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Zanon: un proceso de autogestión en marcha

Por Marie Trigona (*)

Rebanadas de Realidad - Rebelión, 06/04/04.- Al amanecer, en un gélido día de invierno, los trabajadores de Zanon, una fábrica de cerámica bajo control obrero, van entrando a la planta para realizar el primer turno del día (6:00-13:00). Saludan a los hombres encargados de la seguridad a la entrada de la planta y marcan la tarjeta en el reloj.

Desde marzo de 2002, la fábrica ha estado produciendo sin dueño, sin jefes y sin directivos. La fábrica se encuentra entre las colinas redondeadas y la tierra roja de la meridional provincia de Neuquén, en Argentina, y es la más grande de la región. Después de un prolongado conflicto con los dueños para que pagaran sus deudas, después del cierre repentino de la fábrica y de los despidos en otoño de 2001, los obreros de Zanon ocuparon la fábrica mostrando -en un ejemplo de resistencia frente al capitalismo para los trabajadores de todo el mundo- que ellos pueden producir aún mejor mediante la autogestión.

"La decisión consistía en quedarse aquí y luchar o marcharse a casa, podía haberme ido a casa pero decidí quedarme aquí en la fábrica y luchar", afirma enérgicamente Rosa Rivera, una de las 15 mujeres entre los 300 empleados de la fábrica.

"Los dueños nunca pagaban impuestos, durante la época del ex presidente Carlos Menem recibieron millones de dólares en subsidios, la explotación de los trabajadores era fortísima y la compañía robaba la materia prima para la fábrica de cerámica de las tierras mapuches "

Cuando se cerró el grifo de los subsidios a las empresas debido al colapso económico de Argentina en 2001, los dueños de Zanon decidieron cerrar sus puertas y despedir a los trabajadores sin pagar ni las mensualidades atrasadas ni indemnizaciones. En octubre de 2001, 266 de los 331 trabajadores originales decidieron seguir yendo a trabajar a la fábrica para conservar sus puestos de trabajo. Durante cuatro meses los trabajadores acamparon fuera de la fábrica, repartiendo panfletos y bloqueando parcialmente una autopista de acceso a la ciudad de Neuquén, capital de la provincia.

Mientras tanto, los acontecimientos de la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre de 2001, la breve pos- rebelión que surgió de la ocupación de otras fábricas y la organización de las asambleas populares y los trabajadores desocupados, también influyeron en la decisión de empezar a trabajar bajo control obrero.

"Cuando entramos de nuevo a la fábrica empezamos vendiendo el material producido a pequeña escala, cuando se acabó nos preguntamos qué queríamos hacer - ¿luchar por un subsidio de desempleo de 150 pesos (50 dólares) o poner la fábrica a funcionar?" explica Francisco Mollinas.

En marzo de 2002, los trabajadores de Zanon volvieron a la fábrica y empezaron a producir. "Esta es una lucha contra el individualismo, contra todo lo que los de allá arriba nos imponen. Dentro de la fábrica luchamos por una nueva existencia humana." Tan pronto como los trabajadores empezaron a producir sin un dueño y sin jefe, las relaciones dentro de la fábrica fueron reinventadas, rompiendo con la organización jerárquica, el aislamiento y la explotación. Los trabajadores describen las prácticas de la compañía para controlarlos - un ejemplo: los trabajadores estaban obligados a llevar un uniforme de un color determinado para identificar el sector al que pertenecían, y tenían prohibido hablar con trabajadores de otros sectores.

En la pared de las oficinas cuelga una baldosa de cerámica con la imagen de un hombre joven, Daniel, con una inscripción recordándole como un compañero y amigo que murió en la fábrica. La producción estaba planteada para maximizar las ganancias de la empresa, reduciendo salarios al mínimo nivel posible, haciendo recortes en las medidas de seguridad laboral y presionando a los trabajadores para que produjeran a niveles más altos y poder así tener menos trabajadores en la cadena de producción.

Las condiciones previas a la ocupación obrera daban lugar a una media de 25 a 30 accidentes laborales cada mes y una muerte al año. En los años de producción de Zanon, 14 trabajadores murieron en la fábrica. Desde la ocupación de Zanon por sus trabajadores no ha ocurrido ningún accidente en la fábrica. "Con el dueño, estábamos preocupados y presionados. Sin él se trabaja mejor, se asume más responsabilidad conscientemente", comenta un trabajador.

La fábrica está organizada según los principios de horizontalidad, democracia directa y autonomía. Todo se decide en asambleas, no existe una jerarquía de personal o administración. Cada sector, como la línea de producción, ventas, planificación de producción, prensa, etc, tiene una comisión que vota a un coordinador. El coordinador del sector informa sobre los asuntos, las novedades y los conflictos de su sector a la mesa de delegados. Después el coordinador informa de nuevo a su comisión sobre las novedades de los otros sectores.

Hoy en día, Zanon emplea a más de 300 obreros y continúa planeando contratar a más. Desde la ocupación de la fábrica han sido contratados más de 70 trabajadores. La asamblea de los trabajadores decidió que es necesario contratar a obreros de las organizaciones de trabajadores desempleados. La mayoría de los nuevos empleados participa en el Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD). Cada trabajador percibe un salario de 800 pesos al mes, que está basado en el coste básico de las necesidades familiares, la "canasta familiar".

La fábrica se extiende en varios bloques y consta de 18 líneas de producción, de las cuales actualmente sólo tres están funcionando. Con la fábrica produciendo al 12-15% de su capacidad total, niveles reducidos de explotación (con una jornada laboral más corta, salarios más altos) han conseguido contratar a más trabajadores.

