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Tweet OPINIÓN - ESPAÑA

Visconti y "Muerte en Venecia" debieran ser patrimonio de la humanidad

Por Manuel Zaguirre, ex Secretario General de la USO y militante del Frente Cívico - Somos Mayoría

Artículos de Manuel Zaguirre editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Barcelona, Catakunya, 16/07/13.- Ayer vi en el periódico que en el Cine Verdi (uno de los históricos, de reestreno preferente, que hace años trocearon en mini-cines) echaban "Muerte en Venecia", en sesión única a las 16,30. Calculé el tiempo; me alcanzaba para verla y llegar a la última reunión a las 20 horas. Y no me lo pensé. El metro me dejó en la estación de Fontana y en unos minutos estaba en el Verdi. Entré en una de las salas, me senté, daban dibujos animados, pensé que sería una publicidad previa. Cuando la visión se asentó me di cuenta que había sólo una señora y dos niños... Salí disparado, pregunté y me indicaron cual era la sala. Problemas derivados del troceo de los grandes cines de antes... y de que yo iba un poco atolondrado.

Justo empezaba "Muerte en Venecia", con las imágenes del vaporcito que lleva a Dirk Bogarde/Gustav Mahler desde la estación de tren de Mestre al corazón de Venecia, a través del espacio de mar abierto que hay entre Murano y el Lido, mientras se va desvaneciendo la bruma y la cámara se extasía lentamente sobre el horizonte universal de la ciudad: La Catedral de San Marcos, el Palacio Ducal, el Campanile, San Juan... Y el Adagietto de la 5ª de Mahler lo va impregnando todo y aumenta el brío al tiempo que Venecia se va iluminando...

Hay películas que lo marcan a uno. Por lo menos a mí me ocurre desde siempre. No son muchas. Y procuro verlas muchas veces, porque la ultima vez siempre es mejor que la primera y la anterior. Es como si la sensibilidad estuviera especialmente activada para obtener nuevas dimensiones, significados y emociones, de la película tantas veces vista.

Ese es el caso de "Muerte en Venecia". Es magistral, como toda la obra de Luchino Visconti. Es una película inspirada en una novela sobre el declive y la muerte del famoso compositor alemán Gustav Mahler, Es una historia novelada, y sublimada por Visconti, sobre la vida, el amor, la belleza, la homosexualidad, el arte, el miedo, la decadencia, la vejez y la muerte..

Muy probablemente, el recorrido vital del propio Visconti, que maneja todos esos sentimientos y abismos, los monta en un personaje atormentado, Gustav Mahler, cuya vida transcurrió por un tobogán perpetuo entre el cielo y los infiernos, y los "cuelga" de una Venecia eterna, que ya vivía del turismo hace más de un siglo, pero de turistas de la realeza y la nobleza centroeuropea anterior al derrumbe del Imperio Austro-Hungaro... a diferencia de hoy que vive de un turismo bullanguero, fotografiador y generador de mugre y comida-basura a nivel industrial (me incluyo, modestamente).

.Como es habitual en Visconti, cada plano, del primero al último, es una obra maestra, una obsesión por la belleza y la perfección cinematográfica, y por transportar sobre ellas sentimientos y afanes humanos extremos...

En "Muerte en Venecia", esa obsesión viscontiana se encarna en Dirk Bogarde, esplendido, que cosechó todos los premios a la interpretación por el papel conmovedor de un genio artístico al que el amor puede sustraer de la inmediatez de la muerte para, finalmente, entregarlo a ella sin remisión...

Dicha obsesión por la belleza la encarna en Silvana Mangano, sobrenatural, divina, inundando la pantalla con el desdén y la hermosura con que lo harían las diosas si se dedicaran al cine...

Y obsesión viscontaina, también y sobre todo,, la que refleja el efebo, Tadzio, cuya belleza derriba todos los muros convencionales en materia de sexso para proclamar que el amor -en la concepción de Visconti, que transfiere a Bogarde/Mahler- brota incontenible de la belleza tanto o más que de la afinidad sexual...

Abundando en el papel clave del efebo Tadzio en la película, que interpreta una belleza nórdica -¿masculina, femenina?, qué más da- de cuyo nombre no me acuerdo... contaban las buenas lenguas que Visconti, a finales de los 60, cuando preparaba la filmación de "Muerte en Venecia", sondeó a Lucía Bosé sobre la posibilidad de que su hijo, Miguel, pudiera interpretar el papel, clave junto al de Bogarde, del efebo Tadzio. Lucía quedó en consultarlo con el padre del chico, un tal Luis Miguel Dominguín, genial torero y deleznable persona... Dicen que la respuesta del nota fue: "Lucía, dile al maricon ese de Visconti amigo tuyo que tendrá que pasar por encima de mi cadáver para llevarse a Miguelito..."

Obviamente, se trataba de Miguel Bosé. Claro que puede ser un infundio, una leyenda propia de aquellos ambientes aristocráticos e izquierdistas de los que eran parte Visconti, Lucía Bosé y el propio Dominguín...

También en "Muerte en Venecia", Visconti nos regala ese paso brusco, violento, imprevisto, de la absoluta belleza a la absoluta fealdad y sordidez. Por ejemplo, cuando los músicos callejeros venecianos invaden el lujosísimo hotel abarrotado de nobles y bellísimas familias extranjeras... Tadzio y Mahler incluidos.

Por último, de la fealdad y decadencia extremas, Visconti puede obtener materiales cinematográficos de fortísima emocionalidad. Como cuando, en los últimos minutos del filme, Bogarde/Mahler va muriendo de peste y de amor en la butaca de la playa, mientras mira a Tadzio cuya silueta ideal se trasluce contra el sol tenue del Lido veneciano y el reflejo del agua en permanente calma... y el tinte que le aplicaron en el pelo de la cabeza y del bigote para oscurecerlo y aliviar su edad... va chorreando lentamente por sus mejillas, mezclándose con sus lagrimas... mientras expira... de amor.

Zoom larguísimo y final de "Muerte en Venecia"...

. Si deciden ir a verla, por favor, vayan a un cine de verdad, con pantalla, sonido y aparatos de proyección de verdad... Creo que la televisión, o el ordenador y, por supuesto, esa ínfima pantalla del teléfono móvil, matan el amor y el respeto por el buen cine... Vamos, creo yo.