Bufete de Informaciones Especiales y Noticias

Brasil: Por la revalorización del Salario Mínimo

Por Altamiro Borges (*)
Traducido para Rebelión por Aldo de Vos

Rebanadas de Realidad - Rebelión, 14/04/04.- En un gesto de coherencia y coraje, el veterano economista Paul Singer, de 72 años, profesor titular de la USP [Universidad de Sao Paulo] y secretario nacional de Economía Solidaria del Ministerio del Trabajo [Brasil], publicó la semana pasada un incisivo artículo en defensa de la inmediata valorización del salario mínimo (1). En el momento en que el gobierno Lula [presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva] discute el índice de reajuste, y que las centrales sindicales deciden batallar por el aumento real del mínimo, la opinión de este prestigioso intelectual y ocupante de un puesto de relevancia en el ejecutivo confirma que no todos se inclinaron a la "ortodoxia del gallinero" impuesta por la doctrina neoliberal. La disputa entre cambios y continuismos se explica y se intensifica en el interior del gobierno. Se aproxima la ¡hora de que el jaguar se ponga a beber agua!

En el artículo, Singer argumenta que "en la actual coyuntura de la economía, el reajuste del salario mínimo es crucial, ya que ofrece una oportunidad de invertir el rumbo ascendente del desempleo, dándole al crecimiento económico brasileño el impulso que necesita". Después de relacionar algunas iniciativas positivas del gobierno Lula, con destaque para la oferta de crédito a los más necesitados, da una sutil estocada en la política macroeconómica de Palocci/Meirelles [ministro de Hacienda y el director del Banco Central, respectivamente]. "El crecimiento perdió el aliento cuando el Banco Central suspendió las reducciones de la tasa de interés. Hubo una reversión de las expectativas, tanto de las inversiones como de los consumidores. El optimismo cuanto a la baja del desempleo cedió lugar al pesimismo".

Por este y otros motivos, Singer defiende que "un reajuste substancial del salario mínimo, bien por arriba de la elevación del costo de vida, es más que oportuno en este momento. Eso ocasionaría un aumento inmediato y vigoroso del consumo de los más pobres... Un reajuste generoso del mínimo beneficiaría a la mayoría de los asalariados directamente, recuperando parte de las pérdidas sufridas en los últimos años. Y la beneficiaría indirectamente, al acelerar el crecimiento de la demanda efectiva y, por lo tanto, de la producción y del empleo". La argumentación del renombrado profesor es irrefutable. Es sólo recordar que, según el último censo del IBGE [Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas], el 51,4% de los asalariados brasileños recibían hasta dos salarios mínimos y el 65,3% ganaba hasta tres mínimos.

Precaviéndose de las reacciones de los adoradores del "dios-mercado", Singer aborda la conocida excusa de que el aumento real agravaría el déficit público -el mismo blablabla escuchado hace una década del neoliberalismo-. Para Singer, "el efecto expansivo sobre el gasto público sería compensado por el aumento de la recaudación fiscal recurrente de la elevación de la actividad económica... Sin dudas, el crecimiento económico sustentado daría la oportunidad para un aumento de los ingresos tributarios mayor que la elevación del gasto provocado por el reajuste del salario mínimo. Sin hablar de los efectos que eso tendría sobre la desigualdad de las rentas". Como se observa, la batalla por la efectiva valorización del salario mínimo ganó un convicto y convincente aliado!

Oportunidad histórica

Hace mucho tiempo que voces progresistas de la sociedad advierten de la importancia del salario mínimo. Pero el sindicalismo brasileño, más insertado en los sectores del mercado formal que reciben un poco por encima de este reducido piso, no siempre dio la debida atención al tema. Preso de las demandas economicistas de lo cotidiano, y fragmentado en la acción corporativa, poco se involucró en amplias campañas por su aumento real. Ahora, sin embargo, surge la oportunidad para que se redima del error y se asuma esa bandera crucial para el desarrollo del país y la valorización del trabajo. El nuevo gobierno, a pesar de su dualidad, crea mejores condiciones para esta conquista. Al final, Lula se comprometió a duplicar el valor del salario mínimo durante su mandato.

La legislación del salario mínimo fue creada en 1936 y su primer valor fue fijado el 1 de mayo de 1940, a través del decreto ley 2.162. La decisión política de Getulio Vargas [presidente brasileño entre 1930-1945 y 1951-1954], apuntando a regularizar el mercado de trabajo, acabó arraigándose en la cultura brasileña, convirtiendo en obligatorio este derecho en todas las Constituciones. La Constitución de 1988 fijó que el salario mínimo debe ser "capaz de atender a las necesidades vitales básicas del trabajador y de su familia con: habitación, alimentación, educación, salud, diversión, vestuario, higiene y aportes jubilatorios, con reajustes periódicos que le preserven el poder adquisitivo". Con el tiempo, sin embargo, el salario mínimo perdió gradualmente su valor y hoy vale menos que un tercio del fijado en 1940 (2). Para reponer las pérdidas históricas y respetar los preceptos constitucionales, el salario mínimo debería alcanzar hoy los 1.402,63 reales [actualmente en 240 reales].

