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COLOMBIA

La lesiva macroeconomía del TLC

Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en las comisiones segundas conjuntas de Senado y Cámara durante el debate sobre el Tratado de Libre Comercio, 14 de marzo de 2007.

Rebanadas de Realidad - Bogotá, 24/03/07.- Empecemos por hacer referencia a un despropósito que no había oído nunca en mi vida y es que al parecer ¡el uribismo de la Comisión se prepara para dejarle constancias al TLC! Esa sí no me la imaginaba, porque las constancias podrán ser útiles para confundir a algunos despistados a quienes no les gusten aspectos del TLC, pero no tienen ningún efecto práctico. Se dejan cláusulas interpretativas o reservas, no constancias, que no operan salvo con propósitos electorales. Tengo en esto que ser bastante franco. Escojan una cosa o la otra, pero no se pueden quedar con lo mejor de todo el mundo: contar al mismo tiempo con todos los privilegios que se derivan de ser bien aconductados con respecto al gobierno nacional y además con la constancia para hacer oposición en alguna jornada sabatina en uno que otro pueblo de Colombia.

Al TLC se le dejan cláusulas interpretativas o reservas, no constancias, como pretende el uribismo de las Comisiones Segundas Conjuntas. Que el uribismo no gane indulgencias con penitencias ajenas. Si con este nuevo modelo se crece menos y la pobreza se mantiene incólume, ¿para qué sirve el modelo del libre comercio? El gobierno sigue sin presentar cifras de cuál fue el impacto del “libre comercio” durante el periodo de la apertura. Está por verse si es verdad que la economía va crecer lo que algunos dicen o por el contrario va decrecer lo que otros decimos. En un país como el nuestro es casi imposible exportar con una moneda revaluada.

El boom de la economía mundial

Paso a analizar la intervención del ministro Óscar Iván Zuluaga. Él señala un hecho que es cierto. Ha habido un mayor crecimiento de la economía en estos últimos años, crecimiento que él se lo adjudica todo a la inversión. Me veo obligado a presentar mi desacuerdo. No. Por supuesto que el crecimiento tiene que ver con la inversión, pero por sobre todo es efecto del boom de la economía mundial, que está suficientemente registrado y que explica por qué toda América Latina viene creciendo a tasas altas, incluso mayores que las de Colombia. El año pasado Cuba creció como el doble de Colombia. Entonces, que no se ganen indulgencias con padrenuestros ajenos. Es el boom de la economía mundial lo que explica el mayor crecimiento económico de Colombia en los últimos años y no la seguridad democrática. No la seguridad democrática.

El alza en el precio del café, y usted lo sabe bien, doctor Zuluaga, de 60 centavos de dólar a 1,30 en el mercado internacional, qué tiene que ver con la seguridad democrática. Carbón, petróleo y níquel duplican sus precios en el mercado internacional, y eso qué tiene que ver con la seguridad democrática. Tasa internacional de interés, la más baja en muchísimos años, y eso qué tiene que ver con la seguridad democrática. Plétora de capitales moviéndose por el mundo sin saber dónde colocarse, y eso qué tiene que ver con la seguridad democrática. Las remesas de los millones de colombianos que se arruinaron aquí en años anteriores, unos compatriotas buenas personas que le mandan plata a la familia, tres mil millones de dólares, qué tienen que ver con la seguridad democrática. Tres mil millones de dólares del narcotráfico, yo espero que eso no se lo adjudique el gobierno a la seguridad democrática. Revaluación de la moneda, que ha abaratado el endeudamiento externo y la amortización de la deuda externa y que ha facilitado un gasto público que algunos consideran demasiado alto y que podría poner en problemas al país.

