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Tweet OPINIÓN - PANAMÁ

El fracaso del gobierno empresarial

Por Olmedo Beluche (*)

Artículos de Olmedo Beluche editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Ciudad de Panamá, 23/02/11.- Transcurridos 20 meses de gestión del gobierno autodefinido como “empresarial y de derechas” de Ricardo Martinelli, es posible una evaluación en que las hipótesis y las tendencias han dado paso a los hechos concretos. En Panamá, los hechos de este gobierno están a la vista de todos

Por supuesto, una evaluación depende del punto de vista que se adopte, y nunca es imparcial, aunque sí puede ser objetiva. La objetividad depende del apego a la realidad, mientras la parcialidad (no existe lo contrario, los “neutrales” siempre juegan a favor del “status quo”) depende del compromiso ético, ideológico o político que se adopte frente a esa realidad.

Desde el punto de vista de los intereses crematísticos de la oligarquía financiera que controla el país, se puede corear al unísono de Martinelli y los Rabanes: “vamos bien”. Para ellos, con Endara, el Toro, Mireya, y especialmente con Martín Torrijos y Martinelli la cosa está boyante. Alto crecimiento económico, ganancias crecientes, apoyadas en el saqueo de las arcas públicas mediante faraónicos proyectos y un modelo neoliberal en que la clase asalariada ha perdido sus derechos, con bajos salarios, precariedad laboral, pésimos servicios de educación, salud. El país funciona para ellos.

Desde el punto de vista del pueblo y los trabajadores, todo lo contrario. La lista completa requeriría un Memorial de Agravios: mientras la tasa de desempleo parece baja, está enmascarada por la “informalidad” (sobre el 40%) que en realidad es desempleo encubierto; a lo que se suma la pérdida creciente del poder adquisitivo de los salarios gracias a la alta inflación (que un comerciante controle los precios, es como darle al ratón a cuidar el queso); inseguridad y violencia social crecientes, pese a la publicidad policial, el endurecimiento de la legislación penal y los abusos contra los derechos humanos. La educación y la salud pública dan pena.

Martinelli es como Steven Spieldberg, quien no inventó las películas de terror y suspenso, pero las llevó hasta las últimas consecuencias. Martinelli ha llevado al paroxismo lo que ya era un régimen político signado por la venalidad y el presidencialismo dictatorial. Nunca estuvo más claro que nuestro sistema “democrático” no es más que una “burla” (podríamos decir que un chiste, si no fuera dramático). Plutocracia pura y dura. Por eso, en beneficio de Martinelli se puede decir que es menos hipócrita que el PRD y su cúpula oligárquica.

Se compró, como buen empresario: la Corte Suprema de Justicia, la Asamblea Nacional, incluidos diputados de “oposición” e “independientes”, el Ministerio Público, la Contraloría, los medios de comunicación, partidos aliados, y ahora va por la Defensoría del Pueblo. ¿Falta el Tribunal Electoral? ¡Hum! Ya antes se había comprado, con buena publicidad y una que otra mentira, las elecciones.

Sus funcionarios no sólo han “metido la pata”, reiteradamente, como les aconsejó, sino que han sido pillados “metiendo las manos”: dos ejemplos, en la Procuraduría y la Caja de Seguro Social. Ni hablemos de los negociados “legales”, a falta de una “ley de conflicto de intereses” (a decir de Carlos Vallarino, el que le exoneró 400 millones a su primo Alberto). Cientos de millones del presupuesto asignados de manera directa.

Todas las medidas que este gobierno toma tienen que ver con grandes negociados. Nada busca resolver ningún problema social si no hay una ganancia de por medio para el círculo íntimo de poder. Eso se a las claras y la gente que no es pendeja se da cuenta. Por eso el engaño está dejando de funcionar.

¿El “metrobus”? Un fracaso desde el primer día. La gente repudia ir de pie pagando más. ¿“La beca universal”? Ahora resulta que no es “universal” y se excluye a los que fracasan algún curso siendo tal vez los que más la necesiten. ¿“Cien a los setenta”? Se ha modificado el criterio original, setenta años de edad sin jubilación, para excluir a algunos miles. ¿“La red de oportunidades”? No sólo se la ha recortado, sino que se la maneja políticamente, igual que bajo Torrijos.

