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El sector agrícola panameño o “la insoportable levedad del ser”

Por Olmedo Beluche (*)

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Rebanadas de Realidad - Ciudad de Panamá, 01/03/13.- El análisis que ofrecemos a continuación constituye un fragmento de una investigación que aportamos a una publicación colectiva de CLACSO sobre Capitalismo, tierra y poder en América Latina (2012) y también la base de nuestro proyecto de tesis doctoral en sociología.

I. Estadísticas de la producción agropecuaria

1. Participación del sector primario en el PIB

El peso del transitismo en la economía panameña se aprecia en que el 80% del PIB está ubicado en el sector terciario (comercio y servicios), mientras que los sectores primario y secundario juntos apenas alcanzan a constituir el 19,6 %. La agricultura y ganadería, excluyendo la pesca, apenas constituyen el 3,1% del PIB, estimado en 658.4 millones de dólares (a precios de comprador) en 2010, contra un PIB total de 21,024.3 millones de dólares. Registros estadísticos del Banco Mundial también muestran un decrecimiento constante de la participación del sector primario (agricultura, ganadería y pesca) panameño en el PIB: 1960 = 27,1%; 1970 = 21,0%; 1981 = 9%; 1991 = 8%; 2001 = 8%; 2006 = 7%; 2008 = 6%; 2010 = 5% (esta última cifra incluye la pesca).

Se puede apreciar que, si bien la tendencia histórica es a la disminución del sector primario en el conjunto del PIB, hay un claro salto a inicios de la década de 1980, con una reducción a la mitad, que se mantiene constante hasta inicios del siglo XXI. A mediados de la década pasada hay un nuevo salto regresivo en el que nuevamente se reduce a la mitad la participación del sector primario en el conjunto de la economía panameña.

La evolución decreciente del sector primario se explica fundamentalmente por la adopción de un modelo económico centrado en torno al canal, que se inicia en la década de 1950, cuando Estados Unidos cede a la burguesía panameña la posibilidad de acumular a partir de servicios en torno a la vía acuática (Tratados de 1955). Un primer momento lo fue la creación de la Zona Libre de Colón (importación-reexportación) y el impulso a la política industrialización sustitutiva, en esa década de los 50; otro momento se produce a inicios de los años 70, con la creación del Centro Financiero Internacional (bajo el esquema de “paraíso fiscal”); un tercer momento, son los años 80, con la crisis de la deuda, los ajustes estructurales y la crisis política; un cuarto momento, que marca el último salto de calidad, es la entrada de Panamá en la Organización Mundial de Comercio y la consiguiente rebaja drástica de los aranceles, en 1997, y en la década siguiente la adopción del esquema especulativo inmobiliario masivo a partir de 2004.

Es necesario precisar que el retroceso más reciente del sector primario (2008 – 2010), se expresa la crisis de cuatro rubros: a. Una caída de 61% en la producción de piña, sandía y melón, esto marca el fracaso de la política neoliberal de agroexportación de frutas exóticas; b. la pesca con caída del 44%; c. banano que retrocedió 35%; d. la cría de cerdos que bajó 15%.

El resto de los rubros se mantuvieron más o menos constantes en el último lapso mencionado, entre los que reseñamos el aumento del 4% en la producción de cereales, impulsada principalmente por la caña de azúcar que subió 6,1%, uno de los principales productos de exportación. Entre los cereales, salvo la caña, la producción no alcanza a cubrir la demanda del mercado nacional. Destaca el retroceso del 1,8% en la producción de arroz, el principal cereal de consumo nacional. Las hortalizas mostraron un significativo crecimiento del 8,5%.

2. Participación del sector primario en las exportaciones:

Las exportaciones panameñas de mercaderías están constituidas mayormente por productos del sector primario: de 17 rubros que componen este indicador, 15 corresponden al sector primario, 10 al sector agropecuario y 5 a derivados de la pesca. Para 2010, el 46,5% de las exportaciones panameñas estaban constituidas por productos del sector primario. Sin embargo, el conjunto de las exportaciones apenas representaron unos 725,1 millones de dólares en un PIB que sobrepasa los 21.000 millones de dólares. El componente fundamental de dichas exportaciones lo constituyó el oro, con 108 millones de dólares en valores exportados.