Hace unos pocos días, cuando a usted lo nombraron ministro, doctor Zuluaga, me encontré con la doctora Adriana Gutiérrez, miembro de esta Comisión, y le dije, Adriana, dígale a Óscar Iván que rece para que no se le vaya a destorcer la economía mundial mientras él esté en el Ministerio de Hacienda, porque el descrédito le va a llegar al bozo. Recen ustedes además, porque todo señala que el país peor preparado en toda América Latina para una destorcida de la economía mundial es Colombia. Y aquí podríamos sufrir, si la hay, un efecto tan catastrófico o peor del que se tuvo en la crisis del 99. Ya son muchos los uribistas de alto rango académico que han venido llamando la atención sobre las coincidencias de la actual situación con la que se vivió en vísperas de la crisis del 99. Ahí está el desequilibrio de la balanza comercial. No lo teníamos desde el 98. Ahí están los bombillos rojos, todos prendidos. Luego atemperen un poco la euforia y miren hacia las causas verdaderas de lo que está ocurriendo. Para no mencionar que la pobreza no disminuye por lo menos en proporciones que valgan la pena. Pero bueno, ahora quizá aduzcan que no es del 60 sino del cincuenta y cinco, una pequeña diferencia que para efectos prácticos no reviste importancia alguna.

El debate sobre la inversión extranjera

El otro desacuerdo es sobre el énfasis que se viene haciendo en la inversión extranjera. No soy enemigo de la inversión extranjera, pero sí me perturba que de manera olímpica se arruine a los inversionistas nacionales y se hable a todas horas de los inversionistas extranjeros. Me molesta que destruyamos las fuentes de acumulación de riqueza interna de los empresarios nacionales, de nuestros campesinos, de nuestros artesanos, y que toda esa ruina se tape echándole loas a la inversión extranjera. Le reclamo a la gente del Banco de la República que ojalá afine las cifras de las que disponemos, porque surge toda una discusión. Por ejemplo, ¿lo de Bavaria fue inversión extranjera? ¿Cuánto de ese dinero es inversión extranjera? Las compras nuevas que se vienen o, por ejemplo, la de la Colombiana de Tabaco, ¿es inversión? Un cambio de dueño ¿es inversión? Esa es una pregunta que todos nos estamos haciendo. Han debido afinarse las cuentas para saber cuáles son los efectos. ¿Da lo mismo la inversión en minería que en industria?

Aquí en Colombia hay dos grandes boom de inversión extranjera en los últimos veinte años. Uno, el de las privatizaciones de la década del noventa, capitales que vinieron a tomarse lo que ya estaba hecho, un mercado cautivo, etcétera. Negocios además de mula amarrada, como el de las empresas de servicios públicos, porque a los compradores el gobierno les había garantizado disparar las tarifas. Y ahora están vendiendo para quedarse con todo lo de los cacaos y cacaítos de la economía nacional. Eso es lo que está habiendo, una sustitución de propietarios nacionales por propietarios extranjeros, un fenómeno que en la mayoría de los casos no es inversión nueva, sino una toma de lo ya hecho, y entonces yo pregunto: ¿eso cómo contribuye positivamente, y de verdad, al progreso de Colombia? Lo que sí es nuevo en general es la inversión en minería, que no necesita Tratado de Libre Comercio, como bien lo prueban las inversiones extranjeras, por ejemplo, en Venezuela. Estos son todos asuntos que se debieran discutir. No hay tiempo para detallarlos. Simplemente, los menciono.

Y si se trata de analizar las cifras de México –lástima que se haya ido el expositor–, sería bueno que se miraran dos, que normalmente no examinan los amigos del “libre comercio”. Es verdad que México disparó sus exportaciones probablemente como ningún otro país en el mundo, y Colombia no puede ni soñar una cosa parecida por la simple razón de que no es vecino de Estados Unidos. Pero hay dos cifras que son mortales para el neoliberalismo global. Primero, en los tiempos del libre comercio, la tasa mexicana de crecimiento es la más baja en la historia de ese país. Y segundo, los niveles de pobreza son iguales o peores que los de Colombia. ¿En qué queda entonces el modelo? Si con este modelo se crece menos de lo que se crecía antes, un crecimiento ya de por sí mediocre, y la pobreza se mantiene incólume, ¿para qué sirve el modelo neoliberal? Porque el problema no es que se exporte mucho, sino qué efectos tiene esa exportación.

