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CHILE - CLÍO, UN LUGAR PARA LA HISTORIA

La huelga de los 18 peniques (1907)

Se cumplen 100 años de los sucesos de la Escuela Santa Maria.
Por Mario Zolezzi Velásquez (*)
Fecha original de publicación: 14 de agosto de 2007

Rebanadas de Realidad - PiensaChile, Iquique, 02/03/08.- En los primeros días de Diciembre de 1907, los humos de los establecimientos salitreros repartidos a lo largo y ancho de la Pampa de Tarapacá señalaban la marcha normal de la industria del “oro blanco”. Pero esa febril y vital actividad económica bruscamente comenzó a ser perturbada gravemente con motivo del estallido de la huelga en las Oficinas del bravo Cantón de Alto San Antonio, la que se extendió a otros distritos de la Pampa. Era un nuevo y poderoso frente huelguístico que se abrió en la combatida provincia de Tarapacá, que se sumó al frente abierto en la costa por los paros obreros en Iquique. La gran movilización de protesta de los trabajadores pampinos, llamada “La huelga de los 18 peniques”, terminó sangrientamente en la matanza de la Escuela “Domingo Santa María” el 21 de diciembre de 1907.

En 1904 llegó a Tarapacá la Comisión Consultiva de las provincias de Tarapacá y Antofagasta, presidida por el Ministro del Interior, Rafael Errázuriz Urmeneta, con el objeto de conocer de cerca los problemas de la clase obrera y recibir sus planteamientos. La comisión en su informe al Supremo Gobierno señala claramente: “no debe pasar inadvertido que nos encontramos en frente de un malestar efectivo que se refleja de manera ostensible en las relaciones en los empresarios y de los asalariados, y que ese malestar ha de proyectar consecuencias sociales y políticas de carácter peligroso si no se adoptan medidas eficaces e inmediatas”.

Por desgracia esa advertencia de la referida Comisión no tuvo la acogida que correspondía del Gobierno del Presidente de Germán Riesco ni del Congreso Nacional. En Chile imperaba el desprestigiado régimen parlamentario establecido después de la cruenta guerra civil de 1891. Los problemas que aquejaban a los trabajadores del Norte salitrero no interesaban mayormente a la clase dirigente de Santiago, demasiado ocupada en la lucha por la defensa de sus intereses personales y partidistas. No había voluntad política para las reformas sociales que el país necesitaba.

Continuaron las huelgas en Tarapacá en pro de mejores salarios. En la Pampa éstas se manifestaban en forma aisladas. En cambio en la costa estallaron importantes paros en Iquique y Pisagua, iniciados por los lancheros y cargadores de las casas embarcadoras de salitre y desembarque de carbón. Estos gremios eran los más combatidos de la clase obrera tarapaqueña. Sus labores eran vitales. Cualquier paro de estos gremios traían graves perturbaciones en las actividades de la bahía de Iquique, con el consiguiente impacto en la exportación del “oro blanco”, lo que significaba un perjuicio muy sensible para las rentas fiscales.

El Gobierno aliancista del Presidente Pedro Montt, cuya victoria electoral (1906) fue bien recibida por la clase obrera de Tarapacá, fue incapaz de detener la constante depreciación del papel moneda por efecto de la inestabilidad del tipo de cambio, que originaba el alza de los precios de los artículos de primera necesidad. Se señalaba que la solución de ese grave problema era la Conversión Metálica, es decir el regreso al régimen del patrón de oro, pero debió ser postergada una vez más su realización. Por lo que siguió rigiendo el cuestionado régimen del papel moneda. Las nuevas y cuantiosas emisiones de papel moneda por el Gobierno de Montt fueron deteriorando la situación cambiando hasta un nivel nunca antes visto.

El 10 de diciembre de 1907, las actividades de agitación en la Pampa lograron la paralización de las faenas de la oficina “San Lorenzo”, desde la cual se extendieron a los otros centros salitreros del Cantón de Alto San Antonio que también quedaron inactivos. Comenzaba la gran “Huelga de los 18 peniques”.

