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OPINIÓN - PANAMÁ

Panamá: la ausencia de un movimiento social unitario dificulta la construcción de un proyecto político de izquierdas y popular

Por Olmedo Beluche (*)

Artículos de Olmedo Beluche editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Ciudad de Panamá, 09/08/15.- El viernes 7 de agosto, la Fundación Friedrich Ebert realizó un seminario sobre las experiencias latinoamericanas de construcción de proyectos políticos alternativos de izquierdas o progresistas, y su relación con movimientos sociales en lucha contra las políticas económicas neoliberales. Al seminario fuimos invitados un amplio espectro de fuerzas políticas de la izquierda panameña, desde el FAD, el MIREN, el Polo Ciudadano, sectores de la izquierda del PRD, hasta una representación importante de la dirigencia sindical e indígena.

El expositor central, el dirigente del Frente Amplio de Costa Rica, Rotsay Rosales, entre otras cosas, estableció la relación directa entre la importante victoria de su partido en las últimas elecciones cuando, además de disputar fuertemente la Presidencia de la República (su candidato, Villalta, quedó en tercer lugar), fueron electos 9 diputados, y las luchas de los años precedentes contra las privatizaciones de la empresas pública ("la lucha contra el combo") y el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.

Rosales también se refirió a las luchas del movimiento sindical brasileño y su relación con la fundación del Partido de los Trabajadores, así como al caso boliviano en que el partido Movimiento Al Socialismo se constituye en referente político al incorporar importantes sectores sociales, como sindicalistas y cocaleros, de los que provino Evo Morales.

Otro tanto puede decirse del Proceso Bolivariano en Venezuela y Hugo Chávez y su íntima relación con las luchas contra el neoliberalismo de los años 1980-90, empezando con el Caracazo; o del Movimiento Ciudadano de Rafael Correa, en Ecuador, con los movimientos sociales e indígenas que enfrentaron sistemáticamente a todos los gobierno neoliberales de los 90 hasta echarlos del poder.

La lógica subyacente a estas experiencias es que la izquierda y sus proyectos alternativos no avanzan si no son sostenidos por sectores populares organizados y en lucha contra los gobiernos oligárquicos y sus planes económicos neoliberales. El éxito de un proyecto político alternativo depende, no de la "unidad", ni de la lucidez de un candidato, sino de las bases populares en lucha que vean en esos candidatos a sus voceros y dirigentes que van a enfrentar la políticas antipopulares en la Asamblea Nacional y en el Gobierno, para producir el cambio que mejore sus vidas.

Un proyecto político alternativo, de izquierdas o progresista, no se va a conformar en base a la "unidad" por sí misma y en frío, ni cuando "todos depongan sus opiniones". Se trata de la UNIDAD EN LA LUCHA contra el "modelo" neoliberal y sus gobiernos. Además de que es normal que, frente a cada coyuntura haya multiplicidad de opiniones y debate, pues cada matiz expresa a sectores sociales de la clase trabajadora diferentes. Si enfrentamos el "pensamiento único del mercado", también debemos enfrentar cualquier intento de imponer el "pensamiento único de izquierda". Los métodos antidemocráticos del stalinismo son una de las causas del fracaso de la URSS.

El debate incorporó la experiencia panameña, partiendo del hecho evidente de que en Panamá, hoy por hoy, la gente lucha todos los días, pero NO hay un movimiento social de referencia, lo que a su vez impide el surgimiento de un proyecto político alternativo. Las viejas siglas que expresaron luchas y políticas de los años anteriores se han vaciado y no son reconocidas como referentes para los sectores en lucha en este momento.

El Frente Pro Rescate de la Soberanía, que aglutinó la lucha contra la ocupación militar norteamericana y el gobierno de Guillermo Endara, desapareció y al no producir un movimiento político, permitió que las luchas de ese período fueran capitalizadas electoralmente por el PRD y el neoliberal Ernesto Pérez Balladares.

MONADESO, que enfrentó las privatizaciones de Balladares, su intento de imponer la continuidad de las bases militares yanquis (CMA) y la reelección presidencial, no solo desapareció sino que al no madurar en un movimiento político alternativo, le regaló el espacio político al "panameñismo" de Mireya Moscoso.