Economía colombiana estaba más globalizada en la Colonia

Hago ahora referencia a la intervención del doctor Plata, ministro de Comercio. Él argumenta que Colombia no se ha abierto. Le diría, ministro que, siendo precisos, lo correcto sería afirmar que no se ha abierto del todo. Es más, si Estados Unidos y ustedes logran imponernos el TLC, todavía Colombia no se habrá abierto del todo, porque siempre podrá abrirse más un país. Pero Colombia sí se ha abierto. O no es una apertura bajar los aranceles de 30 ó 40% a 13%. Es más, se la llamó la apertura, y quedó bien bautizada. En ese momento sus partidarios la defendieron como un hecho excelente, y agradezcamos, ministro, que no nos abrimos más, porque si no, todo lo que se va arruinar ahora con el TLC se hubiera ido a pique en la década de los 90. Agradezcamos entonces que la apertura no llegó a tanto, aun cuando la que hay es ya grande.

Hay un sofisma muy en boga en torno a la palabra globalización. No es ahora cuando el país ha comenzado a internacionalizarse. Eso no es sensato plantearlo. Nos estamos internacionalizando desde que vino Colón a América. Es más, la economía nacional era más global en 1800, cuando éramos colonia de España, que ahora, cuando apenas estamos empezando a volvernos colonia de Estados Unidos. En 1800, en cambio, llevábamos 300 años dependiendo absolutamente de España.

Me da pena decirlo, ministro, pero es una desproporción que usted arguya que lo que se está haciendo en Colombia fue lo mismo que se hizo en Corea y en China. Se lo voy a poner de una manera bien simple. La de China es una economía fuertemente estatal, con tasas de interés controladas por el Estado, con tasas de cambio controladas por el Estado, con todo controlado por el Estado. Y usted me aduce que lo que estamos aquí haciendo es lo mismo que hacen los chinos. No. Es una comparación que no cabe. Ahora, supongo que usted se refería a que ellos están exportando en colosales dimensiones, y es cierto, pero están exportando sobre la base de una economía que no se parece en nada a la nuestra. Y el caso de Corea, ni se diga. Está en la literatura económica. Usted debió de haberlo estudiado, porque además vivió por allá. Explica la literatura económica que el modelo de desarrollo que se ha utilizado en todo el Oriente, empezando por Japón, y lo que copian después Corea y Taiwán y los demás Tigres asiáticos, es un modelo de vigorosísima intervención del Estado, de economía planificada, de subsidios. Todo el boom económico coreano se hace sobre la base de que hay un precio para el dólar de importación y otro para el de exportación. Es casi increíble, pero así fue. Es más, al que en Corea sacara dólares a las escondidas, ¿saben lo que le sucedía? Pena de muerte, que es la suma del intervencionismo del Estado. O será libertad económica la pena de muerte para el que saque unos dólares de un país. Entonces no me venga usted a argumentar que aquí se está aplicando igual política.

Nos toca competir con el mundo

Me impresiona también, y le copié la frase textualmente, que usted tirara un cuadro entero para afirmar: “Se compite es con los vecinos”. Y sacó a México, Ecuador, etc., pero no, se compite es con el mundo. El problema para vender en Estados Unidos es ese. Que hay que derrotar no solo a los gringos y a nuestros vecinos, sino también a chinos, malayos, indios y pare de contar. Ese es lío que enfrentamos. Usted habla del boom de las exportaciones, pero silencia que con el TLC el aumento de las exportaciones será inferior al de las importaciones y no por volumen, sino por precio, como lo señalé hace un momento. Calla usted además que hoy mismo vienen en picada las exportaciones de confecciones y de textiles al mercado de Estados Unidos, porque los chinos nos están sacando del mercado. Tanto es así, que llevamos dos o tres años cayendo sin cesar. Y alguien a quien usted conoce, uno de los expertos que más sabe de comercio exterior en Colombia, el doctor Jorge Alberto Velásquez, explicaba estos días en Portafolio una tendencia que es un hecho: Colombia va a perder prácticamente todo su mercado de confecciones, porque no es posible que con salarios como los nuestros, del orden de 2 dólares la hora, podamos competir con los salarios asiáticos, del orden de 20, 30 ó 40 centavos de dólar la hora. Eso está suficientemente claro y no va a cambiar por el TLC, porque el TLC en estas materias avanza muy poco, por no decir que nada.