La relación entre las exportaciones del sector primario y el conjunto del PIB expresan la extrema debilidad de éste y su magro aporte a la economía, ya que, en 2010, los 337.1 millones de dólares que produjeron las exportaciones del sector primario panameño apenas significaron el 1,6% del PIB.

El último quinquenio de la década pasada (2005-2010) marca un significativo deterioro de las exportaciones panameñas, pese a que el mundo vivía un “boom” especulativo de las materias primas, en particular los alimentos. En este sentido tenemos que, mientras en 2006 el conjunto de las exportaciones de mercancías representaron ingresos por 1.021,8 millones de dólares, en 2010 éstas se habían reducido a 725,1 millones de dólares. Una caída relativa del 29,0 %.

En 2010 los seis rubros más importantes de las exportaciones del sector primario fueron los siguientes, en su respectivo orden: salmónidos frescos o refrigerados 11,0%; banano 9,0%; sandías 5,1%; camarones 4,9%; piñas 4,4%; azúcar 2,6%. Los dos rubros tradicionales alcanzaron los siguientes montos: banano 65,2 millones de dólares y caña de azúcar 19,2 millones de dólares. Los dos rubros no tradicionales exportaron valores por: sandía 37,1 millones de dólares y piña 32,1 millones de dólares.

Pero la relación de las exportaciones del sector primario del año 2010 respecto a las del año anterior, 2009, marcan importantes caídas: “pescado, filete y atún” -61,9%, melón -57,4%, sandía -55,3%, café -32%. En sentido contrario, el banano repuntó 30,5% y el azúcar sin refinar 93,6%.

3. Evolución de la producción agropecuaria (1981-2011):

De acuerdo a las estimaciones del Banco Mundial, las tierras dedicadas a la producción agropecuaria se han mantenido constantes, con una ligera variación del 25,3 % en 1981 al 30,0% en 2010. También la cantidad de tierra cultivable por persona se ha mantenido estable en 0,2 hectáreas por persona a lo largo de las tres décadas bajo estudio.

En 1981 existían en Panamá 152.783 productores que administraban 153.736 explotaciones con una superficie total de las explotaciones de 2.276.297,14 hectáreas. En 2011, los productores se habían incrementado en 61,5 %, siendo 246.820, los cuales poseen 248.560 explotaciones, un incremento del 61,7% respecto a 1981, con una superficie total de las explotaciones que llega a las 2.698.841,19 hectáreas, 18,6 % más que tres décadas antes, pero con decrecimiento de la superficie cultivada de – 2,6 % respecto a 2001, atribuible al cambio de la política económica para el sector.

El Consejo Unidos por el Agro, que reúne como consejo asesor del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) a todos los ex ministros del ramo de los últimos años, ha señalado recientemente que “en los últimos 5 años se han dejado de cultivar 35 mil hectáreas mientras que algunos cultivos como arroz, maíz, poroto y café han bajado sus rendimientos en un 30% y las importaciones han aumentado más de 25%”. Para el ex ministro, el ganadero Sousa Lenox, las causas de esta crisis del agro están en: “Bajos rendimientos, menos superficie de tierras cultivadas, altos costos de producción, falta de relevo generacional y escasez de recursos”.

Otro ex ministro, Víctor Pérez, culpó a los importadores directamente al señalar que “el problema del sector radica en la mala distribución de los contingentes extraordinarios por desabastecimiento… El incumplimiento del requisito de desempeño, donde los importadores deben comprar en igual proporción al productor local, que la mercancía que desean introducir al país”. Un síntoma de la crisis es que el consejo mencionado agrupa a 16 ex ministros de la última década, varios de los cuales renunciaron a sus puestos ante la falta de apoyo de parte del Ejecutivo.

La caída en los rendimientos debe ser entendida, como señalan los ex ministros, como una tendencia reciente (últimos cinco años) ya que la tendencia histórica, tres últimas décadas muestran un comportamiento creciente de los rendimientos. Según el Banco Mundial el rendimiento de la producción de cereales en Panamá, medida en kilogramos por hectárea ha evolucionado así: 1981 = 1.626; 1991 = 1.883; 2001 = 1832; 2010 = 2.735.

a. Cereales:

Analicemos los tres rubros más importantes: arroz, maíz y caña de azúcar.

