Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
Tweet OPINIÓN - ESPAÑA

Pujol, los andaluces, los arboles caidos y los moros...

Por Manuel Zaguirre, ex Secretario General de la USO y militante del Frente Cívico - Somos Mayoría

Artículos de Manuel Zaguirre editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Barcelona, Catakunya, 29/07/14.- En 1976, Jordi Pujol, sí, sí, el de la herencia, el dinero en Andorra durante 34 años y cosas así, publicó un libro titulado "La inmigración, problema y esperanza de Catalunya", editado por Nova Terra, una editorial comprometida de la época, en la que hasta yo llegué a publicar.

En las páginas 65 a 68 se explaya en unos alegatos contra los andaluces en Catalunya -algo así como la mitad de la población entre los nacidos allí y los de origen aunque nacidos aquí- que destila un nivel de racismo y de odio patéticos, por aquello de que no ofende quien quiere.

Espontáneamente, cuando ví el texto racista de marras, escribí unas líneas en el recuadrito ese de "comentar" que me ha parecido oportuno recuperar y publicar expresamente.

Es lo único que yo he escrito, por el momento, sobre lo que podríamos llamar "el caso Pujol y unos ahorrillos en Andorra", tema que, lógicamente, está haciendo manar ríos de palabras, de tinta y de mierda, con perdón.

Voy a procurar no escribir sobre este tema hasta que pase algo de tiempo y haya una perspectiva más ámplia. Y también porque a mí no me gustó nunca hacer leña del árbol caído o dar lanzadas al moro muerto. Y porque arrimarse a ese árbol o a ese moro entraña serios riesgos de colapso por el hedor letal a podrido que emiten...

Al otrora Muy Honorable Presidente de la Generalitat de Catalunya, Jordi Pujol i Soley, debe juzgarlo la Justicia, la Historia, ese Dios al que tanto dijo venerar -y que la inmigración musulmana pone en peligro, según su señora- y su propia conciencia cuando vuelva a sentarse a la mesa con sus siete vástagos, paradigmas de indecencia y, al parecer, también por efecto de una herencia paterna.

Ahí va mi respuesta a su racismo y a su andaluzofobia:

Yo soy de origen vasco, nací en Andalucía, me trajeron a Catalunya con 5 años, aquí fui a la escuela por primera vez y por primera vez me enamoré, viajé intensamente por toda España como militante clandestino desde los 20 años, luché por la libertades nacionales de Catalunya y por los derechos sociales fundamentales de su mayoría social desde casi adolescente, aprendí y hablé la lengua catalana como un acto de rebeldía y de amor a una Nación y a un idioma que estaban prohibidos, me casé en el País Vasco y allí nacieron dos de mis tres hijos, viví en Madrid 35 años, he recorrido más o menos la mitad de países de la Tierra... y camino de la vejez y de la muerte he vuelto a Catalunya y frecuento la tierra andaluza donde nací... aprendí a valorar, respetar y cuidar mis raíces... aprendí que dónde se nace, se vive o se muere, normalmente no lo elige uno y, por lo tanto, mal puede ser eso motivo de superioridad o de inferioridad respecto a otros seres humanos... por lo tanto, Muy Honorable Presidente de la Generalitat de Catalunya, que usted fue, Señor Pujol, no seré yo quien se ensañe con su decrepitud y autodestrucción moral y ética... me limito a recordarle que cuando Catalunya y el conjunto de la España bárbara, integrista, inculta, sucia, no eran más que una suma de villorios infectos... Cordoba, la capital de Al Andalus, era ya el foco de luz, pensamiento, tolerancia, literatura, medicina, astrofísica, que iluminaban al mundo culto... y tenía varios centenares de kilómetros de alumbrado público...

Señor Pujol, somos el resultado de nuestros actos y de las condiciones o falta de ellas en que que tuvimos que realizar nuestros actos... Nada que ver con el lugar en que nacimos y, mucho menos, con la suerte de que nuestros padres nos dejaran sabrosas herencias en Andorra o en uiza. Los buenos padres, como los mios, dejan herencias de testimonio de trabajo y decencia, y eso le aseguro que no es por el hecho de haber nacido en Andalucía y haber vivido una gran parte de su vida en Catalunya. No, Señor Pujol, es otra cosa que la gente sencilla y buena, la que no roba ni se enriquece al precio de su conciencia y de su alma, entiende perfectamente.