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ESTADOS UNIDOS

Bush cambia figuras pero busca mantener la misma política

Por Renato Vilacís

Rebanadas de Realidad - World Data Service, 08/01/07.- Los músicos de la orquesta cambiaron, pero la tonadilla rapaz que imprime el director permanece invariable, con los compases lúgubres de una guerra costosa. Presionada por una ciudadanía opuesta a esa aventura cada vez en mayor número, y la realidad de un Congreso controlado por sus rivales demócratas, la Casa Blanca neoconservadora de George W. Bush toma medidas.

El gobernante estadounidense ha introducido traslados de aquí para allá y de allá para acá en sus equipos diplomático, legal y militar sobre el terreno, para tratar de capear el vendaval. Los pasos dados buscan rodearse de "halcones" neoconservadores a ultranza, mientras en el Congreso y las calles crece la oposición a esa política oficial.

Los cambios en el equipo legal buscan fortalecerlo para enfrentar las demandas que pueden llegar del legislativo controlado por los demócratas. En tal caso se interpreta la renuncia de Harriet Miers, asesora legal de Bush desde que era gobernador de Texas, quien se dice que será sustituida por alguien que sea capaz de capear la acometida del Congreso, ahora hostil a los republicanos por primera vez en 12 años

Pero, todo se reduce a pasar las mismas figuras de un lado para otro, sobre todo en el terreno diplomático y legal. El Departamento de Estado de Condoleezza Rice tuvo algunos movimientos importantes, como el regreso de John Negroponte, ahora previsto para ser su segundo, después de casi dos años como "zar de la inteligencia". Negroponte fue nombrado a principios de 2005 para director nacional de inteligencia, cargo que supervisa a las 16 agencias que compilan datos de espionaje para Estados Unidos.

Su reemplazo es el vicealmirante retirado Michael McConnell, de larga experiencia en este campo y quien fuera oficial superior de inteligencia durante la primera Guerra del Golfo, en 1991. McConnell fue el director de la importante Agencia de Seguridad Nacional, un órgano super-secreto, en los tiempos de William Clinton. En Iraq mismo, la embajada cambiará de jefe, con Ryan Crocker como sucesor de Zamay Khalilzad, quien debe terminar en la ONU, como sustituto del rechazado John Bolton.

Crocker, 57, tiene una carrera diplomática de tres décadas concentrada en el Medio Oriente y Asia meridional. Ha sido embajador en El Líbano, Kuwait, Siria y Pakistán, de donde vendrá después de pasar casi tres años. No es primerizo en Iraq, donde estuvo en los 1970 y después como jefe de la fuerza de choque del Departamento de Estado durante la Guerra del Golfo hace más de tres lustros.

Además, formó parte de la administración de ocupación bajo Paul Bremen III, uno de sus tres predecesores desde la invasión de marzo de 2003. Los otros fueron Negroponte y Khalilzad. De Crocker dijo un antiguo embajador en Egipto e Israel que "es absolutamente un profesional de primera clase que manejará el trabajo con habilidad y sensibilidad". Sin embargo, el propio funcionario puso de inmediato un parche: "enfrentamos una división en Iraq que puede estar más allá de la capacidad de cualquiera".

Otros que conocen al nuevo embajador dicen que su estilo se caracteriza por trabajar sin tanta presencia pública o, en otras palabras, tras bambalinas, para ejercer sus cualidades de negociador. En tal sentido, Crocker está muy imbuido de las costumbres árabes de regateo, perfiladas durante su larga permanencia en esa área del mundo.

Un diplomático estadounidense describió al flamante candidato a embajador como "más respetado que querido en el Departamento de Estado" y añadió que "ha hecho los trabajos más sucios y duros que alguien pueda imaginar". El diplomático nació en la familia de un oficial de la fuerza aérea, en Spokane, Washington, y se graduó del Colegio Whitman, en Walla Walla, de ese estado noroccidental, en 1971.

Al año siguiente inició su carrera diplomática en el consultado de Estados Unidos en Khorramshahr, Irán. El interés de Bush por rodearse de voces que respondan a sus reclamos de que tiene la razón porque lo oriental mismísimo Dios, se ve más claro en el terreno militar, donde son profundas las divisiones sobre la presencia estadounidense en Iraq. El gobernante neoconservador empezó a hacer cambios para deshacerse de los críticos de su obstinación. Uno de ellos es situar al almirante William Fallon al frente del Comando Central, principal cargo militar estadounidense para el Medio Oriente, lo que causó sorpresa en algunos analistas.

Esos expertos se preguntan por qué un marino con poca experiencia en el área para dirigir dos guerras terrestres como las de Afganistán e Iraq, pero para otros el nombramiento ofrece claras evidencias de las intenciones de la Casa Blanca. Fallon debe ser crucial para un eventual enfrentamiento con Irán (para muchos en preparación), que descansará en ataques navales desde portaviones con cohetes. El almirante sustituye al general John Abizaid, otro que no se ocultaba para disentir de la política de la administración para incrementar el número de soldados pese a todos los fracasos de los últimos tres años.

Pero, más importante es la selección del teniente general David Petraeus, para comandante de las tropas en ese país ocupado, en reemplazo del general George Casey. Del reemplazado se dice que Bush quiere situarlo en la jefatura de Estado Mayor del ejército, pero es imposible ignorar que ha sido un crítico del aumento de tropas en Iraq. En su próximo cargo, aunque de mayor jerarquía, Casey estaría alejado y más dedicado a tareas burocráticas, algo así como "caerse para arriba".

Petraeus, 54, es un entusiasta de expandir las unidades en Iraq hasta llevarlas a cinco brigadas del ejército, a partir de las ideas que expresó en el manual de contrainsurgencia, cuya revisión encabezó recientemente. Entre sus criterios fundamentales -según ese documento- está cambiar las operaciones en Bagdad, para que las tropas estén asentadas en todos los barrios, en lugar de en bases determinadas dentro y en la periferia.

