéndose al caso español, dirá que era una actividad comercial puesta en provecho de un "despotismo oriental", por el cual la extracción de excedentes comerciales servía para sostener una parasitaria casta aristocrática en la España colonial.

B. El carácter del Estado absolutista:

Es en el marco del Estado absolutista, que mediante la coerción conforma las naciones europeas, a medio camino entre el feudalismo y capitalismo, donde se desarrolla la confrontación de clases que va a dar origen a la sociedad moderna. Esta época de transición y aguda lucha de clases, va a tener en el absolutismo el árbitro por excelencia de estas agudas confrontaciones, lo que le confiere al Estado absolutista un carácter "bonapartista", según Soler.

"Nunca menos que en la modernidad el estado fue, entonces, mero epifenómeno de la estructura económica... A partir de ahora la aristocracia en decadencia, pero no extinguida, y la burguesía en ascenso, pero aún no triunfante, dirimen sus contradicciones, a lo largo de dos y tres siglos. Todo ello en el espacio del estado nacional, monárquico y absolutista. Es por eso por lo que, fijando la atención en su poder arbitral, y empleando el concepto en forma un tanto liberal, ese estado ha sido calificado de "bonapartista"" [4].

Soler insiste, citando a Suren Kaltajchian, que el surgimiento de las naciones modernas se realiza en el marco de "relaciones capitalistas anteriores a la consolidación del capitalismo". Son el capital comercial (relaciones de intercambio) y la monarquía absoluta (coerción estatal) los dos agentes fundamentales que moldean el Estado nacional. Teniendo mucho mayor peso, en la fabricación de la nación, la coerción ejercida por el Estado absolutista que el propio capital mercantil por sí mismo.

C. Ni naciones milenarias, ni lumpennaciones:

Ahora bien, que las naciones precedan al surgimiento del capitalismo como tal, no significa que éstas existan en cualquier tiempo pretérito, ni desligado por completo del sistema capitalista. Las naciones modernas, de acuerdo a Soler, constituyen el precedente inmediato del capitalismo, al cual sirven de base. Soler rechaza, por eso, las afirmaciones de Samir Amin, en el sentido de que pueda existir una milenaria nación árabe vinculada con modos de producción precapitalistas [5].

Para Samir Amin la existencia de una nación viene dada por algunas condiciones elementales como: coexistencia en una contigüidad geográfica, lengua y expresión cultural comunes, y una clase social que unifica la actividad económica desde el aparato estatal. Según Amin, esa clase social no necesariamente debe ser la burguesía, como pretende la teorización "eurocéntrica" del problema. Soler opina que Samir Amin confunde los conceptos diferentes de Estado y Nación.

Dice Soler: "... es precisamente función del estado asegurar, a través del dominio de clases, la unidad económica de cualquier formación social. Y el elemento fundamentalmente nuevo y distinto del estado moderno es el que asegura la unidad económica de la muy nueva y distinta realidad social que es la, o las naciones, según que se trate de un estado nacional o multinacional" [6].

Evidentemente en la interpretación soleriana existe una estrecha relación entre estado nacional y modo de producción capitalista. Sin embargo, Samir Amin parece tener razón en que los elementos que constituyen la "nacionalidad", parte esencial de la nación, no existen sólo en el capitalismo, sino que también se producen en formaciones sociales precapitalistas. Una reflexión más exhaustiva, que podríamos abordar en un futuro ensayo, debiera diferenciar y relacionar los conceptos de nación-nacionalidad, nación-estado y nación-modo de producción.

En el otro extremo de la interpretación del problema nacional, ubica Soler a la llamada "teoría de la dependencia", y a su vocero más reputado André Gunder Frank. Interpretación ésta que, según Soler, peca por privilegiar en el análisis el peso del desarrollo capitalista por encima de la formación de la nación, llegando a catalogar los estados latinoamericanos por un término que Soler estima despectivo y erróneo: "lumpennaciones".

Soler hace tres contundentes críticas a la teoría de la dependencia: 1. Ella niega la importancia de las relaciones sociales propias de la formación nacional privilegiando el peso de la esfera de la circulación; 2. En la relación interno/externo asigna a los condicionamientos externos un determinismo total que difumina la historia interna; 3. Cita a Heinz Dieterich cuando señala que ésta: "reemplaza -y esto es lo decisivo- la 'ilusión autoimpuesta del marco nacional' por otra ilusión igualmente errónea, a saber un condicionamiento mecánico de los procesos sociopolíticos internos del satélite por la prepotente estructura externa" [7].

