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UNION SINDICAL OBRERA DE LA INDUSTRIA DEL PETROLEO (USO) - COLOMBIA
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22 DE FEBRERO, 85 ANIVERSARIO DE LA USO

La fundación de la Sociedad Unión Obrera, primera denominación de la USO (Parte I)

Por el Equipo de Historia de la USO, coordinado por Renán Vega Cantor de la Corporación Aury Sará Marrugo

Rebanadas de Realidad - USO, Barrancabermeja, 21/02/08.- Las protestas de los trabajadores de la Tropical Oil company, en vista de las condiciones laborales y de vida imperantes en el enclave no se hicieron esperar. En un principio fueron espontáneas, individuales y desorganizadas. Las quejas se referían al pésimo estado de los campamentos, las continuas enfermedades, la inexistencia de hospital, la mala calidad de la alimentación y al mal trato a que eran sometidos los trabajadores colombianos por los capataces, que en su gran mayoría eran sus coterráneos. Algunas de esas quejas se hicieron oír tímidamente fuera del marco de la TROCO y de los límites de Barrancabermeja, porque fueron conocidas por personas que visitaban la región o difundidas por la prensa nacional. Sin embargo, entre 1922 y 1923 fue fundada en la clandestinidad La Sociedad Unión Obrera, el nombre originario de la Unión Sindical Obrera (USO). Su fundación debe ser relacionada con razones objetivas y subjetivas, que confluyeron en ese momento y la hicieron posible. Entre los factores objetivos se encontraban las pésimas condiciones materiales de vida y de trabajo que tenían que soportar los trabajadores (jornadas extenuantes, pésima alimentación, falta de hospitales y servicios médicos, entre las más evidentes), las cuales fueron evidentes desde el mismo momento de llegada de la Tropical Oil Company al Magdalena Medio en 1916, como en ese mismo año lo denunciaba el delegado del Ministro de Obras Públicas que visitó la región.

En ese informe se destacaba el maltrato que los empresarios y las propias autoridades colombianas dan a “nuestros infelices compatriotas que desgraciadamente se ven obligados a buscar trabajo en esa empresa” (1). Ese maltrato era fomentado por los funcionarios estadounidenses de la TROCO: “Ha llegado la altanería de algunos empleados americanos hasta el punto de que, en alguna ocasión, uno de ellos, Mr. W. H. Dawies, dijo que los colombianos no merecíamos otra cosa que ser esclavos. Humillante e hiriente frase que causo profunda indignación en el ánimo de algunos patriotas trabajadores que optaron por retirarse inmediatamente de aquella empresa” (2). Esta actitud era secundada por las autoridades colombianas del lugar, para complacer a los nuevos amos de la región y también, desde luego, para obtener favores y prebendas, lo que tuvo como consecuencia que “la justicia está en aquel Corregimiento al arbitrio de autoridades sin escrúpulo, y que los habitantes no tienen el recurso de pedir amparo al respectivo Alcalde por la inmensa distancia que de él los separa (3 días de Barrancabermeja a San Vicente, que es la cabecera del Municipio)” (3).