Casey abogaba por pasar las misiones de seguridad a las fuerzas iraquíes, pero ahora pudiera mantenerse ese papel policial para las unidades estadounidenses. Con estos nombramientos, Bush se ha deshecho de algunos de los principales críticos a su política militar para Iraq en el Pentágono. Ese campo estaba integrado, en lo fundamental, por Casey, Abizaid y el teniente general Martin Dempsey, quien tuvo a su cargo entrenar las fuerzas de seguridad iraquíes.

Los que defienden la idea de Bush de más tropas, dicen que es necesario aprovechar las lecciones de la Operación Juntos Adelante II, del verano pasado, para reducir la violencia en Bagdad. El fracaso de aquella misión se atribuye a la falta de efectivos estadounidenses para mantener los barrios libres de la insurgencia, mientras las autoridades iraquíes son incapaces de reunir suficientes reclutas para asumir tal papel. Petraeus es un graduado de relaciones internacionales de la Universidad de Princeton y en la revisión del manual de contrainsurgencia la abordó con la incorporación de expertos de Harvard, organizaciones no gubernamentales y grupos políticos.

Su experiencia no es corta, con mando de la 101 División Aerotransportada, en el norte de Iraq, mientras en junio de 2004 fue encargado de entrenar al nuevo ejército iraquí, misión en la que constató que no hay futuro. Su segundo será el teniente general Raymond Odierno, quien también apoya que se envíen más tropas. El pretexto de Bush para sustituir a los comandantes disidentes y poder incrementar el contingente estadounidense con 20,000 soldados adicionales, es ayudar a resolver lo que llama "conflicto confesional" entre suníes y shiíes.

Ese conflicto se ha exacerbado con el gobierno de base shií del primer ministro Nouri al-Maliki que, durante la ejecución de Saddam Hussein confirmó que ha puesto al país bajo el control de bandidos. En sus deseos, Bush genera una confrontación con los nuevos líderes demócratas del Congreso, Nancy Pelosi, de la Cámara, y Harry Reid, del Senado, quienes le enviaron una carta para que se abstenga de mandar más tropas a Iraq. Para la semana próxima se espera un anuncio del gobernante neoconservador acerca de aumentar ´20,000 soldados allí, pero Pelosi y Reid le advirtieron que esa estrategia "ya ha fracasado". En la carta previenen que "aumentar las tropas de combate sólo hará peligrar a más estadounidenses y llevará a los militares hasta un punto de ruptura sin ganancias estratégicas".

Más claro, las bolsas con cadáveres de soldados que regresan de Iraq, como en el caso de Vietnam, ha empezado una oposición a la aventura similar a la de la agresión en el sudeste asiático. Sin embargo, las volubilidades demócratas pudieran ser un impedimento a que la tendencia antibelicista lleve a finalizar la aventura que ha costado más de 3,000 vidas de soldados. La cifra ya sobrepasa a las de las víctimas de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, que dieron la justificación para las guerras contra Afganistán e Iraq, bajo el pretexto de una "cruzada contra el terrorismo".

Bush lo sabe, y por eso, citó a 13 senadores de ambos partidos para lo que denominó "consultas" sobre Iraq, con la presencia del vicepresidente Richard Cheney y la secretaria de Estado Condoleezza Rice. También estaban presentes el presidente de la Junta de Jefes, general Peter Pace, y el asesor de Seguridad Nacional Stephen Hadley, todos integrantes de la cúpula neoconservadora inclinada a hacer sonar los tambores de la guerra al menor parpadeo.

Bush también se entrevistó ese día con los aspirantes a la nominación presidencial demócrata para 2008, senadores Hillary Clinton (Nueva Cork) y Barack Obama (Illinois). El senador por Illinois declaró que Bush debe acomodar la política y el gobernante reconoció que debe haber cambios, pero eso no debe llevar a engaños. Los cambios que busca la Casa Blanca no apuntan a terminar la guerra y ocupación en Iraq y Afganistán, sino a atizar otros focos, como el de Irán, según sugiere el nombramiento del almirante Fallon. En Iraq, la Casa Blanca pudiera extender los plazos del servicio, rotar las reservas para más de un período o, concretamente, enviar dos brigadas (7,000 soldados) a Bagdad y dos batallones de infantes de marina (1,500) a la provincia de Al Anbar, un bastión de la insurgencia.

Bush actúa con precipitación, pese a que el ex presidente del Comité de Servicios Armado del Senado, John Wagner (R. Virginia) aconsejó que el Congreso tenga una oportunidad para sopesar el panorama. El diario The New York Times aconsejó que lo importante es ver si el Capitolio busca detener la expansión del número de soldados en Iraq, lo que podría hacer si cierra la llave de los fondos. Las volubilidades demócratas se han expresado en ese sentido, al señalar que no tomarán tal medida por temor a ser acusados de sabotear las posibilidades de las tropas. Entonces, otro paso que pudieran dar es organizar una serie de audiencias enfiladas a demostrar que los militares están divididos en cuanto a una mayor presencia bélica para mantener la ocupación.

Hay varios factores para promover un cambio de política, cualquiera que este sea, en la invasión del territorio que alberga las segundas mayores reservas de petróleo del mundo. Entre los más importantes está la dificultad cada vez máyor de los reclutadores del Pentágono para encontrar jóvenes que quieran ir a meter las narices en un lugar muy peligroso, donde pueden perder la vida o quedar mal heridos para siempre.

Los artículos de World Data Service se publican en Rebanadas por gentileza de René López, Editor Jefe de WDS. / Web
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