Los huelguistas de las salitreras de Alto San Antonio marcharon a pié hasta Iquique. Una densa columna de pampinos bajó por los cerros, llevando las banderas de Chile, Perú, Bolivia y Argentina. Cansados después del largo y sacrificado viaje por el desierto los huelguistas quedaron alojados en el recinto del Hipódromo, situado en las afueras de la ciudad.

En la primera columna de Pampinos que llegaba a Iquique con el objeto de exigir a las autoridades que se atendieran debidamente sus planteamientos por parte de los salitreros. Progresivamente arribaron más columnas de pampinos provenientes de otros Cantones que quedaron paralizados al ampliarse el movimiento huelguístico en la región salitrera de Tarapacá. Las nuevas columnas de huelguistas se movilizaron en trenes que tomaron a la Empresa de los F.C. Salitreros.

El Comité de los pampinos presentó su pliego de peticiones a los salitreros, siendo el punto más importante el pago de sus jornales a un tipo de cambio de 18 peniques. Esta petición da el nombre a este formidable movimiento de reivindicación social: “La Huelga de los 18 Peniques”, denominación que lamentablemente ha sido olvidada por los historiadores. Mi padre, que llegó desde Génova a Iquique en 1911, en una oportunidad me recordó este aspecto y desde entonces trato de rescatarlo del olvido.

Las huelgas de los trabajadores de Iquique se generalizaron a tal punto que la ciudad quedó completamente paralizada. Los huelguistas iquiqueños simpatizaban con la causa de los pampinos que en una cantidad impresionante se encontraban en la ciudad a la espera de la respuesta de los salitreros a sus peticiones. Los calicheros se hallaban ahora alojados en la Escuela “Domingo Santa María”. Estos mantuvieron una actitud tranquila y respetuosa, hecho que fue reconocido por la prensa local. El intendente (S) Julio Guzmán García interpuso sus buenos oficios entre ambas partes en conflicto para llegar a un acuerdo satisfactorio, labor que retomó el Intendente titular Carlos Eastman que arribó del sur, acompañado por el General Roberto Silva Renard, Jefe de la Primera División y Comandante General de Armas de Tarapacá.

Mientras se realizaban las infructuosas reuniones en la Intendencia con el objetivo señalado, en la ciudad ya se había reunido una fuerza suficiente del Ejército y de la Armada para emprender una acción militar contra los huelguistas si las circunstancias lo exigían. Los acontecimientos se precipitaron rápidamente.

Los salitreros y los pampinos se mantenían en sus respectivas posiciones. Así no era posible llegar a un arreglo. El Intendente Eastman decretó el Estado de Sitio (20 de Diciembre). Quedaba prohibida la llegada de más huelguistas de la Pampa. Se ordenó que todos los pampinos se concentraran en la Escuela “Domingo Santa María” y la Plaza “Manuel Montt”. Al día siguiente, 21 de Diciembre de 1907, el Intendente decretó que los pampinos debían abandonar la escuela y la plaza y ubicarse en el Club Hípico. El General Silva Renard quedó encargado de hacer cumplir la resolución oficialista.

El Jefe Militar movilizó sus tropas, rodeó la escuela y la plaza, notificó al Comité Pampino del decreto del Intendente; como fracasaron los intentos para que los pampinos dieran cumplimiento a la resolución oficialista, pues insistían en que antes de acatarla debían atenderse sus peticiones, ordenó abrir fuego de fusilería y de ametralladora, con un doloroso número de muertos y heridos.

Los pampinos desalojados violentamente de la escuela y la plaza, quedaron momentáneamente recluidos en el Hipódromo. Fueron embarcados en trenes de regreso a las Oficinas.

Así concluyó dramáticamente la “Huelga de los 18 Peniques”, formidable acontecimiento de la historia social de Tarapacá.

(*) Historiador.

El presente material se edita en Rebanadas por gentileza de Ángel, de la redacción de PiensaChile. / Web