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ARGENTINA

Historia y pensamiento nacional

Por Pablo A. Vázquez (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 21/05/06.- Para pensar la Patria lo hacemos desde la historia, desde el pasado argentino que fue deformado y tergiversado por quienes pretendieron que nuestro destino era ser una factoría.

Una historia nacional ignorando a la Nación -no al periódico de Bartolomé Mitre quien en esto tuvo mucho que ver- donde la transmisión de ese pasado era recortado, planteado y repetido con batallas sin honor, empréstitos otorgados sin necesidad pero con muchos intereses y gobiernos de notables que decidían con el visto bueno del pueblo... inglés.

Desentrañar que había acontecido bajo la lápida del liberalismo triunfante posterior a Caseros fue tarea del Revisionismo. Es así el esfuerzo dado por los hombres del Instituto Juan Manuel de Rosas y los miembros de FORJA cuya tarea debemos reivindicar.

Y para esa tarea fue necesario contar, como afirma Juan José Hernández Arregui, con "una fe (fe en la patria avasallada) que es el único contrafuerte que puede oponerse al regulado aparato de 1a cultura colonial".

Esa misma fe que dota a Raúl Scalabrini Ortiz del fundamento para sostener que "todo lo que nos rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran…Volver a la realidad es el imperativo inexcusable".

Es así como los parámetros de la investigación y difusión histórica sufrieron en Argentina el influyo de Europa, la visión limitada de un sentir extraño y ajeno que buscaba adaptar nuestra realidad a sus parámetros culturales. Se tomaban ideas que si en Europa describía un sistema positivo -por ejemplo la Democracia y la Constitución- en Iberoamérica, en cambio, su cometido era solidificar y osificar la dependencia cultural, económica y política.

Arturo Jauretche en "Política nacional y revisionismo histórico" afirmaba que: "La política de la historia falsificada tendió precisamente a cegarnos la visión de los fines históricos con fines ideológicos, de no dejarnos ver los nacionales para limitarnos a los que llamaron "institucionales". De allí nuestros demócratas que no acatan a las mayorías, y nuestros liberales que reprimen la libertad. Se ha incorporado a nuestra educación el dogma de que la finalidad de la emancipación Argentina fue construir determinado régimen político, determinada forma institucional, y no ser lisa y escuetamente una Nación donde la sustancia predomine sobre las formas".

Es por esto que la batalla que debemos librar es tanto "contra el enemigo extranjero que invade y contra el enemigo de adentro que entrega", como sostuvieron los forjistas en sus escritos, ya que nuestra derrota en manos de la "colonización pedagógica" nos hace creer que las cadenas del sometimiento cotidiano equivalen a los laureles de la victoria de la civilización sobre la barbarie. Pero ese sometimiento pensado de afuera pero encarado por "el enemigo de adentro que entrega" tuvo su ejemplo en la serie de gobiernos que ejecutaron políticas antipopulares a fin de servir a sus amos.

Ramón Doll sostenía que"nada es más evidente, sin embargo, que nuestra historia. Posee un flujo y refluyo de distintas naturalezas y direcciones; que la dinámica de nuestra política no oscila de la reacción a la revolución y viceversa, ni de las fuerzas tradicionales a las renovadoras. Oscila del nacionalismo al europeísmo; el poder no ha salido y vuelto de manos de los conservadores a los avanzados, sino de las clases autóctonas, arraigadas, afirmadas en la tierra a clases europeizadas, vueltas de espaldas a la Nación".

Y esta secuencia se plantea en nuestra Patria donde se perfilan claramente dos líneas: una nacional e hispánica, y otra entreguista e inglesa, según lo que Juan Perón sostenía en su exilio madrileño, donde situaba a San Martín, Rosas, Yrigoyen, y a él mismo en la primera, y al resto de los gobiernos que tuvimos en Argentina en la segunda.

Teniendo en claro quienes somos y cual es nuestro objetivo podemos hacer frente a quienes aún hoy, de izquierda a derecha, pontifican con dogmas vetustos cómo debería ser el desarrollo de nuestro sistema político y cual es el rol que debería cumplir el Movimiento Nacional.

Afincarnos en nuestra historia sin vendas y planearnos de cara a los nuevos ataques de la reacción es la lucha que debemos encarar con un espíritu joven que supere las formas políticas envilecidas y faltas de calor popular. Por eso valga las palabras de Scalabrini: "para hilar de nuevo, hay que deshilachar lo que está mal trenzado. La tarea queda trunca, pero no desesperemos por eso. Confiamos en la inteligencia de la juventud. Es posible que los maduros y los provectos hayan rechazado tanto más airados nuestra prédica cuanto más insinceros han sido en su acción política. Pero ellos ya no tienen importancia. Mandan sobre lo definitivamente muerto".

(*) Coordinador del área Biblioteca y Archivo del Instituto Nacional Eva Perón - Museo Evita. / Correo
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