Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
UNION SINDICAL OBRERA DE LA INDUSTRIA DEL PETROLEO (USO) - COLOMBIA
Afiliada a: FUNTRAENERGETICA y a la CUT

Uribe se integra al Consejo de Defensa de UNASUR

De francotirador al minado por dentro.
Por Roberto Romero, periodista de la USO

Artículo relacionado:

Nace UNASUR y alianza militar sin EE.UU. - Por Roberto Romero, periodista de la USO

Rebanadas de Realidad - USO, Bogotá, 19/07/08.- No hay duda. Uribe no solo volteó la página, al decir de Chávez, en sus relaciones con Venezuela sino que, en un salto mortal sin malla, decide ahora integrar el Consejo de Defensa de la naciente Unión de Naciones de Suramérica UNASUR.

Y cuando nos referimos a semejante acrobacia hay que tener de presente que se trata, como lo planteamos en otros artículos, en verdad de un hecho histórico: una alianza militar sin Estados Unidos.

Uribe, que solo ha fortalecido en sus seis años de mandato precisamente otro tipo de alianza militar en la región, con su protector de Washington, tendrá dos opciones frente al paso que acaba de promulgar.

O se enemista con su mentor y sostén principal, quien tiene a Colombia como su estratégica punta de lanza sobre una región que vive notorios procesos de cambios que gozan de la nula simpatía de EE.UU., y en otra jugarreta oportunista ingresa al nuevo consenso para, desde adentro, servir a los intereses norteamericanos como su agente más obsecuente.

Por obvias razones no se puede ni soñar con la primera opción. Todo lo contrario. Uribe, no solamente sigue recibiendo la "ayuda" militar norteamericana que bordea los 800 millones de dólares al año, (Colombia es el tercer país receptor en el mundo, después de Israel y Egipto, de este tipo de favores del Pentágono), sino que sigue atado al Plan Colombia y de contera, auspicia el traslado en su territorio de la base militar norteamericana que debe salir de Ecuador en 2009.

Colombia, también, es el único país de América Latina que mantiene numerosas tropas, pasando de 3.000 los soldados, oficiales y consejeros con patente de corso para hacer y deshacer en todos los batallones del país.

De manera que hacer parte del Consejo de Defensa Suramericano con semejantes credenciales y después de mostrarle al mundo, con su agresión a Ecuador, de lo que es capaz en uso de su no desmentida doctrina de intervenir militarmente en otros países según el canon de "actuar en legítima defensa", tendrá que ocasionar, si aun hay una brizna de dignidad en nuestros países hermanos, un profundo malestar.

Uribe, quien no quiso firmar el acta constitutiva del Consejo de Defensa en cumbre de UNASUR de Brasilia el pasado 24 de mayo, aduciendo reservas insalvables, después de permanecer como francotirador de la iniciativa brasileña, y que obligó a los once presidentes restantes a aplazar por 90 días el tratado, ahora señala varias condiciones para la adhesión.

Pero recordemos antes como llegó por esos días a afirmar que Colombia optaba en materia de seguridad por los mecanismos de la OEA, que históricamente ha mangoneado EE.UU, añadiendo que mientras las naciones de la región no condenaran a los grupos terroristas era inviable su participación en el nuevo ente, refiriéndose a las FARC y el ELN.

Hoy sábado, 19 de julio, en vísperas del aquelarre nacional e internacional del uribismo que va a escamotear la verdadera situación de las víctimas del conflicto colombiano, en la rueda de prensa conjunta con su homólogo Lula de Brasil, señaló tres condiciones: la primera, que las decisiones en el seno de la organización de esta naturaleza se adopten por consenso, y la segunda, que en la constitución del organismo se haga un reconocimiento explícito a las fuerzas institucionales consagradas en la Constitución de cada país.

Pero sobre la tercera, una declaración expresa de rechazo a todas las organizaciones violentas y fuerzas irregulares armadas, sin importar su origen, seguramente no va a contar con el respaldo unánime de las cancillerías.

Se trata de volver a las andadas. Uribe, el perfecto caballo de Troya en la región, pretende desvirtuar la realidad nacional, pues es innegable la persistencia del conflicto armado, con profundas raíces económicas, sociales y políticas y del cual no se saldrá a través de una victoria militar sino por medio de un arreglo político negociado.

Lo contrario sería la Paz Romana como lo señala un importante artículo sobre la realidad colombiana que escribiera recientemente el ex presidente Fidel Castro. Que el Consejo de Defensa Suramericano le dé un portazo a unas futuras e inaplazables conversaciones de paz con la insurgencia colombiana, representada en las FARC y el ELN, a cambio de aceptar en sus filas a quien desde la administración gubernamental auspicia el terrorismo de Estado, sería el peor adefesio histórico de la región.

¿O será que la vieja cantaleta de la Casa de Nariño que señala a los grupos insurgentes de Colombia como terroristas y que nunca ha encontrado eco en ninguna cancillería latinoamericana y que sufriera una estruendosa derrota en la VI Cumbre de Ministros de Defensa Interamericanos reunida hace un par de años en Quito, hoy por los manes del oportunismo diplomático, llámese grandes negocios o para arreglar componendas políticas internas a costa de la lucha de los pueblos, se abrirá paso inevitablemente?

Hay que tener en cuenta que las movidas de Brasil en estos tejemanejes apuntan más a los negocios que a otra cosa. De ahí sus afables tratos con Uribe a quien llamó en la rueda de prensa en Bogotá, "compañero", para no utilizar el remoquete de "hermano" de reciente ingrata recordación. Brasil es el principal proveedor de aviones de guerra en América Latina, incluida Colombia, y afianza su jugoso mercado extendiéndolo a Colombia con los acuerdos firmados para desarrollar la industria bélica precisamente en este país. Y acaba de firmar un contrato para la venta de 24 Tucanos a Ecuador y no tardará de desenvolatar la venta de naves de guerra a Venezuela superando el boicot de Washington.

Uribe, que no da puntada sin dedal, debe tener motivos para cambiar tan radicalmente de posición después de que descalificó a la naciente UNASUR si algunos países socios llegaran a reconocer a los grupos alzados en armas como actores políticos. Su ministro de Defensa, Santos, después de la cita de Brasil, fue más franco: "No le vemos ningún sentido a esta iniciativa y menos cuando Colombia afronta dificultades con los países vecinos".

En todo caso, está por verse si Uribe pondrá su firma en un tratado que descarta totalmente una alianza militar sin EE.UU., que ha puesto todos sus ojos para el dominio en la región a través del Plan Colombia, y con una "ayuda" militar que pasa en la última década de los 6.000 millones de dólares.

Ya no se trataría de tener ahora en nuestras propias aguas la IV Flota como una amenaza constante a nuestras soberanías sino el régimen de Uribe, llamado alguna vez con razón por Chávez como el portaviones de EE.UU. en la región, metido en las propias entrañas de un mecanismo que prometía ser una verdadera alianza militar sin Washington. El minado por dentro.

El presente material se publica en Rebanadas por gentileza de Moises Baron C., Presidente USO Barrancabermeja.