Datos de la última Encuesta Nacional por Muestreo Domiciliario indican que el 24% de los ocupados ganan hasta un mínimo. Descifrando estos datos, el Diesse [Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socio Económicos] constató que en "el Nordeste, los trabajadores ocupados que ganan hasta un salario mínimo representan el 47,6% del total", por arriba del promedio nacional; entre las escasas ocupaciones la mayoría depende de este menguado piso, con el "55,5% de los empleados domésticos recibiendo hasta un mínimo", la discriminación de las mujeres y negros queda explícita en este estudio, que también desenmascara el mito del empleado público bien pagado. Entre los que recibían hasta un mínimo en diciembre del 2000, el "14,4% pertenecían a la esfera federal, el 43,6% a la estadual y el 46% a la municipal". El Dieese registra también casi 12 millones de jubilados y pensionados que reciben beneficios correspondientes a un salario mínimo.

Frente a esta llamativa y deprimente realidad, el Dieese es enfático al concluir que la valorización del trabajo pasa obligatoriamente por la efectiva elevación del salario mínimo. Este sería un instrumento indispensable de distribución de la renta en Brasil. El aumento real del mínimo elevaría el consumo de una amplia faja de la población, lo que generaría una mayor producción, más empleos y, consecuentemente, el aumento de la renta del conjunto de los asalariados. "Es casi imposible pensar en una política de corrección de la desigualdad de renta sin utilizar el salario mínimo como uno de sus principales instrumentos", afirma. Por último, el Diesse garantiza que esta valorización tendría efectos altamente positivos sobre el crecimiento de la economía.

Batalla de titanes

Hechos de incontestable y sólida argumentación, entretanto, no garantizan que resurja por ahora el aumento real del salario mínimo y ni que el presidente Lula cumpla la promesa de duplicar su valor. La reacción del "dios mercado", inclusive la quinta columna infiltrada en el Palacio del Planalto [Casa de Gobierno], será violenta. Según cálculos del Centro de Estudios Sindicales y de Economía del Trabajo (Cesit-Unicamp), ya el año pasado el gobierno colocó en riesgo su compromiso público al elevar el mínimo de 200 a 240 reales. En la práctica, el aumento real fue de sólo el 3,5%, considerando el IPCA [Índice de Precios al Consumidor Amplio] del periodo. "Para duplicar el mínimo, el aumento real necesitaría ser del 19% al año en los cuatro años del mandato, además de la reposición de la inflación" (3).

Como se observa, la conquista de un "generoso reajuste del mínimo", como propone Paul Singer, dependerá de la intensa presión de las fuerzas interesadas en el éxito del proyecto de desarrollo nacional con valorización del trabajo. En esta batalla de titanes, que necesitará combinar una masiva movilización social con hábil articulación política, será necesario intensificar la lucha de ideas, desenmascarando las falacias de los liberales de turno. En esta contienda ideológica, vale la pena apropiarse de la contribución de otro renombrado intelectual que hoy integra el Ejecutivo. Hace dos años, Jorge Mattoso, hoy presidente de la Caja Económica Federal [Banco gubernamental] rechazaba las manipulaciones de las fuerzas contrarias al aumento real del mínimo.

"Es enorme la indiferencia con que la elite trata el trabajo simple y las condiciones de aquellos que reciben un salario base... Su indiferencia es disfrazada con un discurso tecnocrático y de apariencia lógica, como cuando se defendía el régimen esclavócrata en el siglo XIX. En ese entonces, se enfatizaba `el peligro de la desorganización de la economía´ y el riesgo de la falta de brazos en la cosecha para mantener la esclavitud´. Hoy, a comienzos del siglo XXI, son los gastos con la Jubilación, las pequeñas municipalidades, las regiones más atrasadas que sirven de biombos para la preservación del mínimo salario mínimo" (4).

Notas:
1.- Paul Singer. "Salario mínimo, la oportunidad", Sección Tendencias/Debates de la FSP de 09/04/04.
2.- Boletín do Diesse. "La cuestión del salario mínimo". Edición especial para el 1º de mayo de 2002.
3.- Fátima Fernandes. "Promesa de Lula de duplicar el mínimo queda más distante".
FSP, 01/04/03.
4.- Jorge Mattoso. "Mínimo salário mínimo". Jornal do Economista, número 133
(*) Altamiro Borges es periodista, miembro del Comité Central del PCdoB [Partido Comunista de Brasil], editor de la revista Debate Sindical y autor, con Marcio Pochmann, del libro "Era FHC: La regresión del trabajo" (Editora Anita Garibaldi)
Gentileza de Revista Rebelión.
Rebanadas de Realidad - Envíenos sus comentarios e informaciones