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Arnoldo Martínez Verdugo, constructor del PCM renovado

En la Casa de la Cultura del Bosque (Camino a Santa Teresa esquina Zacatépetl) la Delegación Tlalpan del Gobierno del Distrito Federal organiza el jueves 10 de enero un homenaje a Arnoldo Martínez Verdugo, ex secretario general del Partido Comunista Mexicano. Con este motivo, es posible que las siguientes líneas sean de alguna utilidad.
Por Gerardo Peláez Ramos

Artículos de Gerardo Peláez Ramos editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Distrito Federal, 10/02/13.- DADO QUE EL comunicador y enciclopedista Humberto Musacchio escribió un buen resumen biográfico de Arnoldo Martínez Verdugo, el autor de estas líneas transcribe casi en forma textual partes de las entradas de dos de sus diccionarios. Arnoldo nació en Pericos, municipio de Mocorito, Sinaloa, en 1925. Estudió pintura en La Esmeralda y fue ayudante de Miguel Covarrubias en la ejecución de dos murales del Hotel del Prado. Trabajó en la Papelera San Rafael y fue miembro del comité ejecutivo de la Sección IV del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria del Papel. Ingresó en 1946 al Partido Comunista Mexicano, en el que fue responsable de la Comisión Organizadora de la Juventud Comunista de México (1948-50), miembro del comité regional del DF (1950-54), miembro suplente del Comité Central (1953-), integrante del secretariado del Comité Central (1959-63).

Secretario general del PCM (1963-81). Desde este puesto encabezó la transformación del viejo PCM, stalinista y dogmático, en una organización moderna, en busca de raíces nacionales y una amplia libertad de discusión y crítica. Llevó a su partido al rompimiento con lo que llamó "la ideología de la Revolución mexicana". Fundó y dirigió Oposición (1970-72). Fue diputado plurinominal y coordinador del Grupo Parlamentario Comunista-Coalición de Izquierda (1979-82).

Cofundador y miembro de la dirección del Partido Socialista Unificado de México (1981-87), del que fue candidato a la Presidencia de la República (1981-82), diputado federal y líder de su fracción parlamentaria (1986-88). Director del Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista (1982-). En 1985 fue secuestrado por supuestos militantes del Partido de los Pobres y quedó en libertad luego de que su partido pagó un rescate. Cofundador y miembro de la dirección del Partido Mexicano Socialista. (1)

Cofundador y miembro de la dirección del Partido de la Revolución Democrática (1989). Delegado del gobierno del DF en Coyoacán (1997-98). Colaboró en El Universal y La Jornada. Coordinador y coautor de Historia del comunismo en México (1985). Autor de El PCM. Trayectoria y perspectivas (1972), El Partido Comunista Mexicano y la reforma política (1978) y Crisis política y alternativa comunista". (2)

El marco del accionar de Arnoldo

1956 FUE UN AÑO clave en la historia contemporánea del sindicalismo nacional: estalló la primera sacudida del charrismo, iniciándose así un poderoso ascenso de la lucha de masas, ascenso que en 1958 y 1959 llegaría a ser un auténtico auge obrero y sindical. Sin estar preparado para dicho proceso, el PCM fue sacudido de abajo arriba.

El movimiento magisterial arrancó el 3 de julio de 1956. Othón Salazar se perfiló como el líder natural de esas históricas jornadas. El Comité Ejecutivo Nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, sin percibir el descontento masivo, la creciente militancia de la base sindical y la crisis de la dirección seccional, en un manifiesto acusaba a los Partidos Popular y Comunista de ser los promotores de la agitación. Los caracterizaba como integrantes de la corriente del anarcosindicalismo. (3)

Empero, la dirección del PCM no entendía la relación entre lucha económica y lucha por la democracia sindical, por lo que no podía asumir una posición correcta ante la pelea por desplazar a los líderes corporativos y por llevar a la dirección sindical a elementos democráticos y combativos.

La Fracción Comunista del Magisterio, que ocupaba puestos en el aparato central del SNTE por negociaciones fuera del movimiento real de los trabajadores de la educación, y que, debido a ello formaba parte de la burocracia sindical, suscribió un documento erróneo el 7 de septiembre.

A fines de noviembre de 1956, se efectuó el IX Consejo Nacional del SNTE, en el cual la burocracia sindical impidió la intervención de los delegados democráticos de la Sección IX, en tanto que éstos siguieron la política de denunciar a Enrique W. Sánchez y su camarilla. El PCM se pronunció contra los métodos burocráticos.

El ascendente movimiento de masas, junto con otros procesos y fenómenos, coadyuvaría al surgimiento y desarrollo de una nueva lucha interna en el Partido Comunista Mexicano, lucha interna que pasaría a criticar, denunciar e impugnar a la dirección encinista.

Del 14 al 25 de febrero de 1956 se realizó uno de los congresos más importantes en la historia del movimiento comunista internacional: el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, que impulsó la crítica de la gestión de Stalin, de las violaciones a la legalidad socialista y de los métodos de ordeno y mando, e impulsó algunas reformas económicas, políticas y culturales indispensables. Como otros partidos comunistas, el PCM recibió su influencia. De inmediato, en el PCM se manifestaron las repercusiones del XX Congreso del PCUS. El 24 de abril de 1956, La Voz de México publicó el comunicado del cese de actividades del Kominform.

Fin del encinismo

INMERSO EN UNA profunda crisis histórica, el PCM se vio envuelto en una lucha interna que, al conjugarse con la primera sacudida del corporativismo sindical, la violenta represión gubernamental y el triunfo de la Revolución cubana, conduciría a la superación del grupo encinista.

El Comité Central del PCM, en diciembre de 1956, dio comienzo a la autocrítica de los errores y a la búsqueda de salidas a la prolongada crisis del PC. No estuvo exento de posiciones equivocadas; por ejemplo, consideró la intervención soviética en Hungría como una ayuda fraterna. La asamblea acordó designar una comisión para analizar el periodo de 1939 a 1948. En la sesión plenaria de la dirección del PCM, celebrada del 18 al 23 de mayo de 1957, Manuel Terrazas presentó el informe intitulado La lucha interna en el partido durante los años de 1939 a 1948.

La poca inserción del partido en la clase obrera y el pueblo, la debilidad teórica y política de los órganos dirigentes, la disminución de sus miembros y la ausencia de un programa avanzado, aunadas a la nueva etapa que vivía el movimiento comunista internacional y el ascenso de la insurgencia sindical, facilitaron y aceleraron la lucha interna en el PCM.

La Conferencia del PCM en el Distrito Federal, de agosto y septiembre de 1957, abordó la situación que vivía la organización y elaboró varias tesis con la intención de superar la situación crítica del partido. La asamblea acordó solicitar a la Comisión Política que citara a un pleno ampliado del CC con el objeto de convocar a un congreso extraordinario del partido. El pleno de octubre-noviembre de 1957, señaló que el problema interno más importante a que se enfrentaba el partido era el de profundizar en la autocrítica y en el reconocimiento de los errores y deficiencias, para corregirlos en la práctica. (4) Resolvió iniciar una amplia discusión y realizar un congreso nacional en el mes de mayo de 1958.

Mas la acritud de las críticas a la dirección y la agudeza de la lucha intestina, orillaron, en enero de 1958, a Encina y su equipo a dar marcha atrás y modificar el acuerdo de efectuar el congreso en el mes de mayo.

Ante esa rectificación, el Comité del Distrito Federal manifestó su opinión contraria.

El pleno de febrero de 1958 respondió en forma violenta al Comité del DF y ratificó el acuerdo del pleno de enero, al señalar como fecha de realización del XIII Congreso el mes de septiembre de 1958, además de tomar la resolución de efectuar una consulta nacional sobre la viabilidad del congreso extraordinario. En el pleno del 22 al 24 de mayo de 1958, la Comisión Política sostuvo que la mayoría absoluta del partido estaba por realizar el Congreso Ordinario y una minoría por efectuar el Congreso Extraordinario.

El 24 de mayo, el pleno del CC convocó al XIII Congreso Nacional Ordinario del PCM. La convocatoria estipulaba su realización para los días 29 y 30 de septiembre y 1, 2, 3, 4, 5 y 6 de octubre de 1958, que tendría verificativo en la ciudad de Torreón, Coahuila. De esta manera, Encina pensaba apoyarse en su bastión tradicional, la Laguna.

La política de la dirección encinista condujo, de hecho, a la escisión del partido. Las discrepancias se agudizaron frente a la irrupción de las luchas sindicales, el problema de la unidad con el Partido Obrero-Campesino Mexicano, la actuación en la campaña electoral y las cuestiones de organización. El Comité del DF se perfiló como el centro y cabeza de la corriente que dirigía el cambio.

