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GOBIERNOS LOCALES / PROV. DE RÍO NEGRO

Política y participación

Por Matías Rulli (*) Correo

Rebanadas de Realidad - Viedma, 07/07/07.- Una de las características de los sistemas políticos democráticos es que la sociedad espera pasivamente que los gobernantes den respuestas a sus demandas. La pérdida en la capacidad de respuesta es una de las razones fundantes que explican la falta de credibilidad en las autoridades políticas.

Por lo que es una incongruencia, al mismo tiempo que todo el mundo reconoce el bajo prestigio de nuestras autoridades, que nuestros sistemas de gobierno sigan concediendo y consolidando todo el poder en cabeza de los representantes y no se amplíe los canales de participación.

Ya que, si bien se les reconoce a las autoridades electas la responsabilidad en la definición de las políticas públicas, cada vez más los ciudadanos exigen ser tomados en consideración, que se debatan y negocien sus críticas, sus demandas y propuestas.

Así, el significado clásico de Ciudadanía, en su vertiente de "civismo" ha quedado superado, por lo que debemos bregar por un concepto que asista la integración e inclusión de las personas y que estimule la participación ciudadana desde los principios de democracia y corresponsabilidad.

El momento nos indica que el desafío de hoy es apoyar el desarrollo de una ciudadanía integrada, solidaria, comprometida y responsable.

Ciudadanía: Nuevos derechos, nuevos deberes

Jordi Borja, sabiamente, indica "La tipología de derechos simples heredados por la tradición democrática, tanto liberal como socialista, del siglo XVIII, es insuficiente para dar respuesta a las demandas de nuestra época" y resalta que hoy nos encontramos antes un sistema de derechos y deberes complejos.

Sitúa varios ejemplos entre los cuales destacamos dos que particularmente nos interesan:

El derecho a la vivienda ha quedado subsumido en el derecho a la ciudad, ya que no es suficiente promover viviendas "sociales", sino que estas deben hacerse integradas en el tejido urbano (accesibles, visibles, comunicadas y, fundamentalmente, con espacio público de calidad), para evitar crear los clásicos polos marginales.

El derecho al medio ambiente se ha transpolado hacia el derecho a la calidad de vida. Así, rescata, tesis que compartimos, que el derecho al medio ambiente generalmente se entiende desde una perspectiva preservacionista y de sostenibilidad. En cambio, el derecho a la calidad de vida avanza y comprende el medio como protección, recalificación y uso social no solamente del medio natural, sino también del patrimonio físico y cultural. La calidad de vida es abarcativa también, de la posibilidad de desarrollarse según las orientaciones personales de cada uno.

Es de recordar, que los derechos citados implican los consiguientes deberes, ya que de no ser así, los derechos pierden validez para toda la ciudadanía. Así, el derecho a la ciudad supone el civismo y el derecho a la calidad de vida implica un conjunto de comportamientos para respetar el derecho de los demás.

(*) Miembro de la Unión Iberoamericana de Municipalistas
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