Reivindicamos aquí la afirmación de Soler en el sentido de que el concepto de "lumpennaciones" puede inducir la idea de que la reivindicación nacional latinoamericana, frente al imperialismo, carece de legitimidad: "...frente al imperialismo, nos desarma al declararse que nuestras naciones y nuestro nacionalismo es "lumpen" por carecer de legitimidad y racionalidad históricas" [8].

Sin embargo, en favor de la teoría de la dependencia hay que decir dos cosas:

  • 1. No necesariamente el concepto de "lumpennación" implica desconocer la importancia de las reivindicaciones nacionales;
  • 2. La teoría de la dependencia introdujo un elemento metodológico decisivo para cualquier análisis histórico de las naciones modernas, la perspectiva mundial, que el capitalismo ha inaugurado. El modo de producción capitalista al unificar el planeta bajo su férula ha creado la historia universal y, desde 1492, al menos, es imposible entender cabalmente la historia americana, o de un país en particular, sin una perspectiva internacional y del comercio mundial, y qué papel juega cada nación dentro de ese marco "universal".

D. ¿Una nación hispanoamericana?

Con algunas variantes respecto a la teoría de la dependencia, pero ubicada en una perspectiva similar, se encuentra la interpretación de la corriente argentina de la llamada "izquierda nacional", a la que Soler también critica. De esta corriente interpretativa destaca Soler la obra de José Hernández Arregui, según el cual la historia de la nación latinoamericana estaría enraizada en las luchas populares frente a una oligarquía antinacional aliada a intereses extranjeros.

Respecto a la historia argentina Hernández Arregui critica la interpretación de origen "demoliberal" que ha señalado el carácter "bárbaro" o retrógado de las masas rurales y sus caudillos durante las guerras civiles postindependentistas. Por el contrario, la "izquierda nacional" considera que es la ciudad porteña, proinglesa y librecambista, el elemento antinacional en dicha fase histórica. Este es un interesante elemento de debate que habremos de retomar más adelante.

Soler critica muy concretamente a esta corriente "el análisis casi exclusivamente político del proceso histórico", lo cual estaría alejado metodológicamente del criterio marxista que da preeminencia a la relación entre la estructura económico social y la superestructura política.

Les critica también su visión de una "nación española", incluyendo a la América hispana, que se ha fraccionado producto de los avatares históricos. El origen de esta "nación española" se encontraría, según Arregui, en el reinado de Fernando e Isabel que habría abierto con la unidad del reino la fase moderna de la historia de España.

Para Soler no existió tal "nación hispana", porque los "reyes católicos", si bien alcanzaron la unidad del estado español, no fundaron una nación, por el hecho de que no inauguraron la fase de desarrollo capitalista, sino la pervivencia de la España feudal. De ahí se explican los persistentes problemas nacionales en la España actual, según Soler.

La derrota de la insurreccción de los comuneros de 1521, según Soler, habría sido el aborto del temprano capitalismo hispano. En su apoyo Soler cita a Marx, el cual compara [9] el efecto "civilizatorio" del absolutismo europeo con el absolutismo español que conservó "formas asiáticas de gobierno". Soler considera que España en este período siguió siendo esencialmente feudal, y su absolutismo tuvo un carácter marcadamente "antimoderno".

E. Ni panfeudalismo, ni pancapitalismo:

De ahí que, respecto al carácter del modo de producción dominante en Hispanoamérica en la fase colonial y la manera como determinó el proceso de formación de las naciones americanas, Soler trace su análisis diferenciado de las interpretaciones predominantes:

  • 1. La liberal, de un Alberdi o Mariano Otero, según la cual la independencia sería nuestra revolución burguesa que nos colocaba en el camino de "alcanzar el estatuto social y político de la república norteamericana o de las democracias burguesas europeas. Sólo faltaría, para ello, que una emancipación mental completase la independencia política" [10].
  • 2. La materialista histórica, heredada de un José Ingenieros y José Carlos Mariátegui (más vinculada con la liberal de lo que advierte Soler), quienes consideraron que la independencia mantuvo las relaciones de tipo precapitalistas que rigieron en la fase colonial, por lo cual la tarea presente sería la de superar dichas formas atrasadas. De esta vertiente surgieron luego las ideas de Rodolfo Puiggrós (De la colonia a la revolución [11], que tanta influencia tuvieron en las interpretaciones "etapistas" de los Partidos Comunistas de corte estalinista en América Latina (esto no lo dice Soler).
  • 3. La vertiente precedente al dependentismo, inaugurada por Sergio Bagú (Economía de la sociedad colonial y Estructura social de la colonia [12], que destaca el carácter capitalista de la sociedad colonial y el peso de la inserción comercial en la economía mundial de las colonias (o "provincias") americanas. Soler responde señalando la imposibilidad de un "capitalismo comercial", y señalando la necesidad de la explotación de mano de obra asalariada como precondición para la existencia del sistema capitalista.