A partir de octubre de 1957, el PCM y el POCM tuvieron negociaciones acerca de la cuestión electoral, y llegaron a algunos acuerdos. En reuniones de célula, en conferencias regionales y estatales, en plenos del Comité Central y en la prensa partidista se criticaba la situación que vivía el partido y se llamaba a concretar la alianza con el POCM. Los partidos Comunista y Obrero-Campesino se dirigieron a la II Asamblea Extraordinaria del Partido Popular con la propuesta de trabajar conjuntamente en la campaña electoral; pero el partido solferino estaba por la acción común con el Partido Revolucionario Institucional.

Con limitaciones muy pronunciadas, el PC y el POCM --habiendo iniciado la participación comicial tardíamente, con una decisiva lucha interna en las filas comunistas y sin la preparación adecuada-- promovieron la candidatura a la presidencia de la República de Miguel Mendoza López S., fundador en Jalisco de la Liga de las Clases Productoras y de la Confederación Comunista de los Caballeros Cristianos de la Humanidad. La campaña electoral --dados los elementos citados-- tuvo un carácter modesto y limitado.

Luchas históricas de ferroviarios y maestros

EN 1958 EL MOVIMIENTO obrero en México, con los ferrocarrileros y maestros de primaria como destacamentos de avanzada, presenció el primer empuje multigremial por echar abajo el dominio del aparato sindical burocrático. Después de una oleada de paros, los ferroviarios obligaron al gobierno, a final de cuentas, a aceptar unas elecciones sindicales democráticas en donde fue elegido secretario general del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana Demetrio Vallejo Martínez, militante del POCM, y los burócratas sindicales fueron materialmente aplastados. El triunfo en el STFRM influyó decisivamente en todo el contexto sindical y político.

Según unos autores:

La importancia del movimiento ferrocarrilero de 1958-1959 no sólo se debe al hecho de que una organización obrera que contaba con cerca de 60,000 miembros se viera lanzada al mismo, se debe también a la circunstancia de que fue el primer movimiento social proletario importante que llegó a poner en crisis al sistema político mexicano, momentáneamente. Es, sin duda alguna, el movimiento más importante que ocurrió desde 1935, cuando hubo una intensa movilización obrera y campesina producto de la crisis política que trajo consigo la discrepancia entre Calles y Cárdenas. (5)

Poco después, los jerarcas del SNTE se vieron obligados a lanzar la convocatoria para la realización del congreso de la Sección IX, luego de haberla pospuesto durante más de dos años; pero, al efectuarse la reunión, los líderes corporativos impidieron la entrada de los delegados democráticos; esto hizo que se desarrollaran dos congresos: uno espurio, de donde surgió el Comité Ejecutivo que presidía Rita Sánchez, y otro democrático, del cual resultó elegido el CE liderado por Othón Salazar Ramírez.

Frente a las maniobras lideriles, el magisterio del Distrito Federal respondió con la movilización. Así ocurrieron los acontecimientos del 6 de septiembre, cuando Othón Salazar, J. Encarnación Pérez Rivero y otros cuadros del Movimiento Revolucionario del Magisterio fueron detenidos. Los maestros estallaron un paro para demandar la libertad de sus dirigentes y el reconocimiento de su Comité Ejecutivo democrático. Ante las promesas oficiales, este paro fue levantado.

El Tribunal de Arbitraje no reconoció ni a Rita ni a Othón, quedando obligado el CEN del SNTE a convocar a un nuevo congreso de la Sección IX. En éste, con carácter de masas, fue elegido, por aplastante mayoría, un Comité Ejecutivo democrático, jefaturado por Gabriel Pérez Rivero. Triunfaba de este modo, sin incluir a Othón en la dirección seccional, el movimiento magisterial. Posteriormente serían liberados los dirigentes presos.

El auge sindical agudizó la lucha interna en el Partido Comunista.

En su conferencia de fines de 1958, el Comité del DF del PCM desarrolló una crítica detallada de algunas violaciones antiestatutarias de la dirección nacional del Partido Comunista. De esta suerte, protestó por la remoción de Manuel Terrazas, José Montejano y Gerardo Unzueta de los puestos de director, administrador y jefe de redacción de La Voz de México, respectivamente, hecha por la Comisión Política del CC.

La reunión se pronunció por instrumentar medidas que permitieran la unidad con el POCM.

La VII Convención Ordinaria del PCM en el DF, durante la primera parte de sus sesiones, en mayo de 1959, continuó el análisis de la situación del partido y las nuevas condiciones creadas por la agresión gubernamental contra el movimiento ferrocarrilero. En octubre de ese año, en la segunda parte de sesiones de la misma, se sistematizaron los puntos de vista en torno a la crisis del PCM y se analizaron los documentos del pleno del CC de julio-agosto de 1959.

El ascenso sindical de 1956-1960 tuvo profundas repercusiones en el movimiento comunista mexicano, que pueden resumirse de la siguiente manera:

a) El Partido Comunista Mexicano --en lucha interna desde agosto-septiembre de 1957-- vivió momentos cruciales de su historia: el equipo de Dionisio Encina, inmerso en la ideología de la Revolución mexicana, anquilosado y burocrático, fue impugnado, combatido y derrotado.

En el Comité del Distrito Federal, en respuesta a las nuevas condiciones, se perfiló una corriente de avanzada que se apoyaba en el ascenso de masas, en el desgaste del populismo del régimen del PRI, en la victoria de la Revolución cubana y en las conclusiones antiestalinistas del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética.

El Comité del DF supo aplicar una política en general correcta ante el movimiento magisterial y el movimiento ferrocarrilero, contra las posiciones derechistas de la Fracción Comunista del Magisterio y la política contemporizadora de la Comisión Política del Comité Central del PCM. La base partidaria se alineó de lleno con el ascenso sindical. Esto explica la promoción al CE y comisiones de la Sección IX de comunistas tan conocidos como Lino Medina, Manuel Ontiveros y Rafael Méndez Aguirre.

b) El Partido Obrero-Campesino Mexicano, producto de las expulsiones de 1940 a 1948 del PCM, desarrolló una importante lucha por la unidad orgánica con el Partido Comunista. Las necesidades de la lucha diaria de las masas --en particular de las ferroviarias-- estimularon grandemente la acción conjunta, la discusión fraterna y el espíritu unitario. La necesidad de la unión quedó evidenciada para la mayoría de los militantes de los dos partidos comunistas. La fracción campista del POCM se fundió en el PCM y la otra, tiempo después, se fusionó con el Partido Popular, transformado a su vez en Partido Popular Socialista.

c) El Frente Obrero, luego Frente Obrero Comunista de México, evolucionó hacia concepciones liquidacionistas que se resumían en la lógica que se precisa a continuación: el PCM es lacayo del PP, el PP es lacayo del gobierno y el gobierno es lacayo del imperialismo. Con esa orientación, el FOCM aseguró su posterior muerte.

La izquierda fue cimbrada por el ascenso de masas: sus sectores más lúcidos abandonaron --parece ser que durante un breve lapso-- la ideología de la Revolución mexicana, plantearon la necesidad de una nueva revolución bajo la hegemonía de la clase obrera y enterraron las ilusiones en la posibilidad de reeditar el cardenismo en los cambios sexenales del jefe de Los Pinos. (6)

En el curso de la lucha interna de 1957-1959, la célula Carlos Marx y otros organismos de base del DF comenzaron a desarrollar las tesis que darían nacimiento a la corriente conocida como espartaquismo. José Revueltas y otros intelectuales iniciaron una crítica a diestro y siniestro de las concepciones y la práctica del PCM. Finalmente fueron expulsados del partido, integrándose durante un corto periodo al POCM y organizando, tras la salida de éste, la Liga Leninista Espartaco.

José Revueltas y sus compañeros elaboraron diversas ideas sobre la Revolución mexicana, el Estado, la burguesía nacional y otros problemas teóricos y tácticos del movimiento comunista de nuestro país. Mas fuera de toda duda, su idea nodal fue la de la inexistencia histórica del PC en México.