Usted me sigue debiendo las cifras, ministro. Y como trae las que no son, le voy a aclarar cuáles son las que quiero: las que explican cuál fue el impacto del libre comercio en los 90. Primero, balanza comercial 1990-2010, particularmente 1993-2000, para que veamos que lo que se disparó con la apertura fueron las importaciones y no las exportaciones, lo que arroja para la economía nacional cerca de 20 mil millones de dólares de pérdidas, le anticipo la cifra. Lo segundo, el empleo. El desempleo pasó de 9% a cerca de 21%. Tercero, la pobreza. Fueron casi diez años de estancamiento del ingreso per cápita, y pensemos cuánta pobreza ahí detrás de eso. Concentración de la riqueza: tráigame esa cifra también, de cómo se ha concentrado la riqueza en esos años, para que los colombianos vean cuál es el impacto de libre comercio en Colombia.

Me llama la atención el que las comisiones segundas inviten al gobierno a hablar de los asuntos macroeconómicos, y aquí no se mencionen. Porque es que cuando hablamos de macroeconomía, y no soy economista, estamos es haciendo referencia a cosas muy precisas, no a cualquier tema. Hablamos de balanza comercial, y de eso algo sí dijeron, pero muchas de las cifras que citaron se vuelven contra ustedes. Por ejemplo, las del estudio de Planeación de 2003, que habla de que las importaciones crecerán al doble de las exportaciones, casi 12 contra 6 por ciento. Sigo pensando que ese es un estudio cierto. Otro estudio, el del Banco de la República, también citado aquí, aunque ustedes intentaron morigerarlo, coincide con el de Planeación. Y es natural que así sea, y esto no se aclara aduciendo lo de la desviación de comercio. No, señores. Es natural que sea así por una simple razón: nosotros vamos a bajarnos de un arancel promedio de aproximadamente 13% hasta otro de cero por ciento. Y los gringos se van a bajar de un arancel de 2,5% hasta otro de cero por ciento. Nosotros nos vamos a desgravar, a desproteger, cuatro veces más que ellos. Natural entonces que vaya a haber un mayor aumento de las importaciones y no de las exportaciones. Vamos a sufrir además enormes pérdidas en la Comunidad Andina, y ojalá sucedan cosas en Ecuador y en Venezuela que en algo nos protejan. Porque si se aplica el Tratado de Libre Comercio en Ecuador y Venezuela, como quieren los gringos y como quiere el gobierno nacional, vamos a tener una pérdida grande por desviación de comercio en las exportaciones de Colombia a esos países. Es un fenómeno perfectamente registrado. Los estudios del BID, o sea, los gringos, dicen que están en riesgo hasta el 80% de las importaciones intratan, por desviación de comercio. Va a sufrir sobre todo la pequeña industria, así el doctor Juan Alfredo Pinto diga que aquí no va a pasar nada y que ellos van a ser exportadores netos. No, vamos a perder nada menos que el mercado andino, el mercado vecino, el mercado preferencial para nuestras exportaciones, y esto es asunto de macroeconomía. Va a ser una de las pérdidas más grandes del TLC, como lo señaló el propio Hernán Echeverría Olozagá antes de morirse. Él se quejaba en estos términos: quienes soñamos con tener un Going-concert más o menos de importancia en torno al cual desarrollar la economía colombiana con esto del libre comercio, lo hemos perdido todo. Y está aquí hablando un empresario que tenía por qué saberlo.

Subirá el IVA y habrá nuevas revaluaciones

Lo segundo, el recaudo tributario. Aquí se dieron las cifras en puntos del PIB, y claro, ni el ciudadano del común, ni yo, y creo que ni la doctora Cecilia López, manejamos las cifras en la cabeza. Pero el estudio de Planeación que estoy citando habla de menores ingresos fiscales por 590 millones de dólares por causa del TLC. No es poca la suma: 590 millones de dólares menos de ingresos tributarios. Y el gobierno nos tranquiliza: no os preocupéis, muchachos, porque el crecimiento de la economía va a resolver este problema y a aumentar los recaudos fiscales. Bueno, los 590 millones de pérdida son una certeza. Lo otro, pajaritos de oro de los que estamos oyendo hablar desde 1990. Está por verse si es verdad que la economía va crecer lo que algunos dicen o por el contrario va decrecer lo que otros decimos. Entonces a mí no me sorprendería, contra los que tanto defienden a los consumidores, que este TLC nos termine costando, como le costó a Chile, otra reforma tributaria con mayor aumento del IVA para poder compensar las pérdidas fiscales. ¿En qué queda entonces el cuento de la comida más barata? Por un lado van a bajar los aranceles, pero por otro van a tener que subir el IVA para poder compensar las pérdidas que se van a tener.

