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Recalde, Borocotto y otras "comparancias" bueludas

Por Ernesto Adolfo Rios
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Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 23/11/05.- Con sorpresa, estupor e indignación he leído hoy, a través de "Rebanadas de Realidad", el artículo "El abogado Recalde: el Borocotto del Movimiento Obrero" del Doctor en Filosofía (París-Sorbonne) Alberto Buela Lamas.

En dicho artículo, el poseedor del cotizado Diploma de E´tudes Approfondies de la Universidad francesa, realiza al pasar alguna que otra consideración sobre teoría política, y utiliza a Ramón Doll y hasta a Napoleón para criticar al abogado Héctor Pedro Recalde, comparándolo con Lorenzo Borocotto, acusándolo de "trepador y ventajero" y endilgándole ideas "de la más rancia raíz liberal".

Recalde habría hecho, mutatis mutandi (sic) lo mismo que Daniel Carbonetto en su momento: llegar a diputado de la nación y luego "desaparecer" de su ámbito.

Y Buela, filósofo "gaucho", conocedor de esencias, se erige en el defensor de la quintaesencia del peronismo, vociferando indignación (¿santa?) ante un falso compañero producto de la "política odierna" (sic).

Evidentemente, Buela es un pensador profundo, de larga lucha nacional. Y además hombre de campo, arraigado al terruño.

No sabemos si en la redacción del artículo de marras primó más el pensador o el hombre de campo -si es que pudiesen separarse- lo cierto es que la "picardía criolla" o la "sofistería" del autor han querido hacernos pasar "gato por liebre".

Buela comienza su artículo con una discutible afirmación: "cualquier ciudadano (que) llega a un cargo electivo de diputado de la Nación es porque forma parte de una estructura de poder". (sin comentarios por hoy).

E intenta comparar -como ya se dijo- a Recalde con Borocotto y Carbonetto, en argumentación rebuscada plagada de latines (algo de universiotario queda siempre, como diría Jauretche).

Pero no lo logra, porque "la realidad es la única verdad". Y la realidad de Borocotto, de Carbonetto y de Recalde son muy distintas, y por tanto incomparables: Borocotto, antes de asumir su banca, "cambió de camiseta", incorporándose a filas en las antípodas del pensamiento de la lista en la que figuraba; Carbonetto, diputado "colgado de la teta de la CGT", se hizo perdiz una vez asumido.

¿Y Recalde? ¿Acaso cambió su filiación partidaria después de la elección? ¿Acaso privó de su presencia y su asesoramiento a los moradores del edificio de Azopardo? ¿Traicionó los postulados de la CGT, fautora de su cargo? (Ni hablar de que todavía Recalde no ha jurado la banca conseguida por el voto popular el 23 de octubre pasado).

No, nada de eso. ¿Cuál es, pues, el "crimen" por el que Recalde, un abogado laboralista de cuarenta años de trayectoria defendiendo en los estrados judiciales al movimiento obrero, sea calificado de "zorro", "liberal", "coitos interruptus de la política odierna" (sic), "abogadil" y otras lindezas con las que Buela se descuelga?

En apariencia: el haberse negado a "repartir" (sic) uno de los cuatro cargos que como diputado de la nación le corresponden, entre "varios colaboradores e investigadores" (sic) de la CGT.

En apariencia decimos, puesto que, tras la lectura (y sin pretender poseer la capacidad de ahondamiento filosófico del autor del artículo) nos queda otra sensación: Recalde no le sirve de nada a la CGT porque se ha negado a… darle un "conchabo" a Buela…

Hoy, cuando el movimiento obrero recupera un protagonismo y una credibilidad perdidas; cuando su labor silenciosa permite logros importantísimos para la vida del país, como la sanción de la Ley de Educación Técnico Profesional, como ejemplo; cuando sus cuadros ocupan otra vez instancias de responsabilidad políticas; se hace cada vez más necesaria la construcción de un "pensamiento sindical crítico". ¿Y quién más preparado que Alberto Buela, a través de su prolífica obra, para llevarlo adelante y guiarnos a muchos en esa noble tarea?

"Cuando un peronista se cree más de lo que es, empieza a transformarse en oligarca" decía Eva Perón.

Quizás, a primera vista, esa actitud de Buela que campea en el artículo, de tergiversar situaciones y enlodar personas por cuestiones personales -y si institucionales, de una magnitud insignificante- parecería responder al aserto de la Abanderada de los Humildes.

Queremos creer que no. Que no es todo envidia, ni todo resentimiento, ni todo "oligarquización" en el pensador nacional.

Tan sólo un arranque -quizás justificado- de un mal que aqueja a la Argentina, y no es precisamente la extensión… (Al fin y al cabo, hasta don Arturo Jauretche, que denunció las zonceras, se reconocía un "zonzo avivado"…)

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