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PROV. DE RÍO NEGRO

La oposición: sujeto fundamental de la democracia

Por Pedro Pesatti y Matías Rulli (*)

Rebanadas de Realidad - Viedma, 13/11/07.- La democracia es el único sistema político que resguarda y protege a quienes postulan ideas distintas a las del gobierno, y es éste uno de sus rasgos más relevantes en cuanto constituye la garantía para que la oposición y las minorías se construyan como alternativas de gobierno frente al partido político que detenta el poder. Una de las notas distintivas de la democracia reside, por lo tanto, en el reconocimiento del otro, en el convencimiento de que su accionar es positivo para el sistema político, y que sus ideas antes que constituir una peligro para el sistema -en tanto éstas estén ancladas en el pensamiento democrático- son siempre una reserva para reponer energías frente a la entropía a la que todo gobierno está expuesto. Cuando la oposición es débil o es ineficaz para actuar como tal, todo el sistema político -y ya no sólo el gobierno- corre el riesgo de ingresar en un proceso de entropía absoluta, entendiendo como tal el momento en el cual un sistema democrático se enfría y muere.

Habermas señala que la democracia es el sistema donde debe privilegiarse el mejor argumento y el mejor argumento sólo proviene del pluralismo y los disensos que se establecen en su seno para construir consensos, coincidencias, proyectos estratégicos y políticas de estado. Norberto Bobbio, siguiendo esta dirección, indica que en la democracia "cualquier forma de disenso es admitida, excepto aquellas que están expresamente prohibidas" y postula a continuación que en los autoritarismos sucede inversamente lo contrario, en tanto "cualquier forma de disenso está prohibida, excepto aquellas que son expresamente admisibles". La democracia, por lo tanto, es el sistema que para funcionar necesita de la diversidad de voces -es su combustible principal- porque del grado de la productividad de ideas dependen la construcción de los mejores argumentos para fundar un buen gobierno.

El pluralismo y el disenso, además, son los términos a través de los cuales se nutre la relación de las mayorías con las minorías, el cambio de roles de un grupo y otro y la alternancia de éstos en el manejo del aparato del estado. En la democracia hay un axioma no siempre admitido como tal: el pluralismo y la oposición son la razón de ser de las libertades que la democracia crea, su justificación como sistema y sobre todo, una garantía frente a la entropía a la que todo gobierno, como ya expusimos, está inexorablemente condenado. Por supuesto que en nuestro país no siempre la democracia es entendida así. Una larga tradición autoritaria, cercana en términos históricos, atraviesa nuestro sistema político de la misma manera que los personalismos fueron destruyendo el sistema de partidos que la Argentina debe pensar seriamente en restituir a partir de un fuerte compromiso de institucionalizar a fondo todo su funcionamiento político. En este aspecto, los grandes medios de comunicación juegan un rol fundamental en tanto y en cuanto las opiniones políticas se forman y consolidan en los ámbitos y debates públicos. En nuestro tiempo, lo que se discute y opina en un estudio de televisión suele provocar -de hecho sucede así- más resonancias que una jornada de debate en el Parlamento. Chomsky es un intelectual clave para comprender de qué manera éstos inciden hoy en el control social que conviene a los sectores dominantes y que en el plano doméstico -con algunas variaciones- es posible reconocer como lógica del funcionamiento de algunos medios que operan claramente como verdaderas prolongaciones de la acción política del gobierno de la provincia.

La existencia y el ejercicio de la oposición, aunque resulte reiterativo, es uno de los principales fundamentos de la democracia, pero no comprendida ésta desde un ejercicio reactivo, sino desde un lugar de propuestas, en donde "propuesta" debe entenderse también como el señalamiento de un error cometido por el gobierno o una denuncia estipulada sobre bases y pruebas que la sustenten. Propuesta, desde el lugar de la oposición, es mucho más que la formulación de un proyecto de ley o una gestión a favor de una institución de la sociedad civil. Es, sobre todo, sinónimo de control sobre el poder administrador del estado. Por lo tanto, cuando hablamos de una oposición propositiva debemos entenderla desde el concepto que hemos planteado para despejar ciertos argumentos pueriles que suponen que la oposición es un obstáculo para el gobierno. Los argentinos tenemos una tendencia a callar cuando debemos gritar y a gritar cuando es tiempo de reflexionar. Esta definición de Tomas Eloy Martínez, que indica una manera de actuar frente al gobierno, es frecuente en la historia argentina. Casi siempre gritamos a destiempo, y muchas veces porque nos negamos a oír las voces del disenso en los momentos en donde los gobiernos gozan de todo su poder.