La necesidad de introducir cambios se tornó inevitable. Así, el pleno del Comité Central, verificado en julio-agosto de 1959, además de discutir la situación creada con motivo de la represión del movimiento ferrocarrilero, planteó:

7. Tomando en cuenta que pese a las decisiones de los plenos del Comité Central de diciembre de 1956 y octubre-noviembre de 1957 no se ha restablecido en nuestro partido el principio marxista-leninista de la dirección colectiva, el Comité Central resuelve eliminar el puesto de secretario general del partido. (7)

Con la medida anterior, en lo fundamental, el encinismo pasó a mejor vida. El PCM abrió paso a una nueva etapa de su historia: la etapa de la renovación, que formaba parte, naturalmente, de cambios que se producían en el movimiento comunista internacional como resultado de la destalinización, que impulsaba la dirección del PCUS y que respondía a la necesidad de democratizar parcial y limitadamente la vida interna de los partidos comunistas, depurar los órganos de dirección formados durante el largo dominio de José V. Stalin y promover a elementos que estuvieran menos vinculados a la concepción y la práctica stalinistas.

Una paradoja: renovación y desaparición del PCM (1959-1981)

LA ÚLTIMA ETAPA del comunismo mexicano arrancó con el XIII Congreso del PCM, en mayo de 1960, y terminó con el XX Congreso de ese partido, en octubre-noviembre de 1981, con su disolución y su integración al Partido Socialista Unificado de México en unión de otros partidos y grupos de izquierda. El PCM superó la etapa encinista, obtuvo logros importantes y alcanzó su registro en 1978, pero fue incapaz de adaptar su organización a una sociedad bajo acelerados cambios, y entró en crisis, la cual intentó enfrentar con la unidad con otras formaciones socialistas. Su desaparición es, sin dudas, manifestación evidente de que no vivía una etapa de gran desarrollo.

Este periodo de la historia del PCM y la contemporaneidad nacional vivió procesos y fenómenos claves: la promoción de una nueva dirección comunista; el inicio del ajuste de cuentas, transitorio, no definitivo, con la ideología de la Revolución mexicana; la formulación de un programa que tenía como pilar la realización de una nueva revolución en México; el reingreso e ingreso de Valentín Campa y sus camaradas a las filas del Partido Comunista y el avance en el estudio y conocimiento de la realidad nacional, al mismo tiempo que en el país el movimiento social y político de izquierda tendía a romper con el control oficial: terminación de la primera sacudida del corporativismo sindical y nacimiento del Movimiento de Liberación Nacional, la Central Campesina Independiente, el Frente Electoral del Pueblo y la Central Nacional de Estudiantes Democráticos.

En el plano internacional dos hechos expresaban en forma evidente el progreso del proceso revolucionario mundial: el triunfo en Cuba de la primera revolución socialista en el continente y el desmoronamiento del colonialismo en África.

La lucha por la unidad de los comunistas mexicanos se facilitó a lo largo de las movilizaciones de 1956-1960 de los maestros, ferrocarrileros y otros núcleos de trabajadores; los militantes del POCM y el PCM actuaron de manera conjunta, con lo cual las tendencias unitarias recibieron un fuerte impulso. El ascenso sindical de esos años sacudió uno de los pilares de la dominación priísta: el corporativismo de las organizaciones de los trabajadores asalariados.

Poco después de la huelga ferrocarrilera de marzo-abril de 1959, estalló la crisis en el seno del POCM. La mayoría de la Comisión Ejecutiva adoptó, el 11 de abril, una resolución en la que acusó a Valentín Campa de seguir una política sectaria e izquierdista, por lo que fue destituido del puesto de secretario sindical. (8)

La lucha interna en el POCM se agudizó. Para fines de diciembre de 1959, el grupo que encabezaba Campa llegó a la conclusión de ingresar individualmente a la base del PCM e invitó a declarar disuelto el POCM. Campa y sus compañeros reingresaron o ingresaron al PCM, reingreso que, en el caso del líder ferrocarrilero, fue ratificado por el XIII Congreso Nacional Ordinario del Partido Comunista. Así, el ascenso sindical, la represión gubernamental, el triunfo de la Revolución cubana y la crítica jruschovista de la gestión de José V. Stalin estimularon en el POCM a una fracción de izquierda que encabezaba Campa y en el seno del PCM al Comité del Distrito Federal y una franja del CC. La confluencia de ambas fracciones en las filas del Partido Comunista representaría una nueva mayoría militante.

El XIII Congreso representó un corte en la larga historia del PCM, corte que formaba parte, claro está, de los cambios en los órganos dirigentes de los partidos comunistas y obreros como resultado de la destalinización impulsada por el grupo de Nikita S. Jruschov en el Partido Comunista de la Unión Soviética. Su resolución general, que planteaba la necesidad de la revolución democrática de liberación nacional, se ubica entre los documentos fundamentales del comunismo en México, equiparable a las resoluciones del pleno de julio de 1929, la carta de la delegación mexicana al VII Congreso de la Internacional Comunista, el informe de Laborde al pleno de junio de 1937, el discurso central de Encina al Primer Congreso Nacional Extraordinario y el texto organizativo de Blas Manrique presentado en el IX Congreso en 1944. En el futuro, otro material de esta importancia sería el programa aprobado por el XVI Congreso en 1973.

El Movimiento de Liberación Nacional

DADA LA UNIDAD orgánica de los cardenistas, los comunistas y otras fuerzas de izquierda, en 1961 se fundó en México el Movimiento de Liberación Nacional, que representó --hasta antes del Frente Democrático Nacional en 1987-1988--, el esfuerzo más importante en la lucha por el frente común de las corrientes y personalidades interesadas en un desarrollo nacional independiente y democrático.

Nacido bajo la influencia de la Revolución cubana, el MLN estuvo precedido de manera directa por la Conferencia Latinoamericana por la Soberanía Nacional, la Emancipación Económica y la Paz, que desarrolló sus trabajos del 5 al 8 de marzo de 1961 en la capital de la República Mexicana, con la presidencia colectiva de Lázaro Cárdenas, Alberto T. Casella (Argentina) y Domingos Vellasco (Brasil).

El triunfo de la Revolución cubana generó, como respuesta, una mayor beligerancia de la derecha y una mayor agresividad de Estados Unidos. Luego de la fracasada invasión de Bahía de Cochinos, en México se desencadenó por el alto clero, la iniciativa privada y la reacción, una intensa campaña anticubana, anticomunista y anticardenista. El Partido Acción Nacional, la Unión Nacional Sinarquista y el llamado Partido Anticomunista pidieron que fueran investigadas las actividades del general Lázaro Cárdenas, seguramente debido a la capacidad de convocatoria y el prestigio en la población trabajadora y nacionalista del divisionario michoacano.

Pero las tendencias unitarias de la izquierda, impulsadas por la radicalización de la Revolución cubana, eran muy fuertes y los días 4 y 5 de agosto de 1961 se desarrollaron con entusiasmo los trabajos de la Asamblea Nacional de las Fuerzas Democráticas, con la presencia de 182 delegados de 24 entidades de la República.

De esta manera nació el Movimiento de Liberación Nacional. En su fundación intervinieron las expresiones principales de la amplia izquierda mexicana. En su primer Comité Nacional, integrado por 26 miembros, había dirigentes del nacionalismo revolucionario como Alonso Aguilar, Alberto Bremauntz, Guillermo Calderón, Cuauhtémoc Cárdenas, Fernando Carmona, Heberto Castillo, Ignacio García Téllez, Braulio Maldonado y José Siurob; comunistas como Martha Bórquez, José Chávez Morado, Eli de Gortari, Arturo Orona, Manuel Terrazas, Mario H. Hernández y Adelina Zendejas; de la intelectualidad progresista como Carlos Fuentes, Enrique González Pedrero y Manuel Marcué Pardiñas; del Partido Popular Socialista, Jacinto López, y del Partido Obrero-Campesino Mexicano, Carlos Sánchez Cárdenas.

La unidad en el Movimiento de Liberación Nacional no duró mucho: el 16 de junio de 1962, el Partido Popular Socialista --con el pretexto de que el Comité Mexicano por la Paz figuraba como brazo del MLN-- en un comunicado se propuso aclarar de una vez por todas, que el PPS no era miembro del movimiento, prohibir a sus afiliados la militancia en el MLN y considerar a éste como un grupo político nuevo. (9) La Unión General de Obreros y Campesinos de México asumió, asimismo, una posición similar.

En realidad, el PPS se retiraba del MLN porque tenía conocimiento de que la reforma electoral en marcha le permitiría alcanzar algunas curules en la Cámara de Diputados, y, además, porque Vicente Lombardo Toledano había fracasado en su intento de ser el líder principal de la organización de frente único. La división del PPS debilitó al MLN y creó dificultades a la unidad de la izquierda.

