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Los sugestivos hallazgos de Mister DÍAZ

"Es muy fácil a través del nacionalismo hacer comprender a Yrigoyen y comprendido Yrigoyen, todo nacionalismo deviene radical. Por el proceso inverso, a un hombre lleno de inquietud social, es fácil ver que el problema previo a la distribución justa de los bienes es que seamos dueños de ellos, de manera que la primera pelea no tiene que ser entre nosotros sino con quien los llevará, así toda demanda de justicia social se identifica con el nacionalismo y no hay posible concepción nacionalista en un país colonial que no lleve implícita la demanda de justicia social" ARTURO JAURETCHE
Por Francisco José Pestanha (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 14/02/06.- El auspicioso resurgimiento de una corriente de reflexión que ahondando en nuestro pasado, en nuestras tradiciones y en nuestra idiosincrasia, pretende reinstalar un nítido sentido nacional en el pensamiento argentino, ha empezado a generar reacciones de diversa índole. Como era previsible, se ha reiniciado en los diversos medios de comunicación el sermoneo de un abanico de predicadores que abarca desde los sempiternos voceros del liberalismo decimonónico, hasta los modernos "setentistas" que habiendo desempolvado los ajados libros de su juventud, intentan ensayar un neo - progresismo sustentado en zonceras harto conocidas. Dichos sectores coinciden en denunciar con firmeza el renacimiento en el país de un nacionalismo al que desdeñan, y vaticinan funestas consecuencias en caso de que tal corriente cobre nuevo vigor.

Tal, el caso de un artículo publicado recientemente en el periódico La Nación que fuera titulado "Bienvenidos a la moda del neo-nacionalismo", y cuya autoría corresponde a JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ.

El libelo de referencia tiene como principal objetivo ilustrar al eventual lector sobre la hipotética influencia ideológica que sobre el discurso y las acciones de NÉSTOR Y CRISTINA KIRCHNER, mantendría nuestro recordado maestro ARTURO JAURETCHE, influencia que se manifestaría -entre otros matices- en aspectos tales como las subvenciones que el gobierno está otorgando a la industria nacional, en la recreación de la economía mixta, en la creación de empresas públicas como LAFSA y ENARSA, en la desconfianza frente a las multinacionales y en la apuesta a la integración latinoamericana a partir del distanciamiento de la política exterior de los Estados Unidos. FERNÁNDEZ DÍAZ nos advierte de esta forma sobre el carácter de "Nacionalismo Social" que emerge del actual gobierno, en contraposición a un menemismo que, según sus propias palabras, "... significó apenas un desvío ideológico.."

El autor define a JAURTETCHE como un Yrigoyenista que según su propia confesión se subió "al caballo por la derecha y se bajó por la izquierda", que adscribió al revisionismo histórico, que exaltó a los caudillos federales, que le declaró la guerra dialéctica al liberalismo y apoyó al Peronismo del 45, y que junto a JOSÉ MARÍA ROSA y el ex trotskista JORGE ABELARDO RAMOS, se propusieron rescribir la "historia liberal" y acompañar al movimiento justicialista resignificándolo. Concluye colocando a JAURTETCHE como uno fundadores de la "izquierda nacional", matriz ideológica sobre la cual se habría modelado el matrimonio presidencial.

En su labor esclarecedora, FERNÁNDEZ DÍAZ llama la atención sobre un equívoco que emanaría de ciertos cenáculos europeos y define como enmarcadas en una "nueva izquierda" latinoamericana las experiencias de CHÁVEZ en Venezuela, MORALES en Bolivia y HUMALA en Perú, sin dejar de hacer breve referencia de los resabios nacionalistas existentes en las estructuras políticas que gobiernan actualmente Chile, Brasil y Uruguay. Para él, dichas experiencias tienen un encuadramiento que no encaja en la geometría política del viejo continente.