En el marco de estas tres grandes vertientes, Ricaurte Soler, parece acercarse más a la segunda, pues enfatiza el carácter esencialmente feudal de la colonización española en América. Aunque también se diferencia y hace algunas precisiones a la versión fuertemente "feudalizada" de un Puiggrós, puesto que Soler señala que acá no se calcaron las clases sociales e instituciones del feudalismo europeo, y remarca la "especificidad" de nuestra formación social.

"No se trata, por cierto, de un calco de los modos de producción predominantes en la península que luego sólo fueron "transplantados" a América. Pero sí se trata de su implantación violenta ajustada a las condiciones dadas del medio americano. La Castilla feudal, más que la España nacional en precaria gestación, comienza a ejercer su dominio sobre la fuerza de trabajo indígena. El objetivo inmediato era desvincularla de de las sociedades globales preexistentes, desde las tribus a los "imperios" de los mexicas e incas. El total exterminio de los indios antillanos y la hecatombe demográfica del siglo XVI dan fe de la violencia de la ejecución del proyecto. Pero éste inevitablemente tenía que ajustarse a la necesidad de las condiciones dadas. Lo que nos conduce al problema de la especificidad de la formación social americana del período colonial" [13].

Así como Soler cree determinante la fase productiva, con respecto a la circulación, dentro de la primera da preeminencia metodológica al problema de precisar el tipo de relaciones sociales de producción existentes. En el binomio fuerzas productivas / relaciones sociales de producción, componentes estructurales que definen el modo de producción predominante en una sociedad dada, Soler estima determinantes a las segundas. Es más, él considera que, en la medida en que el marxismo considera al hombre como la fuerza productiva básica, son las relaciones sociales de producción las que encarnan a esta fuerza productiva, adquiriendo alguna forma estatal determinada [14].

En este sentido, Soler considera que los tributos (a la Corona y a los conquistadores) a que fueron sometidos los indios, bajo la forma de la esclavitud o la explotación servil (mita, enganches, etc.), liquidaron la vieja comunidad indígena y, por ende, las relaciones sociales precoloniales. Por eso no se puede hablar de la existencia de relaciones "despótico aldeanas" o asiáticas en la colonia hispanoamericana. Igualmente son casi inexistentes, muy raras o meramente nominales las relaciones de tipo asalariadas, por lo cual no se dio lugar a un esquema capitalista de producción.

"La esclavitud de los negros expropiados de cualquier instrumento de producción, y la coerción extraeconómica de los indios, poseedores o no de instrumentos productivos, constituyeron, pues, los fundamentos reales de la economía colonial" [15].

Incluso en el plano de la "circulación" la colonización fue precapitalista, es decir feudal, de acuerdo a la óptica soleriana. Soler cita una larga lista de obstáculos extraeconómicos que impedían el libre comercio: desde la fijación de precios arbitrarios por los cabildos, hasta la proliferación de aduanas, impuestos, monopolios, etc. Al respecto refuta Soler las tesis de Marcello Carmagnani [16].

E. Soler propone estudiar el problema a partir de la ley del "desarrollo desigual y combinado":

En general, Ricaurte Soler rechaza las tesis extremistas que reivindican, para la colonización americana, tanto la existencia de un "pancapitalismo" como las que sólo ven un "panfeudalismo". Las primeras no explicarían las contradicciones reales que agobian a los países latinoamericanos, los choques permanentes entre los elementos estructurales y superestructurales que representan lo "moderno" y lo "atrasado". Las segundas no explican de dónde surgen los caudillos e ideas independentistas, o peor aún, los presentaría como excrecencias del régimen feudal [17].

Empero, Soler se acerca fuertemente a la segunda vertiente interpretativa, con la que comparte la mayoría de sus premisas, pero no todas sus conclusiones. Veamos: "La tesis del feudalismo autónomo, por su parte, ofrece una imagen de la colonia que comprueba, de la estructura a la superestructura, la solidaridad de sus varias instancias. El modelo no explica, sin embargo, el carácter social de las fuerzas que se constituyeron en actores y gestores de la independencia. Menos todavía puede explicar los términos en que se concreta el problema de la nación y de la organización nacional" [18].

Para explicar su punto de vista metodológico, Soler se apoya en Ernest Mandel y en concepto trotskista de "desarrollo desigual y combinado", con el se explicarían las disparidades del desarrollo histórico y las contradicciones concretas presentadas por la realidad. A la par, rechaza por vacuos conceptos generales ("abstracciones") como "clase feudal", "lumpenburguesía", "antigua oligarquía" y "oligarquías liberal-conservadoras".

Soler otorga a las clases medias, pequeñaburguesía urbana y agraria, un papel trascendente en la conformación de los estados nacionales tardíos. En este sentido, Soler ejemplariza el caso de Irlanda, y se apoya en citas de Eric Hobsbawn [19].

También en América Latina las capas medias habrían jugado (y aún lo estarían haciendo) un papel esencial en la lucha por la independencia y conformación nacional, y consecuentemente en el combate a las clases "antinacionales" (precapitalistas). Estas capas medias, urbanas y rurales, junto al componente de caudillos militares que, desde la cúspide del estado, bregaron por forjar las modernas naciones americanas, constituyen lo que Soler denomina la "democracia radical", por oposición a la "democracia liberal" instituida desde arriba por las clases dominantes, burguesía comercial esencialmente.

Parece derivarse del razonamiento soleriano, aunque nos no está completamente dicho por ningún lado, que estas clases "modernas" ya preexistían en el marco de sociedad colonial, esencialmente feudal, de acuerdo a su interpretación. Pero es con la independencia donde empieza la verdadera "historia nacional" y la ruptura con la coerción extraeconómica precapitalista para inaugurar una fase de transición al capitalismo, aunque persistan todavía elementos de atraso.

"La emancipación tiene, pues, como primera significación trascendente, la de inaugurar una historia nacional dentro de las cuales las clases sociales despliegan sus luchas y la memoria colectiva de las mismas.

La segunda significación trascendente de la independencia la da la ruptura, con la creación del estado, de la autonomía de las relaciones de producción feudales y esclavistas. Ellas, por cierto, sobrevivirán por largo período. Pero ya, desde las luchas mismas por la emancipación, vimos cómo emergieron desde las clases subordinadas los primeros embates nacionales contra las formas de producción y propiedad precapitalistas. Con la emergencia de los diferentes estados nacionales latinoamericanos se creó, pues, el espacio para el desarrollo desigual y combinado del modo de producción capitalista" [20].

IV. ¿Feudalismo o capitalismo en la colonización de América? Un debate no acabado.

Pese a que Soler enfáticamente señala que rechaza tanto la visión panfeudalista, como la pancapitalista, y aboga por un análisis metodológicamente dialéctico del asunto, es decir, fundamentado en la ley del desarrollo desigual y combinado, su crítica central a la opinión de que la colonización hispana tuvo ribetes capitalistas es tan fuerte que no es convincente, y parece confundirse en las filas de los panfeudalistas, que se supone ha rechazado.

El problema está en que Soler da por sentado que la gestación del capitalismo hispánico fue abortada con la derrota de los comuneros de 1521, y reiteradamente argumenta en favor de la existencia de relaciones de producción precapitalistas, y su rechazo a considerar que, ni siquiera a nivel comercial es posible la existencia de elementos capitalista, como señala a Carmagnani.

Por la forma de presentar su argumentación, pareciera que el criterio metodológico de aplicar la ley del desarrollo desigual y combinado en las formaciones sociales hispanoamericanas sólo rige a partir de la independencia, cuando él considera que surgen los verdaderos elementos constitutivos de la nación (más bien naciones) y el capitalismo hispanoamericano. Utiliza Soler esta ley para explicar por qué siguen vigentes formas sociales atrasadas (feudales) en el marco del emergente capitalismo latinoamericano.

Justamente, en su criterio, la historia hispanoamericana del siglo XIX es la lucha entre ambas fuerzas sociales: las que llama clases antinacionales, que bregan por salvaguardar relaciones precapitalistas de producción, y las clases nacionales, que impulsan el desarrollo propiamente capitalista.

