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Condiciones de la minería en el Perú (*)

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Rebanadas de Realidad - Nueva Epoca, 08/07/04.- La minería, a nivel mundial, es una industria considerada de manera especial, debido a que en la mayoría de los casos los mineros, mantienen relaciones muy estrechas con las comunidades circundantes y que ocupa a trabajadores que realizan un trabajo sucio y peligroso.

En comparación con otros sectores productivos, la minería no es un importante generador de empleo. Un informe realizado por la OIT, Condiciones de trabajo, seguridad y salud ocupacional en minería del Perú, evidencia que esta ocupación sólo absorbe "el 1% de la mano de obra mundial, es decir, unos 30 millones de personas, de los cuales 10 millones trabajan en minas de carbón". Sin embargo, por cada puesto de trabajo en la minería existe como mínimo otro que depende indirectamente de ésta. "Se estima, además, que al menos otros seis millones de personas trabajan en minas pequeñas".

Además, el sector es responsable de cerca del 8 % de los accidentes laborales mortales (15.000 al año aproximadamente). Resulta significativo ese número, así como el de la cantidad de trabajadores afectados por enfermedades profesionales (neumoconiosis, pérdida de audición y lesiones causadas por vibraciones), en relación a las cuales, la incapacidad prematura e incluso fallecimiento son directamente atribuibles al trabajo.

El Perú es lo que se conoce como un país minero, ya que la participación del sector en la generación del PBI es igual o mayor al 8% y su contribución a la generación de divisas es mayor al 40%. Su territorio es considerado como uno de los distritos mineros más importantes del mundo, destacándose en la producción de plata, estaño, oro, cobre, zinc, plomo, hierro y en menor escala, otros metales.

Según "La Encuesta Nacional de Hogares de 1998", elaborada por el Ministerio de Trabajo y Promoción Social, la población trabajadora de la minería está compuesta principalmente por personas que se encuentran en el rango de 25 a 44 años de edad (56%), mientras que el rango de 45 a 54 años representa el 20% y los menores de 24 el 16%. La investigación de la OIT expresa la conveniencia de realizar series estadísticas que permitan ver la evolución de la participación de los trabajadores por edades a lo largo de la década del 90. Se estima, al respecto, que el promedio de edad podría haber descendido con relación al de la década del 80, debido a la salida de trabajadores más antiguos, ya sea por despidos directos o a través de los programas implementados en el proceso de privatización del sector minero.

En materia de seguridad y salud en el trabajo, los mineros tienen que trabajar en un entorno laboral en constante transformación. Algunos trabajan sin luz natural o con ventilación insuficiente, excavando la tierra, extrayendo material y, al mismo tiempo, debiendo tomar medidas para evitar que se produzca una reacción inmediata de los estratos próximos. También son conocidos los nocivos efectos sobre la salud de los trabajadores en relación con las modalidades de organización de las jornadas de trabajo (muchos trabajan 40 días seguidos con una jornada de 10 o más horas), así como las consecuencias del trabajo nocturno. A pesar de los importantes esfuerzos realizados en muchos países, la tasa mundial de víctimas mortales, lesiones y enfermedades entre los obreros demuestra que, en la mayoría de ellos, la minería sigue siendo el trabajo más peligroso.

Las condiciones ambientales y de higiene de este tipo de trabajo son nocivas, puesto que la iluminación, el nivel de ruido, las vibraciones, y otros aspectos del entorno circundante pueden afectar a los trabajadores y, en consecuencia, a su trabajo. A la vez que en el caso de Perú, específicamente, es necesario hacer hincapié en la necesidad de prestar atención al problema del trabajo en altura y a las consecuencias que el mal de montaña crónico tiene en un porcentaje relevante de la población.

A estas características laborales y a la particularidad de haber tenido siempre una fuerte organización de trabajadores con participación e influencia en muchas decisiones sociales y políticas, se atribuye que en forma relativamente temprana se hayan producido normativas internacionales para regular diferentes aspectos de esta actividad como el Convenio sobre las horas de trabajo en la minería (núm. 31) de la OIT., firmado en 1931.

Una de las normas internacionales más importantes para las cuestiones referidas a la protección de los trabajadores mineros es el Convenio sobre salud y seguridad en la minería (núm. 176) adoptado por la Conferencia Internacional del Trabajo en 1995, junto con la Recomendación sobre seguridad y salud en las minas (núm. 183), adoptada en la misma ocasión.

Este Convenio, que se aplica a todas las minas, hasta la fecha ha sido ratificado por Alemania, Armenia, Austria, Botswana, Eslovaquia, España, Estados Unidos, Filipinas, Finlandia, Irlanda, Líbano, Noruega, Polonia, República Checa, Sudáfrica, Suecia y Zambia.