Sin perjuicio de los errores y de las inexactitudes conceptuales en las que incurre nuestro estimado DÍAZ (algunas de las cuales ameritarían que Don ARTURO se levantara de la tumba para propinarle uno de sus conocidos estiletazos) y del infamante apotegma que presupone asignar al nacionalismo el carácter de "moda", debo reconocer que FERNÁNDEZ DÍAZ se arriesga a enunciar una "verdad" pocas veces reconocida por sus cofrades, cuando enuncia a todas voces que "... la batalla latinoamericana como en los siglos XIX y XX, no se desarrolla entre centroderechistas y socialdemócratas ni entre capitalistas y marxistas. La batalla se libra, una vez más, entre nacionalistas y liberales..." :Me refiero a la dicotomía esencial existente entre nacionalismo y liberalismo.

Tal batalla se enmarca (DÍAZ DIXIT) en una fase histórica donde luego de casi quince años de política neoliberal, "...parece haber llegado la hora del neo -nacionalismo latinoamericano.." y donde la moda nacionalista, "... surge, en realidad, de una paradoja: la globalización iba a terminar con el anacronismo nacional, pero lo que hizo fue potenciarlo moda. Frente al intento de unificar una cultura planetaria, despertó conciencias nacionales en rebeldía por todo el mundo...". ¡Magna revelación Mister Díaz!

Pero como si este hallazgo fuera baladí, nuestro autor se anima a sostener que la "moda neonacionalista" emana de una rebeldía generada por "...agridulces frutos del Consenso de Washington..." y de la política errática de los Estados Unidos que en principio acompañò "...a sus mejores alumnos y los abandonó luego..." , y continua: "... Seamos justos: la mayoría de los alumnos no tenía verdadera vocación por lo que hacía, y muchos de ellos sobreactuaron esa política y en lugar de practicar el liberalismo cedieron a la tentación del populismo liberal, una deformación destinada siempre a la derrota...".

DÍAZ concluye su relato sosteniendo que el "...Nacionalismo fracasó en el pasado por su mirada dirigista, endogámica, provinciana y prejuiciosa y que el desafío de hoy sería demostrar que puede ser económicamente eficiente..." y remata: "... Los peligros son grandes: no comprender una vez más las corrientes del mercado, generar demagogias y clientelismos, espantar las inversiones extranjeras y caer en chauvinismos baratos que, también por paradoja, llenen de tensión a América latina por problemas limítrofes y otros excesos de la soberanía...".

Mi estimado Mister Díaz:

La dicotomía que Ud. tan doctamente ha denunciado en su artículo del domingo próximo pasado, no es otra que la que ha sido objeto de innumerables obras de nuestros pensadores durante todo el siglo XX. Solo por enunciar algunos, le aconsejo que sobre estas cuestiones de "modas nacionalistas" tome contacto con las obras de los autores por Ud. ya mencionados o las de SCALABRINI ORTIZ, IRAZUSTA, HERNÁNDEZ ARREGUI, DOLL, CASTELLANI, TABORDA, CHÁVEZ, PALACIO y de tantos otros que abordaron puntillosamente esa contraposición que Ud. intenta plantear como notorio descubrimiento. Allí encontrarà algunas claves teóricas para ilustrarse y algunas respuestas para que reflexione.

En cuanto al carácter de "moda" que Ud. asigna al nacionalismo, le ruego ponga esmero en aceitar los mecanismos de la coherencia, ya que si afirma tan tajantemente que la batalla latinoamericana "como en los siglos XIX y XX una vez más, es entre nacionalistas y liberales", estaría asignando al liberalismo el mismo carácter de moda que atribuye al nacionalismo, o lo que es mas grave aún, reduciendo la dinámica histórica de nuestra región a una simple batalla entre modas o lo que es peor, sosteniendo que el "universal", "eficaz" y "prodigo" liberalismo no puede vencer a un provincialismo anacrónico con el que confronta hace dos siglos. Disculpe Mister DÍAZ, pero nuestra historia es algo mas complejo que eso.