1. En 1981 se sembraron 104.210 hectáreas de arroz con una cosecha de 4.302.500 quintales, para un rendimiento de 41,3 quintales por ha. En 2011, se sembraron de arroz 118.638,2 ha., 14 % más que en 1981, con una cosecha de 6.063.158 quintales, 41% más que en 1981, para un rendimiento promedio de 51,1 quintales por hectárea. El Censo de 2011 registra 58.858 explotaciones dedicadas a este cultivo, 1,4 % más que en 2001. Pero hay que señalar que en 2001 la cantidad de explotaciones dedicadas al arroz había disminuido 24.9 % respecto a 1991.

2. En 1981 se sembraron 60.380 hectáreas de maíz con una cosecha de 1.256.000 quintales, para un rendimiento de 20,8 quintales por hectárea. En 2011 se sembraron 59.612,8 hectáreas de maíz, una caída de -1,3% respecto a 1981, para obtener una cosecha de 1.297.614 quintales, 3,3 % más que en 1981, para un rendimiento de 21,8 quintales por hectárea. En 2011 aparecen 58.558 explotaciones dedicadas a este cultivo, una reducción del 12,3% respecto a la década precedente.

3. En 1981 se sembraron 48.804 hectáreas de caña de azúcar para obtener una cosecha de 2.855.640 toneladas cortas, con un rendimiento de 58,5 toneladas por hectárea. En 2011 se sembraron 32.848,85 hectáreas de caña de azúcar, - 1,3 % que en 1981, con una cosecha de 2.457.045 toneladas cortas, con una caída de la producción de -14 % respecto a 1981, para un rendimiento ligeramente superior de 74,8 toneladas por hectárea. La abrupta caída en las tierras cultivadas de caña y en su producción se debe principalmente a la privatización y cierre de los ingenios azucareros de propiedad estatal, denominados Corporación Azucarera La Victoria.

En los tres rubros se observa un aumento de los rendimientos lo que es un claro aumento de la productividad y la introducción de cierto grado de tecnificación, mayor en el cultivo de caña y menor en cuanto al maíz.

b. Cultivos permanentes:

1. El banano es el cultivo tradicional con mayores mermas considerado el periodo temporal 1981 – 2011. Como ya explicamos antes, problemas en la comercialización en Europa de la fruta, debido a los compromisos de la Unión Europea con sus ex colonias, cerraron parte de aquel mercado a las exportaciones panameñas, lo que condujo al retiro de United Brands del sector de Puerto Armuelles y a la crisis en dicha zona, para concentrarse exclusivamente en la producción en el sector atlántico de Changuinola.

En 1981 había 27.684.947 plantas de banano en edad productiva con una producción de 26.502.976 racimos; en 2011 se registran 18.109.677 plantas en edad productiva, una reducción del 34,5 %, para una producción 18.678.350 racimos, una caída de – 29,5 %. Sin embargo, entre los dos períodos temporales hay una mejora relativa de los rendimientos: en 1981 se produjeron 0,95 racimos por mata, y en 2011 el promedio llegó a 1,03 racimos por mata.

2. El café también muestra un profundo deterioro en su productividad, inexplicable desde el punto de vista del mercado internacional, donde el precio se mantiene al alza en los últimos años. La absurda relación entre un crecimiento de las plantas productivas y la cosecha, pero una caída brusca de los rendimientos requiere una explicación que amerita una indagación particular. En 1981 existían 17.616.030 plantas de café productivas para una producción total de 166.226 quintales, con un rendimiento promedio de 9,4 quintales por mata; mientras que en 2011 se reportan 25.754.644 plantas productivas de café, 46,2 % más que treinta años atrás, para una producción de 369.154 quintales, 122% más que hace tres décadas, pero con un rendimiento promedio de 0,014 quintales por mata.

c. Ganado y aves:

Las existencias de ganado y aves para el consumo también muestran un crecimiento, más relativo para el caso de los vacunos y porcinos, y muy alto para las gallinas (el género se denomina gallina aunque en términos estrictos incluye pollos). Pero si comparamos las existencias de ganado, vacuno y porcino, con la población, se aprecia un notable decrecimiento relativo de las existencias, que es mucho mayor en el último rubro, debido a las políticas aperturistas y la competencia con las importaciones.

a. En cuanto al ganado vacuno tenemos que en 1981 existían 1.432.740 reses, para un promedio de 0.7 vacas por persona. En 2011 se registran 1.728.748 cabezas de ganado para un incremento de las existencias del 20,6 %, con relación a hace tres décadas, y del 11,1 % respecto a 2001, pero con una caída a 0,5 cabezas de ganado vacuno por persona.

b. En el caso del ganado porcino, en 1981 se registró la existencia de 214.909 animales para un promedio por persona de 0,1. En 2011, el registro alcanzó los 322.12 animales, un incremento del 50 % respecto de 1981, pero una brusca caída a 0,09 cerdos por habitante.

c. En cuanto a la producción avícola es el único sector cárnico que muestra incrementos notables en todos los órdenes. En 1981 existían 6.014.532 gallinas para un promedio de 3 aves por persona; mientras que en 2011 las existencias se habían elevado hasta 18.719.174 aves, un incremento relativo del 211 %, para un promedio de 5,5 pollos por habitante.

d. Tecnificación:

De acuerdo a información del Banco Mundial, en 1981 existían 123 tractores por cada 100 kilómetros cuadrados, que en 1991 habían disminuido a 101, para volver a subir en 1995 a 124, última fecha para la que tiene información esta fuente. De acuerdo al Censo Agropecuario, en 1981, se realizó siembra a máquina en 3.148 explotaciones, para los rubros de arroz, maíz, frijoles, sorgo y caña con una superficie total sembrada a máquina de 75.500.25 hectáreas, apenas el 3.3% de las tierras de cultivo. En 1981 existían 153.736 explotaciones agrícolas, lo quiere decir que sólo usó maquinaria en la siembra el 2,04 %.

La información disponible del Censo Agropecuario de 2011 no ofrece la relación siembra a máquina con explotaciones y superficie. La información de este censo muestra sino 25 items referidos a todo tipo de máquinas (desde tractores y helicópteros de fumigación hasta mochilas de aspersión) y la relaciona con el número de las explotaciones que las usaron. Una revisión rápida evidencia que el uso de modernas tecnologías en la producción está reducido a un minúsculo grupo de explotaciones: tractores de rueda 2.348 explotaciones (0,94% del total); tractores de oruga 257 (0,1%); rastras de tractor 1.596 (0,6%); arados de tractor 1.119 (0,4%); sembradoras de tractor 472 (0,2%); cosechadoras trilladoras de tractor 352 (0,1%); cosechadoras de autopropulsión 107 (0,04%); aviones de fumigación 10 (0,0004%); helicópteros de fumigación 22 (0,008%).

Seguramente una indagación más profunda permitiría relacionar estas explotaciones con algún grado de tecnificación con productores naturales o empresas, de tamaño mediano o grande, que concentran significativas hectáreas de tierra y que poseen capacidad de crédito para adquirir maquinaria.

II. Relaciones sociales en el agro panameño:

1. La tendencia decreciente del empleo agropecuario:

A partir de los años 70 Panamá se produce un vuelco demográfico y el país pasa de ser fundamentalmente rural a urbano, impulsado por el modelo de comercio y servicios en torno al canal, con una pequeña industria para el limitado mercado nacional. Esta migración desde el campo es absorbida por las ciudades de Panamá y Colón, y sus suburbios, las cuales contienen más del 60% de la población del país a inicios del siglo XXI. Los Censos de Población registran el decrecimiento considerable de la población rural que, en 1981, representaba el 49% de la población total, en 1991 el 45%, en 2001 el 33% y en 2010 el 25%.