Poco hablan de esto. Y tampoco dijeron una palabra sobre la revaluación de la moneda, nada, como si no tuviera nada que ver con el TLC. La revaluación de la moneda sí guarda estrecha relación con el “libre comercio” y sus secuelas, la libertad de los flujos de capitales, el recorte de las posibilidades de intervención del Banco la República porque la prohíbe el Fondo Monetario Internacional. Éste es un modelo que incluye la revaluación de la moneda. Usted lo explica bien, doctor Zuluaga, cuando dice: hay que prepararse para una moneda revaluada por largo plazo. Hace quince días, en El Espectador, el señor Dani Rodrick, un importante profesor de Harvard, explica cómo la revaluación de la moneda es consustancial al libre movimiento de los capitales. Y añade algo que es obvio: usted no puede exportar duro si se le revalúa la moneda. Entonces cómo es que les gusta exportar tanto si les gusta más que se revalúe la moneda. Y cómo es que se protegen en el mercado interno si se les revalúa la moneda. No olvidemos que la revaluación es un fenómeno que logra al mismo tiempo, hecho casi increíble, hacerles daño a quienes producen para exportar y a quienes producen para el mercado interno, porque se encarecen las exportaciones y se abaratan las importaciones. Esto es de la macroeconomía de este Tratado, porque el TLC ordena de manera absolutamente perentoria que no podrá haber bajo ninguna consideración control de flujo de los capitales con respecto a Estados Unidos. Y sabemos que Estados Unidos es el gran receptáculo de todo el capital especulativo que se mueve por el mundo.

Tampoco se dicho nada en torno al control de la tasa de interés. No es que lo perdamos estrictamente hablando, como tampoco el control de la tasa de cambio. Lo que ocurre es que se vuelve tan costoso manejarlo, que terminamos haciéndolo a un lado. En momentos de relativa calma unos dolaritos que se compran o venden de pronto algo nos ayudan, pero en momentos de crisis el control se vuelve tan costoso que se pierde definitivamente. Quedamos así en manos de los especuladores foráneos en el manejo de dos variables que son fundamentales en cualquier modelo económico. Repito la pregunta: cómo se exporta con una moneda revaluada. Eso no es posible por lo menos en las condiciones de un país como el nuestro.

Se perdió la cláusula de balanza de pagos

Hay otro asunto que ustedes no mencionan, también de macroeconomía, y es el problema de la cláusula de balanza de pagos. Una de las razones por las que yo le interpongo al presidente Uribe el denuncio por traición a la patria es por haber entregado la cláusula de balanza de pagos, cláusula que nos la garantiza nada menos que el Fondo Monetario Internacional, nada menos que la Organización Mundial de Comercio, como también la CAN, y que perdemos con el TLC. Explico brevemente que es lo que quiero decir. Una cláusula de balanza de pagos es un mecanismo de uso universal que les permite a los países tomar medidas heroicas cuando haya una crisis de balanza de pagos, o sea, cuando se quedan sin divisas suficientes para atender su comercio internacional y sus operaciones de crédito. Es lo peor que le puede ocurrir un país. ¿Qué es entonces lo que dice la cláusula de balanza de pagos? Que en esas condiciones, un país debe tomar medidas heroicas, por ejemplo, cerrar las importaciones, o no pagar la deuda, o sancionar drásticamente al que saque un dólar. La cláusula de balanza de pagos es una especie de bomba atómica contra una crisis de proporciones descomunales, por ejemplo, como la que vivió Argentina, crisis que son inevitables en la globalización y más aún en esta globalización, en la que impera una desprotección total. Porque el cuento de “nivelar la cancha” del que hablan con cierta propiedad los neoliberales lo que quiere decir es que un tsunami económico se mueve en una cancha nivelada, es decir, barre con todo en unas proporciones descomunales. Perdimos esa cláusula con el TLC, porque lo que quedó fue un remedo, que no es de ninguna manera comparable y es sólo aplicable a lo largo de un año. Esto son todos asuntos de la macroeconomía del Tratado y de los que nadie está hablando en esta discusión.