Pero, pese a que Soler mismo señala que sin una visión desigual y combinada no es posible explicar el surgimiento de las ideas independentistas en el siglo XVIII, no desarrolla este criterio. Es ahí donde deseamos profundizar.

A nuestro juicio, pese a las formas feudalizadas y arcaicas, existe durante la colonización americana un "capitalismo" hispano, que llegó con Colón, y que tuvo un desarrollo particular, con sus altibajos y limitaciones. Todos los señalamientos socieconómicos que realiza Soler para descartar la idea de un capitalismo hispano, nos parece que son los obstáculos y limitaciones con que este modo de producción se encontró, son los elementos que lo debilitaron frente a sus competidores ingleses, holandeses o franceses. Pero no constituyen su negación absoluta.

Acordes con el criterio marxista, reivindicado por Soler, de que debe existir una correspondencia entre la estructura económica y la superestructura social, opinamos que si no existiera esta combinación de relaciones de producción precapitalistas y típicamente capitalistas, no sería posible explicar el surgimiento de las ideas respecto a la necesidad de constituir esta nación hispanoamericana, incluida y/o excluida España, desde el siglo XVIII. Sin la existencia previa de elementos capitalistas no habría sido posible la idea de una revolución independentista, incluso la idea (fracasada) de una nación hispanoamericana, que fue "burguesa" por sus objetivos.

Cualquier análisis que pretenda enfocar la historia colonial hispanoamericana como exclusivamente feudal o capitalista peca por unilateral. El error de un Puiggrós y sus seguidores es negar la existencia de elementos capitalistas en la colonización, y pretender que acá se calcaron las instituciones feudales del medioevo europeo.

Claro, este esquema tiene una consecuencia política concreta, sostener que aún hoy hay que vencer al feudalismo sobreviviente en alianza con la burguesía liberal (o "progresista"), negando toda posibilidad a formas socialistas de Estado. El error de Gunder Frank consiste en creer que, ya desde el siglo XVI, América vive en el capitalismo, lo que niega toda importancia a la solución de las tareas "democrático burguesas" (independencia nacional, reforma agraria, industrialización, etc.).

Concordando con Soler, en su crítica a la teoría de la dependencia, de que es errónea una interpretación de las relaciones sociales internas de nuestras sociedades determinada absolutamente desde afuera, ya que niega la posibilidad de la historia propiamente "nacional"; debemos señalar que un análisis que pretenda que nuestras sociedades, en la era moderna, pueden desarrollarse completamente al margen del desarrollo del mercado capitalista internacional, también es completamente errónea y unilateral.

¿Acaso el oro y la plata extraídos de América no nutrieron el desarrollo del capitalismo moderno? ¿Vivían nuestras colonias americanas al margen de toda influencia mercantil, política o social del capitalismo europeo, que las mercaderías inglesas representaban por doquier?

La existencia de claros elementos de desarrollo capitalista en la colonización de Hispanoamérica, que convivían junto a relaciones de producción no capitalistas, no es mera especulación teórica, ella salta a la vista en las descripciones objetivas de la vida colonial. En Panamá, la obra de Alfredo Castillero Calvo destaca en este sentido, por eso la abordaremos en apoyo de nuestra tesis en el próximo capítulo.