¿Para la juventud atenazada entre la pobreza y las pandillas? Ya lo dijo Martinelli el 2 de enero: “la cárcel, el hospital o el cementerio”. Siete días después se dio un escarmiento, por si alguien no había entendido.

Para el gobierno empresarial lo negocios son primero que la gente. Cuando las lluvias de principios de diciembre pasado, se permitió a las empresas eléctricas rebasar el límite de seguridad en los embalses de Bayano y el Chagres, para luego verter masivamente el agua sin advertir correctamente a las comunidades. Para garantizarles más beneficios a las compañías aseguradoras, la Autoridad del Tránsito pretende en las colisiones “menores” los conductores resuelvan por sí mismos.

Incluso se rumora que el nuevo reglamento de pesca no está inspirado en el amor a la naturaleza, sino en afectar a los competidores de una empresa atunera asociada a la familia de un ministro. El aeropuerto nuevo en las provincias centrales, se hará cerca del hotel de otro ministro.

Cuando asumió el cargo (julio de 2009) definimos el carácter del gabinete como “oligárquico, machista y blanco”. Los hechos nos dan la razón. Su racismo y desprecio hacia el pueblo (“de color”) salta cada vez que hablan. Desde Mulino, llamando “indios borrachos” a los pobladores de Changuinola que masacraba; hasta Enrique Ho, quien les decía a los trabajadores de aseo que ellos podían aguantar más sol que él porque estaban más “quemaditos”.

Como buen amigo del general Noriega, Martinelli ha ejecutado a la perfección la política de “las tres P”: Plata para los amigos, Palo para el indeciso y Plomo para el enemigo. Que le pregunten al pueblo de Changuinola o de San Félix, si no ha sido así. Que le pregunten al millón de habitantes de la ciudad de Panamá, que padeció un mes sin agua y pagando caro por la poca que se conseguía. Que pregunten a las familias de los adolescentes incinerados en Tocumen.

El modelo político y económico que se ha impuesto no sólo afecta los intereses de los trabajadores, indígenas, campesinos pobres, asalariados, capas medias; sino que sectores amplios del empresariado medio y medio alto empieza también a perder, no sólo porque carga el peso de los mayores impuestos, sino porque torpezas como la del manejo del IDAAN afectaron los negocios de restaurantes y la industria. Para no hablar de los productores agrícolas sacrificados en aras de los comerciantes que tienen el poder político.

Lo que es peor, un empresario de los de verdad, decía en una tertulia reciente que la consigna entre ellos es que si ves venir a Martinelli de frente, mejor cruza la acera, porque de lo contrario preguntará quién eres, a qué negocio te dedicas y tratará de comprártelo o quitártelo si cree que vale la pena.

Es difícil en Panamá creer en las encuestas de opinión, que ya se ha demostrado que también se venden al mejor postor. Pero el último sondeo de IPSOS, tal vez para no caer en el ridículo del Sr. Neyra, nos acerca a la realidad de “carne y hueso” que se palpa en la calle: la popularidad de Martinelli cayó 13 puntos en un mes para situarse a un escaso 41%.

En las esquinas y en los cafés se especula si el país aguantará hasta el 2014 tantas tropelías y desatinos, o si estallará una conflagración social a lo Túnez o Egipto. ¿Quién sabe? Si es por el PRD o el Partido Popular, Martinelli no tiene nada que temer, no sólo por la crisis interna de esos partidos, sino porque sus voceros no se cansan de jurar su amor a la “institucionalidad”, aunque cada vez está más claro que es una palabra hueca. Claro, ellos esperan el milagro electoral para hacer lo mismo que le critican a Martinelli.

¿Es la hora de la izquierda? En el plano de la lógica política hace tiempo (al menos desde 2005) que las condiciones están dadas “y han empezado a podrirse”. Pero para que un proyecto alternativo cuaje y fructifique, antes las organizaciones populares deben superar los sectarismos, la estreches de miras y las autoproclamaciones. Sin unidad, que se ve bastante escasa, es difícil vencer las reglas del régimen oligárquico, salvo que una explosión social reviente todo.

El panorama luce incierto pero interesante. Lo único completamente diáfano es que el “cambio” era una mentira más de “los políticos de siempre” y que, desde el punto de vista del pueblo panameño, el gobierno empresarial de Martinelli es un fracaso completo.

(*) Sociólogo, profesor de la Universidad de Panamá y Secretario General del Partido Alternativa Popular (PAP).