Los registros del Banco Mundial también muestran un decrecimiento del empleo agrícola que pasó de representar el 28,1% del total nacional en 1981, para situarse en 2008 en el 13,9%. La Encuesta de Hogares realizada por el Instituto Nacional de Estadísticas, en 2010, registró en esta categoría al 12,6% de la fuerza de trabajo. Datos sobre los que hay que señalar la salvedad que no incluyen a las poblaciones indígenas residentes en las comarcales, fundamentalmente rurales, y que no son tomadas en cuenta en estas encuestas.

Según la referida Encuesta de Hogares, al año 2010, de una población económicamente activa (PEA) total de 1.463,299 personas, fueron catalogados en el renglón de “trabajadores agropecuarios, forestales, de la pesca y la caza” 184.903 personas (12,6% del total de la PEA), de los que 163.046 eran hombres y 21.857 eran mujeres. Se registraron como desocupadas 3.092 personas, aproximadamente el 1,6 % de la PEA del sector primario.

2. Superexplotación de la fuerza de trabajo agraria:

La disminución de la mano de obra disponible en el sector rural panameño está relacionada con un doble fenómeno: por un lado, desplazamiento de la propiedad de la tierra, a veces directo y a veces indirecto al hacer imposible vivir (comercializar) la pequeña producción; y por el otro, con el aumento de la productividad impulsada por la tecnificación en los principales rubros.

El Banco Mundial estima que la pobreza rural, en 2008, alcanzaba el 59,8% de la población. Estos datos están basados en un estudio de la CEPAL que fijó la línea de pobreza extrema, en el área rural, en 1,23 dólares diarios por persona, ó 36,8 dólares por persona mensuales, y en 147,20 dólares para una familia promedio de 4 personas. La línea de pobreza general para el área rural panameña fue establecida en dicho estudio en 257,60 dólares por familia. Sin embargo, es preciso señalar que estas líneas de pobreza fueron trazadas muy por debajo de la realidad, pues para diciembre de 2007.

Un problema metodológico de dicho estudio de la CEPAL, es que la canasta básica alimenticia (CBA), referencia indispensable para trazar la línea de pobreza extrema, se estimaba en 237,55 dólares por familia, en el sector urbano. Pero diversos estudios señalan que la CBA es mayor en el interior del país que la capital. En cualquier caso, existe una disparidad de 90,35 dólares entre el costo de la CBA y la línea base de la pobreza extrema fijada por CEPAL. Lo que es un claro indicio de que la pobreza rural probablemente sobrepasa el 60% de la población.

Un estudio más reciente del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), de 2011, fijó la línea de pobreza extrema rural en 48,70 dólares por personas por mes, y la línea de pobreza general rural fue establecida en 91,22 dólares por persona mensuales. Con base a este criterio metodológico se estimó la incidencia de pobreza extrema rural en el 26,4% de la población y la incidencia de la pobreza general en las zonas rurales en 52,1 % de la población.

El estudio del MEF obtiene datos dramáticos cuando se focaliza sobre la población indígena, fuente de mano de obra del sector agrícola panameño, en la que el 84,1 % de la población se encuentra en situación de pobreza general y el 61,0 % en situación de pobreza extrema, para una canasta básica alimenticia que ese año, 2011. Los datos permiten concluir que la fuerza de trabajo agraria y sus familias están sometidas a un proceso de pauperización sistemático.

Las familias que moran en las zonas rurales, aún poseyendo parcelas de diversas dimensiones, no pueden subsistir con el producto de ellas, ni con lo poco que comercializan de ellas. Cuando el Censo Agropecuario preguntó a los productores por su ocupación principal, en 1981, el 49,9% respondió que la labor agrícola, el 5,5 señalaba las actividades pecuarias y el 44,5% respondía que su ocupación principal eran actividades “no agropecuarias”. En 1991, este indicador, la “ocupación principal”, había evolucionado de la siguiente manera: 27,4% de los productores señalaron la agricultura, el 7,6 % las actividades pecuarias y el 65,0 % dijeron ocuparse en actividades “no agropecuarias”.

El Banco Mundial registra el incremento del valor agregado de la fuerza de trabajo en trabajador agrícola en el período consignado, que evolucionó así: 1981 = 2.420 dólares; 1991 = 2.328; 2001 = 2.328; 2009 = 4.458 dólares por trabajador, lo cual marca un aumento considerable de la productividad (84,2%) en treinta años.

