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DJIBOUTI

«El nuevo código de trabajo nos hará retroceder un siglo»

Por Samuel Grumiau

Rebanadas de Realidad - Bruselas, 17 de febrero de (CIOSL EnLínea): Adan Mohamed Abdou es el Secretario general de la Union djiboutienne du Travail (UDT), afiliada a la CIOSL. Mientras en Djibouti se está preparando un nuevo código de trabajo, desfavorable para el sindicalismo independiente, nos habla entre otras cosas sobre la precaria situación que atraviesan los trabajadores djiboutianos, de las presiones que se ejercen contra la UDT, y de posibles fraudes financieros.

  • ¿Dónde se sitúa Djibouti en lo relativo a las violaciones de los derechos sindicales?

Nuestros problemas comenzaron en septiembre de 1995, cuando convocamos una huelga general para protestar contra los ajustes estructurales impuestos por las instituciones de Bretton Woods, que desembocarían en una retención drástica sobre los salarios, del orden de cerca del 40%. En ese momento, cientos de sindicalistas fueron despedidos por haber hecho huelga, incluyendo los dirigentes de dos centrales sindicales, la UDT y la UGTD (Union générale des travailleurs djiboutiens). Estos dirigentes sindicales, entre los que me cuento, siguen despedidos en la actualidad. La empresa que se arriesgase a contratarnos podría sufrir represalias. Así pues, hace prácticamente 10 años que subsistimos sin cobrar salario alguno. Somos acosados cotidianamente en nuestras actividades sindicales por los servicios del Estado. Es una situación muy difícil, resulta casi insostenible.

La situación sindical en nuestro país se agravó aún más en 1999, cuando el actual Ministro de Empleo ocupó dicho cargo y decidió dar un « golpe de estado » contra las dos centrales independientes, creando dos organizaciones sindicales títeres, clones sindicales con las mismas siglas que las organizaciones auténticas. Estas organizaciones clones son invitadas y sufragadas por su ministerio para asistir a las reuniones oficiales en el extranjero, como por ejemplo las de la organización árabe de trabajo, de la OIT, etc., presentándolas como representantes auténticos de los trabajadores djiboutianos, cuando en realidad no lo son.

  • ¿Le preocupa también el nuevo proyecto de código de trabajo?

Efectivamente, un nuevo código de trabajo ha sido elaborado y adoptado por el consejo de Ministros, estando pendiente de su ratificación por parte de la Asamblea Nacional. El Ministerio del Empleo viene trabajando en solitario en este proyecto desde 1999, negándose a asociar en su elaboración a sindicatos y empleadores. Los empleadores nunca se sintieron amenazados por esta reforma, quizás porque el Ministro es un empleador él mismo, y que sus actividades anteriores les tranquilizan.

Hasta la fecha, el código de trabajo en vigor en Djibouti data de 1952, es decir de la época colonial. Tenemos ya más de 50 años de retraso con este código, pero hoy, el nuevo código de trabajo pondría en tela de juicio todos los derechos fundamentales de la OIT, particularmente la libertad sindical, la negociación colectiva, y el derecho de sindicalización. Según este nuevo código, para crear un sindicato se necesitaría la autorización del Ministerio del Interior, del Ministerio del Empleo, de la Inspección de Trabajo, del Ministerio de Justicia y del Procurador de la República. Y si estos ministerios solicitan la disolución de un sindicato en particular, el Procurador de la República podría, mediante una simple decisión administrativa, proceder a su disolución. Retrocederíamos por tanto un siglo con respecto a la legislación del trabajo en el país, sin mejorar en absoluto el código de 1952.

Este código de trabajo podría adoptarse este mismo año, pero estamos actualmente organizando una campaña de sensibilización y movilización para oponernos a ello a través de comunicados de prensa, peticiones, y contactos en el seno de la Asamblea Nacional, etc. También tenemos previsto organizar manifestaciones

  • ¿Se enfrentan los sindicatos de Djibouti a actos de violencia física?

De momento no, pero si mañana nos manifestamos, podríamos sin duda ser víctimas de violencia, o nuestras familias podrían tener problemas. Nos mantenemos continuamente en alerta. Pudimos celebrar el primero de mayo de 2004 sin incidentes importantes, el gobierno no se atrevió a presionarnos, sabiendo que estábamos preparados a cualquier confrontación, pero el año anterior, nos habían prohibido celebrarlo.

  • ¿Cuál es la situación del empleo?

