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Inflación y trabajo

Por Alberto José "Pepe" Robles
Entre la inflación extorsiva y la trampa de las políticas antiinflacionarias.

Artículos de Alberto José "Pepe" Robles editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 04/04/10.- Empecemos por decir que la inflación es un componente estructural de la economía de mercado. No existe ni ha existido ninguna economía de mercado sin inflación. De lo que se trata, entonces, cuando se habla de inflación, es de establecer cuánta inflación es aceptable e incluso buena y desde cuánto trae más problemas que beneficios.Y es ahí donde los economistas monetaristas y liberales (ortodoxos) se enfrentan duramente con los economistas keynesianos y desarrollistas (heterodoxos). En términos muy generales podríamos decir que para la derecha bajar la inflación al mínimo es una priodidad máxima, mientras que para la izquierda y los desarrollistas, bajar la inflación es menos importante que crecer y redistribuir los ingresos. En otras palabras, los gobiernos conservadores tienden a bajar al máximo la inflación, casi siempre a costa del ingreso de la mayoría de la población, directamente vinculada al nivel de salarios y el gasto público, mientras que los gobiernos "progresistas" tienden a mejorar la situación económica de la población, generando presiones inflacionarias.

Puede decirse que en los años '90, la "inflación adecuada" oscilaba entre el 1% mensual y el 3% mensual, correspondiendo esta última a políticas desarrollistas heterodoxas en países de alto crecimiento (Fuente). Sin embargo, luego de la Crisis Global 2008/2009 estas "metas" han sido reexaminadas, ya que fracasaron como colchón, y la mayoría de los economistas actuales (tanto ortodoxos como heterodoxos) está pensando que las pautas inflacionarias de los '90 eran demasiado bajas y que causaron más daño que beneficios, y que por lo tanto en el futuro debieran aumentarse co0nsiderablemente (Fuente).

La inflación tiene muchas causas. En general, cada sector menciona sólo aquellas causas que no le significan sacrificar sus propios ingresos. A título meramente informativo, se mencionan a continuación algunas causas de la inflación:

  • Aumento de precios intencional por parte de las empresas que tienen poder de mercado (concentradas) para aumentar su cuota de participación en el ingreso nacional, generalmente a costa de los salarios y del gasto público.
  • "Recalentamiento" debido al alto crecimiento de la riqueza, cuando la inversión no crece en la misma proporción.
  • Apropiación del aumento de ingresos en la población, postergando inversiones, por parte de grandes grupos empresarios en economías de renta.
  • Emisión monetaria cuando hay déficit y no hay crecimiento económico.
  • Aumento de precios estratégicos para la economía (alimentos difíciles de sustituir en la dieta popular, como el arroz en Asia, la pasta en Italia o la carne en Argentina; petróleo, etc.) No es propiamente inflación (porque no se trata de un aumento generalizado de los precios), aunque es presentada generalmente como si lo fuera.
  • Inflación mundial. En este sentido hay que tener en cuenta que, luego de la crisis global de 2008/2009 y la emisión monetaria y el déficit histórico con que respondieron los mayores países del mundo.

La inflación es un fenómeno que siempre y en todas partes ha generado grandes discusiones. Sin embargo hay algunos aspectos en los que todos están de acuerdo: la inflación no afecta a todos por igual, sino que afecta más a los que tienen ingresos "fijos" y afecta menos a los que tienen capacidad para establecer el valor monetario de sus ingresos. Ante esto uno diría, chocolate por la noticia, porque precisamente la inflación es eso, cuando se suben generalizadamente los precios. Si todos pudieran subir el precio de sus ingresos con el mismo poder, la inflación sería neutra; pero como no es así, y algunos tienen sus ingresos "más fijos que otros", la inflación favorece más a quien tiene más capacidad para imponer el precio de sus ingresos en el mercado. Por eso, la inflación -entre muchas otras cosas- es un "arma" de mercado, siempre disponible para aquellos que tienen el poder de subir sus ingresos. Curiosamente, de este aspecto de la inflación, casi no hablan los economistas "serios" ni los grandes medios.

Como todo fenómeno complejo, la inflación admite gran variedad de abordajes, y diversas maneras de atacar sus múltiples causas y se presenta también en gran variedad de situaciones. Precisamente como las causas de la inflación son múltiples y los niveles admisible de inflación también son múltiples, la clave de la política económica en cada caso está en qué variables van a tocarse ("ajustarse") en cada caso. Para ser claros, no es lo mismo bajar la inflación porque las grandes empresas aceptan ganar una porción menor de la renta total, que bajar la inflación porque se obliga a los trabajadores a reducir sus salarios reales o reducir la inflación, bajando el gasto público con reducción de las jubilaciones. Otro aspecto fundamental de la inflación son las expectativas de la población: no es lo mismo que la población "sienta" que la inflación es del 20% mensual, que que "sienta" que es del 2% mensual. En el primer caso, sin que exista ninguna otra causa, la inflación tenderá a ser del 20% mensual, en el segundo caso la inflación tenderá a mantenerse moderada. Aquí los medios de comunicación y las declaraciones públicas de los principales dirigentes políticos, juegan un papel económico de primera magnitud, tanto para subir como para bajar la inflación.

Inflación, crecimiento y redistribución de la riqueza

En la Argentina de 2010 hay que prestar atención a dos procesos concretos y su relación con la inflación: la redistribución de la riqueza y el crecimiento. En términos muy generales debe decirse que un proceso de alto crecimiento de la riqueza y de alta redistribución de la riqueza, contendrá fuertes tendencias inflacionarias. Esto es inevitable.

Aquí se produce un primer debate sobre "el modelo" económico, entre aquellos partidarios de crecer a "tasas chinas", aún con tasas de inflación relativamente altas (China tuvo una inflación de 2,7% mensual en febrero-2010) y aquellos pardidarios de crecer mucho menos, con el objetivo prioritario de evitar la inflación.

En general, la derecha tiende a dar máxima prioridad al objetivo de bajar la inflación, aún a costa de sacrificar el crecimiento y aumentar la pobreza, haciéndolo mediante las llamadas políticas de "ajuste", reduciendo salarios y el gasto público dirigido a redistribuir riqueza, y aumentando impuestos y el endeudamiento externo.

Pero hay que tener en cuenta que, en un país con mucha desocupación y mucha pobreza, sólo una alta tasa de crecimiento permitiría alcanzar niveles dignos dentro de un plazo prudencial.

Por ejemplo, en la Argentina, si se parte de una tasa de pobreza del 56% y una desocupación del 30% en 2002, a ojo de buen cubero, se necesitan tasas de crecimiento promedio del 8,5% durante al menos 20 años para volver a una situacion social similar a la que el país tenía antes del golpe de 1976 (casi pleno empleo, hambre y pobreza cercanas a cero y criminalidad bajísima). Con esa tasa del 8,5% de crecimiento, el país alcanzaría el nivel de riqueza de España en 2023 y el de Estados Unidos en 2031, pero si la tasa bajara al 5,2%, Argentina recién alcanzaría a España en 2081. (1)

Es decir, a las tasas de crecimiento que se han generado en el período 2003/2010, la Argentina podría comenzar a acercarse a un nivel de vida más o menos parecido al que la gente hoy pretende, hacia el año 2020.

Pero si el crecimiento baja al 5%, como tendencia, esas metas comienzan a evaporarse y a extenderse a lo largo del siglo XXI. Dicho de otro modo, si realmente se pretende terminar con la pobreza en un lapso prudencial y no irlo postergando para momentos que nunca llegan, es indispensable tener tasas del 7-9% anual durante lapsos prolongados. Y eso conlleva tensiones inflacionarias inevitables.

En realidad el crecimiento por sí solo no produce inflación, lo que sucede es que, cuando hay una alta tasa de crecimiento (como sucede en Argentina desde 2003 con una tasa promedio de más del 7%) es difícil que la inversión aumente al mismo ritmo. Esta diferencia de crecimiento entre la producción y la reinversión siguiente, tiende a generar inflación.

Es que si la inversión no sigue el ritmo de la producción del año anterior, hace que no aumente la oferta e incluso a que baje, si no se mantiene el stock de capital existente. Esto provoca que baje la cantidad o la calidad del producto, o ambas. El alto crecimiento aumenta la demanda y por ello debe ir acompañada del correspondiente aumento de la capacidad productiva (en tiempo y forma). Esto implica nueva inversión, por encima de la renovación del stock de capital existente, para responder a la mayor demanda.

Este proceso se tiende a agravar cuando se ponen obstáculos a la inversión especulativa o a la inversión depredadora (social y/o ambientalmente). Pero claro, aumentar la inversión facilitando la inversiones especulativas y depredadoras podrá tender a bajar la inflación, pero el precio social y ambiental que se paga es mucho mayor y con consecuencias negativas persistentes en el tiempo.

Otro fenómeno "depredador" que se produce cuando un gran crecimiento produce un aumento del ingreso de la población, es que las grandes empresas con poder de mercado se ven tentadas a "manotear" esa mayor capacidad adquisitiva que tiene la población, no mediante una nueva inversión que aumente la producción, sino mediante una simple remarcación de los precios.

Por lo tanto una parte fundamental de una política antinflacionaria que no recurra al "ajuste", es encontrar nuevas vías de inversión, recurriendo por ejemplo al sector cooperativo, a las pymes y al ahorro popular.

La segunda manera clásica de bajar la inflación es no aumentar el salario real, o aumentarlo de manera muy pausada y a largo plazo. Esto es aceptable en países con altos salarios, donde al trabajo le corresponde el 50% o más de la riqueza producida. Pero no es aceptable en países con bajos salarios, donde el trabajo recibe una pequeña proporción de la riqueza, como sucede en América Latina, la region más desigual del mundo. En Argentina, por ejemplo, hasta 1976, el trabajo recibía entre un 45% y un 50% de la riqueza total, con un pico histórico del 50,84% en 1954 y un 47% en 1973, seguramente superado en 1974, aunque a partir de ese año el INDEC dejó de realizarse este cálculo. (2)

Ese porcentaje se derrumbó bajó con la dictadura, para recuperarse un poco luego del retorno de la democracia, pero sin alcanzar el promedio de participación que el trabajo recibía antes de 1976, ubicándose en la década de 1990 en torno al 40%. La crisis de 2001 volvió a hacer retroceder la porción correspondiente al trabajo en el producto total, tocando fondo al comenzar 2003, cuando cayó al 34%. (3)

Por lo tanto, para llegar al 50%, en un país como Argentina (y en general en América Latina), en un plazo digamos de 15 años, con una tasa de crecimiento promedio del 8% y una desocupación del 8%, se necesita aproximadamente un aumento del salario real del 7% anual. Sin esto no hay verdadera redistribución de la riqueza y por lo tanto el crecimiento no va a la gente, sino a la clase alta. Pero esto también implica importantes presiones inflacionarias.

Por lo tanto, ya de por sí, un país que decida crecer a una alta tasa (por ejemplo 8% anual) durante un período prolongado (digamos 20 años), y con eso bajar la desocupación casi a cero, eliminar la pobreza y el hambre y llevar la retribución del trabajo al 50% (el otro 50% a los inversores y autónomos), necesariamente tendrá considerable presiones inflacionarias, con las que tendrá que convivir durante dos o tres décadas.

Inflación y resistencia a la redistribución de la riqueza (puja distributiva)

A esas tendencias inflacionarias se suma la resistencia de las clases altas a que el trabajo aumente su participación proporcional en la riqueza, aún cuando en términos absolutos su propia riqueza aumente. En estos casos, las clases altas (la derecha) suelen utilizar la inflación como "arma". Para eso la clase alta cuenta con dos herramientas decisivas: poder de mercado y poder mediático.

Con respecto a la primer herramienta, el poder de mercado, la clase alta en los países latinoamericanos cuenta con un enorme poder de mercado, debido a la concentración empresaria, mucho mayor que la que tienen sus pares de los países desarrollados. De este modo, la clase alta puede elevar -a veces a su antojo- los precios y de ese modo mantener (o aumentar) la porción de la riqueza del país de la que se apropia. En Argentina eso ha sido típico. Apoyando esta afirmación, el Grupo Fénix ha explicado en 2007 que:

"A nuestro juicio, la inflación ha sido la forma con que la Argentina históricamente procesó los conflictos distributivos. Si bien una explicación exhaustiva excede el espacio de este texto, podemos señalar lo siguiente: una economía con un elevado grado de oligopolización y baja eficiencia de sus mercados claves -como es el caso de nuestro país- puede dar lugar a conductas que se traducen en ajustes ascendentes de precios; estos comportamientos pueden ser replicados por la generalidad de los agentes económicos, a través de la difusión de expectativas, las que pueden afectar también la negociación salarial entre trabajadores sindicalizados y sector empresario". (4)

Es que el bajo desarrollo de los mercados locales, muy poco atomizados, permite que al estar concentrado en pocas manos, se preste a la cartelización y a la manipulación de precios por parte de los oferentes. En este aspecto resulta de gran importancia la legislación orientada a combatir monopolios y oligopolios. Esta situación, es muy propia de los países subdesarrollados, no solo en los mercados de bienes, si no en los mercados de capitales, racionando el crédito o encareciéndolo, lo que dificulta aún más la inversión.

Con respecto a la segunda herramienta, el poder mediático, la clase alta, en los países latinoamericanos, controla los medios de comunicación y, a través de ellos, puede generar expectativas inflacionarias y de este modo, aumentar considerablemente la tasa de inflación. Es que las expectativas inflacionarias, forman parte de lo que la ciencia económica llama expectativas adaptativas (5), pueden generar una alta inflación por sí mismas, sin que haya ninguna otra razón para ello. Esto se sabe bien en Argentina, a tal punto que el gobierno de Alfonsín impuso el desagio en los contratos, porque "adelantaban" la inflación, y Cavallo, en sentido similar, prohibió indexar los contratos. De este modo, las expectativas inflacionarias de "la gente" retroalimentan la inflación, como si le echaran nafta al fuego.

Actualmente, la decisión de "los medios" argentinos de impulsar la inflación estimulando las expectativas inflacionarias en la población, es descarada. De manera similar a la forma que se informaba diariamente el riesgo país previo a la Crisis de 2001 (y luego nunca más), los medios han comenzado a informar diariamente el aumento de precios seleccionados, para instalar la percepción de que la inflación está en el orden del 20% mensual, y no del 20% anual, como se encuentra realmente. Hoy cualquier persona "de la calle", cualquier trabajador sin demasiada información, cualquier ama de casa normal, piensa que el INDEC miente y la inflación es un 20% mensual (es decir un 240% anual). Incluso un ex presidente como Carlos Menem, "se confundió" el otro día, en el programa de Mauro Viale, y dijo que la inflación era del 20%, retándolo a Mauro Viale como si fuera un retardado, cuando éste intentó corregirlo para decirle que esa inflación era la tasa anual. Una intención parecida desnudó el periodista del Grupo Clarín Marcelo Bonelli, cuando en el noticiero del mediodía de Canal 13, al pronosticar el clima, se "le escapó" lo que en realidad estaba pensando y dijo: "la inflación de hoy es...".

Como ejemplo de la inflación mediática, es muy revelador darse cuenta como un título periodístico de Clarín, en su diario de la mañana, fue cambiando en unas pocas horas. El título empezó diciendo:

"LA SUMA DE ALIMENTOS CASI TRIPLICA A LA DEL INDEC"

Poco después, a media mañana, en TN (misma empresa de medios), le habían sacado el "casi", quedando el título así:

"ALIMENTOS: LA INFLACIÓN TRIPLICA AL INDEC"

Al medio día, nuevamente en TN, vuelven a "tocar" el título y ahora le sacan la palabra "alimentos", quedando así:

"LA INFLACIÓN TRIPLICA AL INDEC".

Este tipo de manipulación de la información no es fruto de un error y es obvio que tiene como objetivo inmediato aumentar la inflación por vía de impulsar las expetativas inflacionarias de la población.

Una pregunta crucial: ¿a costa de quienes?

En síntesis, la economía Argentina de hoy transcurre en medio de varias causas que impulsan la inflación. Pero lo que en general no se dice es que para "los dos bandos" (ortodoxos versus heterodoxos) existen las "causas buenas" y las "causas malas" de la inflación. De lo que se trata en suma es de elegir cuáles son las buenas y cuáles las malas.

De manera algo esquemática puede decirse que la situación inflacionaria en Argentina está impulsada por una suma de causas, a saber:

Inflación básica (aprox. 6%)
+ mayor crecimiento que inversión
+ gasto público
+ resistencia a la redistribución del ingreso
+ aumento desproporcionado de precios estratégicos (carne)
+ promoción de expectativas por los medios
+ inflación mundial

Para poder identificar los intereses que "cuidan" las distintas propuestas económicas que proponen bajar la inflación, es importante identificar cuáles son las causas que "tocan" y cuáles no.

Una política orientada a preservar el estatus qúo económico, se orientará a retrasar el crecimiento de los salarios reales, a reducir el gasto público y a frenar el crecimiento ("enfriar la economía"). Estas "políticas antiinflacionarias", de contenido abiertamente impopular, son clásicas desde que Álvaro Alsogaray las aplicara en Argentina por primera vez en 1959, con su famosa frase "hay que pasar el invierno", durante el gobierno de Frondizi. La derecha suele denominarlas "ajustes".

En sentido contrario, una política orientada a preservar los niveles sociales alcanzados (reducción de la pobreza, aumento del salario real, redistribución del ingreso) se orientará más a debilitar (o eliminar) los monopolios y oligopolios, a combatir la generación de expectativas inflacionarias por parte de los medios de comunicación, a promover formas populares de inversión y a reemplazar insumos importados por medio de la producción nacional.

Por otra parte, ambos bandos (ortodoxos y heterodoxos) tienen también una estimación diferente de la cantidad de inflación "buena". Mientras que para los ortodoxos una inflación "buena" está en el orden del 6% anual (aunque luego de la Crisis Global están cambiando aceleradamente estas "pautas inflacionarias"), (6) para los heterodoxos una inflación "buena" puede oscilar en el orden del 15-20%, si se produce en un contexto de alto crecimiento y redistribución del ingreso. Luego de la Crisis Global, también estas "pautas" heterodoxas se están moviendo hacia arriba y hoy ya hay voces que consideran que una inflación del 30% también podría ser "buena", o al menos aceptable. (7)

Conclusiones: inflación extorsiva, inflación "mala" e inflación "buena"

En realidad, en Argentina no hay una inflación, sino tres tipos de inflación:

  • 1) una inflación "buena", asociada con el alto crecimiento y la redistribución del ingreso;
  • 2) una inflación "mala" asociada con una inversión que no crece a la misma velocidad que la producción;
  • 3) una inflación extorsiva, intencional, causada por el poder económico (de mercado y mediático).

Es que la inflación no siempre es mala, cierta inflación es buena o aceptable (la que viene del crecimiento y la redistribución de riqueza). A la par de la inflación "buena", hay una inflación "mala", causada en parte por dificultades para aumentar la inversión a la misma velocidad del crecimiento y en parte por la resistencia del estatus quo a mejorar el ingreso de la población como porcentaje de la riqueza nacional. Esta última inflación es intencional y constituye en realidad una extorsión del poder económico: si no bajan salarios y gasto público, aumentaremos más y más los precios.

¿Qué porcentaje de la inflación puede atribuirse a la extorsión del poder económico? El economista Jorge Gaggero, del Plan Fénix, ha estimado en marzo de 2010, que hasta un 15% de la inflación actual podría atribuirse a la inflación extorsiva. (8)

La inflación extorsiva es política y tiene como fin frenar los aumentos salariales, el gasto público y el alto crecimiento (éste último sin afectar la tasa de ganancia, pero si el crecimiento del empleo y los salarios). Dicho de otro modo, la inflación extorsiva es una acción del poder económico que tiene como fin obligar al poder político a implementar una política antiinflacionaria de ajuste, que llevaría a postergar por décadas la solución de los problemas sociales.

Una de las falacias populistas más exitosas de la derecha es el argumento de que "el gobierno debe bajar la inflación, porque los más perjuidicados por la inflación son los pobres". En esta línea, el economista de derecha Miguel Ángel Broda, le recomendó a los "verdaderos progresistas" reducir el gasto público y frenar los aumentos salariales (Miguel Angel Broda, en Hora Clave, 21-03-2010). En la misma conversación, Mariano Grondona le preguntó retóricamente: "¿se soportan 19 meses sin algún tipo de ajuste?".