Después vino otra escisión. Con fecha 26 de julio de 1964, Fernando Benítez, Víctor Flores Olea, Carlos Fuentes, Enrique González Pedrero y Francisco López Cámara, renunciaron a Política, por considerarla --según decían-- una publicación marginal y abstracta. (10)

Posteriormente, en septiembre de 1965, renunciaron al Movimiento de Liberación Nacional Alonso Aguilar Monteverde, Fernando Carmona, Guillermo Montaño, Ignacio Aguirre y Clementina E. de Bassols. Con la salida de esta importante corriente de la izquierda --nucleada luego en la revista Estrategia-- y la separación práctica del general Lázaro Cárdenas, ya no se justificaba la permanencia de los comunistas en las filas del MLN, y, en consecuencia, se retiraron del mismo. (11)

La Central Campesina Independiente

EN 1962 MADURABAN LAS condiciones para crear una organización campesina fuera de la Confederación Nacional Campesina, con un programa avanzado y con una política independiente y combativa. Rubén Jaramillo estaba inmerso en dicho proceso, por lo que, al igual que los líderes campesinos comunistas Antonio Silva y Antonio Herrera, debe ser considerado como un mártir de la CCI. Además, el héroe de Xochicalco, al final de su vida, militó en el seno del PCM y del Movimiento de Liberación Nacional.

Después de agosto de 1961, sobre la base del Programa del MLN --que incluía el objetivo de la reforma agraria radical--, se realizaron asambleas campesinas en Michoacán, Coahuila, Nuevo León, Sonora, Puebla, Morelos, Veracruz, Guerrero, Guanajuato y Jalisco, que sentaron las bases para reunir en Torreón, Coahuila, a delegados de La Laguna y de varios estados de la República, presentes en el Congreso de la Unión de Sociedades de Crédito Colectivo Ejidal de la Comarca Lagunera, a mediados de agosto de 1962. Allí discutieron los problemas del campo y se pronunciaron por la unidad de los campesinos en una central independiente.

En octubre de 1962, fue lanzada en la Ciudad de México la convocatoria al Congreso Constituyente de la Central Campesina Independiente, que avalaban firmas de dirigentes agrarios como Manuel Granados Chirino, Arturo Orona, Graciano G. Benítez y Ramón Danzós Palomino.

La posibilidad de organizar a masas campesinas fuera del control oficial, concitó una intensa campaña anti-MLN y anticomunista de agrupaciones de la Confederación Nacional Campesina y la prensa nacional; Jacinto López, líder de la UGOCM, y Vicente Lombardo Toledano, dirigente del PPS, manifestaron su oposición a la nueva central y acusaron al MLN de divisionista.

A pesar de la campaña, el Congreso Constituyente de la CCI tuvo lugar del 6 al 8 de enero de 1963, el cual eligió un Comité Ejecutivo Nacional, que incluía a tres secretarios generales: Arturo Orona, Alfonso Garzón y Ramón Danzós Palomino. En la reunión fundacional de la CCI, hubo una fuerte participación de los comunistas.

La constitución de la CCI le dolió a la reacción. De inmediato, dio comienzo una campaña de declaraciones anticomunistas y antiagraristas. Antonio Díaz Soto y Gama, Juan Gil Preciado, el Partido Acción Nacional, el Frente Cívico Mexicano de Afirmación Revolucionaria y la Unión Nacional Sinarquista se lanzaron violentamente en contra de la recién fundada confederación.

En septiembre de 1964, Alfonso Garzón y Humberto Serrano dividieron a la CCI: las oficinas de la organización fueron asaltadas y tomadas, mas el golpe no fue lo suficientemente fuerte como para liquidar a la confederación campesina, propósito que perseguían los escisionistas. La CCI jugó un papel muy destacado en la lucha por la tierra y otras demandas de los campesinos pobres y medios. Puede sostenerse que, con 1963 como año de arranque, el movimiento campesino de izquierda tendrá una presencia importante, no obstante la enorme masa de pobres del campo en el seno de la CNC. Posteriormente, en 1975, la CCI se convertiría en Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos. (12)

El Frente Electoral del Pueblo

EN 1963 NACIÓ EL Frente Electoral del Pueblo, sobre la base de la confluencia del Partido Comunista Mexicano y otras fuerzas democráticas con la intención de participar en la campaña presidencial de 1963-1964. La constitución del FEP, debido a la política colaboracionista del PPS y a la candidatura de derecha del PRI, permitió aglutinar a contingentes no despreciables de ciudadanos en busca de una opción democrática y antimperialista.

La reacción del poder público frente al FEP fue de hostilidad y represalias violentas.

El FEP solicitó su registro como partido político, mas le fue negado. En noviembre de 1963, como se había planteado en la convocatoria, tuvo verificativo la Asamblea Nacional Extraordinaria del Frente Electoral del Pueblo, la cual designó como su candidato presidencial a Ramón Danzós Palomino, destacado líder campesino comunista.

En diversos lugares, el FEP desarrolló una campaña de masas. De esta suerte, en Izamal, Yucatán, celebró una gran concentración el 29 de septiembre de 1963. En Veracruz se efectuó un mitin, el 27 de mayo de 1964, que reunió a varios miles de obreros, campesinos, empleados y estudiantes. En Minatitlán, Villahermosa, Mérida y Oaxaca se realizaron concentraciones importantes a fines de mayo y principios de junio del mismo año. El 28 de junio, en la plaza de Santo Domingo, tuvo lugar el cierre de campaña del FEP. Para el PCM, la campaña electoral de 1963-1964 significó una mayor vinculación con sectores de masas a los que sólo se podía llegar mediante la vía de las urnas, además de que permitió foguear cuadros y militantes en la lucha electoral. (13)

La Central Nacional de Estudiantes Democráticos

EL PCM FUE un activo organizador del movimiento estudiantil, en especial desde la Primera Conferencia Nacional de Estudiantes Democráticos, celebrada en mayo de 1963 en Morelia, Michoacán, a la cual asistieron más de 250 delegados que representaban, en conjunto, a cerca de 100 mil estudiantes mexicanos.

Fue lanzada la Declaración de Morelia.

La celebración de la Conferencia de Morelia abrió una nueva etapa en el desarrollo del movimiento estudiantil mexicano. Según un documento comunista:

A partir de las movilizaciones pro-Vietnam realizadas en abril de 1965, el movimiento estudiantil como sector social de masas pasa a jugar un papel de primer orden en las luchas del movimiento revolucionario con las consiguientes implicaciones para el trabajo comunista. No es casual que a partir de entonces se produzca el desarrollo de la Juventud Comunista de México y el estancamiento numérico del PCM... (14)

Entre 1963 y 1968 estallaron importantes huelgas, paros y otras acciones de masas en las universidades del Distrito Federal, Michoacán, Sinaloa, Guerrero, Tabasco, Sonora y Puebla; en las escuelas normales rurales y urbanas; en las escuelas de agricultura; en el Politécnico y otras instituciones de educación media superior y superior. Como culminación y cúspide del trabajo comunista en los centros escolares, en abril de 1966 nació la Central Nacional de Estudiantes Democráticos, de la cual formó parte la histórica Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México. (15)

En el último periodo del PCM, arribaron a sus filas importantes intelectuales que hicieron significativos aportes para la mejor comprensión de la realidad nacional. Cabe destacar la militancia en las filas comunistas de Enrique Semo y Roger Bartra. Estos intelectuales impulsaron en el seno del partido el estudio de los problemas económicos y sociales del país, a la vez que elevaron el nivel teórico de las publicaciones comunistas. El PCM, gracias a estos científicos sociales, logró poner en circulación Historia y Sociedad, una de las principales revistas teóricas de México y América Latina. Pero los intelectuales comunistas no sólo intervinieron en las cuestiones teóricas, educativas y propagandísticas, sino que se incorporaron de lleno a la vida activa del partido.

Los años de 1968 a 1973 estuvieron atravesados por acontecimientos y fenómenos decisivos en el desarrollo del Partido Comunista Mexicano: el movimiento estudiantil-popular de 1968, la intervención de ejércitos del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia, la disolución de la Juventud Comunista de México, el desarrollo y crisis del movimiento guerrillero y terrorista, la aparición de nuevas formaciones políticas de izquierda y la adopción de un programa democrático-socialista por el PCM.

El movimiento estudiantil de 1968

1968 FUE ESCENARIO de importantes movilizaciones de masas, con los estudiantes como fuerza principal, por la democratización del régimen político. El PCM participó activamente en ese proceso que partió en dos a la historia contemporánea de México. Los comunistas fueron los primeros en ser objeto de la represión que ensangrentó el suelo patrio en la segunda mitad del año mencionado.

A partir del 26 de julio, fecha del comienzo de aquellas históricas jornadas, el Partido Comunista fue perseguido sistemáticamente. Ese día, las oficinas del Comité Central y el taller de La Voz de México fueron ocupados por la policía, mientras numerosos dirigentes y miembros del PCM, la JCM y la CNED eran encarcelados. En los días posteriores, muchos otros militantes cayeron en prisión.