Sin embargo, cuando se compara este aumento de la productividad del trabajo agrícola panameño con los salarios del sector, los menores de todas las actividades económicas, salvo el servicio doméstico, se hace claro que estamos ante una superexplotación del trabajo rural, es decir, que es pagado por debajo de su valor real.

En agosto de 2011, con un costo de la canasta básica nacional (CBA) estimada en 287,50 dólares, la mediana salarial nacional se estimó en 464,9 dólares, la mediana salarial del sector agrícola era 204,8 dólares, es decir 44 % por debajo de la mediana nacional y 29 % por debajo de la CBA.

En 2011, de los 73.137 trabajadores del sector agropecuario el 89,8 % recibían salarios por debajo de los 400 dólares, es decir, por debajo de la mediana nacional, y 95,8% de ellos tenían salarios inferiores a los 600 dólares mensuales, que se puede considerar por debajo de la Canasta Básica General (CBG). Menos del 4% de los asalariados del sector agropecuario panameño reciben salarios por encima del costo de producción de la fuerza de trabajo. Así que podemos hablar con propiedad de una superexplotación del trabajo en el sector agrario.

3. Creciente concentración de la propiedad agraria:

La información disponible del Censo Agropecuario de 2011 no permite conocer de manera directa la relación entre la superficie cultivable, las explotaciones y las formas de propiedad. De manera que conocer fehacientemente la relación sobre la propiedad de la tierra, la agroindustria y los grupos de poder, más allá de lo genérico señalado arriba, requiere un tipo de abordamiento que escapa al presente estudio. Sin embargo, las estadísticas oficiales aportan algunos datos que dejan entrever indirectamente elementos sobre la concentración de la propiedad.

Entre 75.995 trabajadores, censados en 2011, que laboran para empresas, el 28%, o 21.447 obreros, trabajan para la agroindustria (empresas con más de 50 trabajadores); 48,1%, o 36.596 laboran para pequeñas empresas (con menos de 5 trabajadores); 11.358 obreros agrícolas (14,9%) trabajan en empresas de entre 5 y 10 trabajadores; 3.034 (4%) se encuentran en empresas de entre 11 y 19 trabajadores; y 3.560 (5%) trabajan en empresas de rango medio (entre 20 y 49 empleados).

De las 248.560 explotaciones censadas en 2011, 38.001 (15%) corresponden a huertos caseros; 88.675 (36%) son explotaciones inferiores a 0.10 hectáreas, incluyendo los huertos caseros, restando éstos, la proporción se reduce a 21%; mientras que 159.885 explotaciones (64%) poseen más de 0.10 ha. La información no establece otros rangos para tener una fotografía más precisa de este 64%.

En cuanto a las formas de tenencia, tenemos que el Censo Agropecuario de 2011, establece que de las 2.698.841 hectáreas correspondientes a la superficie de las explotaciones, el 40% están ocupadas con título de propiedad, un incremento de 29,6% respecto al decenio anterior; mientras un 30% son ocupadas sin título de propiedad, un descenso de – 43,7% respecto al año 2001; en arrendamiento el 3% de la superficie de las explotaciones (-0.8% que 2001). Este censo establece un que no se tomó en cuenta en el anterior, “tierra o propiedad colectiva” que ocupan 193.523,63 hectáreas, el 7% del total.

Conocer con precisión el peso de la agroindustria y la ganadería sobre la propiedad de la tierra no es fácil, pues no aparece en las información oficial, lo cual requiere un estudio particular, como hemos señalado en la introducción. Sin embargo, es posible hacerse una idea a través de la información pública que proveen las principales empresas del sector azucarero y bananero. En un estudio basado en datos del Censo Agropecuario de 2001 (ver bibliografía) estimábamos que para esa fecha, los cuatro principales ingenios azucareros eran responsables por el 95,3% de la producción, siendo propietarios en total de hasta 22.219,63 hectáreas sembradas de ese producto.

