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Se realizó en México el XVIII seminario internacional del Partido del Trabajo

Por Olmedo Beluche (*)

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Rebanadas de Realidad - Ciudad de Panamá, 02/04/14.- Del 27 al 29 de marzo últimos se realizó en la ciudad de México el XVIII Seminario Internacional del Partido del Trabajo con la asistencia de unos 260 delegados procedentes de múltiples países de todos los continentes en representación de decenas de organizaciones políticas, algunos, y otros intelectuales de referencia en la izquierda de sus países. El seminario, presidido por el Prof. Alberto Anaya, dirigente del P.T. mexicano, contó la presencia de personalidades como: Manuel Zelaya ex presidente de Honduras y Aleida Guevara de Cuba, hija del Che, así como dirigentes políticos y congresistas de países como Venezuela, Nicaragua, Argentina, etc.

Del continente americano hubo representación de casi todos los países y de partidos de muchos matices de la izquierda, desde algún que otro socialdemócrata, partidos comunistas, guevaristas, trotskistas y otras tendencias algunas difíciles de denominar, hasta varios partidos en el gobierno, como: el Frente por la Victoria de Argentina; Frente Amplio de Uruguay; PT de Brasil, PSUV de Venezuela; FSLN de Nicaragua; y el PC de Cuba. Por su puesto, hubo visiones confrontadas, la más comentada tal vez del PTP de Venezuela. Entre las figuras políticas destacamos a Nidia Díaz del FMLN y a Carlos Fonseca del FSLN.

Entre las delegaciones más importantes cabe destacar las de Haití, uno de cuyos oradores exigió que los gobiernos “progresistas” que mantienen tropas de ocupación en su país, las retiren. De Puerto Rico, hubo también una amplia asistencia de delegados tanto del Frente Socialista, como los Hostosianos y del Partido Nacionalista (le tocó al compañero Dennis Negrón representar a Francisco Torres al cual las leyes antidemocráticas norteamericanas le impiden salir del país). Una de las resoluciones exigió la libertad del independentista puertorriqueño, el compañero Oscar López, uno de los presos políticos más antiguos en las cáceles de Estados Unidos. Entre los tantos intelectuales presentes destacamos al economista chileno Orlando Caputo, los cubanos Luis Suárez Salazar y Faustino Cobarrubias, a los argentinos Julio Gambina y Néstor Kohan.

La temática estuvo dividida en tres ejes: Crisis internacional: energéticos y recursos naturales; Construcción, balance y perspectivas de los procesos de integración regional; y Temas de Coyuntura. Pero la realidad fue más rica que el esquema porque las intervenciones fueron más allá de los límites formales abordándose una variedad de asuntos a discreción de cada expositor. Un tema que fue transversal a todo el seminario y a todas las intervenciones fue la solidaridad con el pueblo y el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela frente a las maniobras golpistas de la derecha y la campaña de sabotaje dirigido por el imperialismo norteamericano. La crisis venezolana dio pie a dos interesantes ponencias: una del cubano Roberto Regalado sobre la guerra de posiciones en América Latina y otra de Alberto Anaya sobre el golpe de estado de nuevo tipo.

Dos asuntos más gravitaron sobre los delegados: la primera, los informes optimistas acerca de la gran huelga general de los trabajadores de Paraguay, realizada el 26 de marzo y el informe de la victoria electoral de Salvador Sánchez Cerén a nombre del FMLN en El Salvador. La segunda, la situación del Medio Oriente, con la crisis en Siria, que fue desarrollada en una interesante ponencia por la compañera Leila Ghanem del Líbano. Como siempre fue infaltable solidaridad con el pueblo palestino. La crisis en Ucrania y la confrontación entre la OTAN y Rusia en esa región, constituyó un tema nuevo.

Se aprobaron resoluciones de apoyo a la lucha del pueblo saharaui por su derecho a constituir su estado nacional independiente; de apoyo al pueblo de Venezuela; exigiendo la libertad de los compañeros de Las Heras y Quebracho de Argentina; por la libertad de los cinco patriotas cubanos presos en EEUU, así como la del puertorriqueño Oscar López; y el apoyo a las demandas de Bolivia para recuperar su salida al mar, entre otras.

Sobre la situación en México

Es muy difícil hacerse una idea cabal en tan pocos días de un país tan grande y complejo como lo es México. Sin embargo, el pulso diario de la situación política evidentemente está marcado por las “reformas” que impone el gobierno de Enrique Peña Nieto que, en su conjunto, constituyen una nueva ofensiva neoliberal contra la población. Reformas cuyo corazón central ha estado en la reforma constitucional que permite la privatización del sector energético, que antes estaba por completo en manos de la estatal Pemex, desde que Lázaro Cárdenas nacionalizara el petróleo en la década de 1930.

Aunque la reforma mantiene a Pemex como empresa estatal y se compromete a no despedir a ninguno de sus 150 mil empleados, abre al capital privado para nuevas áreas en las que supuestamente la empresa no tiene capacidad técnica ni financiera. Incluso en las áreas que permanezcan bajo control de la empresa estatal se la obligaría a asociarse con capitales privados. Otra justificación que, supuestamente, le vino a bien al gobierno federal para justificar la privatización ha sido el destape del escándalo de corrupción en torno a la empresa Oceanografía, a la que se acusa de robar 266 millones de pesos en contratos incumplidos. De manera que se pretende alegar que la privatización impediría a futuro la corrupción.

La maniobra opera de manera semejante a como se hizo con la otra reforma importante, en la educación, cuando el año pasado se acusó de corrupción a una dirigente del magisterio previo al lanzamiento del paquete legal. La reforma del magisterio en México es semejante a la que se aplica en Panamá, donde el centro del problema es condicionar la estabilidad laboral del docente a nuevos criterio de evaluación. Las movilizaciones sociales más importantes de los últimos meses han sido del sector magisterial, que aún mantiene huelgas y resistencia en algunos estados.

La profundidad del golpe a los derechos del magisterio se aprecia cuando un columnista del diario El Universal (29/3/14) denuncia la nueva práctica del “outsourcing” en las universidades estatales. La externalización de servicios docentes operaría mediante un nuevo programa de “Cátedras para jóvenes investigadores”, unas 500, lanzadas por Conacyt. De manera que las universidades, en vez de contratar directamente a los profesores, los pedirían a Conacyt, la cual sería el verdadero patrón contratante, aunque laboren para una determinada institución académica. “La imagen que surge es la de las compañías de limpieza que (sub) contratan instituciones para que se ocupen del aseo, pero en este caso la subcontratación es para realizar lo que las instituciones tienen como tarea central. Esto, entiendo, no se vale ni para la fábrica de jabón”, reflexiona el columnista.

Las reformas incluyen otros muchos aspectos desde el área fiscal hasta lo electoral. Su amplitud probablemente no tenga otro precedente que el del sexenio de Salinas de Gortari. En el plano de los movimientos alternativos se aprecia un gran vacío. Las luchas sociales más importantes, como la de los trabajadores de la electricidad del estado de México y la magisterial ahora parecen derrotadas. Pequeños movimientos juveniles y estudiantiles, autodefinidos como “anarquistas”, ocupan el espacio vacío, pero constituyen algo manejable para las autoridades.

Políticamente hablando, la izquierda mexicana está dividida en dos grandes campos políticos: la izquierda electoral (institucional para algunos) y la izquierda zapatista (antisistémica). La izquierda electoral ha tenido en Andrés Manuel López Obrador (AMLO) su principal figura, y los partidos en que se expresan han sido su nueva organización (MORENA), el PRD y el Partido del Trabajo. Su propuesta de país alternativo a los programas de la burguesía mexicana expresada en el PRI y el PAN, han prendido en la imaginación de millones de personas que le han votado pese a los fraudes electorales. El carácter reformista del programa de AMLO no le quita valor, pues es la única propuesta alterna puesta a consideración del pueblo mexicano, aunque sólo sea en tiempos electorales.

Tanto el MORENA de López Obrador, como el PRD de Cuauhtemoc Cárdenas, han sido los pilares de la oposición a la privatización de Pemex. Pero han movilizado cada uno por su lado. Y en el caso del PRD, hay que señalar que la derecha de ese partido ha avalado por acción u omisión las reformas del PRI.

La izquierda antisistémica tiene en el EZLN y en el sub comandante Marcos a su referente. Su programa alternativo y revolucionario se expresaría en la llamada “La Sexta Declaración”, o, genéricamente, “La Sexta”. Sin embargo, el gran defecto del zapatismo es la ausencia de participación y de propuestas en el debate político cotidiano. Aunque el zapatismo controle zonas importantes en Chiapas y la selva Lacandona, la realidad es que ese encierro en una zona marginal del país y la carencia de una propuesta organizativa y política concreta, parece muy conveniente para la burguesía mexicana. Según ciertos comentarios, pareciera que algunos sectores de izquierda radical, que no están muy de acuerdo con el esquema zapatista, pero que tampoco se ubican en los partidos electorales, estarían empezando a reorganizarse. Amanecerá y veremos.

(*) Sociólogo, profesor de la Universidad de Panamá e integrante del Movimiento Popular Unificado (MPU).