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Tweet OPINIÓN - ESPAÑA

El Arnau, Quevedo y uno niños indostánicos

Por Manuel Zaguirre, ex Secretario General de la USO y militante del Frente Cívico - Somos Mayoría

Artículos de Manuel Zaguirre editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Barcelona, Catakunya, 05/12/13.- Hoy quedé para almorzar y charlar con mi amigo Jesus Hernando, que fue dirigente de la USO de Catalunya durante muchos años.

Quedamos en el sitio de siempre, el antiguo teatro/cine Arnau, en el Paralelo barcelonés esquina con la calle Nou de la Rambla que en la época de la dictadura se llamaba del Conde del Asalto.

El Arnau es un sitio muy emblemático en la historia del Paralelo barcelonés. Tiene más de un siglo de existencia. Fue café/teatro superpopular desde principios del siglo XX. Fue cuartel general de las milicias del POUM en la Guerra y Revolucion Española, el partido troskysta que apoyaba a la CNT, y que fue exterminado por los estalinistas del PSUC en alianza con la Esquerra y otras fuerzas en el contexto de la guerra civil que vivían en Catalunya los movimientos socio-politicos y sindicales que apoyaban a la Republica. Haciendole con ello un gran favor a Franco para alzarse con la victoria tras la sublevación militar.

En la dictadura, el Arnau fue teatro y cine y en la actualidad lleva mucho tiempo en estado de abandono y preruinoso. Un día le haré una foto y la publicaré.

Total, a lo que iba, que mientras esperaba a mi amigo veo a dos muchachos, de no más de 8 ó 9 años, de claro aspecto indú, o paquistaní, o bangladesí, que hay muchísimos en el barrio donde vivo.

Veo que iban discutiendo entre ellos como lo hacen los críos, con aspavientos y gestos exagerados.

Según iban llegando a mi altura me doy cuenta que discuten en castellano y discuten, en concreto, sobre el arranque de unos versos muy conocidos de nuestro inmortal Don Francisco de Quevedo y Villegas. Que si la nariz estaba pegada al hombre, que no, que era el hombre el pegado a la nariz… y así.

Se fueron alejando con su debate y controversia poetica y yo sentí algo muy parecido a la emoción y melancolía muy propias de un viejo que también vino desde niño como inmigrante a Catalunya y que accedió a Quevedo con más o menos la misma edad que estos muchachos de cabello azabache, ojos marrones y piel cetrina de gitanos remotos y cercanos…

Por si estos muchachitos pudieran leer estas líneas, y por si ello contribuyera a resolver su discusión, vayan los versos de Quevedo como llegaron a nosotros tras el paso de los siglos:

Érase un hombre a una nariz pegado,

érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;
era un reloj de sol mal encarado,
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.
Érase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce tribus de narices era;
érase un naricísimo infinito,
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito.