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Los eternos ciegos

"Pues aún cuando todo ser humano tiene en su conciencia la fuente inmediata de la justicia y de las otras virtudes naturales, en los adultos se suele cegar o enturbiar esa fuente por que se aferran a las posiciones conquistadas en la "guerra de todos contra todos", del mundo de la libre concurrencia económica, en tanto que en los jóvenes , al no estar comprometidos con intereses creados en esa puja selvática, no desvirtúan la mas honda disposición de la naturaleza humana, cual es proceder con amistad y justicia en las realizaciones sociales". ARTURO ENRIQUE SAMPAY
Por Francisco José Pestanha (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 04/01/06.- Quienes durante estos últimos años hemos asumido la tarea de continuar con las formulaciones desarrolladas por aquella corriente del pensamiento nacional que durante el siglo pasado alcanzo su cenit con la producción forjista, hemos constatado hace tiempo la existencia en nuestro país de un bienaventurado proceso emocional e intelectivo vinculado a la revalorización de nuestra existencia y experiencia colectiva. Este auspicioso proceso no resulta propiedad de individuo o grupo en particular, sino que muy por el contrario, forma parte de una convulsión primaria que encuentra su génesis en el sustrato social, y que en principio, comenzó a manifestarse como reacción ante el latrocinio económico y cultural que hemos sufrido durante las últimas décadas.

Dicho proceso, como resulta lógico, encuentra nutrientes diversos y es abordado desde muy diferentes perspectivas, y si bien en su fase inicial se ha caracterizado por la primacía de lo artístico y lo estético, paulatinamente empieza a ser complementado por una nutrida literatura política sobre la cual pesan naturalmente preconceptos ideológicos y determinaciones múltiples provenientes de experiencias y de historias personales.

La innumerable cantidad de textos históricos, filosóficos y políticos que ofertan actualmente las librerías, los incontables congresos, seminarios y talleres, y por sobre todo, los millares de artículos y ensayos que circulan por la red, dan cuenta de un fenómeno que lentamente irá constituyendo un emergente político, social y cultural a partir del intercambio, de la polémica, y la posterior síntesis. Según nuestros especialistas, en esta segunda fase, la historia argentina y la filosofía serán protagonistas principales.

En dicho contexto, la intelectualidad que reside material y simbólicamente en el área portuaria que y que ansía participar (o tal vez conducir) este proceso ha comenzado a organizarse a partir de diferentes nucleamientos. Lamentablemente resulta notorio desde el vamos, que gran parte de sus componentes se encuentran aún prisioneros de los mismos mecanismos que tan genialmente describiera don ARTURO JAURTECHE, y que otrora, llevaron a muchos de sus integrantes a militar conciente o inconscientemente en el campo anti - nacional.

A modo de ejemplo, voy a relatar brevemente lo acontecido en uno de tantos eventos fundacionales, donde un grupo de intelectuales principalmente porteños, bajo el pretexto de la conmemoración del próximo bicentenario, asumió el desafío público de encarar una tarea intelectiva de reconstrucción político - cultural, apelando entre otras herramientas, a un particular versión revisionista.

Según sus voceros la crisis del 2001, marcó un punto de inflexión en nuestra historia, y determinó un profundo replanteo en nuestras prácticas y nuestras convicciones. Una parte importante de sus componentes, encuentra en el kirchenrismo la punta de lanza de una conmoción que -reconocen- se extiende por toda Sudamérica a partir de la manifiesta reacción contra el neoliberalismo imperante en las décadas anteriores. No lo declaran expresamente, pero apuestan a una especie de superación del peronismo desde una cosmovisión democrática, plural y antiimperialista, donde entre otros MARIANO MORENO, JUAN JOSÉ CASTELLI y por sobre todo MANUEL BELGRANO aparecen como prototipos fundacionales.

Esta asociación de eruditos esta integrada principalmente por componentes ungidos durante estos últimos años como exponentes del "pensamiento critico" - algunos de los cuales - aunque discrepe tangencialmente con sus cosmovisión - merecen el más profundo de mis respetos por su empeño y honestidad.

Puesto a analizar el exiguo material discursivo que pude recoger en aquella jornada, debo expresar en primera instancia que encuentro en él ausencias mas que significativas que no sólo me llevan a poner en duda la claridad de sus interpretaciones, sino también el éxito potencial de su convocatoria.

En ese sentido cabe señalar que la idea de movimiento nacional acuñada por el nacionalismo popular durante el siglo pasado no aparece en ninguna de sus alocuciones. La idea movimientista, tan original en nuestras formulaciones políticas, tan presente (aunque no en forma explícita) en el federalismo y en el yrigoyenismo, y tan manifiesta en el Forjismo y en el peronismo, ni asoma en los discursos - y en apariencia - pretende ser reemplazada por una idea de pluralidad vinculada a la matriz de la diversidad tan característica del pensamiento autodenominado "progresista". Dicha idea, que fuera magníficamente superada a mediados de la década del `40 por la de "multigenidad" (acuñada por RAÚL SCALABRINI ORTIZ), pretende a mi criterio sustituir a una entidad que ha cobrado vida propia en nuestra experiencia política concreta y que ha sido protagonista casi exclusiva en nuestras diferentes etapas liberadoras.

Se enuncia así y se pre - anuncia desde esas tribunas un futuro erigido a partir de las potencialidades cohesivas de un pluralismo renovado y expresado a partir de nuevas organizaciones, retomando en ese sentido, ideales nítidamente liberales que de hecho ya han sido incorporadas al texto constitucional reformado en 1994.

Por su parte, el recurso a cierto revisionismo lavado tiene como objetivo "superar" las ya manifiestas e insostenibles deficiencias del relato Mitrista. En ese sentido, la auspiciosa denuncia del relato falsificado y la tentativa de desbroncificar a determinados próceres, comienza a desnaturalizarse inmediatamente cuando se trata de presentar a nuestra Nación como el producto de una aventura libertaria encarada por protagonistas empapados en un ideario liberal romántico, y adquiere ciertos rasgos de patetismo, cuando se aplican al análisis histórico categorías propias de la post - modernidad a fenómenos que ellos mismos ubican en el período de la modernidad. Este ultimo mecanismo resulta a ciertas luces inaceptable ya que constituye un instrumento colonial derivado de la zoncera madre "civilización o Barbarie".

En apariencia, se propone un entonces un nuevo mito fundacional basado -casi exclusivamente- en el pensamiento y la acción de las elites liberales y progresistas concentradas en el puerto, y donde la tríada nombrada precedentemente es protagonista fundamental.

Sin entrar en consideraciones respecto a la obra de los protagonistas enunciados ni a sus convicciones, y en su caso, de sus divergencias, lo cierto es que el relato propuesto omite (como su símil mitrista) significativas y determinantes realidades existentes en la etapa independentista que planteaban cosmovisiones absolutamente contrapuestas a la visión porteña.

Así, el emergente cultural, social y político del mal llamado interior país, aparece nuevamente minusvalidado, y desideologizado, solo idealizado a partir del heroísmo de algunos caudillos. Debe tenerse en cuenta, aunque cueste tener que repetirlo, que idealismo liberal de las jóvenes generaciones porteñas no era mayoritario, y que los sucesos posteriores a 1810 dieron cuenta de la existencia (que aun pervive) de proyectos contrapuestos. Vale recordar por ejemplo que la consigna principal de Facundo Quiroga era " Religión o Muerte".

Pero mas grave resulta que el mito fundacional de los " bicentenarios" no aspira a extenderse ni a los períodos prehispánicos ni hispánicos. Se insiste, entre otras, con la tesis de la barbarie prehispánica, de lo decadente del pensamiento hispánico, con el mito del buen salvaje, con la leyenda negra, omitiéndose así nuevamente procesos sociológicos sustanciales. Se concibe el surgimiento de la nación como un episodio mas que como un proceso, como un producto volitivo y no como un transcurso estructural. En definitiva, se insiste en presentar al origen de la argentinidad como una epopeya eminentemente portuaria y saludablemente republicana en lo que a ideas atañe.

La apelación al bicentenario aparece por su parte como un recurso arbitrario e inconsistente desde dos aspectos. El primero, por que insiste en la trillada idea de una nación joven concebida desde el racionalismo liberal - republicano eternamente deudor de la iluminación del viejo continente. El segundo, por que al igual que su símil del centenario, deja nítidamente afuera dos elementos sustanciales y constitutivos: lo prehispánico y lo hispánico.

Mas allá de estas breves y constructivas licencias, cabe por ultimo hacer breve reflexión respecto a la estética misma que rodeó la presentación en sociedad de este grupo. En ese sentido, el acto fundacional (o pre - fundacional) apareció nítidamente teñido de ese narcisismo intelectivo que con tanta virulencia atacara HERNÁNDEZ ARREGUI.

ARREGUÍ nos enseñaba que un pensador nacional debe aspirar al anonimato, en el sentido que su aporte debe aspirar a incorporarse innominadamente a la construcción colectiva en clara contrapuesta al vanidad intelectual que reina en las academias.

Que quede claro, el resurgimiento de una alternativa epistemológica liberadora no puede ni debe tener dueños. No puede estar sujeto a la dinámica individualista del mercadeo intelectivo. El pensamiento nacional enseñaba HERNÁNDEZ ARREGUI no admite "mandarines del saber". El boato y la exaltación de las dotes individuales de los componentes no puede constituir la base de un pensamiento liberador.

El pensamiento nacional tiene orígenes inmemoriales, pero durante el siglo pasado adquiere un desarrollo significativo. Tal es así que construyó el cauce para que el movimiento político - social más trascendental de la Argentina del siglo pasado desarrollara su misión liberadora. Gran parte de sus integrantes fueron acusados de , pre modernos, derechistas, izquierdistas, nazis, falangistas, filofacistas, filocomunistas y otra caterva de improperios, inclusive por parte de algunos intelectuales que luego se acercaron tímidamente a esta corriente de pensamiento.

Como sostuve en un ensayo anterior las transiciones no admiten medias tintas. La reconstrucción no tolera conductas temerosas, ni sectarias, ni pusilánimes. El nacionalismo argentino no es propiedad de iluminados ni de especuladores, sino expresión de un pueblo que busca - por diferentes alternativas - su autodeterminación, y que requiere, de sus pensadores tres virtudes substanciales; compromiso nacional, sacrificio y grandeza.

El pensamiento nacional es compromiso liberador, es primordialmente integrativo y rechaza vehementemente (por el propio peso de la experiencia intelectiva), cualquier tentativa que aspire a desechar total o parcialmente componentes significativos de muestra sustancia social y cultural.

(*) Director de Pensamiento Nacional. Web
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