Junto a las difíciles condiciones materiales en que se fueron formando los trabajadores asalariados en el enclave petrolero de la Tropical, deben destacarse los factores subjetivos que hacen posible la constitución de una embrionaria conciencia de clase, la cual sólo se adquiere y se consolida mediante la lucha contra la explotación y la opresión. Y en este plano, es notable constatar como desde los primeros momentos se fue gestando un sentimiento de dignidad y de justicia por parte de los trabajadores, puesto en evidencia desde los primeros momentos de la implantación del enclave. Es muy revelador constatar que desde 1916, en virtud de “los abusos que han cometido las autoridades colombianas de aquel lugar para complacer a los Empresarios, y que éstos recompensan por medio de sobresueldos”, “un grupo de honorables vecinos, inspirándose en sentimientos de humanidad y patriotismo, fundaran un periódico manuscrito, para censurar aquellos funestos procedimientos, a la vez que impulsar la prosperidad de su tierra” (4). Este periódico hecho enteramente a mano, del cual solo se alcanzó a publicar un número, es un buen ejemplo de la dignidad que asumieron importantes sectores de trabajadores y de migrantes relacionados directamente con ellos. Ese periódico, del cual afortunadamente se ha conservado una copia, llevaba como nombre “El dedo en el ojo del” y se presentaba como un Semanario de Intereses Generales, trayendo además la ciudad y la fecha: Barrancabermeja, octubre 15 de 1916. Escrito a dos columnas y a mano, como muestra de las difíciles condiciones allí imperantes, donde es obvio que no debía existir nada que hiciera posible la publicación de un periódico “normal” (tipografías o cosas parecidas), es un interesante indicador de un sentimiento nacionalista y antiimperialista, pues allí puede leerse un comentario de esta índole:

Verdadera desgracia ha venido a este pueblo con esta compañía yanqui, pues donde quiera que se nombre (¿?) o se escuche ese nombre hace helar los corazones recordando los hechos consumados (en) 1903 en que la garra del Coloso del Norte hirió mortalmente nuestra patria. Ese recuerdo horrendo estará en la mente de cada colombiano hasta la tumba. La autoridad debe velar porque estos compromisos se hagan efectivos en el menor plazo posible para no vernos inundados (¿) periódicamente por esta raza absorvente (sic) (5).

Como una muestra de lo que iba a venir en los años posteriores, indicando la intolerancia hacia todo intento de organizarse y protestar por parte de los trabajadores, “dicha hoja, fundada con fines tan laudables y nobles, no tuvo larga duración, porque tan pronto como apareció el primer número, se prohibió la publicación y circulación por medio de un Decreto dictado por el inspector y Corregidor. Tal medida fue puesta en práctica tan solo porque en el mencionado papel hay un sueldo (sic) tendiente a censurar la conducta de los Americanos” (6).

También, desde luego, en la zona de Barrancabermeja incidieron los cambios políticos que se empezaron a dar en el país después de 1918, con la oleada de huelgas y de luchas sociales, que se expresaron en la fundación del Partido Socialista en Bogotá, que adquirió una notable fuerza en las riberas del río Magdalena, riberas en las que se empezó a escuchar una prédica social en la que se hablaba de terminar con la clerical y retardataria hegemonía conservadora.

En 1921 llegaron a Barrancabermeja Carlos Avendaño y Teodoro Lozano, enviados por el Comité Regional Socialista de Antioquia. Ellos intentaron organizar una marcha para el primero de mayo de ese año, exigiendo como primera reivindicación la destitución de un odiado capataz de la TROCO, Rafael Ariza, medida que fue respaldada ampliamente por los trabajadores. La respuesta de la Compañía fue negativa, argumentando que los delegados de los trabajadores no trabajaban con la empresa. Ante eso se intento organizar un paro, que fue rápidamente reprimido y los socialistas fueron expulsados de Barrancabermeja (7).

Durante los primeros años, cuando las condiciones de organización, movilización y lucha por parte de los trabajadores eran tan complicados, la empresa y las autoridades locales optaron por la represión y la persecución de cualquier intento de protesta adelantado en la región. En estas condiciones, la protesta embrionaria de los trabajadores no era escuchada por la empresa, la cual no procedía a mejorar las condiciones de vida de la población obrera, sino que recurría a las fuerzas policiales para expulsar a las personas que protestaban catalogándolos como sujetos malsanos e indeseables. Así, en agosto de 1922, Martiniano Valbuena, Comisario de Policía, procedió a desterrar a José Calixto Mesa, por haber intentado organizar una huelga contra la TROCO, "determinando la pena de expulsión por el término de seis meses del territorio santandereano adyacente a las laderas del Magdalena y sobre el cual tiene jurisdicción esta Comisaría" (8). Esto hizo parte de una serie de protestas en 1921 y 1922, lo que produjo pánico tanto a la empresa como a la policía nacional, el servicio de seguridad de la TROCO, que registraba con temor la llegada de "elementos socialistas". Aterrados los directivos de la empresa empezaban a escuchar discursos y proclamas en las que se convocaba a la resistencia obrera contra los desmanes de la empresa y se anunciaba una próxima huelga (9).

