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ESPAÑA

Aznar: el lastre de la derecha española

Por José María Otero (*)

Rebanadas de Realidad - Madrid, 17/07/07.- El ex presidente español dejó el cargo con una herencia muy pesada para su partido: la guerra de Irak que apoyó con todo el parlamento en contra, salvo su partido, y el pueblo en las calles reclamando a voz en grito contra su decisión personal que incluso levantó resistencias en el Partido Popular, pero que él con su férrea conducción acalló rápidamente. Como represalia por su participación en la invasión de Irak, en contra de la resolución de la ONU, España sufrió el atentado más grave de la historia de Europa el 11 de marzo de 2004 y el PP no sólo perdió la mayoría absoluta que ostentaba sino incluso las elecciones contra el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero que cosechó casi 11 millones de votos en un vuelco electoral sin precedentes. Las desesperadas mentiras de Aznar citando a todos los directores de medios de prensa y dando su palabra de honor de que había sido ETA la autora del atentado; la manipulación de la cadena oficial de televisión y las mentiras constantes del inicuo Ministro del Interior, Angel Acebes acusando incluso de "miserables" a quienes dudaban de la autoría de ETA, fueron las causas del gran vuelco. La gente salió a la calle a protestar masiva y espontáneamente y en Madrid se congregaron frente a la Sede del Partido Popular, repudiando al gobierno. Los servicios de Inteligencia habían realizado constantes avisos de ese posible atentado, pero las miasmas enquistadas en el Ministerio de Acebes, ignoraron las voces de alarma y así llegaron los 192 muertos y 2000 heridos, muchos de ellos gravísimos.

Un Aznar soberbio, despreciativo, envió a su Ministra de Exteriores Ana Palacio a la ONU para seguir con la falacia de la intervención de ETA en la matanza y solicitar un voto de repudio del organismo contra los etarras. Además dio instrucciones a todas sus Embajadas para que desinformaran en el mismo sentido, cuando en el mundo entero se sabía que había sido un atentado islamista. El mismo Aznar había designado con su dedo dictatorial al débil Mariano Rajoy como candidato presidencial de su partido para poder manejarlo desde la FAES, una Fundación de tinte fascistoide y apariencia ultraliberal que esparce constantes dosis alarmistas sobre el momento actual de España que atraviesa, pese a sus ataques, por un momento de bonanza excepcional. Además impuso a dos políticos fracasados y repudiados por la ciudadanía, como Angel Acebes y Eduardo Zaplana, un personaje increíble a quien lo sorprendieron en conversaciones telefónicas reclamando comisiones personales y diciendo: "Yo estoy en la política para forrarme". El juez desechó las grabaciones porque no estaban autorizadas por él. Estos dos ineptos forman parte de la guardia pretoriana que Aznar le impuso a Rajoy para tenerlo controlado en todo momento.

El ex presidente, además de falaz y manipulador pretende ser alguien importante en la política mundial, en los centros de decisiones y presume de su amistad con Bush y Blair, con los cuales se fotografió en las Islas Azores cuando decidieron invadir Irak. Se lo ve cuando sale disparado de al lado de Durâo Barroso para posar sonriente y feliz junto a Bush. Y luego hizo el ridículo en el rancho del presidente norteamericano poniendo sus pies sobre la mesa del mismo mientras fumaba un puro. Su megalomanía quedó al denudo cuando casó a su hija con Alejandro Agag -un lobo de las finanzas- en el monasterio de El Escorial, en una ceremonia principesca a la cual invitó a lo más granado de la aristocracia, finanzas y política mundial. Personajes como Robert Murdoch, Tony Blair, Berlusconi o Flavio Briatore. Alastair Campbell, ex portavoz de Toni Blair acaba de publicar un libro de 700 páginas sobre su presencia junto al premier inglés y apenas lo nombra, pero lo detalla perfectamente. Campbell critica a Blair por acudir a esa boda y escribe: "Aznar actuaba como si fuera de la familia real". Y afirma que pocos días antes de la guerra de Irak, Aznar le confesó a Blair que"solo el 4% de los españoles apoyaba esa guerra", lo que motivó que Blair respondiese: "Esa sería la cifra que se desprendiese de una encuesta en la que se preguntase a la gente si creía que Elvis Presley vivía, por lo cual tendrás dificultades". Y Campbell remata:"Pero Aznar estaba más decidido que nosotros a ir a esa guerra". La mente diabólica de Aznar tenía todo calculado. Había asegurado que solo gobernaría 8 años y faltaba poco para terminar su mandato. Las consecuencias la sufriría el candidato a sucederlo por el PP.