El reciente triunfo del Frente para la Victoria en las elecciones del 28 de octubre sirve para ilustrar lo que desarrollamos en los párrafos anteriores. Pichetto fue el principal arquitecto de esta construcción en la provincia en la búsqueda de establecer un polo opositor que resultara para los rionegrinos una alternativa de cambio. Su determinación no resultó sencilla pues debió vencer múltiples resistencias en el plano interno del justicialismo y también con los otros partidos con los que fue articulando el Frente. Fue sometido a prolongados desgastes que pagó, sin duda, en las elecciones donde se dirimió el cargo de gobernador para que el fue postulado. Pero lo relevante de la acción que llevó adelante fue el de haber asumido con enorme responsabilidad un papel que Río Negro necesita a la luz de los numerosos problemas que tiene y que están íntimamente vinculados con la entropía cada vez más evidente en el funcionamiento político del grupo que nos gobierna desde hace un cuarto de siglo. Pichetto fue la voz más visible del disenso en estos últimos años y aunque el resultado electoral del 20 mayo no le fue propicio ello no indica que la estrategia adoptada haya sido incorrecta. El Frente ganó las elecciones de 2005 y en mayo ganó también frente a la Concertación, aunque la sumatoria de votos del PPR luego volcara el resultado a favor del doctor Saiz. Y se alzó con el triunfo en las últimas elecciones para cargos nacionales. La suma de estos resultados que acabamos de apuntar son inéditos desde la recuperación democrática y están indicando la necesidad de que el Frente, como principal fuerza política de la oposición, no abandone una estrategia que debe ser profundizada en la nueva etapa que se iniciará a partir del 10 de diciembre.

En este nuevo contexto el gobernador Saiz -a la luz de los severos problemas económicos y financieros que comenzarán a ser cada vez más visibles en la provincia- tiene la oportunidad de inaugurar una nueva actitud que no tuvo él en su primer mandato ni quienes fueron sus predecesores para establecer una relación con la oposición francamente democrática, al mismo tiempo que debiera estar abierto a todas las ideas, incluso frente aquellas que no comparte, para construir consensos que contribuyan a resolver las dificultades de su administración. Un gobierno democrático no sólo es la expresión de aquellos que ostentan el poder y la mayoría, sino también del conjunto de las fuerzas de la oposición. El gobierno provincial debe entender que convertir a la oposición en un actor político impotente, y degradarlo a partir de los medios de comunicación que domina para este fin, equivale a mellar su propia capacidad de gestión y su capacidad de mantener su legitimidad frente a una crisis que puede estar a la vuelta de la esquina.

La oposición, por su parte, debe hallar un punto de equilibrio para ejercer sus competencias, tanto desde la acción en el parlamento provincial como desde otros campos de su accionar político. Es su obligación, puesto que de su eficacia depende también la democracia para alumbrar nuevas alternativas y recambios. También la oposición debe entender que su ejercicio no empieza y termina durante un proceso electoral, sino que su acción es permanente, y que debe ser ejercida incluso cuando sus ideas puedan sonar como campanas de palo. La recursividad es clave para que las ideas prosperen de la misma forma que resulta clave que en el campo de la oposición todos los que tienen responsabilidades intervengan a tiempo, y no guarden silencio frente a quienes se atreven a desafiar al poder de turno a la espera de éstos se desgasten y le dejen libre el camino para ocupar luego sus espacios. La democracia nos pide a todos un idéntico compromiso: hacer del juego político un juego de ideas.

(*) Concejal de Viedma y Legislador electo de Río Negro; Miembro de la Unión Iberoamericana de Municipalistas y de Ciudad Política
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