Mahecha llegó en septiembre de 1922, e inició un trabajo de organización en la zona de colonización, desde donde empezó a extender su influencia hacia las cuadrillas de perforación de la Troco. Mahecha empezó organizando a los campesinos, para lo cual fundó una tienda, administrada por Jesús Piedrahita, en la cual los colonos compraban a bajo costo los artículos de primera necesidad. Estos campesinos fueron afiliados a una organización que Mahecha denominó La Sociedad Unión Obrera. Aunque todas estas actividades eran clandestinas, la Tropical las descubrió y valiéndose del recién llegado comisario de policía Martiniano Valbuena, desalojó violentamente a Jesús Piedrahita y decomisó los alimentos de la tienda (10).

El 12 de febrero de 1923, en la clandestinidad se reunió la primera junta directiva de la Unión Obrera, a orillas de la quebrada La Putana. Entre las personas que se encontraban ese día estaban los dirigentes socialistas Manuel Francisco Hernández, José María Blanco, Pedro Sosa, Dionisio Vera, Juan F. Moreno, Víctor Pájaro, Alfredo Campos y Rozo Carrascal,

quienes luego de distribuirse los cargos directivos declararon fundada la Sociedad Unión Obrera. Pese a que Mahecha sólo fue designado como su presidente hasta el año de 1924, era el nervio de la naciente organización de trabajadores. Para posibilitar el funcionamiento del naciente sindicato era necesario reunir recursos económicos, en razón de lo cual se aprobó una cuota de 10 centavos por afiliado, la cual empezó a ser cancelada por una importante cantidad de trabajadores, a pesar de que representaba un gran porcentaje de su salario. Según información de prensa, en 1923 el sindicato ya contaba con más de 400 colonos y 1500 afiliados, y un año después la cifra de afiliados llegaba a los 3000 (11).

Era indudable que en el año de 1922 se había presentado un cambio significativo en las condiciones de organización y de lucha de los trabajadores petroleros, cuando llegó a la región el curtido líder obrero y popular Raúl Eduardo Mahecha, con experiencia de lucha en diversos lugares del país, en especial en los puertos del río Magdalena. En septiembre de ese año Mahecha se instaló como un inquilino más en una de las atiborradas casas de la población, ofreciendo sus servicios como abogado para solucionar todo tipo de pleitos, anunciando que sólo cobraba "honorarios para favorecer a los obreros" (12).

Notas:

(1) Comunicación de Carlos Neira, AGN, MME, TOC. AGN, f. 196.

(2) Ibíd., f. 196.

(3) Ibíd., f. 198.

(4) Ibíd., f. 197.

(5) Anexo a la Comunicación de Carlos Neira, AGN, MME, TOC., f. 199.

(6) Comunicación de Carlos Neira AGN, MME, TOC., f. 197.

(7) Gustavo Almario, Historia de los trabajadores petroleros, CEDETRABAJO, Bogotá, 1984, p. 54.

(8) AGN, FMG, S. 4, T. 156, f. 493.

(9) AGN, FMG, S. 4, T. 156, f. 498.

(10) G. Almario, op. cit., p. 56.

(11) El Espectador, octubre 4 de 1924.

(12) Propaganda de Mahecha como abogado en su periódico Vanguardia Obrera, octubre 2 de 1926, p. 5.

El presente material se publica en Rebanadas por gentileza del Equipo de Prensa de la USO. / Web