El desempleo es galopante: según cifras del gobierno, la tasa actual es del 70%, pero de los 700.000 habitantes de Djibouti hay apenas 40.000 trabajadores/as en la economía formal. Todos los demás subsisten en la economía informal, y no todos están contabilizados en el 70% avanzado por el gobierno. La gran mayoría de los desempleados son jóvenes. En estas circunstancias, muchos jóvenes se preocupan por su futuro.

En nombre de la lucha contra el terrorismo internacional, además del ejército francés, en Djibouti están presentes también el ejército americano, el español, el alemán y el holandés. Todos estos países aportan importantes subsidios al Estado, que nunca había sido tan rico como ahora gracias a estos ingresos. Pero esta ayuda extranjera no beneficia al pueblo de Djibouti ya que, según informes de Naciones Unidas, la miseria persiste y va en aumento. El desempleo es por tanto endémico, y el poder adquisitivo se reduce de día en día.

  • ¿Cómo se las arreglan en la economía informal?

Muchos dependen de sus familias. Más del 20% de la población es nómada. Los trabajadores y trabajadoras de la economía informal se dedican a todo tipo de actividades: conductores de autobús, tiendas, vendedores ambulantes, vendedoras de productos agrícolas de Etiopía, etc. Hemos organizado un sindicato de chóferes, pero no resulta fácil mantener el número de miembros porque se producen cambios constantes: hoy son chóferes, mañana se dedicarán a otra cosa.

  • ¿Cuál es el salario de un trabajador de Djibouti?

El SMIG (salario mínimo interprofesional garantizado) era de unos 100 dólares, pero ha sido anulado por una ley que pretenden incluir en el nuevo código de trabajo. Las diferencias salariales son importantes: si el SMIG se sitúa en 100 dólares, un jefe de servicio o un director puede llegar a cobrar unos 2.000 dólares. El salario mensual medio está entre 300 y 400 dólares, pero se necesita un mínimo de 1.000 dólares al mes para vivir de forma decente, puesto que la vida es muy cara en Djibouti.

La presencia del ejército americano ha generado algunos empleos, particularmente con respecto a la seguridad. Los americanos quisieron utilizar su propio baremo salarial, pero se les exigió conformarse al baremo en vigor en Djibouti. La primera vez, los trabajadores recibieron un salario medio de unos 500 dólares o incluso más, pero el gobierno dijo que había que pagar menos, como a los demás empleados de Djibouti.

  • ¿Qué hay sobre la creación de zonas francas?

Está en curso. Por el momento, constatamos que estas zonas francas han sido confiadas a una sociedad del puerto de Dubai que, para construirlas, importa mano de obra filipina, al estimar que resulta más barata que los obreros de Djibouti. Los trabajadores djiboutianos están preparando una ofensiva contra esta utilización abusiva de mano de obra extranjera, para empleos que podrían ser ocupados por obreros competentes de Djibouti.

También se ha adjudicado al puerto de Dubai la gestión del puerto de Djibouti. Es una actividad que genera ingresos financieros enormes, pero nadie, aparte de la Presidencia de Djibouti, sabe donde va este dinero. Ni siquiera en la Asamblea Nacional o el gobierno, se conoce la naturaleza del contrato firmado entre el puerto de Dubai y el de Djibouti. Lo mismo ocurre con el aeropuerto. Esta prosperidad no tiene por tanto ninguna influencia favorable para el resto del país. Quizás algunas empresas privadas se beneficien, pero no el pueblo.

Nota de Redacción:
Población: 603.000 (1994).
Superficie: 23.200 Km2
Capital: Djibouti, (450.000 habitantes en 1989).
Idiomas: afar e issa (somalí), francés (oficial) y árabe (religioso).
Religión: islámica. Hay una pequeña minoría cristiana (5%).
Ubicado en el triángulo de Afars, frente al Yemen, es uno de los países más calurosos del mundo (temperatura media anual: 30º C.). Desértico, sólo posee vegetación continua en la zona de las cordilleras basálticas del norte del país. La agricultura, localizada en los oasis y algunos puntos de la costa, apenas cubre un cuarto del consumo local. La ganadería la practican en forma extensiva los pastores nómadas. Pueblo: Los habitantes de Djibouti se dividen en dos grandes grupos étnicos: los afar, distribuidos sobre la mayor parte del territorio, y los issa, de origen somalí, concentrados en el sur y mayoritarios en la capital.
Gentileza del Departamento de Prensa de la CIOSL.
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