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Tweet OPINIÓN - ESPAÑA

Entre muertas y desaparecidas, 350 personas inmigrantes se dejan la vida en las costas de Lampedusa

Por Manuel Zaguirre, ex Secretario General de la USO y militante del Frente Cívico - Somos Mayoría

Artículos de Manuel Zaguirre editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Barcelona, Catakunya, 04/10/13.- El tráfico de inmigrantes es uno de los negocios más rentables de los muchos que nutren esta globalización de la especulación y el delito. Hay otros sectores de negocio igualmente rentables como el tráfico de drogas, de mujeres y niños, de armas, de diamantes, la evasión de capitales e impuestos, el trabajo forzoso… Una parte muy importante del PIB mundial proviene de esas actividades criminales… luego, respetables bancos, algunos españoles, blanquean esos dineros para que entren en los circuitos financieros sin el rojo de la sangre, el sufrimiento y la explotación de millones y millones de personas.

El tráfico criminal de inmigrantes afecta a unos 200 millones de personas en el mundo y se da en todas las latitudes y continentes sin excepción.

En España, por ser una de las puertas de entrada al "paraíso" europeo, sabemos de la magnitud del drama. Palabras como "cayuco" o "patera", o lugares como Ceuta, Melilla, Canarias, Tarifa, Motril… van asociadas a la esperanza de miles y miles de personas, africanas sobre todo, y a la muerte de centenares de ellas. Pero también suenan a hipocresía, desidia y abandono de las autoridades que en tiempos de bonanza hacían la vista gorda ante la llamada "inmigración ilegal" para que pudiera ser explotada más fácilmente por empresarios-delincuentes en nuestros campos, viñedos y construcciones… y, más recientemente, en plena crisis, no tienen más respuesta que impedir a toda costa que entren, que se pudran de olvido y marginación los que logran entrar y carta blanca a las policías para que hagan lo que les plazca ante los inmigrantes en las costas, en las calles, en los aeropuertos…

En este marco y con este trasfondo, que son también los europeos, hay que situar la última oleada de muerte que se ha producido ayer mismo en otra latitud de dolorosísimas resonancias: Lampedusa, una minúscula isla italiana en el estrecho de Sicilia, que dista tanto de las costas de ésta como de las de Túnez o Libia.

Una barcaza ruinosa transportaba unos 500 inmigrantes eritreos y somalíes. A menos de un kilómetro de la costa se produce la avería habitual, el incendio, el naufragio, la desesperación y la muerte en abundancia, teniendo en cuenta la profusión de niños, mujeres, embarazadas no pocas de ellas, pues sabido es que el embarazo facilita la acogida y complica la expulsión.

La muerte nuestra de cada día, elevada en este caso a la categoría del horror extremo al morir unas 350 personas entre las rescatadas muertas y las desparecidas. Y el horror añadido de que varios pesqueros negaron auxilio a los inmigrantes, pese a que éstos prendieron fuego para alertar de que se estaban hundiendo. Y el horror de que la Liga Norte, el partido xenófobo y fascista aliado a Berlusconi en el gobierno italiano, aproveche para acusar a la ministra de inmigración, de color negro, de la tragedia. Eso se llama defenderse con un buen ataque ante las "excusas" de los pescadores de que socorrer a los inmigrantes náufragos les hubiera supuesto una fuerte sanción con arreglo a la legislación anti-inmigración que la gentuza de Berlusconi y la Liga Norte aprobaron en su día… y nadie derogó nunca en Italia.

Todo incita al vomito y al llanto a la vista de esta tragedia repetida. Y me temo que incita, también, al olvido de aquí a unos pocos días pues los inmigrantes a la desesperada sólo son noticia cuando mueren en una cantidad de cierta significación.

El Papa Francisco, cuyas declaraciones, decisiones, tomas de postura y testimonio de vida me merecen cada vez más interés, visitó en el mes de Julio la isla de Lampedusa. Pudimos conocer entonces que tiene apenas 5000 habitantes y que han sido casi el doble los inmigrantes que han muerto a orilla de su "mare nostrum" en los últimos 15 ó 20 años. Conocimos, también, de la solidaridad de sus habitantes y de la combatividad de sus autoridades locales, con la Alcaldesa al frente, denunciando la falta de apoyos e interés ante el desborde y la tragedia de los inmigrantes

En aquella ocasión, Francisco denunció una globalización que se olvidó de sentir y llorar con los más olvidados y excluidos, los inmigrantes. Ayer, el Papa, al leer una declaración durísima contra esta nueva oleada de muerte en Lampedusa, no pudo evitar salirse del texto para exclamar, con la voz casi quebrada, "qué vergüenza, qué vergüenza…"