Una de las claves del éxito de Zanon ha sido la inserción de la lucha de los trabajadores en la comunidad. A la entrada de la fábrica los obreros han construido un mural realizado con trozos de cerámica. El mural cuenta la historia de la lucha dentro de Zanon. Comienza con hombres y mujeres alrededor de una gran cacerola cocinando sobre un fuego.

Durante los meses en el exterior de la fábrica, vecinos, estudiantes y trabajadores del movimiento piquetero mostraron su solidaridad entregando donaciones y alimentos para la campaña de los trabajadores. Los presos de la cárcel de detrás de la fábrica donaron sus raciones de comida a los obreros. Organizaciones sociales como las Madres de Plaza de Mayo han actuado en solidaridad, algunas de estas mujeres alcanzan ya los 70 años de edad, y han declarado que ellas también defenderán la fábrica con sus vidas.

La organización de la autodefensa y la seguridad de Zanon es fundamental para la fábrica. La respuesta del gobierno ha sido violenta, utilizando diferentes tácticas para desalojar la fábrica. El gobierno ha intentado el desalojo cinco veces con operaciones policiales.

En cada ocasión, miles de miembros de la comunidad salieron en defensa de la fábrica. Cuando hay amenaza de desalojo, todos abandonan sus puestos de trabajo y asumen su papel en la seguridad -las organizaciones de trabajadores desocupados construyen líneas de autodefensa en el exterior de la fábrica mientras los trabajadores suben al tejado para adoptar otras medidas de autodefensa como el uso de las hondas.

La prisión número 11 está situada justo detrás de la fábrica. Una noche acompañamos a los trabajadores encargados de la seguridad nocturna en sus rondas alrededor de la fábrica y nos acercamos a la prisión. A unos 20 metros escuchamos el "clack-clack" de un guardia de los presos cargando su rifle según pasábamos por allí.

La fábrica ha desarrollado medidas particulares para evitar que entren infiltrados en el predio. Cada trabajador debe marcar tarjeta, no para penalizarle por llegar tarde sino para llevar la cuenta de quién está dentro de la fábrica. Antes, la seguridad de la planta se usaba para evitar que los trabajadores robaran equipos, hoy los trabajadores encargados de la seguridad se cercioran de que todos los obreros que acudan a trabajar traigan sus hondas consigo.

El 25 de noviembre de 2003, los obreros de Zanon y las organizaciones de trabajadores desocupados en Neuquén protestaron contra la tarjeta de débito para los desempleados (en lugar de recibir el subsidio de desempleo de 150 pesos en metálico, el gobierno quiere ahora que los desocupados usen una tarjeta bancaria, obligándoles a sacar una cantidad mínima en metálico del banco y a comprar determinados productos en "redes comerciales" de supermercados transnacionales).

Las protestas terminaron con la violenta represión del Estado. Hubo más de 22 heridos -10 con heridas de bala de plomo-. Andrés, del MTD, y trabajador en la fábrica fue herido por más de 64 impactos de bolas de goma, retenido durante 8 horas por la policía sin atención médica mientras era torturado. Perdió el ojo izquierdo.

El 2 de diciembre de 2003, siete hombres encapuchados entraron armados a la fábrica y robaron 32.000 pesos. Esto ocurrió también después de que varias organizaciones en Neuquén fueran brutalmente reprimidas en noviembre, y trabajadores y activistas del MTD fueran amenazados de manera continuada en sus casas. "Nosotros vemos esto como una forma de presionar a quienes estamos luchando por una sociedad más justa", publicaron los trabajadores en la prensa después de que los infiltrados se marcharan con el dinero.

El gobierno además está usando a las cooperativas para hacerse con las fábricas bajo control obrero. Aparte de Zanon, sólo hay un negocio, el supermercado Tigre en Rosario, que ha rechazado la cooperativización. "El gobierno está absorbiendo el movimiento con diferentes métodos. El estado ofrece cooperativas a cambio de dejar de luchar", explica Raúl Godoy, trabajador de Zanon.

Los trabajadores de Brukman, la fábrica de trajes en Buenos Aires que fue desalojada el 18 de abril de 2003, han regresado a la fábrica pero bajo cooperativización. Ahora disponen de sólo dos años para comprar la maquinaria y el edificio según el acuerdo que el gobierno ha ofrecido. Desde el desalojo de Brukman, la izquierda política ha sido criticada por su dañina intervención en el conflicto (convenciendo a los trabajadores de que las tácticas de autodefensa no eran necesarias durante la ocupación obrera de 16 meses y cuando los trabajadores intentaron volver a entrar en la fábrica después del desalojo). Ahora la fábrica tiene una compañia de seguridad privada, un recuerdo vergonzoso de lo que la fábrica simbolizó en el pasado.

Rosa Rivera, trabajadora de Zanon durante 15 años explica que Zanon no es sólo una lucha para los 300 obreros de la fábrica sino una lucha para la comunidad y la revolución social. "Si una fábrica es cerrada y abandonada, los trabajadores tienen el derecho de ocuparla, ponerla a funcionar y defenderla con sus vidas."

En el desconcierto de los muy divididos movimientos de Argentina, Zanon sigue siendo una de las expresiones más dinámicas de la resistencia contra el capitalismo. El proceso social dentro de la fábrica ha traído la inspiración para romper con el patrón a otros trabajadores que están ocupando fábricas y a la clase trabajadora en todo el mundo.

Fuente: Znet.
(*) periodista independiente y activista en Argentina. Participa en el Grupo Alavío, un colectivo de vídeo y acción directa. Puede ser contactada en mtrigona@riseup.net.
Gentileza de Revista Rebelión.
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