El Partido de la derecha jamás ha reconocido el triunfo de Zapatero y su oposición ha sido sucia, procaz, barriobajera, utilizando la mentira y el miedo como argumentos exclusivos y basándose casi exclusivamente en latiguillos como "España se rompe" y "El gobierno ha cedido al chantaje de ETA y se ha entregado". Espoleados por el diario el Mundo que urdió una conspiración etarra-islamista disparatada sobre el atentado y que el Juicio del 11M ha dejado aniquilada y por el talibán de la COPE, la cadena de la Conferencia Episcopal, Fedrico Jiménez Losantos; Mariano Rajoy es solo un muñeco de trapo que repite consignas patéticas, apocalípticas que se chocan de bruces con la realidad. Ha creado un ambiente de crispación constante, de enconamiento de las posiciones, de enfrentamiento entre los españoles, de utilización vergonzante de las víctimas del terrorismo y sin aportar ninguna idea que contribuya al bienestar común.

Desde la FAES, José María Aznar atiza el látigo del rencor, de la mentira y sus frecuentes intervenciones producen vergüenza ajena. Desde defender que se puede ingerir alcohol y conducir el auto sin problemas, a introducirle el bolígrafo en el escote a una joven periodista que le hizo una pregunta incómoda, a afirmar que España se ha balcanizado, que el gobierno se ha entregado a ETA. Su egolatría lo lleva más lejos. Se ofrece para acabar con el populismo en Latinoamérica. No escarmentó cuando fue a pedirle a Fox que apoye la invasión de Irak y el presidente de México le respondió:"Hace 500 años que somos independientes". El de Aznar fue el único gobierno hispanoamericano que apoyó el golpe de estado contra Chávez y la Embajada española en Caracas colaboró en ese golpe. Pasó a formar parte del Consejo de Estado y para ello debió firmar una declaración jurada de que no recibía ingreso alguno salvo su pensión como ex presidente. Luego, cuando la empresa del ultraderechista Robert Murdoch presentó la declaración en Nueva York sobre el salario que pagaba a Aznar, éste tuvo que volver a mentir y renunciar al Consejo. El bochorno de la medalla que se quiso hacer imponer por el Congreso de USA, no le hace mella. La compró a través de una Agencia, pagando el estado español 2.300.000 euros y la ceremonia-sainete se hizo en una salita pequeña con turistas y bedeles del Congreso y con la ausencia de los diputados norteamericanos. Un Zapatero señorial se negó a hacer sangre de estas cuestiones.

A ETA le dio toda clase de facilidades, la llamó Movimiento Vasco de Liberación Nacional, les aseguró que "no buscaban su derrota", acercó 165 presos a Euskadi, amnistió a 32 etarras alguno de los cuales volvió a matar, acercó a los más sanguinarios a la Península y se reunió con ellos en Vevey, Suiza. Ahora despotrica cínicamente porque Zapatero con el apoyo del parlamento intentó negociar la paz con ETA sin descuidar un segundo la persecución y encarcelamiento de los mismos (lleva 382 detenciones en 3 años y medio, 92 durante el proceso de Paz). Con su rostro pétreo dijo en el Parlamento español y por televisión a los ciudadanos: "Os puedo asegurar que Irak tiene armas de destrucción masiva". Hace poco declaró a la BBC "Me parece bien que la OTAN bombardee Líbano si es necesario". Tal vez estas declaraciones y gritos de guerra del que se cree omnipotente terminen mal. De momento hay una Plataforma que pide su juicio por crímenes de guerra por su intervención en la guerra de Irak y siguen recolectando firmas de personalidades. El Partido de la derecha debería deshacerse de este pesado lastre si quiere volver a gobernar en España.

(*) Periodista español.
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