V. Críticas y coincidencias al esquema teórico soleriano.

  • 1. Con Ricaurte Soler coincidimos respecto a la necesidad metodológica de relacionar los conceptos de Nación, en el sentido moderno, y Capitalismo. En lo que ya no concordamos es en el esquema temporal que traza Soler, según el cual forzosamente la Nación precede al capitalismo. Aceptar lo segundo puede traer dificultades, como explicar el sistema social de las ciudades repúblicas italianas cuya actividad comercial, desde los tiempos de Marco Polo, está en las bases de la modernidad. También lleva al error de pensar que el capitalismo recién empezó en Hispanoamérica luego de la independencia, como dice Soler.
  • 2. Coincidimos en la crítica soleriana al unilateralismo de la teoría de la dependencia que pretende reducir la historia "interior" americana a un determinismo "exterior" proveniente del mercado mundial; así como ya, desde el siglo XVI, las sociedades hispanoamericanas eran plenamente capitalistas. No coincidimos en su negativa aceptar que, sin determinismos, la historia interna debe ser explicada también en el marco de la historia mundial, lo que para nosotros es un aporte de perspectiva positivo de la teoría de la dependencia.
  • 3. Coincidimos con Soler en que los análisis "panfeudalistas" y "pancapitalistas" de nuestra historia colonial son unilaterales y erróneas. Y también coincidimos en aplicar un punto de vista "dialéctico" sobre el asunto ("ley del desarrollo desigual y combinado"). Aunque nos parece que Soler lo propone, pero no lo hace, ya que defiende a fondo la perspectiva de una colonización feudal, y niega absolutamente cualquier posibilidad de desarrollos capitalistas durante la fase colonial. De la obra de Castillero Calvo se evidencia que la sociedad colonial no tenía nada de feudal y sí mucho de capitalismo (sin llegar a serlo de manera acabada, claro).
  • 4. Coincidimos con Nahuel Moreno y George Novack cuando señalan: "¿Qué hicieron de hecho España y Portugal? Crearon formas económicas en el nuevo mundo que tenían un carácter combinado. Ellos soldaron relaciones precapitalistas a relaciones de cambio, subordinándolas así a las demandas y movimientos del capital mercantil" [21]. El sistema social español en América es un "híbrido", capitalista en sus objetivos (acumulación mediante el intercambio comercial) y precapitalista (en sus relaciones sociales de producción). Podemos llamarle "capitalismo mercantil", "capitalismo feudal", "capitalismo bárbaro", pero ni es feudal, ni plenamente capitalista (acorde al modelo inglés).
  • 5. No coincidimos con Soler respecto a que, recién con la independencia de España, empieza el capitalismo y por ende la historia "nacional" hispanoamericana, y que ésta sólo es posible en el marco de los países que nuestro desarrollo capitalista fue creando a lo largo del siglo XIX, a la vez que se fragmentaba el "sueño" bolivariano.

Nos parece que la evidencia señala la existencia de fuertes rasgos estructurales de tipo capitalista, encarnados en clases sociales concretas, desde la colonia, que son los que dan sustento objetivo a las aspiraciones revolucionarias y nacionales con perspectiva hispanoamericana de un Miranda, Bolívar, etc. Las limitaciones "feudales" de la sociedad española, descritas por Soler, explican los obstáculos y deformaciones sufridas por el capitalismo hispanoamericano, pero no su imposibilidad de ser.

Notas:

[1]. Entre otras, podemos citar las siguientes obras de R. Soler sobre el tema: Formas ideológicas de la nación panameña; La independencia de Panamá de Colombia; Justo Arosemena y la idea nacional panameña del liberalismo; Panamá: nación y oligarquía; Clase y nación en Hispanoamérica, etc.

[2]. Soler, Ricaurte. Idea y cuestión nacional latinoamericana. Siglo Veintino editores. México. 1980. 294 págs.

[3]. Ibidem, pág. 14. Subr. Soler.

[4]. Ibid., pág. 16.

[5]. Ibid., págs. 18 a 20.

[6]. Ibid., pág. 19.

[7]. Ibid., pág. 20.

[8]. Ibid., pág. 21.

[9]. Marx, Carlos y Engels, Federico. Revolución en España. Ed. Ariel. Barcelona, 1973.

[10]. Ibid., pág. 103.

[11]. Puiggrós, Rodolfo. De la colonia a la revolución. 5ª ed. ampliada. Carlos Pérez, Editor. Buenos Aires, 1969.

[12]. Bagú, Sergio. Economía de la sociedad colonial. El Ateneo. Buenos Aires, 1949. - Estructura social de la colonia. El Ateneo. Buenos Aires, 1952.

[13]. Soler, R. Op. cit. Pág. 108. Subry. OB.

[14]. Ibidem. Págs. 105 - 108.

[15]. Ibid., pág. 110.

[16]. Ibid., pág. 111.

[17]. Ibid., pág. 112 - 119.

[18]. Ibid., págs. 116 - 117.

[19]. Ibid., págs. 26 - 27.

[20]. Ibid., pág. 118. Subr. R. Soler.

[21]. Moreno, Nahuel. "Cuatro tesis sobre la colonización española y portuguesa en América". En: Novack, George. Para comprender la historia de George Novack. Ed. Pluma. Bogotá. 1977.. Pág. 166.

(*) Sociólogo, profesor de la Universidad de Panamá y Secretario General del Partido Alternativa Popular (PAP).