En los centros de estudio los cuadros y militantes comunistas participaron, en la medida de sus posibilidades, en las asambleas, manifestaciones, mítines y otras acciones del 68, en los comités de lucha y en el Consejo Nacional de Huelga y la Coalición de Profesores de Enseñanza Media y Superior Pro Libertades Democráticas. La intervención del PC y la JC fue pública, abierta.

Al final de las jornadas de julio-diciembre de 1968, el gobierno desencadenó una intensa campaña anticomunista, siendo apoyado en la misma, de manera consciente e inconsciente, por provocadores y elementos verbalistas. La irrupción de enormes masas que por primera vez hacían su experiencia en la lucha social, permitía, naturalmente, el nacimiento y desarrollo de posiciones en apariencia radicales e izquierdistas. En parte a ello ayudó la división profunda del movimiento comunista internacional.

Para la sociedad mexicana, las jornadas de julio-diciembre de 1968 tuvieron profundas consecuencias. La juventud de educación media superior y superior, en forma masiva, tendió a romper con el sistema de dominación política del PRI; en medio de la lucha por la democracia se forjaron muchos dirigentes políticos y prominentes intelectuales; el marxismo cubrió amplios espacios en las universidades, y lo más importante, el régimen priista se vio obligado, a regañadientes, a introducir reformas claves para el futuro del país: apertura democrática, aumento de la inversión en educación superior, concesiones económicas a los trabajadores asalariados que condujo en 1976 a una repartición más equitativa de la renta nacional, reforma política y otras medidas que configuraron una nueva realidad.

Internacionalistas, sí, pero no seguidistas

COMO EN OTRAS partes del mundo, el caso checoslovaco sacudió a los comunistas de México. Una parte considerable del partido se mantuvo en la posición de defender a capa y espada la intervención militar del Pacto de Varsovia; empero, en lo referente a la más alta dirección, la posición crítica e independiente se puso de manifiesto de inmediato. Al dar este paso, el PCM se adentró en una orientación que lo acercaría, con el tiempo, a lo que luego sería conocido como eurocomunismo. Ante la entrada de tropas de cinco países socialistas en Checoslovaquia, el Presídium del CC del PCM hizo público su desacuerdo el 21 de agosto de 1968.

El PCM reafirmaría esta nueva política --no sin problemas internos-- frente al movimiento comunista internacional en diversas ocasiones; sin embargo, la oficializaría --con toda claridad-- en agosto de 1971 al precisar que el partido era una fuerza nacional, que elaboraba su política para el interior del país y su posición ante los problemas internacionales y la aplicaba de manera independiente. Ninguna clase de seguidismo correspondía a la naturaleza del partido, que debía aplicar los principios del marxismo a una realidad concreta, como era la de nuestro país.

El partido basaba sus relaciones con los demás partidos comunistas en los principios del internacionalismo proletario, que presuponían la solidaridad y la ayuda mutua, así como el respeto a la independencia y a la igualdad de los partidos y la no injerencia en sus asuntos internos. Se esforzaba por contribuir a la unidad del movimiento comunista internacional, que tenía objetivos y principios comunes, y consideraba que esta unidad pasaba por el reconocimiento de la diversidad de posiciones ante una serie de cuestiones entre distintos partidos comunistas y obreros.

La defensa de estos postulados era una garantía para el desarrollo sano del partido, y para la existencia de relaciones normales, verdaderamente internacionalistas con los demás partidos comunistas y obreros.

Abstención activa, reformismo e izquierdismo

EL 28 DE OCTUBRE de 1969, el PCM lanzó un llamamiento al pueblo de México titulado No a la farsa electoral. Abstención activa. En diciembre, el Presídium del CC del PCM volvió a insistir en la abstención activa. Esta posición facilitó la aparición y difusión de ideas antielectorales, consejistas, de acción directa y paralelistas en el plano sindical.

Al instrumentar la llamada apertura democrática, el gobierno de Luis Echeverría Álvarez propició ciertas ilusiones en algunos elementos del Partido Comunista. Así, David Alfaro Siqueiros, Arturo Orona y otros dirigentes cifraron esperanzas en la posibilidad de reeditar el cardenismo en la década de los años 70. El Presídium del CC del PCM, los comunistas presos y el grueso de la militancia, repudiaron tales ilusiones alejadas de los hechos.

El dogmatismo era reacio a los cambios. La lucha interna, pues, fue inevitable.

Por otro lado, de cara a la violenta represión del Estado, el estrechamiento de los cauces democráticos, la difusión de las ideas foquistas y la comprensión unilateral de la Revolución cubana, sectores juveniles y estudiantiles se deslizaron a buscar una salida revolucionaria inmediata después del movimiento estudiantil-popular de 1968. Empezó el ciclo de las actividades guerrilleristas y terroristas, emparentadas aunque distintas a las expresiones campesinas de Arturo Gámiz, Lucio Cabañas y Genaro Vázquez Rojas. (16) Elementos de la Juventud Comunista, en claro rompimiento con la política de la JC y el PC, se orientaron hacia posiciones aventureras, izquierdistas y antipartidistas, ampliamente influyentes en círculos de izquierda de América Latina y el Tercer Mundo.

En el documento del CC de respuesta a Terrazas, jefe del ala prosoviética y conservadora, se señalaba que durante 1970 y principios de 1971 se presentaron en el PCM diversos síntomas de desviaciones de izquierda, de aventurerismo y antipartidismo, que tomaron cuerpo en el seno de la Juventud Comunista.

El pleno de diciembre de 1970 sentó las bases para la derrota de la corriente ultraizquierdista, que se consumó en el III Congreso de la Juventud Comunista, a partir del cual los representantes principales de la corriente hostil rompieron con la organización.

Izquierdismo y sectarismo

EL 29 DE DICIEMBRE de 1971, en la reunión plenaria del CC se formuló la conclusión de que México había entrado en una crisis de la estructura económico-social creada después de las reformas cardenistas, y se caracterizaron las vías por las que se buscaba una solución: la vía burguesa, esto es, la vía monopolista, y la vía revolucionaria.

De esa formulación arrancó --sin duda alguna-- un auténtico viraje ideológico, político y programático del Partido Comunista Mexicano, que lo introdujo de lleno en posiciones izquierdistas y sectarias, a la vez que lo distinguía de otros partidos comunistas y obreros.

En la segunda quincena de octubre de 1973, el PCM llevó a efecto su XVI Congreso, ante el cual Arnoldo Martínez Verdugo presentó el Informe sobre el primer punto del orden del día, en el que manifestó que el congreso se realizaba en un momento en que se desarrollaba un movimiento revolucionario todavía inicial, pero que marchaba hacia el ascenso.

El partido llegaba a la reunión más preparado para desempeñar su papel de núcleo de vanguardia de la clase obrera.

De acuerdo con el informe la campaña de abstención activa había contribuido de manera decisiva a poner de relieve la crisis de las instituciones de la familia revolucionaria, no sólo por la magnitud del repudio al sistema electoral, sino por el descrédito creciente del partido que lo sostenía y de sus adláteres. En este sentido era significativo el descenso acelerado de las proporciones que correspondían al PRI en el conjunto de la votación.

De espaldas a la historia de México y a la experiencia internacional del movimiento comunista, sobre la estrategia afirmaba en forma errónea y arbitraria:

...Nuestro movimiento revolucionario no se desarrolla, ni puede desarrollarse en la forma de una "guerra de posiciones", para usar la terminología de Gramsci, sino más bien en la de una "guerra de maniobras"... En México no sólo no existe la posibilidad de conquistar aisladamente "posiciones de poder", sino ni siquiera de mantener grandes organizaciones de masas "legales"; aquí el cambio revolucionario sólo puede ser simultáneo y la máquina estatal debe ser destruida y sustituida rápidamente por otra, etc., etc. (17)

En el programa aprobado se asentaba que la revolución que estaba planteada a la sazón ante nuestro pueblo tenía el carácter de una revolución democrática y socialista, es decir, una revolución que resolvía tareas democráticas orientadas hacia el socialismo en su primera fase, que formaba parte del ciclo de la revolución socialista y que abría paso para nuestro país a la perspectiva de una sociedad sin explotados ni explotadores.

Se planteaba como vía previsible la lucha armada para realizar los cambios revolucionarios.