El Grupo CALESA dueña del ingenio Ofelina, ubicado en Coclé, posee 10.000 hectáreas y 3.200 empleados (la información no discrimina entre empleados de planta y peones eventuales de la zafra). Pero además del ingenio, el Grupo CALESA es propietario de un grupo de empresas que lo convierte en un holding: Compañía Azucarera La Estrella, Ganadera de Coclé (GANACO), Industrias Natá S.A. (INASA), Central de Granos de Coclé, Camaronera de Coclé S.A. (CAMACO), Semillas de Coclé S.A. y Central de Abastos (CASA). Como ya hemos dicho, los principales accionistas pertenecen a la familia Chiari, de la que salieron dos presidentes de la República: Rodolfo Chiari (1922-28) y Roberto Chiari (1960-64).

La Azucarera Nacional, ubicada en Aguadulce, provincia de Coclé, no especifica las hectáreas que posee pero señala tener hasta 4.000 trabajadores durante la zafra y recibir para la molienda caña de hasta 500 productores independientes. Los principales accionistas pertenecen a la familia Del Valle, uno de cuyos miembros, Eric A. Del Valle, fue presidente de la República entre 1985 y 1988.

El ingenio de la empresa Varela Hermanos, S.A., ubicado en el distrito de Pesé, provincia de Herrera, posee 800 hectáreas de caña para la producción de licores, con 200 trabajadores permanentes y 300 adicionales durante la zafra. Juan Carlos Varela, accionista principal, ha llegado a ser vicepresidente de la República para el período 2009-2014.

El ingenio de Alanje, provincia de Chiriquí, es propiedad de la empresa San Bosco Agroindustrial (CADASA), tienen 2000 empleados permanentes y entre 500 y 2.000 durante la zafra. Su cara visible es el político Anel “Bolo” Flórez, precandidato presidencial del Partido Revolucionario Democrático a las elecciones de 2014, y que también posee una empresa bananera en Changuinola.

No fue posible encontrar información actualizada del ingenio La Victoria, ubicado en La Raya de Santamaría, provincia de Veraguas, pero en 2001 poseían 8.865,27 hectáreas sembradas de caña. Sus principales accionistas son Felipe “Pipo” Virzi, ex vicepresidente de la República (1994-99), y el actual presidente de la República Ricardo Martinelli (2009-2014).

La Chiquita Brands, subsidiaria de United Brands, de capital norteamericano, es la principal productora de banano con 21.000 trabajadores y 15.000 hectáreas cultivadas.

III. El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, un acta de defunción a veinte años plazo:

En 2007 se firmó del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos o Tratado de Promoción Comercial (TPC). Este tratado fue ratificado de inmediato por Panamá, pero el Congreso de Estados Unidos lo hizo en 2011. Diversos analistas señalan que Panamá no logró en este tratado ninguna ventaja comercial en el sector agrícola que ya no tuviera como parte de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, que data de los años 80.

Por el contrario, se estima que es un tratado ventajoso para Estados Unidos. Dan Christman, vicepresidente para asuntos internacionales de la Cámara de Comercio de Estados Unidos (2006), resumió los logros de para su país con el TPC: “que un 88% de los productos de consumo e industriales y más de un 50% de los agrícolas entrarán a Panamá sin pagar aranceles inmediatamente, tras la entrada en vigor del TLC; mientras que le resto de los gravámenes se eliminarán progresivamente. En cambio, Washington tendrá que variar mucho menos su política aduanera, pues los productos panameños ya disfrutan de un acceso privilegiado al mercado de EU”.

Ya hemos señalado que, pese a los “privilegios” de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe, Panamá mantiene un déficit comercial enorme con EU, en una relación de 10 a 1, desventaja que puede incrementarse a raíz del TPC. Según el apartado agrícola, Panamá sólo logró un pequeño éxito en las exportaciones en el rubro de azúcar de caña y sus derivados (ron y etanol), al aumentar en 6,500 toneladas nuestras exportaciones, lo cual según el MICI significará un incremento del área sembrada en 1,500 hectáreas y la creación de 1,200 nuevos empleos.