Otro asunto, la migración de los colombianos. ¡Cerca de tres millones de colombianos perdidos en los últimos años! Ese también debe ser un tema de macroeconomía. Tengo amigos que demógrafos advirtiendo sobre un fenómeno que a mi juicio puede terminar sucediendo, y es que en algún momento esos millones de compatriotas que se nos fueron le creen un roto al aparato productivo nacional. Porque es que a un país no se le van tres millones de personas sin que pase nada en el mediano plazo o aun a corto plazo. La pérdida no se compensa por supuesto por que esos compatriotas buenas personas manden unos dólares para Colombia, dólares que para más piedra financian unas importaciones que nuestras exportaciones no están en capacidad de hacerlo. ¿Sabe usted lo qué pasaría, doctor Óscar Iván Zuluaga si esos colombianos dejaran de mandar esos tres mil millones de dólares? Que el modelo se rompería en mil pedazos. Habría una crisis de balanza de pagos de proporciones enormes.

Por primera vez, desde 1998, empieza a aparecer un déficit de balanza comercial, lo que confirma una denuncia que hice hace unos años por ahí en algún libro. Me atreví a hacerla con ciertas dudas, pero corrí el riesgo. Dije que el modelo liberal condena a Colombia a períodos largos de crecimiento mediocre y a caídas abruptas del producto. Porque cuando la economía crece, genera un déficit que hace insostenible el crecimiento, y la única manera de nivelar las cargas es deprimiendo el consumo, que fue lo que se hizo en 1999. Es un hecho que el país no llegó a saber, porque si lo hubiera conocido no quiero ni imaginarme lo que le habría pasado a los ministros de Hacienda de esos años. La crisis del 99 se resolvió a base del hambre del pueblo colombiano, y eso es precisamente lo que nos impondrá el modelo del TLC. Si el día de mañana hay una crisis grave en Colombia, que ojalá no ocurra pero podría ocurrir, el modelo económico nos impone resolverla con cierre de empresas, quiebra de sector agropecuario, desempleo, baja de salarios, pérdida de propiedades. ¿Para qué? Para que caiga el consumo y para que, sobre la base de una economía con mayor índice de pobreza, se puedan igualar las cargas nacionales del aparato económico con las internacionales. Esta es la discusión que especialistas de ustedes conocidos, se lo digo a la gente del Banco la República, gente que trabajó con ustedes muchos años allá, como Helena Villamizar, ha detallado con toda precisión. Ahí están los artículos y documentos que nadie ha podido refutarle a la doctora Helena Villamizar. Los contradictores guardan silencio al respecto, a pesar de que son de un nivel académico nada despreciable. No es el caso del senador Robledo, congresista del Polo. No. Estamos aquí hablando de expertos con los mismos pergaminos que ustedes pueden exhibir y aun mejores.

Y llamo la atención sobre una anomalía que quiero lamentar. El TLC se aprobó hace ya más de un año y esta la hora en que el gobierno nacional no ha sacado un estudio sobre lo va pasar. En Estados Unidos rumban los estudios diciendo lo que va pasar y aquí seguimos con los ministros tirando globitos. Que posiblemente, nos dicen ellos, que probablemente, que es de esperarse, que tal vez, que quizá, y traen cifras de Japón, de todas partes, pero de Colombia, ni una sola. Y termino, ministro, con mi pregunta machacona: qué diablos es lo que vamos a exportar. Dígame un solo artículo, cualquiera, el que usted quiera, pero déme la certeza, con cifras detalladas, de que ese sí lo vamos a exportar.

Si desea escuchar las intervenciones del senador Robledo, utilice el siguiente vínculo: ¿Para qué sirve el modelo del libre comercio? Si con este nuevo modelo se crece menos y la pobreza se mantiene incólume
Gentileza de la oficina de Prensa del Senador Jorge Enrique Robledo. / MOIR
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