Por su concepción de la revolución, el Partido Comunista Mexicano se distinguía, en ese entonces, de todos los demás partidos comunistas y obreros. Empero, ¿de dónde sacó el PCM la concepción de la revolución democrática y socialista? No es hacer un gran descubrimiento si se responde que del Bloque Obrero y Campesino y el Partido Obrero de Unificación Marxista, de España. Por ello, no está de más hacer las citas pertinentes. Decía Julián Gorkin: "...En uno o en otro caso, por encima de altibajos y fluctuaciones circunstanciales, lo cierto es que está planteada ante nosotros la revolución democrático-socialista y que únicamente el proletariado podrá llevarla a buen término". (18)

En un texto del POUM se afirmaba: "El carácter de la revolución en nuestro país no es simplemente democrático, sino que es democrático-socialista". (19)

Andreu Nin, líder poumista, sostenía: "Los acontecimientos que se han desarrollado en España... han confirmado que... al calificar de democrática socialista nuestra revolución, era completamente justa". (20)

León Trotsky sometió a crítica la concepción poumista, al señalar: "...La revolución socialista hay que hacerla en lucha implacable contra la revolución 'democrática', con su frente popular. ¿Qué significa, pues, esa 'síntesis' de revolución 'democrático-socialista'? Absolutamente nada. No es más que un galimatías ecléctico". (21)

La posición de Trotsky no era justa, sino doctrinaria, ya que la combinación de objetivos y tareas de carácter democrático y de carácter socialista queda mejor reflejada en la concepción bloquista-poumista que el PCM hizo suya, pues tendencialmente dicha combinación es plenamente posible, en especial en países de desarrollo medio donde coexisten zonas de alto desarrollo capitalista y zonas muy atrasadas económicamente, mientras que las posiciones de la Oposición Comunista Internacional y de la Izquierda Comunista Española sólo reflejaban las elaboraciones anteriores de Trotsky y sus discípulos.

Rápida rectificación

LAS RESOLUCIONES SECTARIAS e izquierdistas del XVI Congreso del PCM no ayudaban a comprender las tendencias objetivas hacia la democratización del sistema político mexicano. Sin embargo, la situación política empujó a los comunistas mexicanos a hacer ajustes en sus orientaciones tácticas. El ascenso del movimiento sindical, la enorme presión social en contra de los métodos autoritarios de gobernar, la crisis del movimiento guerrillero y la intención de círculos gubernamentales de abrir cauce a la reforma política, impulsaron en la dirección del PCM una mejor comprensión de la realidad nacional.

El secuestro en mayo de 1974 del senador Rubén Figueroa Figueroa por el Partido de los Pobres, precedido en 1972 y 1973 por ataques directos al ejército con algunas bajas de soldados y clases, colocó a Lucio Cabañas en una situación difícil: toda la fuerza del Estado fue utilizada para aniquilarlo. A fines de 1974, Lucio Cabañas fue muerto por el ejército y el Partido de los Pobres entró en una profunda crisis, que casi lo desapareció.

La Comisión Ejecutiva del CC del PCM se pronunció el 21 de junio por abrir paso a la libertad política, y el pleno del Comité Central celebrado un día después llamó a encontrar las formas unitarias de participación electoral de la izquierda. La dirección del PCM llamó a los partidos, agrupamientos y corrientes revolucionarios y demócratas para proponerles el establecimiento de las más amplias relaciones.

En abril de 1975, el Comité Central del Partido Comunista realizó su XII Pleno, el cual permitió hacer a un lado las formulaciones menos afortunadas del XVI Congreso, apreciar en forma más precisa las condiciones políticas nacionales y elaborar elementos tácticos conforme a dichas condiciones. Desde el pleno de abril, el PCM tensó sus fuerzas e impulsó una intensa lucha por sus derechos políticos y electorales. El 22 de junio celebró un importante mitin en el cine Florida de la capital federal, en el cual intervinieron Ramón Danzós Palomino, Valentín Campa y Arnoldo Martínez Verdugo.

Los acuerdos y alianzas de los comunistas con otras fuerzas políticas se ampliaron e intensificaron. El PCM, el Partido Mexicano de los Trabajadores y el Movimiento de Organización Socialista señalaron en agosto que la Ley Federal Electoral era un obstáculo para la libertad política. Paralelamente, el PCM avanzó en sus tratos con la Liga Socialista (organización trotskista). En octubre, la dirección del PC se pronunció porque la izquierda presentara candidatos comunes.

Valentín Campa, candidato presidencial comunista

EL XVII CONGRESO Nacional del PCM --verificado en diciembre de 1975-- resolvió intervenir en la próxima campaña electoral aun sin registro, con la candidatura de Valentín Campa a la Presidencia de la República.

El 23 de enero de 1976 se realizó la asamblea de unidad socialista, con la participación del PCM, la Liga Socialista y el Movimiento de Organización Socialista, mismos que habían convenido en sostener conjuntamente la candidatura del viejo líder ferrocarrilero.

La resolución comunista de participar en las elecciones fue una medida correcta, sobre todo si se toman en cuenta la división del PPS en el curso del proceso electoral, la incapacidad del PAN --debido a sus contradicciones internas-- para presentar candidato presidencial, las dificultades del PRI y la necesidad de dar la pelea por los derechos políticos y electorales del PCM mediante la movilización de masas.

Las elecciones presidenciales de 1976 se desarrollaron en condiciones distintas a las de 1964 y 1970: en México creció el movimiento huelguístico, el número de huelguistas y de horas de trabajo caídas; varios sindicatos y secciones sindicales se democratizaron (en especial cabe destacar las luchas de telefonistas y siderúrgicos de ese año); avanzó la sindicación de grupos "libres"; la crisis económica empezó a golpear a la clase obrera, las capas medias y los pequeños propietarios; se conquistó la democracia en algunas universidades; surgieron nuevos partidos democráticos y de izquierda, y se veía renacer el movimiento campesino independiente. En el plano internacional estaban recientes las históricas victorias de la revolución en Indochina y las colonias portuguesas, la caída de las dictaduras de Portugal y Grecia, y, en general, se contemplaba un ascenso del proceso revolucionario mundial.

La intervención comunista fortaleció las tendencias unitarias en la izquierda y dio un paso no secundario en la superación del sectarismo y el espíritu de grupo.

El mitin de cierre de campaña de Campa se efectuó el 27 de junio en la arena México. Participaron más de 20 mil personas.

En la campaña electoral comunista, llamada Marcha por la Democracia, se vislumbraron las posibilidades de desenvolvimiento comunista, pues intervinieron en los actos públicos de la jornada más de 120 mil personas y se recibieron alrededor de un millón 600 mil votos, de acuerdo con cálculos de los propios comunistas, seguramente algo exagerados. En Puebla, Guadalajara y Monclova se celebraron grandes actos de masas. El secretario general del PCM informaba en el IV Pleno del Comité Central, realizado el 6 y 7 de agosto: "Las filas del partido se incrementaron en un 36 por ciento durante la campaña electoral. Además, cerca de 2,000 personas firmaron solicitudes de ingreso, pero todavía no se incorporan a nuestras organizaciones". (22)

El PCM reconquista sus derechos electorales

EN EL PLENO del CC del PCM, celebrado del 3 al 6 de abril de 1978, fueron introducidos cambios a los documentos básicos del partido con el objeto de obtener su registro.

Por fin, el 3 de mayo obtuvo el PCM el certificado de la Comisión Federal Electoral que se cita enseguida: "Se concede al 'Partido Comunista Mexicano' su registro condicionado al resultado de las elecciones federales de mil novecientos setenta y nueve". (23)

Con el dictamen anterior, se superaba una vieja injusticia contra los comunistas mexicanos y sus simpatizantes, se avanzaba realmente en la reforma política y, visto a la distancia, daba inicio --imperceptible y muy lentamente- el debilitamiento legal del sistema de partido de Estado. México se adentraba en el camino democrático.

El XI pleno del CC del PCM, efectuado entre el 16 y el 18 de enero de 1979, se propuso alcanzar el registro definitivo, avanzar en la unidad de la izquierda y emprender otras tareas electorales.

Paralelamente al desarrollo de la lucha por los derechos políticos y electorales del PCM, el trotskismo vivía una etapa de ascenso en México. En septiembre de 1976, como resultado de la fusión de la Liga Comunista Internacionalista y la LS surgió el Partido Revolucionario de los Trabajadores, que en noviembre de 1978 obtuvo su registro como asociación política nacional. (24)

Encabezada por los universitarios, en el PCM existía una corriente de opinión favorable a la alianza electoral con los trotskistas; mas en la dirección comunista prevalecía la tendencia a privilegiar el acuerdo electoral con el Partido del Pueblo Mexicano y el Partido Socialista Revolucionario.

El PCM asumió una posición cerrada frente a los trotskistas no sólo por diferencias ideológicas y políticas, sino también por las presiones "trotskófobas" del PPM y el PSR. En efecto, estos partidos de origen lombardista, debido a su prosovietismo, condicionaban su unidad con el PCM a la exclusión del trotskismo en una alianza electoral.

