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II Guerra Mundial: pronto serán 62 años

Por Carlos Iglesias

Rebanadas de Realidad - World Data Service, 13/02/07.- Hace más de seis décadas, Europa aguardaba y temía al Ejército Rojo, que avanzaba hacia Occidente luego de limpiar a la entonces Unión Soviética de los nazis.

A fines del verano de 1944, las tropas soviéticas alcanzaron las fronteras de Prusia Occidental y con cinco frentes (23 ejércitos generales, cinco de tanques y cinco aéreos) estaban listas para nuevos golpes. El Daily Telegraph & Morning Post, de Gran Bretaña, escribió que "el frente alemán en Bielorrusia se ha desmembrado de un modo que hasta ahora no se había visto en todo el curso de la guerra".

Y el London Sunday Express añadía que "no hay nada que se pueda comparar con las escalas y la rapidez de la ofensiva soviética". En Rusia quedaban 2,000 ciudades y poblados destruidos, más de 70,000 aldeas, 32,000 industrias, entre otras devastaciones. Pero, las órdenes eran olvidar la venganza, porque el Ejército Rojo traía una misión liberadora.

El primer paso fue hacia Polonia, traicionada en 1939 por Gran Bretaña y Francia. "Nosotros no sufrimos una derrota en 1939 sólo porque las aproximadamente 110 divisiones francesas y británicas que se encontraban en Occidente, durante nuestra guerra con Polonia, contra 23 divisiones alemanas, quedaron totalmente inertes". Así reconoció en el proceso de Nuremberg, el jefe del EM de la dirección operativa alemana, A. Jodl.

La ocupación alemana de Polonia actuó para eliminarla como nación hasta que en julio-agosto de 1944, el Ejército Rojo liberó un cuarto del territorio. Mientras era rematado el resto del grupo de ejércitos Centro de Alemania, Varsovia se sublevó sin coordinar con la comandancia soviética ni la del Primer Ejército Polaco. El estallido era iniciativa de Londres para impedir la influencia soviética en Polonia, pero mal organizado y preparado estaba condenado al fracaso.

"En Varsovia aún quedan bastantes personas que consideran que la muerte de los patriotas polacos fue responsabilidad del Ejército Rojo", comentó la Revista Militar Rusa. Los generales nazis reconocieron que las tropas soviéticas no podían dar apoyo operativo al levantamiento. El general Tippelskrich opinó que "el levantamiento estalló el primero de agosto, cuando la fuerza de la avanzada rusa se había agotado".

Los Primeros Frentes Ucraniano y Bielorruso perdieron entre muertos y heridos más de 300,000 soldados y oficiales. Los patriotas europeos comprendieron que sin el apoyo del Ejército Rojo, las acciones contra los alemanes estaban condenadas al fracaso. También que la liberación costaría a las tropas soviéticas un enorme precio, pero no todos estaban preparados para asumir ese papel del Ejército Rojo.

Además de las tropas nazis, en esos territorios se concentraban las de países satélites. En junio de 1941, una cantidad notable de fuerzas de Rumania, Hungría, Finlandia, Eslovaquia e Italia se opusieron a la URSS, durante el plan "Barbarroja". En la ofensiva contra la URSS se sumaban constantemente tropas aliadas a los nazis y si en 1941 los húngaros eran 40,000, para 1944 aumentaron a 200,000, de todo tipo de armas.

Esa participación era forzada aún cuando los países conservaban aparentemente su soberanía, como el caso de Bulgaria, que debió aportar aeródromos, puertos y vías férreas. Tropas búlgaras ocuparon Grecia y Yugoslavia en respaldo de Berlín, que liberaba sus divisiones de Wermacht para el Frente Oriental, opinó la Revista Militar Rusa. Las unidades de la llamada "internacional negra" de Adolfo Hitler, en ocasiones no tenían nada que envidiar a los alemanes en crueldad en tierra soviética, y hasta fines del verano de 1944 todavía eran una fuerza significativa.