En lo que atañe a su afirmación respecto de las consecuencias del consenso de Washington, a los "alumnos abandonados", y a lo que denomina como sobreactuación del liberalismo (populismo liberal), le ruego haga un pequeño esfuerzo en interrogarse seriamente sobre la dinámica que impera las relaciones internacionales. Si Ud. concibe a dichas relaciones como simples vinculaciones dialécticas entre alumnos y maestros, entre formulas universales eficaces y demagogias provincianas inoperantes, le recomendaría una buena experiencia terapéutica. Tal vez, terapia por medio, pueda reconocer consenso de Washington nada tiene de consenso, que la adopción de políticas liberales y neoliberales en los dos últimos siglos por parte de gran un gran numero de gobiernos iberoamericanos, no han sido simples expresiones de voluntad. Que existieron y existen presiones, recomendaciones, advertencias, contubernios y por supuesto, cipayos. Mister DÍAZ, no se preocupe demasiado: en épocas de stress generalizado las remisiones al pensamiento infantil son comunes y suelen expresarse mediante reflexiones teñidas de un alto contenido de ingenuidad.

Respecto a la ineficacia económica que Ud. asigna a las experiencias nacionalistas sepa disculparme si le planteo un interrogante: ¿ Podría explicarme Ud. cuàl es su criterio sobre la eficacia económica? ¿Podría además enunciarme cuales son los parámetros que Ud. utiliza para medirla?.

Dudo que obtenga respuesta, pero tal vez se anime a contestarme con cifras vinculadas a los archí conocidos índices e indicadores de PBI, de ingreso per - capita, de endeudamiento externo e interno, de gasto publico, de estado de las reservas, de estado de la balanza comercial, de "riesgo país" y tantos otros a los que suelen recurrir los econócratas de turno para medir el estado de la economía e interpretar el bienestar. Sabe usted Mister DÍAZ ?: Muchos argentinos hemos aprendido, gracias a economistas comprometidos con el liberalismo, a desconfiar de dichos índices y llegamos a la conclusión que gran parte de ellos han sido utilizados para representar intenciones, intereses y expectativas de financistas, lobbystas y especuladores. Los nacionalistas somos mas simples, nos quedamos con uno que Ud. seguro desdeñará: la distribución efectiva del ingreso y la propiedad de los recursos estratégicos.

No obstante ello podría explicarme, Mister DÍAZ, Cuál fue experiencia eficaz del Liberalismo vernáculo?. Eso sí , le pido por favor: no repita la cantinela del progreso de la belle epoque de la oligarquía entre 1860 y principios del siglo pasado, salvo que Ud. crea que la economía de un país se mide por el estado de las arcas de su aristocracia. Quizás para esquivar el bulto, podrá Ud. insistir con esa perorata que sostiene que en la Argentina todavía no existió una experiencia liberal auténtica, y que en realidad sólo atravesamos algunos períodos populismo liberal. Eso, Mister DÍAZ, me recuerda a aquellos marxistas que añoran hace décadas una revolución ideal que nunca acontece, pero que les permite confortarse espiritualmente. Para finalizar, recuerde que los nacionalistas no hemos podido consolidar nuestras experiencias económicas, ya que las mismas fueron sistemáticamente mancilladas, entre otros, por aquellos mismos que enuncian y pregonan los principios de la libertad.

Un último favor Mister DÍAZ, le ruego encarecidamente que utilice el medio masivo al que tiene acceso privilegiado para precisarnos de una vez por todas, y en forma clara y concisa, de dónde surgen, cómo se manifiestan y cómo funcionan concretamente aquellas "corrientes de mercado" a las que usted asigna propiedades indispensables para satisfacer la necesidades integrales de los seres humanos de carne y hueso, y cualidades innatas para que una economía sea eficiente.

(*) Director de Pensamiento Nacional. Web
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