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ARGENTINA

La desvergüenza del empresariado del transporte

Por Walter Besuzzo

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 21/02/07.- La desvergüenza del empresariado del transporte ya es un clásico argentino en épocas veraniegas y también en las otras.

El caso de mediados de enero en el que desde la terminal de ómnibus marplatense se pagaron remises a pasajeros clase medieros para retirarse de la terminal y abordar la unidad en las afueras de la ciudad es paradigmático, lo que intentaron ocultar los empresarios es lo que todo el mundo sabe: la explotación de los trabajadores con sobre exigencia horaria poniendo en riesgo la vida humana a cambio del lucro que adoran cual becerro de oro.

Los pasajeros en lugar de transformarse en cómplices de la desvergüenza deberían haber recordado las veces que viajaron sin aire acondicionado o funcionando menos de la mitad del viaje, con asientos no reclinables, con café frió y jugo caliente, con unidades en las que los días de lluvia, se empapan los pasajeros que viajan junto a las ventanillas y se inundan los pasillos, y se taponan los baños químicos.

Estos empresarios como la gran mayoría de la clase a la que pertenecen son prebendarios y como dice el amigo de Mafalda, Manolito "Nadie amasa una fortuna sin hacer harina a los demás" estos, se han nutrido históricamente con la harina del esfuerzo de los trabajadores.

Si algún lector de estas pobres líneas supone que el autor parte de un prejuicio, o de un resentimiento social le pedimos que acompañe estos cálculos: un pasaje al municipio urbano de la costa cuesta 50 pesos, un micro de larga distancia alcanza como máximo un cupo de 40 asientos o sea unos 2000 pesos recaudados, por tanto un chofer paga su salario con uno o dos viajes realizados: LOS DEMAS VIAJES SON GANACIA PARA EL EMPRESARIO.

Esta claro que no son invertidas en mejoras de infraestructura las humillaciones que sus clientes cautivos suelen padecer son moneda corriente. Sin embargo suelen aparecer una o dos veces al año berreando por aumento de tarifas.

Por supuesto que no son el único caso averigüe el salario de un docente de escuela privada y compárela con la cuota de un alumno o el precio de un kilo de pan y el salario de un empleado de panadería .

Don Carlos Marx llamó a esto plusvalía, y el general Perón injusticia social. Y encima la revertió con políticas del Estado. Pero los tiempos cambian, hoy esos empresarios se dedican a la política (Macri, Blumberg, DeNarvaez, Lavagna a los que le fue bien cuando a las mayorías les va mal) y representan a los sectores que se desesperan porque el Presidente Kirchner ha reabierto la puja distributiva en la Argentina a través de las convenciones colectivas de trabajo. Pretenden que regrese el sentido común que se implantó en la década del menemato durante el cual se sintieron tan cómodos como durante la dictadura. Añoran la flexibilidad laboral, los salarios achatados y la desaparición fáctica de las paritarias.

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