La adopción de dicho convenio, es importante pues establece que los mineros se enfrentan a peligros especiales, y que las normas anteriores de la OIT sobre salud y seguridad en el trabajo y la legislación existente en muchos países resultaban inadecuadas para afrontar las necesidades específicas de la minería.

Por último, en 2001 la OIT elaboró unas Directrices para la gestión de la seguridad y la salud en el trabajo. Esas directrices fueron preparadas para su utilización en todos los tipos de establecimientos productivos y, por lo tanto, son aplicables al caso de los emprendimientos mineros.

La industria minera en el Perú ha pasado por varias etapas con características determinantes: la década del 80 está signada por una situación de crisis con ajustes en la oferta minera, desinversión en muchas regiones mineras en el mundo, descenso generado en las cotizaciones que llegaron a los niveles más bajos en varias décadas. Perú, en especial, se caracterizó por el cierre de minas y por tanto una caída muy importante en la producción, dando como resultado un período marcado por la inestabilidad.

Ya a principios de los 90, esta tendencia se revierte, entrando en lo que se llamó un boom minero debido a la recuperación de las cotizaciones del oro y la plata, periodo en que se recupera la producción minera en general, aunque ante todo se recuperó la visión de la inversión productiva a mediano y largo plazo. A fines de la década, sin embargo, se produjo una caída muy significativa en las cotizaciones, a los niveles más bajos registrados en los últimos 10 años.

La liberalización de la economía tuvo una influencia fundamental en esta caída, a la vez que trajo aparejada la flexibilización de las normas laborales. Hubo en especial dos medidas que afectaron radicalmente el sistema laboral minero: la subcontratación de terceros y la reducción de obligaciones en el bienestar social para los trabajadores. Con esto, las empresas reducen en gran medida sus costos laborales pues sólo mantienen una mínima parte del personal como permanente, mientras que los trabajos más intensivos y con menor calificación técnica, la mayoría de las veces son contratados. Esta reducción, a la vez supone, una no inversión en infraestructura de seguridad social, como hospitales, campamentos mineros, o educación, dejando un impacto importante en las condiciones de vida de los trabajadores.

Para el movimiento obrero la consecuencia más evidente de estas medidas fue la división de la fuerza laboral. Los empleados u obreros de la empresa que gozan de sueldos y salarios mucho mayores que aquellos contratados, no quieren perder sus beneficios y por lo tanto, no se solidarizan con la mala situación en que se encuentran los trabajadores subcontratados.

Si bien los mineros han sido a menudo la elite de los trabajadores industriales y con frecuencia han desempeñado un papel decisivo en la sociedad ante los cambios políticos y sociales, el aumento de la terciarización sumado a la situación de recesión y el exceso de mano de obra desocupada han ocasionado que los sindicatos de trabajadores hayan perdido gran parte de su fuerza y representatividad en el Perú, especialmente en los asentamientos mineros.

A pesar de este proceso mundial que ha generado el debilitamiento del movimiento obrero en general, en el Perú, con la intención de revertir esta situación, en el año 1999 se realizó un Congreso Nacional con la participación de más de 600 delegados de 13 regiones, donde se acordó constituir la Coordinadora Nacional de Comunidades del Perú Afectadas por la Minería -CONACAMI-.

Junto con la constitución de la Coordinadora se redactó el mandato en el cual se planteaba la misión de dicho organismo. "La Coordinadora está propiciando líneas de acción y propuestas para el desarrollo sostenible en las poblaciones indígenas impactadas por la actividad minera, hidroenergética y otras". Los objetivos se orientan al financiamiento mediante el autosostenimiento y la búsqueda de recursos externos; el reconocimiento e interrelación nacional e internacional, el fortalecimiento institucional y el desarrollo de capacidades de los dirigentes integrantes de la Coordinadora Nacional.

Para el sector de la minería, el fortalecimiento de las organizaciones laborales y sindicales es fundamental, puesto que por sus características particulares se lo considera como uno de los trabajos más peligrosos, los mineros están expuestos a innumerables peligros socioambientales. Lograr una mayor y mejor protección de la calidad de vida de los trabajadores de este sector debe ser una prioridad no sólo para las empresas mineras sino también, y fundamentalmente, para el Estado peruano.

(*)Nueva Época, Año XVIII - Nº 89 - Mayo de 2004
Gentileza de Nueva Época, publicación de la Federación Latinoamericana de Trabajadores de las Industrias y la Construcción (FLATIC)
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