La resolución que excluía al PRT de un frente de izquierda, fue adoptada por la Primera Convención Nacional Electoral del PCM, que tuvo lugar en la segunda quincena de febrero de 1979, no sin antes desenvolverse una enconada polémica. De esta manera, dos partidos de la izquierda opositora quedaron electoralmente desunidos gracias a los resabios del stalinismo.

Como expresión de la fuerza de atracción del PCM cuatro dirigentes y 40 militantes del PRT, encabezados por Ricardo Hernández, y la Comisión Coordinadora del Colectivo, escisión de Estrategia, solicitaron en agosto el ingreso al Partido Comunista Mexicano. Anteriormente, militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria Estudiantil (de origen espartaquista), de la Liga Comunista 23 de Septiembre y de otros organismos izquierdistas pasaron a integrarse a las filas del PCM. Asimismo, retornaron al PCM algunos militantes expulsados o retirados del partido durante los años de 1969 a 1974.

El registro definitivo al PCM se le otorgó el 31 de agosto.

El Partido Comunista Mexicano continuó distanciándose de algunas prácticas políticas de la burocracia soviética y de los regímenes del bloque socialista. Ante la invasión soviética de Afganistán, el PCM se pronunció en contra. Esto generó diferencias internas. Dada la vecindad con Estados Unidos y la política intervencionista de esta potencia en Centroamérica, el Caribe y otras regiones, el PCM no podía embarcarse ya en una posición acrítica frente a los intereses y razones de Estado de la Unión Soviética, además de que las expresiones de carácter stalinista del régimen soviético eran repudiadas por amplios sectores del movimiento obrero y la izquierda en Europa, México y otras partes del mundo.

Última lucha intestina

EN SEPTIEMBRE DE de 1980, ocho miembros del Comité Regional del Partido Comunista en el Valle de México --entre quienes estaban Guillermo Morales y Andrés Ruiz-- suscribieron el texto Crisis de dirección en el Valle. Documento de discusión, en el cual hicieron algunas críticas al órgano directivo local que presagiaban, como quedó en claro poco después, el inicio de una nueva lucha interna.

Durante la realización del XV Congreso Regional del Valle de México, el 20 de noviembre de 1980, fue suscrito el desplegado Por la renovación del Partido Comunista Mexicano en el que se señalaba: "

Resumiendo todos estos síntomas, es posible afirmar que de hecho la transformación del partido se está orientando:

-A la formación de un partido de opinión y no de acción.

-A la construcción de un partido de capas medias emergentes y no de un partido fundamentalmente obrero.

-Hacia un partido de ciudadanos y no de clase.

-A la inserción de corrientes de opinión que se limiten a luchar por la modernización y democratización del capitalismo mexicano y no a la constitución de una fuerza social independiente y revolucionaria. (25)

Surgió, de esta manera, la corriente renovadora, conocida en el interior y el exterior del PC como el grupo de los renos.

A diferencia de otras pugnas intestinas, la lucha interna de 1980-1981 se expresó en Oposición y El Machete, en Dí, UnomásUno y Excélsior, en diarios de provincia y otros medios de comunicación masivos. La polémica abarcó todo el abanico de problemas del Partido Comunista Mexicano y el movimiento comunista internacional, desde una perspectiva ideológica y política. Sin embargo, ocurrió algo novedoso y sin precedentes: el PCM no se dividió orgánicamente.

Entre los renos había intelectuales muy valiosos como Enrique Semo, Gilberto Argüello, Liberato Terán y otros destacados universitarios, que enriquecieron la discusión de todos los temas de la agenda política del PCM.

La lucha de los renos, de los sindicalistas universitarios y de importantes núcleos de intelectuales rindió sus frutos. El Partido Comunista empezó a introducir, de manera parcial, el principio de la representación proporcional. En los Estatutos aprobados por el XIX Congreso, celebrado en 1981, quedó establecido: "Artículo 43. Cuando en los congresos estatales y regionales se manifiesten posiciones minoritarias que representen por lo menos el 25 por ciento de los votos, tales posiciones se expondrán en el Congreso Nacional a través de los delegados". (26)

El Partido Socialista Unificado de México

EL 15 DE AGOSTO, de manera inesperada, la opinión pública fue informada de que:

Frente a esta situación nacional e internacional, y conscientes de sus deberes hacia la clase obrera y todos los trabajadores, el Partido Mexicano de los Trabajadores, el Partido del Pueblo Mexicano, el Partido Socialista Revolucionario, el Movimiento de Acción y Unidad Socialista y el Partido Comunista Mexicano, a través de sus correspondientes órganos de dirección, han convenido en proponer a sus respectivas organizaciones, unificar sus fuerzas en un solo partido. (27)

El XX Congreso del PCM se reunió en el mes de octubre y resolvió contra todas las tendencias hacia la superación del stalinismo, las purgas y demás fenómenos antidemocráticos: "Quinto. Se ratifica la expulsión, acordada en el III Congreso Estatal de Puebla de los camaradas Alfonso Vélez Pliego, Pascual Urbano Carreto, José Doger Cotre, Daniel Cazés Menache y Humberto Sotelo Mendoza". (28) Los remanentes del stalinismo aún eran fuertes en el interior del partido.

La reunión decidió continuar sus labores el 4 de noviembre, acordando asimismo presentar como candidato presidencial del nuevo partido a Othón Salazar. Mientras tanto, el 22 de octubre, el Comité Nacional del PMT --al no confiar que la dirección del PCM impulsara la candidatura de Heberto Castillo-- resolvió, bajo argumentos insostenibles, suspender los trabajos encaminados a la fusión, para reanudarlos después de las elecciones de julio de 1982. En cambio, una fracción de pemetistas, en la cual estaban Maximino Ortega, René Bejarano y Dolores Padierna, resolvió adherirse a la nueva organización política.

La desaparición del PCM reflejaba con claridad dos procesos paralelos: 1) la incapacidad del Partido Comunista Mexicano de ser el centro unitario de otras formaciones socialistas, y 2) la necesidad de la izquierda avanzada de romper el sectarismo, ampliar la unidad de acción y fundirse en un organismo partidario único, necesidad estimulada fuertemente por las experiencias unitarias de Nicaragua y El Salvador.

El 4 de noviembre, pues, dieron término casi 62 años de existencia de una organización que, independientemente de sus errores y fallas, se caracterizó por su lucha por la soberanía nacional, la democracia y el socialismo.

De 1959 a 1981, encabezados por Arnoldo Martínez Verdugo, los comunistas mexicanos fueron capaces de remontar los peores aspectos del encinismo, aunque sin lograr alcanzar el peso y la influencia de los años de ascenso del periodo presidencial de Lázaro Cárdenas. Con todo, el PCM dejó atrás el dogmatismo, estudió la realidad nacional, criticó las expresiones antidemocráticas de la Unión Soviética y otros países del Este, conquistó su registro legal y avanzó en la unidad de la izquierda socialista.

Los cambios del PCM están vinculados al nombre de Arnoldo Martínez Verdugo, quien, formado en las filas del partido, sin estudios académicos y con poca participación en el movimiento social, abandonó el stalinismo, propuso un nuevo programa y una nueva política para el partido, rompió con el seguidismo frente a los soviéticos y dio pasos en firme para conducir al PCM a la confluencia con otros partidos y grupos socialistas. Se produjo, en estas condiciones, la paradoja de que hubo una renovación seguida de la desaparición del Partido Comunista Mexicano.

Notas:

(1) Cita casi textual de Humberto Musacchio, Diccionario Enciclopédico de México, Programa Educativo Visual, 11ª edición, 1997, p. 1163 (entrada "Martínez Verdugo, Arnoldo").

(2) Cita casi textual de Humberto Musacchio, Diccionario Enciclopédico del Distrito Federal, México, Hoja Casa Ed., 2000, p. 292 (entrada "Martínez Verdugo, Arnoldo").

(3) El Popular, 7-VII-56, p. 3.

(4) Gerardo Peláez, "Dionisio Encina, un periodo en la historia del PCM", III, en UnomásUno, 29-VIII-82, p. 4.

(5) Olga Pellicer de Brody y José Luis Reyna, "El afianzamiento de la estabilidad política", en Historia de la Revolución mexicana. Periodo 1952-1960, t. 22, México, El Colmex, 1978, p. 157. Dos textos básicos sobre el movimiento ferroviario son: Antonio Alonso, El movimiento ferrocarrilero en México. 1958-1959, México, Ed. Era, 4ª ed., 1980, y Max Ortega, Estado y movimiento ferrocarrilero. 1958-1959, México, Ed. Quinto Sol, 1988.