El argumento es tramposo, porque omite decir toda la verdad. Obviamente que hay una parte de la inflación, la inflación mala, la que producen las empresas que tienen poder de mercado y los medios capaces de generar expectativas inflacionarias, que daña a la población. Suprimir esas causas de inflación sería realmente una medida "progresista", porque impediría que las clases altas se reapropien de los aumentos de los trabajadores, mediante un mecanismo espurio e ilegítimo. Pero la trampa de estos comunicadores que le piden al gobierno que baje la inflación, es que no se refieren a la inflación "mala" (control de precios, control de costos, defensa del consumidor, Tribunal de Defensa de la Competencia, medidas antitrusts, etc.), sino que le exigen que se rinda a la extorsión inflacionaria del poder económico, bajando salarios y gasto público, es decir devolviéndole a las clases altas la porción de la riqueza que ven amenazada. A cambio de eso, los extorsionadores ofrecen dejar de aumentar la inflación. Se trata, literalmente de un mensaje mafioso.

Algún tipo de pacto social o acuerdo de precios y salarios, si es genuino, podría ser útil para desmontar la inflación extorsiva. De todos modos, no habría que ser demasiado ingenuos y hay que reconocer que el grado de oposición de una gran parte del estatus qúo al ritmo de aumento salarial y paritarias anuales, y al nivel del gasto público e intervención del Estado, hará poco probable que la inflación extorsiva ceda.

Ello no significa dejar de buscar mecanismos socialmente justos para reducir la inflación, como es por ejemplo aumentar la inversión productiva (la política de desendeudamiento con las reservas se orienta en esa dirección) o que el Estado intervenga activamente para corregir las "fallas" de mercado.

A mediano plazo, hay que impulsar todas las políticas relacionadas con desconcentrar los mercados: procedimientos antimonopólicos, promoción del sector cooperativo, impulso a las pymes, democratización de los medios de comunicación, etc.. El Estado debe monitorear más activamente los mercados y aplicar políticas activas si es necesario. El espacio de las actividades de renta se reduce aumentando el espacio de las actividades de inversión productiva social y ambientalmente responsables.

Pero, nuevamente, nada de ello debiera llevar a ser ingenuos. En las condiciones de alta desigualdad social y concentración de los mercados que caracteriza a la Argentina y toda América Latina, la amenaza de la inflación extorsiva por parte del poder económico, para evitar que se configure un sistema con desigualdad social moderada, es casi seguro. Esta resistencia del estatus quo a permitir un aumento considerable de la población en la riqueza, genera y seguirá generando incertidumbre y ello a su vez seguirá dificultando la inversión. Este daño es una parte del conflicto socioeconómico en marcha.

Por lo tanto habría que esperar, siendo realista, que cada vez que exista un proceso en serio y firme de redistribución de la riqueza, habrá inflación, porque los grupos económicos que se oponen a esa redistribución, recurrirán a la inflación extorsiva para frenarlo. Y si esto es así, la única manera de fondo de reducir estructuralmente la inflación es ir reduciendo, en el mediano plazo, el poder de mercado de los grandes grupos y el espacio de las actividades de renta.

Esto probablemente implique convivir con una inflación más alta que la deseable durante cierto tiempo, como consecuencia del pataleo de ese sector social principesco, con raíces en la colonia, que está entronizado en el corazón del capitalismo de renta latinoamericano y que, quizás por primera vez en la historia, se siente cerca de desaparecer del subcontinente.

Notas:

(1) Burbridge, Martín (2007). "La clave está en la inversión. La Argentina podría alcanzar el PBI per cápita de EEUU en 25 años", Infobae.

(2) Consultora Equis (2006). "Estudio sobre distribución funcional del ingreso, brecha y coeficiente de Gini. Evolución año 1993-2ª semestre 2006".

(3) Consultora Equis (2006). "Estudio sobre distribución funcional del ingreso, brecha y coeficiente de Gini. Evolución año 1993-2ª semestre 2006".

(4) Plan Fénix (2007). "El debate sobre la inflación. ¿Reducir o sostener el crecimiento?"

(5) Fernández, Roque (2009), "Expectativas Adaptativas versus Expectativas Racionales en la Determinación de la Inflación y el Empleo", Universia.

(6) Hofstetter, Marc (2010). "Más inflación, por favor", diario La República, Colombia.

(7) Hofstetter, Marc (2010). "Más inflación, por favor", diario La República, Colombia.

(8) Gaggero, Jorge (17-03-2010). Declaraciones en A Dos Voces, TN,