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Julio Godio: emblema latinoamericano del mundo del trabajo

Por Alberto José "Pepe" Robles

Artículos de Alberto José "Pepe" Robles editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 23/05/11.- El 21 de mayo de 2011 murió Julio Godio. Su vida y su obra tienen algo en común, la coherencia aplastante de haber permanecido contra viento y marea en el bando de los trabajadores de su país y del mundo. Como todas las personas hubo varios Julios, algunos más conocidos, otro no tanto.

Julio: investigador militante. La obra de Julio es inmensa, sorprendentemente inmensa. Muchos de sus libros son clásicos, en la Argentina y en América Latina. Pero Julio jamás investigó para la academia. Comenzó como líder estudiantil presidiendo la Federación Universitaria de La Plata y continuó vinculándose orgánicamente con los sindicatos hasta el día de su muerte. La suya es una investigación para la militancia, para el activismo sindical, una investigación comprometida con la lucha y orientada a la lucha. Es que Julio no podía dejar de pensar en la lucha. Estaba pensando siempre en qué era lo qué había de nuevo, qué cosas se habían modificado, cómo podían perjudicar a los trabajadores, cómo podían los trabajadores responder y utilizarlas para mejorar. Siempre pensando sin dogmas ni esquemas. Siempre al lado de las mayorías. Como otros luchadores latinamericanos, pagó con el exilio su posición, cuando era inminente su asesinato. Y adhirió como un militante más al proceso político iniciado con la presidencia de Néstor Kirchner y seguido por Cristina Kirchner y fue parte del mismo, desde el primer momento hasta su último día. Nos deja una obra extensísima, que tuvo su inicio en su emblemática La Semana Trágica, alcanzó resonancia continental con su incomparable Historia del Movimiento Obrero Latinoamericano e hizo cumbre en su indispensable Historia del Movimiernto Obrero Argentino 1878-2000. En los últimos años Julio no dejó de investigar para abrir senderos que nos permitieran responderle al neoliberalismo y abrir experiencias alternativas: El mundo en que vivimos, Los trabajadores, el Mercosur y el Alca y su última obra, resultado de sus más profundas reflexiones frente a los desafíos del siglo XXI, publicada con su último aliento, El futuro de una ilusión: socialismo y mercado.

Julio: inventor del sindicalismo sociopolítico. Julio jugó un papel crucial en la recuperación del papel del sindicalismo en América Latina, una vez derrotadas las dictaduras que arrasaron el continente en la segunda mitad del siglo XX. Desde su puesto en la Oficina de los Trabajadores de la OIT, Julio colaboró para recuperar la ORIT, con el Negro Anderson a la cabeza, orientando la acción sindical hacia una práctica sociopolítica, en sintonía con las mejores tradiciones de la historia del movimiento obrero latinoamericano. Ese moderno sindicalismo sociopolítico, del cual Julio fue el padre, es el que ha emergido en toda Sudamérica en esta primera década del siglo XXI, llegando incluso a aportar dos presidentes: Lula y Evo Morales, y que la he dado la fuerte impronta laboralista que tienen los nuevos gobiernos sudamericanos. Con esas herramientas en la mano, Julio alentó a los sindicatos a organizarse para actuar en el Mercosur, creado en 1991, cuando pocos entendían la importancia de que el trabajo se organizara subregional, retgional y globalmente. Fue uno de los primeros en entender que el Mercosur era una herramienta sumanente útil para los trabajadores, en la globalización y frente al ALCA. Desde ese mangrullo, Julio fue uno de los constructores silenciosos de ese Mercosur sociolaboral que logró parar el ALCA en la Cumbre de las Américas de 2005 y luego confluir hacia la Unasur.

Julio y el Instituto del Mundo del Trabajo. Julio era el Instituto del Mundo del Trabajo. En el IMT confluyó una nueva manera de ver el papel del trabajo y del sindicalismo, luego de que se desatara la globalización. Desde el IMT, Julio anticipó a su manera los avances populares en la Sudamérica de la primera década del siglo XXI. Julio fundó el IMT para decir que no había que tener miedo, y mucho menos deseperanza, ante la globalización. Que lo que la globalización estaba haciendo era obligar a los trabajadores a redoblar la apuesta. Que había que globalizar la acción sindical. De su mano, el sindicalismo sudamericano se mercosurizó, se sudamericanizó y se latinoamericanizó.

Julio: militante y compañero. Pero por sobre todas las cosas Julio fue un militante, un compañero. Nunca aceptó una posición cómoda. Le incomodaba la comodidad. Iba contra su propia naturaleza. Murió militando: en el Ministerio de Trabajo, en los sindictos, en las unidades básicas, los centros populares, los actos políticos, las cooperativas, las fábricas tomadas. Julio viajaba adonde le dijeran. Era plenamente conciente que el pueblo trabajadores no estaba solo en Buenos Aires, y mucho menos en el centro de la Capital Federal y que había que llegar hasta el último pueblo, para encontrarse con los militantes, con los compañeros y compañeras.

Julio: el amigo. Y Julio finalmente fue más que mi padre, fue mi amigo.