En el grupo de ejércitos de Ucrania del Sur, por ejemplo, entraban los ejércitos III y IV de Rumania y en ese país, de 47 divisiones opuestas al Ejército Rojo, 25 eran alemanas y resto nacionales. Cuando se vieron acorralados, algunos siguieron fieles a los nazis y otros trataron de cambiar rápido la casaca. Los gobiernos aliados del III Reich, ante un futuro que se presentaba sombrío, buscaron salidas.

En Rumania, para seguir con el mismo ejemplo, estalló una insurrección popular y el Ejército Rojo indicó que no desarmaría a las tropas locales, sino las apoyaría si luchaban contra los alemanes por la independencia del país. Allí, como en otros lugares, se actuaba con doble rasero, aparentando apoyo a las tropas soviéticas para que dejaran de combatir y dar una oportunidad a la comandancia alemana para reorganizarse en los Cárpatos.

El gobierno rumano, a su vez, discutía paralelamente la entrada en su territorio de las tropas anglo-estadounidenses. La comandancia soviética respondió que quienes deseaban combatir contra los alemanes podían quedarse en el ejército, pero el resto debía concentrarse como prisioneros de guerra o ser exterminados como enemigos. Tropas búlgaras, eslovacas, checas y yugoslavas optaron por virarse contra los antiguos aliados alemanes, en tanto Finlandia pidió firmar un tratado de paz con Moscú, aunque dejó la expulsión de las tropas nazis a los soviéticos.

Este incumplimiento causó una amonestación al comandante del Frente de Karelia, quien decidió continuar la ofensiva, al ver la pasividad finesa. La directiva del EM del 12 de septiembre de 1944 consideró incorrecta esa decisión y se le ordenó "un exacto cumplimiento de las órdenes y caso contrario usted será alejado de la comandancia del Frente". Esta orden mostraba que el EM "exigía de los frentes una cuidadosa atención hacia la tropa, buscando así evitar grandes pérdidas".

En Hungría, las tropas eran más fieles a los nazis y mostraron indiferencia a la propuesta soviética. El 24 de octubre de 1944, el EM ordenó a los Frentes II y IV de Ucrania "actuar en el campo de batalla contra las tropas húngaras, así como las alemanas, sin hacer distingos entre ambas". No quedaba otra alternativa y las ruinas causadas en Budapest por la artillería y la aviación soviéticas es responsabilidad de los propios húngaros, según la Revista Militar Rusa. La oposición superaba 200,000 hombres, incluidas fuerzas élites de los alemanes y legiones internacionales que no podían esperar piedad. El Ejército Rojo, de unos 7.000,000 de soldados que combatieron 15 largos meses en 13 países, era recibido como libertador.

La liberación de 2.000,000 de kilómetros cuadrados contó con 90 unidades del Ejército Rojo que destruyeron o hicieron prisioneras a 670 divisiones con 2.500,000 hombres, y tuvo un precio altísimo. La bienvenida de los libertadores y salvadores, como muestran las fotografías de entonces, fue momento de felicidad. Las tropas soviéticas también salvaron del hambre a muchos que habían sido enemigos hasta poco antes, "sin pedir nada a cambio" y "quitándonos lo que más nos faltaba en nuestro propio país", como recuerda la Revista Militar Rusa. Hoy, el panorama ha cambiado y se han retirado los recuerdos de aquellas hazañas, aunque no es menos cierto que en la propia Rusia ha ocurrido algo similar, expresa la fuente.

"Es triste, pero es un hecho, incluso salimos de algunos países con el cuño de ocupantes, la libertad que se regala corrompe a los liberados", afirma la publicación. Pero, concluye, las privaciones y víctimas sirvieron, porque sin ellas, no se sabría cuál hubiera sido el presente de la Europa contemporánea.

Los artículos de World Data Service se publican en Rebanadas por gentileza de René López, Editor Jefe de WDS. / Web
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