(6) Véase Gerardo Peláez, Las luchas magisteriales de 1956-1960, México, ECP, 1984.

(7) Acerca de la lucha interior en el partido, México, Ed. del CC, 1959, p. 17. Para estudiar la caída de Encina, un texto útil es el de Jesús Isaías Rojas Lugo, La lucha interna en el PCM durante los años de 1956 a 1962, México, tesis, FCPS UNAM, 1985.

(8) Resolución de la Comisión Ejecutiva del POCM sobre las causas que originaron la derrota del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros, adoptada en la sesión del 11 de abril de 1959, con la asistencia de todos sus miembros, a excepción de los compañeros que están presos, mecano, Archivo Carlos Sánchez Cárdenas (CEMOS), p. 1.

(9) El PPS y el Congreso por el Desarme y la Paz, México, mimeo, 16-VI-62, pp. 5-6.

(10)Política, núm. 104, 15-VIII-64, p. 19.

(11)Véase Conferencia Latinoamericana por la Soberanía Nacional, la Emancipación Económica y la Paz, Documentos, México, s. e., 1961; Política, núm. 32, 15-VIII-61; Programa y Llamamiento del Movimiento de Liberación Nacional, México, s. e., 1961; Gerardo Peláez Ramos, "El Movimiento de Liberación Nacional", en Legado Sindical, 3ª ép., núm. 2, febrero de 1992, y núm. 3, marzo de 1992, reproducido en los portales de Apia virtual, Rebelion, MLN y otros; Ledda Arguedas, "El Movimiento de Liberación Nacional: una experiencia de la izquierda mexicana en los sesentas", en Revista Mexicana de Sociología, vol. XXXIX, núms. 1-3, 1977; Carta de Alberto Lumbreras a Ernesto Cruz Betanzos, de Veracruz, México, mecano, 29-V-62 (Archivo CEMOS); María de Lourdes Celis Salgado, Presencia y participación política de Lázaro Cárdenas durante el gobierno de Adolfo López Mateos (1958-1964), México, tesis, FFL UNAM, 1981; Miguel Ángel Beltrán Villegas (*) , El MLN: historia de un recorrido hacia la unidad (México: 1957-1967), México, tesis, FFL UNAM, 2000, y Carlos Maciel, El Movimiento de Liberación Nacional: vicisitudes y aspiraciones, México, UAS, 1990.

(12)La Central Campesina Independiente, México, FCP, 1963; Gerardo Peláez Ramos, "Rubén Jaramillo, a treinta años de su asesinato", en Legado Sindical, núms. 5-6, mayo-junio de 1992, reproducido en La Haine, Rebelión, Nodo 50, 4 Vientos (Ensenada) y otros portales, y "Ramón Danzós Palomino", en Unión, núm. 628, 7-III-02, y Sergio Colmenero, "El Movimiento de Liberación Nacional, la Central Campesina Independiente y Cárdenas", en Estudios Políticos, vol. II, núm. 2, julio-septiembre de 1975.

(13) Por qué lucha, qué será y por cuáles objetivos luchará el "Frente Electoral del Pueblo", México, Foto Offset Centinela, 1963; Gerardo Peláez Ramos, "Partido Comunista Mexicano: su historia electoral", en Socialismo, núms. 3-4, octubre-diciembre de 1989, reproducido en La Haine, Apia virtual y otros portales de la red, y Juan Francisco Reyes del Campillo Lona, Alianzas políticas en México: el Frente Electoral del Pueblo y el Partido Comunista Mexicano, México, tesis, FCPS UNAM, 1982.

(14) "Sobre las modalidades que debe adoptar el trabajo comunista entre la juventud y los estudiantes", en Boletín de discusión, núm. 7, 27-VIII-73, p. 10.

(15) Arturo Martínez Nateras, La flor del tiempo, México, UNAM UAS, 1988, y (pról. y sel.), ¡No queremos apertura, queremos revolución!, México, ECP, 1972; Gerardo Peláez Ramos, "El Partido Comunista Mexicano y el movimiento estudiantil (1963-1968)", en Consideraciones, núm. 10, 3ª ép., mayo-junio de 1999, reproducido en versión ampliada en los portales de Apia virtual, La Haine y otros; Declaración de Morelia, Morelia, mimeo, 1963, y Constitución General de la Central Nacional de Estudiantes Democráticos, México, mimeo, 1966.

(16) Los interesados en este proceso pueden leer de Andrés Rubio, Tesis sobre el movimiento armado en Chihuahua, [Chilpancingo], s. p. i.; Luis Suárez, Lucio Cabañas, el guerrillero sin esperanza, México, Roca, 7ª ed., 1978; Antonio Aranda F., Los cívicos guerrerenses, con una opinión de Liberato Terán, s. l., s. e., 1979; Minerva Armendáriz, Morir de sed junto a la fuente, México, Tall. Gr. DAS de la UOM "VLT", 2001; José Arturo Gallegos Nájera, La guerrilla en Guerrero, Chilpancingo, Gpo. Ed. Lama, 2004; Mario Ramírez Salas, La relación de la Liga Comunista 23 de Septiembre y el Partido de los Pobres en el estado de Guerrero en la década de los 70, Mazatlán, ponencia, 6-II-00; Miguel Ángel Rosales Medrano, Altibajos. La UAS: vicisitudes de su desarrollo, Culiacán, UAS, 1994, y Ronaldo González Valdés, UAS: un discurso rampante, [Culiacán], SUNTUAS Académicos, s. f.

(17) Arnoldo Martínez Verdugo, La situación actual y la política del partido, México, ECP, 1974, p. 38. Este informe no fue publicado masivamente y nunca se distribuyó fuera de la versión leída a los delegados del XVI Congreso del PCM.

(18)Julián G. Gorkin, "Los problemas de la Revolución española", en La Nueva Era. Antología de una revista revolucionaria. 1930-36, introd. y sel. de Víctor Alba, Madrid, Ed. Júcar, 1977, p. 217.

(19) "Qué es y qué quiere el Partido Obrero de Unificación Marxista", en La Revolución española en la práctica. Documentos del POUM, intr. y sel. de Víctor Alba, Madrid, Ed. Júcar, 1978, p. 30.

(20) Andreu Nin, La Revolución española, Barcelona, Ed. Fontamara, 1978, p. 291.

(21) León Trotsky, La Revolución española, Buenos Aires, El Yunque Ed., 1973, p. 255.

(22) Arnoldo Martínez Verdugo, Después de las elecciones: abrir nuevos cauces a la libertad política, México, mimeo, 1976, p. 10.

(23) Firmaban Jesús Reyes Heroles y el notario público Alfonso Román Talavera. (Oposición, núm. 235, 24-31-V-78, p. 1).

(24)Véase Octavio Rodríguez Araujo, La reforma política y los partidos en México, México, Siglo XXI Ed., 1982.

(25)Entre otros, firmaban Rodolfo Echeverría, Gilberto Enríquez, Joel Ortega y Enrique Semo. (Por la renovación del Partido Comunista Mexicano (Prolegómenos de un debate), México, ACERE, 1981, pp. 16-17).

(26)Estatutos del Partido Comunista Mexicano, México, Ed. del CC, 1981, p. 7.

(27)Proceso, núm. 250, 17-VIII-81, p. 9.

(28)Oposición, núm. 406, 1-XI-81, p. 10.

(*) En una acción canallesca del gobierno calderonista, el académico Miguel Ángel Beltrán Villegas fue entregado al gobierno de Álvaro Uribe Vélez, conocido agente colombiano del imperialismo norteamericano. En 2011 Beltrán fue liberado en la hermana República de Colombia.

Gerardo Peláez Ramos es autor, entre otras obras, de Partido Comunista Mexicano. 60 años de historia. (Cronología. 1919-1968), 2 tomos, Culiacán, UAS, 1980; Situación actual y perspectivas del movimiento sindical en México, Puebla, UAP, 1978; Historia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, México, ECP, 1984, y Ed. del STUNAM, 2ª ed. corr. y aum., 2000; Las luchas magisteriales de 1956-1960, México, ECP, 1984; Historia del Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad Autónoma de Guerrero, Chilpancingo, CESS del STAUAG, 1990; El sindicalismo magisterial. 1935-1943, México, SNTE, 1994; Diez años de luchas magisteriales (1979-1989), México, Ed. del STUNAM, 1999; Breve historia del STUNAM, México, UNAM-STUNAM, 2001, y Resumen histórico del SUNTU (1979-1995), Culiacán, SUNTUAS Académicos, 2004.