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Haití: el revés de los vaqueros que se fabrican en Ouanaminthe...

Por Laurent Duvillier
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Rebanadas de Realidad - Bruselas, 23 de feberero de 2004 (CIOSL EnLínea): Salarios míseros, horarios infernales y violencia sexual... Primer plano de la zona franca de Ouanaminthe, con la entrevista a Joseph Salnave (25 años), ex obrero textil de la zona, que denuncia las condiciones en las que se confeccionan los vaqueros que se venden en Occidente. Esperando que los recientes avances en lo que concierne el respeto de los derechos sindicales (*) se concreticen...

Durante dos meses y medio, usted trabajó cosiendo a máquina junto a 240 obreras y obreros haitianos. ¿Sabía el salario que se pagaba en la zona franca de Ouanaminthe antes de entrar?

Francamente, al comienzo, cuando supe que el salario era de nada más que 432 gourdes (alrededor de 10 dólares estadounidenses) por semana, no quería firmar el contrato (ndlr: actualmente 575 gourdes). Luego, la patronal de la zona franca nos convenció diciéndonos: "Transcurridas seis semanas, se les pagará algo más. Y cuando lleguen a tener un rendimiento del 100 por ciento, es decir, 900 piezas por día, cobrarán 800 gourdes, que es el salario de los "obreros profesionales calificados". Pero por ahora todavía están en período de aprendizaje..."

Yo me lo creí. Finalmente empecé a trabajar el 19 de mayo de 2003 en la zona franca, donde me incorporé a la sección "pasamanería" y "dobladillos", dos tipos de operaciones en las que me había especializado. Nunca se cumplieron las promesas de aumento salarial.

¿Cómo era una jornada de trabajo en la zona franca? ¿Podría describirla?

La jornada comenzaba a las 6,45 de la mañana y terminaba a las 19 horas. Eran casi 11 horas sin interrupción, salvo una pausa de 45 minutos a mediodía para comer, lavarse la cara e ir al baño. Luego, se reanudaba el trabajo. Se podía ir al baño una o dos veces por día. A la tercera vez, los "supervisores" dominicanos nos trataban de "indisciplinados".

Trabajábamos bajo la presión constante de esos "supervisores", que nos obligaban a mantener un ritmo de producción de 900 piezas diarias, es decir, a coser por ejemplo 900 braguetas. Los vaqueros de marca Wrangler o Levi's se vendían luego a los Estados Unidos. Quien no había terminado el trabajo al 100 por ciento debía trabajar al día siguiente para compensarlo.

¿Hizo usted horas extraordinarias?

Por supuesto. Los "supervisores" exigían llegar a horario. Pero no se preocupaban por la hora de salida de la fábrica. El carné de identificación se mostraba a la entrada y no a la salida de la zona franca, por lo que nunca se contabilizaban ni pagaban las horas extraordinarias. Se suponía que debíamos hacer un horario de 48 horas por semana pero en realidad hacíamos 55. Yo dije que no me parecía justo. No les gustaron mis ideas, que consideraban "revolucionarias". Es uno de los motivos por los que me despidieron.

¿Qué otros motivos fueron mencionados para despedirlo? ¿En qué circunstancias se produjo el despido?

No fui yo quien decidió abandonar el trabajo. La patronal sospechaba que yo formaba parte del comité de defensa Pitobert, que militaba en la zona franca. En realidad yo no había hecho nada malo; solamente les daba información sobre los malos tratos a los que se nos sometía "adentro" y sobre el sistema represivo instaurado por la dirección.

A menudo había abusos de poder. Por ejemplo, diversos obreros despedidos se negaron a entregar sus carnés de identificación hasta que no se les hicieran sus aportes. Los "supervisores" recuperaron los carnés a punta de pistola. Bajo esa presión, yo también tuve que entregar el mío. Me insultaron y me amenazaron.

En la última semana que trabajé, solo me pagaron 212 de los 432 gourdes que me debían. Habíamos firmado un contrato renovable anualmente pero la dirección tenía el original y no nos había dado copia.

¿Qué reprocha usted hoy en día a la dirección de la zona franca?

La violencia sexual. Hacían bastante más que toquetear a las obreras durante el trabajo. Por ejemplo, si las haitianas que trabajaban con las máquinas querían una promoción, tenían que aceptar mantener relaciones con los "supervisores" dominicanos. Era una exigencia. Si se negaban, se las dejaba sin trabajo.

A pesar de las condiciones de trabajo, la pobreza impulsa todavía a numerosos jóvenes de Ouanaminthe a solicitar empleo en la zona franca. ¿Procuraría usted disuadirlos?

Me siento como una víctima de la explotación de las zonas francas. No podría nunca alentar a alguna persona a ir a trabajar allí. Les diría: "Si realmente quieren ir, lo harán sin mí." Tengo demasiados malos recuerdos grabados en mi memoria. No iría ni siquiera aunque pagaran más, porque seguirían estando los abusos, la violencia, la explotación. Ya no podría aceptar que no se me respete íntegramente como persona. Como conseguí otro empleo, decidí reanudar mis estudios de derecho.

¿Por qué eligió el derecho?

Para poder concienciar mejor a los obreros y combatir el mal representado por las zonas francas. Quisiera convertirme en un profesional competente y ser útil a la sociedad. Si todo va bien, dentro de dos años podré ser abogado, conocer mis derechos, tener una esperanza de no volver nunca a una zona franca ni tener que sufrir malos tratos.

Usted quiso hablar sin ocultar su identidad. ¿No teme que el poderoso grupo industrial que dirige la zona franca tome represalias contra usted?

Lo que me gustaría sobre todo, sería que el mundo entero sepa lo que sucede dentro de las zonas francas, que quienes visten esos vaqueros sepan cómo se los fabricó. No tengo miedo de contar lo que viví si mi testimonio puede evitar que a otros les suceda lo mismo.

(*) Esperanza para los derechos sindicales
En 2003, la Corporación Financiera Internacional (CFI), agencia de financiación del sector privado que forma parte del Grupo del Banco Mundial), recibió una solicitud del principal operador en las zonas francas de la República Dominicana, la empresa Grupo M, para un préstamo destinado al establecimiento de una nueva zona franca en la frontera con Haití. La CIOSL y la FITTVC (Federación Sindical Internacional del sector textil) facilitaron a la CFI pruebas evidentes de graves violaciones de los derechos sindicales cometidas por la dirección del Grupo M en las operaciones que mantiene la compañía, y pidieron a la CFI que el respeto de los derechos sindicales se convierta en una condición para la concesión del crédito propuesto. A principios de 2004, se finalizó un acuerdo con el Grupo M para dicho crédito, estipulando que el se deben respetar los derechos sindicales como condición para concederlo. Si se respeta plenamente esta disposición, existen posibilidades de que los trabajadores/as de la nueva zona puedan establecer sindicatos y negociar colectivamente unos salarios justos y condiciones de trabajo decentes.
Gentileza del Departamento de Prensa de la CIOSL.
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