En todos los demás rubros agrícolas y agroindustriales (como avícola y porcinos) Panamá pierde con este tratado. Todos los rubros tienen un plazo fatal: 20 años, cuando los productos norteamericanos podrán inundar el mercado panameño sin ningún tipo de restricciones y libres de impuestos.

Salvo el azúcar, en el resto de los rubros lo que el gobierno panameño presentó como “logros” es atenuar el golpe en el tiempo, mediante lo que llaman: a. “desgravación lineal”, es decir bajar los aranceles un poco cada año, pero de manera progresiva; b. “período de gracia”, espacios de tiempo en que no se bajarán los aranceles; c. “sistemas de cuotas” en algunos rubros se fijó un limite (cuota) a las importaciones hasta que se imponga la apertura total; d. “salvaguardia especial”, cuando un producto se vea muy afectado por la competencia se podrá revertir al nivel arancelario anterior, pero el límite acaba a los 20 años; e. “exclusión técnica”, en los que no habrá plazos para eliminar aranceles, salvo el plazo fatal del tratado, de 20 años.

El Documento Explicativo señala: “A la entrada en vigencia del TPC, en materia agrícola, Panamá desgravará de manera inmediata cerca del 67% del universo arancelarios; un 8.5% del universo arancelario se desgravará en cinco (5) años; un 9.8% del universo arancelario se desgravará en plazos de hasta 10 años; y un 14.6% en plazos superiores a 10 años y 0.1% (papa y cebolla) no se desgrava en absoluto. Por otro lado, Estados Unidos desgrava de manera inmediata cerca del 88% del universo arancelario y el 22% restante se desgrava en plazos entre 5 y 17 años”.

Agrega: “Vale comentar que para los productos más sensibles del sector agropecuario se acordaron períodos de gracia y plazos de desgravación más largos, por los que Panamá a otorgar cierto acceso inmediato a la contraparte en la forma de cuotas o contingentes arancelarios, los cuales entrarán a nuestro mercado libre de arancel. Sin embargo, las cantidades importadas por encima de la cuota estarán sujetas a arancel… Entre los productos que Estados Unidos se beneficia de una cuota de acceso a nuestro mercado tenemos: poroto, tomate procesado, maíz, papa fresca, papa troceada, cebolla, aceite de maíz, productos lácteos, cerdo, arroz, muslo y encuentro de pollo”.

IV. Conclusión: sector agropecuario panameño con un futuro incierto

Los datos recabados por este análisis muestran claramente una decadencia del sector agropecuario panameño a lo largo de las tres décadas bajo estudio (1981-2011), período de tiempo en el que las políticas públicas han estado regidas bajo los criterios neoliberales del Consenso de Washington. Aunque hay un aumento en términos absolutos de la producción en los principales rubros del sector, consecuencia natural del crecimiento demográfico del mercado interno, es evidente una caída relativa en todos los órdenes: tanto en la participación en el PIB, como en las exportaciones, como en la producción per cápita.

Paralelamente, y consecuente con lo anterior, existe un deterioro progresivo de los niveles de vida y los salarios relativos del sector rural, acompañado de un decrecimiento de la población rural en su conjunto. Es ostensible que la mayoría de la población rural no puede vivir de la comercialización de los frutos de la tierra, lo que fuerza a la migración y a la proletarización. Respecto del estudio citado de Marco Gandásegui, que hace una fotografía del sector para mitad de los años setenta, podemos señalar que ha avanzado el proceso de penetración capitalista en el campo panameño. Pero es un capitalismo dependiente, volcado al sector terciario, con todas las contradicciones que ello implica.

El futuro sólo avizora nubarrones para el sector, dados los efectos esperables del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos que hemos analizado. El intercambio comercial superdeficitario con Estados Unidos es probable que se amplíe aún más con la entrada al mercado nacional de productos agrícolas norteamericanos, subsidiados y con mayor eficiencia en productividad. De no haber cambios sustanciales en la política de promoción y protección al sector agropecuario panameño, la tendencia será a un fortalecimiento del modelo económico abierto y volcado al sector terciario.

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(*) Sociólogo, profesor de la Universidad de Panamá e integrante del Movimiento Popular Unificado (MPU).