FRENADESSO, que aglutinó al gran movimiento sindical y popular que enfrentó las reformas a la seguridad social impuestas por Martín Torrijos-PRD, desapareció como el gran movimiento social unitario de la huelga general de 2005. Una parte de los dirigentes se reacomodó bajo el paraguas de algunos partidos burgueses; otra parte significativa se apoderó de la sigla un poco modificada pero su política sectaria fue expulsando a quienes no eran "orgánicos" de esa dirigencia; y una pequeña fracción intentamos construir el Partido Alternativa Popular (PAP), alcanzando apenas un éxito parcial, dado lo antidemocrático del Código Electoral.

El fracaso colectivo del FRENADESSO original permitió que, en 2009, el oligarca de derechas, Ricardo Martinelli, capitalizara el descontento popular que debió ir a una fórmula de izquierdas. La reacción tardía, pasada casi una década de la lucha en defensa de la Caja de Seguro Social, cuando finalmente el resto de la izquierda nos diera la razón de que había que construir un proyecto político electoral, el coletazo de aquella lucha, apenas dio para inscripción, en 2014, del F.A.D y de la candidatura independiente de Juan Jované, pero sin que las mismas lograran capitalizar las luchas sociales fragmentadas del quinquenio martinelista, de ahí los magros resultados electorales.

Todos los días en Panamá salen a las calles comunidades para exigir agua; o un grupo de estudiantes docentes y padres de familia a denunciar el lamentable estado de alguna escuela; o alguna organización de indígenas a pelear por la tierra contra hidroeléctricas o mineras; o hay huelga en algún sector laboral; o ecologistas que denuncian la depredación de la naturaleza. Pero ninguna de esa luchas, pese a tener elementos comunes y enemigos comunes, está relacionada una con otra, ni mucho menos se sienten referenciadas en algún movimiento social nacional, ni dirigentes nacionales, que sientan como sus voceros.

El gobierno burgués de Juan Carlos Varela avanza las políticas neoliberales de sus predecesores: impulsando la hidroeléctrica de Barro Blanco, la privatización solapada del IDAAN, la destrucción de la escuela pública, la descentralización como forma solapada de deshacer el presupuesto social del gobierno e imponer alzas de impuestos de inmuebles, el aprovechamiento privatizado del canal y áreas aledañas, etc.

Pese a que la gente lucha y el gobierno sigue imponiendo el hambre mediante el neoliberalismo, no existe en este momento en Panamá un movimiento social que aglutine a los luchadores sociales, unifique y de fuerzas para derrotar las políticas antipopulares. Por el contrario, persiste la atomización y la desconfianza mutua. Ni siquiera la lucha contra el proyecto de Barro Blanco, en la que todos los sectores parecen estar de acuerdo, ha sido capaz de producir ni una sola manifestación unitaria, ni entre los indígenas Ngäbes-Buglés, ni en apoyo de parte del resto de las organizaciones.

Mientras no se constituya ese gran movimiento social para enfrentar las políticas neoliberales del gobierno Varela-Panameñismo-PP-PRD (y CD como se probó el 1 de julio de 2015 en la Asamblea), será muy difícil de surja un movimiento político alternativo, por más que se pretenda apelar a viejos liderazgos.

La creación unitaria de ambos movimientos, el social y el político, requiere: por un lado, que se rompan las actitudes sectarias que impiden acuerdos elementales; por otro, que importantes sectores sindicales rompan sus ilusiones en que habrá algún día un "PRD torrijista", pues los dos bloques en que se divide ese partido responden a sectores de la oligarquía; incluso que otro sector del movimiento sindical rompa con el "frente guacho" no proclamado que se ha constituido en apoyo a Varela, con el cuento de que el "diablo se llama Martinelli" y que ese es el único "malo de la película".

Unidad para la lucha e independencia de clase del gobierno y los partidos de la derecha oligárquica, son las precondiciones para recuperar con posibilidades de éxito un gran movimiento social que permita madurar un proyecto político alternativo.

(*) Sociólogo, profesor de la Universidad de Panamá e integrante del Movimiento Popular Unificado (MPU).